“Argentina es bastante irrelevante en estos momentos para EEUU

El Dr. Mario Rapoport, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires (UBA), especialista en historia económica y política internacional y autor de “Historia oral de las política exterior argentina”, analizó en L’ Ombelico del Mondo la situación actual de la diplomacia argentina tras la salida de la canciller Susana Malcorra, así como también el rol de nuestro país en el mundo y los desafíos para el canciller Jorge Faurie.

–¿Qué balance hace de las relaciones exteriores implementadas por el macrismo durante el año y medio en el que Malcorra fue canciller?

–El macrismo dio vuelta un poco la estrategia de los gobiernos anteriores; es decir, vuelve a una posición más tradicional de las relaciones exteriores a la que tenía el gobierno kirchnerista. La concepción tiene que ver a su vez con una apuesta fuerte que fracasó: la posible llegada a la presidencia de los EEUU de Hillary Clinton, que iba a mantener preceptos de liberalismo y la globalización, tal como existían hasta ese momento. Pero la presidencia de Donald Trump cambió un poco los planes de esto, y ya lo mostró en la entrevista que tuvo con el presidente Macri (N. del E.: en abril de 2017). Trump abandona todos los acuerdos anteriores que se habían hecho (el Transpacífico, el Transatlántico y otros pactos multilaterales como el del cambio climático), y es un poco lo contrario de la concepción más liberal que tiene este gobierno.

Al respecto, se marcha en la dirección contraria a lo que marcha el mundo en estos momentos. Con el brexit, con la llegada de Trump al gobierno y con otras cuestiones que han surgido en el mundo, parece que sigue un escenario en algo más parecido a los años 1930, cuando se volvió al proteccionismo y cuando Gran Bretaña volvió al sistema de preferencias imperiales abandonando el libre comercio. En estos momentos abrirse al mundo de esa manera (no digo no estar abiertos, sino no estar abiertos de esa manera) puede ser muy peligroso, porque lo que predomina es el proteccionismo, las devaluaciones competitivas y otras medidas que afectan a la Argentina. Medidas que ya la afectaban antes y la afectan más ahora.

–En el diseño de la política exterior argentina, los principales objetivos que se plantearon fueron la reinserción en el mundo y la atracción de inversiones. ¿Cómo cree que han impactado a Argentina estos cambios en las relaciones internacionales que mencionó anteriormente, y cuáles cree que son los desafíos que afronta el nuevo canciller al respecto?

–Justamente, la apuesta era volver a las viejas relaciones con EEUU (aunque nunca hubo excelentes relaciones, EEUU nunca fue un mercado para Argentina y siempre tuvo problemas). En realidad, la idea era volver a una situación del tipo como la que quiso tener Menem, que tampoco dio mucho resultado. Y finalmente, Macri tiene que ir a China, tiene que volver a una de las apuestas que hizo el kirchnerismo, el acercamiento a China y la diversificación comercial, y es por ese lado que parece que van a arrancar algunas inversiones, pero no por el lado que pensaba Macri con la idea de liquidar la deuda con los fondos buitres; eso no dio ningún resultado efectivo en cuanto inversiones norteamericanas en Argentina. Por otra parte, los norteamericanos tampoco están muy interesados en estos momentos en invertir en países como el nuestro.

–Históricamente, las relaciones exteriores argentinas se han apoyado sobre dos grandes ejes: el representado por la región, principalmente Brasil (representado hoy por el Mercosur), y el eje de lo que Macri llama “el mundo”, que está representado hoy por los EEUU (bajo cierto punto de vista) y también Europa. Hoy parece que ambos ejes están bastantes enclenques, en una situación de crisis o de redefinición. ¿Cómo cree que puede afectar a Argentina esta situación de crisis y cómo se puede posicionar el país frente a esa situación de sus dos principales frentes de su política exterior?

–Bueno, voy a rectificar un poco el análisis. Argentina siempre estuvo entre dos grandes ejes, pero no eran esos que se plantearon; eran, por un lado, Gran Bretaña, que fue el socio principal de Argentina hasta los años 1930-40, y luego trató con EEUU, y esa fue la balanza que hicieron los gobiernos de la época. Pero luego, frente a los fracasos de las relaciones con EEUU e incluso con la URSS (que tenía el gobierno militar), Argentina se recuesta hacia Brasil, que es la apuesta que hace Alfonsín con el acuerdo con Sarney, y la creación del Mercosur. Resulta que la crisis que se planteó en el mundo, si bien en algún momento nos benefició porque mejoraron los términos de intercambio (entre otras cosas), terminó afectando, como evidentemente lo iba a hacer, a los países latinoamericanos.

