Inversión y libre comercio en la agenda italiana en Argentina

Por Federico Larsen|

El presidente de Italia, Sergio Mattarella, visita Argentina y Uruguay con un séquito de empresarios. El Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) y el relanzamiento de las relaciones comerciales son los temas principales del viaje.

Desde el domingo y hasta el jueves, el presidente de la república italiana, Sergio Mattarella, estará de visita oficial en Argentina y Uruguay. Cabe aclarar que su investidura no reviste ninguna responsabilidad en el Poder Ejecutivo de su país, ejercido por el Consejo de Ministros. También por eso es que lo acompañan el canciller, Angelino Alfano -ex delfín de Silvio Berlusconi devenido en arquitecto del actual gobierno de coalición entre centro izquierda y partidos liberal conservadores- y el viceministro de Desarrollo Económico, Iván Scalfarotto, que lideró la misión de más de 100 empresarios italianos que visitaron el país hace un año.

Se trata de la primera visita oficial de un presidente de Italia luego de 16 años. El último viaje lo había realizado Carlo Azeglio Ciampi en marzo de 2001 y luego la relación se enfrió. A pesar de que el relato oficial fustigue al gobierno anterior por la falta de este tipo de eventos diplomáticos durante tanto tiempo, el alejamiento entre las autoridades italianas y argentinas se debe a otros factores.

El más importante es seguramente el escándalo de los “Tango Bond”, los bonos argentinos que muchos bancos italianos vendieron como una inversión segura a más de 450mil italianos, en su mayoría pequeños ahorristas, que se sintieron estafados con el default de 2001 primero, y con el primer canje de 2005 después. El caso tuvo resonancia nacional en Italia por la cantidad de familias y empresas afectadas y, a pesar de que los defraudadores habían sido claramente los bancos italianos que se deshicieron de los bonos para que la crisis la pagaran sus clientes, ningún funcionario vio de buen ojo la idea de organizar una visita oficial a la Argentina.

El primer viaje de importancia, el del ex primer ministro Matteo Renzi, de hecho se dio sólo después de que el gobierno argentino llegara a un primer arreglo con la Task Force Argentina (TFA), la asociación que aglutinaba a los tenedores de bonos en Italia y que habían rechazado los dos canjes de deuda. Ahora, con las cuentas claras -vale decir que la TFA se disolvió en diciembre pasado-, se puede volver a hablar de negocios.

El lunes las dos delegaciones firmaron acuerdos de cooperación que para la Argentina significan unos 100 millones de dólares de inversión en ferrocarriles, autopistas, fabricación de baterías de litio y partes de aeronaves. Mattarella estaba preparado. Había llegado al país el domingo acompañado por más de 40 empresarios, entre los que se destacan los representantes de Enel, Alitalia, Leonardo, Pirelli, Ghella, Fiat, Techint Italia, Ferrero, Trevi y Ferrovie dello Stato, entre otras. Según la información que la embajada italiana entregó a la prensa, la comitiva busca profundizar la relación comercial en los sectores de la energía, mecánica e innovación tecnológica, infraestructuras e industria agrícola.

Pero el tema más destacado de la agenda bilateral, al igual que todos los encuentros con representantes de estados europeos, es el de la negociación entre el Mercosur y la UE para la firma de un Tratado de Libre Comercio. Si bien el acuerdo marco para las negociaciones se ha firmado ya hace casi veinte años, recién en el último año, tras las victorias electorales de Mauricio Macri en Argentina y Donald Trump en EEUU, los encuentros se han profundizado. El último fue justamente aquí en Buenos Aires en marzo pasado, cuando varios representantes de los bloques negociadores se arriesgaron a suponer la firma de un primer acuerdo en diciembre próximo, durante la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio en la Capital Federal.

El presidente italiano volvió a reforzar ese espíritu, confirmando así que la negociación por el TLC con el Mercosur ya está en la cima de las expectativas europeas en la región tras el volantazo proteccionista de Trump. La prensa italiana, de hecho, sólo resaltó este aspecto del viaje del presidente, en el poco espacio que le dedicó al tema. Buenos Aires y Montevideo serían según los analistas italianos los dos lugares más propicios para hablar de libre comercio hoy en Sudamérica. El resto de la cobertura es lo de siempre: Messi, el Papa, y la casa del prócer italiano Giuseppe Garibaldi en la capital uruguaya.

Un solo particular vernáculo llamó hasta ahora, y por suerte, la atención de algún que otro medio italiano: la explicación que dos Madres de Plaza de Mayo de origen italiano, Vera Jarach y Angela ‘Lita’ Boitano, le dieron a Mattarella sobre el 2×1 a los represores de la dictadura, durante su visita al Parque de la Memoria. “La fuerza de la verdad no se puede parar”, les comentó el presidente.

La reactivación de las relaciones se da en medio de una discusión que atañe directamente los intereses de los italianos en el extranjero. Actualmente en Argentina hay 930 mil italianos legalmente reconocidos, que constituyen la mayor comunidad fuera del país y una circunscripción electoral más grande que algunas metrópolis como Bologna. En la actualidad el Parlamento está discutiendo una reforma electoral que podría introducir el sistema del “voto rogado” –implementado por España y que obliga a sus ciudadanos a pedir la posibilidad de votar antes de cada elección– o directamente eliminar el voto para residentes en el extranjero con la excusa del alto costo.

La posible reforma sobre obtención de la ciudadanía o los dilatadísimos tiempos consulares son otros problemas que la comunidad italiana en Argentina pide discutir desde hace tiempo. Pero, por ahora, y como sostuvieron desde la delegación italiana antes de partir rumbo a Buenos Aires, las grandes empresas deben hacer de abrepista para que se discuta todo lo demás. Claro signo del rumbo en la relación bilateral.