Toda tecnología es política

La tecnología, las redes sociales, las telecomunicaciones no son neutrales. A medida que avanzan los descubrimientos en ese sector parece reafirmarse aún más esta idea. A través de ellas se pueden descubrir tramas de poder, cada vez más internacionalizadas y difíciles de ubicar. Pero la tecnología habla de política, y a veces ese costado emerge violentamente.

El reciente escándalo en torno a las prácticas de Facebook y empresas afines puso de manifiesto el uso de datos recopilados en las redes sociales para influir en elecciones presidenciales o en referéndum de escala continental. Cada posteo, me gusta o comentario puede ser utilizado por las consultoras de Big Data para predecir el comportamiento de los usuarios y, en consecuencia, influir sobre el mismo. El derecho a la privacidad es violentado de igual modo en Kenia, Argentina o EEUU, en el marco de un mercado monopólico.

Datos sobre 50 millones de usuarios de Facebook fueron recopilados para generar una predicción de los votantes estadounidenses para favorecer la interna republicana a favor de Donald Trump. Según indicó The Guardian, la consultora de Big Data Cambridge Analytica desarrolló una aplicación para prever cómo votaría cada ciudadano. Se trató de un test de personalidad mediante el cual el usuario, al darle permiso para hacer el test, le brindó la posibilidad de recopilar datos de los perfiles de cada usuario. De este modo, realizó predicciones de cómo votaría cada ciudadano y, para los usuarios no afectos al magnate inmobiliario, les sirvió de informaciones –a veces falsas y otras certeras– para influir en su elección. Además, las investigaciones descubrieron que la consultora Cambridge Analytica tenía financiamiento de varios miembros prominentes del Partido Republicano, entre ellos de Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump; a su vez que habrían influido en otros procesos políticos de envergadura como el alejamiento del Reino Unido de la Unión Europea.

Si bien Facebook dio de baja a Cambridge Analytica de su plataforma aduciendo que había violado los términos y condiciones, la consultora retrucó alegando que hacía lo mismo que realizan permanentemente todas las consultoras de Big Data, incluso el Departamento de Ciencia de Facebook. El fuego cruzado aún no finaliza, y los Parlamentos de EEUU y el Reino Unido abrieron diversas investigaciones para dar con las responsabilidades de la violación al derecho de la privacidad de sus ciudadanos. Aún cuando Facebook viene siendo investigado desde hace algunos años por manipular los trending topics a favor de diversos candidatos o contenidos que crea convenientes, esta nueva revelación es un paso más en la dilucidación del uso político de los datos de los usuarios de la plataforma, que hizo que el mismo Mark Zuckerberg, fundador y presidente de Facebook, acepte comparecer en el Congreso de EEUU.

“Yo siempre digo que es una excusa la tecnología para hablar de política”, sintetiza la politóloga y especialista del mundo digital Natalia Zuazo en diálogo con OM. Autora de “Guerras de internet” (Ed. Debate, 2015) y de “Los dueños de internet” (Ed. Debate, 2018), anticipa que en segundo libro habla mucho de economía para entender cómo la tecnología está concentrada “y eso también genera problemas políticos”.

–Vos decís “yo quiero hablar de poder y de política”. En el ámbito del poder y la política entre los Estados, las grandes cumbres, las decisiones de las grandes instituciones internacionales, ¿qué rol tiene la tecnología? ¿Existe o es solo vista como una forma de acceder a información?

–Se tiene muchísimo en cuenta y tiene muchísima presencia. Desde el punto de vista formal existen una serie de instituciones internacionales, que se llaman la International Society, la Isaca (Information Systems Audit and Control Association), son organismos que son clubes de países que participan en discusiones internacionales sobre internet. Eso está contado en uno de los capítulos de Guerras de Internet, cómo funciona este ecosistema de la gobernanza. Son las instituciones formales, son la ONU de internet. Esas instituciones existen desde del 2005, con las Cumbres de la Sociedad de la Información que se empezaron a establecer para discutir el futuro de la tecnología en términos de desarrollo para los países, cómo hacían algunos países todavía no tan desarrollados para no quedarse afuera, con la desigualdad que eso implicaba. Y a partir de ese momento, existen estos ámbitos formales. Después existe, como en otros ámbitos, una gobernanza de facto; es decir, empresas, en realidad grandes corporaciones, que toman decisiones en cambio de la política. Las grandes empresas toman decisiones todo el tiempo y hacen lobby con los gobiernos; por ejemplo, se sabe que Google tiene en sus forces, en sus miembros destacados, intercambian miembros no solo con el gobierno de EEUU sino también con su cúpula militar, y tienen relaciones permanentes. Los presidentes, de la misma manera que antes iban al The New York Times, ahora van a Silicon Valley cuando están en campaña presidencial en EEUU. Y de hecho lo que ocurrió fue que Silicon Valley, que siempre fue demócrata y más progresista la costa oeste de EEUU, empezó a ver que su poder y sus herramientas tecnológicas también estaban ayudando a que ganaran los republicanos. Además, a partir de esta pregunta, me parece interesante destacar que estas cuestiones tecnológicas están en todos lados pero muchas veces no se explican bien por varias razones. Primero, porque el periodismo es un desastre y no lo pueden explicar; también porque hay periodistas, entre comillas progresistas, que todo lo ven como una conspiración, entonces no se ponen a estudiar sobre estos temas y tiran fruta –ese es un gran problema: el último programa de Navarro, El Destape, fue un desastre respecto de cómo se explicó este problema. Después, está la otra parte del periodismo de tecnología que lo explica como `todo es libertad´, `cada cosa que nos compremos va a ser un mundo de libertades´. Entonces, entre esos dos extremos falta otra cosa que es cómo entendemos esto, que son temas complejos como pueden ser los temas económicos o los temas internacionales, pero que si está bien investigado y bien analizado no es tan complejo. En definitiva, se trata de poder explicar algo complejo de una manera un poco más sencilla. Hoy, como ustedes decían, Facebook es el país más grande del mundo: tiene 2 mil millones de personas conectadas permanentemente 50 minutos por día, como promedio. Eso es el 30 por ciento de la humanidad. Si pensamos que China tiene sus otras redes sociales (Tencent es más importante que Facebook en relación a los usuarios conectados), es un poder realmente muy grande y hay regulaciones que pueden no ser explícitas. La semana pasada, a partir de la investigación de Cambrige Analytica y Facebook, se empezó a hablar de la palabra regulación o no regulación. Pero más allá de que existan o no regulaciones –después podemos discutir qué tipos son posibles–, estas empresas concentran una gran cantidad de información, por lo tanto, de poder, y tiene que ser parte del debate público.