Tenemos que reconocer una cosa: en estos momentos el mundo está en crisis. No es lo mismo una situación de auge, como fue en la posguerra por ejemplo, que la situación de crisis actual. Ahora está en crisis EEUU y por eso opta Trump por políticas proteccionistas; en general le ha ido bien al país, por eso es la opción. Pero también está en crisis Europa, siendo la crisis del euro importante. Y también están en crisis los países latinoamericanos. China también afronta una situación similar, porque ha visto reducido su comercio exterior, y también está en una situación más delicada en donde ha tenido burbujas especulativas. De modo que hay que manejarse en un mundo así.

En este mundo en crisis las salidas pueden ser distintas. En el pasado, Argentina optó por medidas más proteccionistas; ahora acepta una salida más liberal, pero no sé si es una salida real a la cuestión, porque si los países están en crisis, ¿quién nos va a comprar?, ¿quién nos va a vender? Ese es un tema bastante difícil en este momento para resolver. El nuevo canciller se va a encontrar con una situación complicada.

–Usted está presentando su último libro “Historia oral de la política exterior argentina”, y para su elaboración seguramente ha escuchado y hablado con mucha gente allegada o que inclusive ha tenido lugares de poder dentro del palacio San Martín, y mucho se ha especulado con respecto a una reforma de la Cancillería y del modo institucional de afrontar las relaciones exteriores de Argentina. ¿Cree que tiene algo que ver la salida de Malcorra con respecto a todo esto? ¿Hay que reformar la estructura de la Cancillería o la forma en la que Argentina se aproxima a este tipo de temas?

–Yo creo que sí. Ahora se nombra a un canciller que pertenece al cuerpo diplomático, por lo tanto tiene la ventaja de conocer lo que pasa adentro y a su vez la desventaja de que lo conocen bien de adentro también.

Por otro lado, creo que la Cancillería no ha jugado nunca un rol muy destacado en la política internacional argentina: han sido los presidentes los que en general han manejado las relaciones internacionales, pero esperemos que ahora pueda cambiar. Yo creo que la Cancillería tiene aspectos positivos, como el trabajo que se hace a través del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, que prepara a los futuros diplomáticos, y otras cuestiones que me parecen que son positivas. Pero también la otra cuestión es que esa dependencia que tiene en general toda la política argentina del presidencialismo afecta quizás la posibilidad de tener resoluciones nuevas o distintas. Una de las cuestiones que me planteaba uno de los diplomáticos es que podían decirme cosas que no habían podido hacer durante sus propias gestiones, porque estuvieron impedidos por los presidentes o por las cuestiones políticas. Es decir, hay potencialidades que no están plenamente desarrolladas en la Cancillería y espero que ahora pueda cambiar eso.

Ahora bien, el tema fundamental es tener un buen escenario de lo que pasa en el mundo. Si no hay un buen estudio de los escenarios internacionales, y no damos cuenta que estamos viviendo una situación muy difícil hoy día, me parece que la política exterior no va a ir muy adelante que digamos. Ese es el tema esencial, y por eso se producen esos cambios bruscos, como un gobierno militar que apostó a una guerra inservible y que después terminó asociándose a los no alineados, o cosas por el estilo. Es como una hoja al viento la política exterior argentina en muchos aspectos en su historia.

–Hasta ahora Martín Lousteau fue el embajador de Argentina en EEUU, pero volvió al país a disputar las elecciones legislativas, dejando vacante una embajada que es de vital importancia por el papel que juega EEUU en el mundo. ¿Qué cree que puede llegar a pasar con esa embajada argentina?

–En realidad, la embajada es relativamente importante. Vimos que en la entrevista Macri-Trump no hubo mucho interés de EEUU de ver muchas cosas. Me parece que Argentina es bastante irrelevante en estos momentos para EEUU, y en los últimos tiempos tampoco se ha mostrado muy visible la embajada argentina en aquel país. Yo creo que esos son problemas que Argentina va a tener que resolver definitivamente en algún momento. Si querés que la relación con EEUU sea madura y equilibrada, siempre se habla de lo mismo pero nunca se termina de concretar; no depende sólo de nosotros, sino también de Washington. Y allí lo fundamental que uno ve cuando analizó la historia es que hay muchas líneas y diferentes presiones e intereses que Argentina a veces no conoce muy bien cuáles son los que le convienen o no le convienen, y hasta dónde puede hacer cosas o no. Me parece que ese es un punto esencial.