Los presidentes, de la misma manera que antes iban al The New York Times, ahora van a Silicon Valley cuando están en campaña presidencial en EEUU.

–Hablabas de la cuestión de la regulación y para tratar de entender cómo funciona esto, trazando un paralelismo con el ámbito de la comunicación, el periodismo y los medios de comunicación en general. Cómo frente a la liberalización prevista en la nueva sociedad internacional de la información y las cumbres que se hicieron a nivel internacional, una forma de reacción que se dio en América Latina fueron justamente las regulaciones nacionales para de alguna manera tratar de limitar los efectos de la globalización en el ámbito de los espectros radioeléctricos. En Brasil, hubo una tentativa de hacer algo parecido con internet, se hablaba de una ley de regulación de la gobernanza de internet. Siendo internet algo tan líquido, como se dice ahora, ¿es posible tratar de ponerle barreras?

–Sí, porque es un error pensar que son líquidas. Es un error pensar que no se puede hacer algo con los lugares en donde influye. En Brasil, el Marco Civil de Internet, así se llamó una ley de leyes que se aprobó en el año 2014: la ley venía siendo discutida hacía varios años y el catalizador fueron las revelaciones de Edward Snowden, que también implicaron seguirla a través de las redes sociales y espiarla a Dilma Rousseff. A partir de ahí se dio un conjunto de organizaciones multisectoriales de la sociedad civil, ONG, Gobierno y empresas que se pusieron de acuerdo en una serie de parámetros. Entre ellos, por ejemplo, uno de los parámetros es el de neutralidad de la red, que es una regla que significa que los proveedores de servicios no pueden discriminar por contenidos; nos conectan y después nosotros decidimos qué queremos ver, no puede regular los contenidos o cobrar más algunos contenidos que otros. Son reglas que inciden directamente en el acceso y en la libertad de expresión. Y esas cosas, ¿pueden regularse? Yo no sé si usar la palabra regular, pero pueden controlarse. Hoy hay un montón de cuestiones que tienen que ver con internet que afectan los derechos de los consumidores, son temas del derecho del consumidor. Por ejemplo, cuando se dice que filtran los datos, en realidad lo que pasó es que hay alguna empresa que no se ocupó lo suficiente de proteger la seguridad de los usuarios y sus datos quedaron expuestos. Lo mismo que si una empresa utiliza de forma ilegal los datos de los usuarios, hay un problema de defensa del consumidor porque es una empresa que está haciendo negocios y dinero (Mark Zuckerberg es el sexto hombre más rico del mundo, Jeff Bezos de Amazon es el tercero, Bill Gates es el primero en la lista de Forbes). Entonces, si esas personas hacen dinero pero no las estamos viendo como personas que a su vez tienen que cumplir, en términos de que los usuarios de internet no somos solo usuarios, somos ciudadanos y por lo tanto tenemos derechos, entonces los estamos dejando hacer cualquier cosa. Hoy las grandes empresas de internet y de tecnología son monopolios. Por supuesto, entonces, que debemos regular o controlar el mercado en estos ámbitos, como cualquier mercado monopólico que afecte la vida de las personas. Tienen que haber reglas y se pueden poner reglas. Después, hay un tema de soberanía que es cómo se regulan las corporaciones internacionales que tienen operaciones en todo el mundo al mismo tiempo y que alegan que al tener esas operaciones en todo el mundo son intermediarios de información, son como rutas de información y no tiene nada que hacer con algunos temas. En algunos puntos eso es cierto, en algunos puntos son intermediarias, pero en otros también deben empezar a dar más cuenta respecto de sus actos.

–Volviendo al escándalo de Cambridge Analytica y sus repercusiones, se habla de la inclinación por favorecer el voto de Donald Trump en las últimas elecciones en Estados Unidos y una cierta influencia a favor del voto positivo en el brexit. Con estos 50 millones de datos que se filtraron de Facebook, discutíamos si una persona que no está relacionada con posiciones de poder, que no está relacionada con militancias mal vistas por el Gobierno, también está en la lupa de las empresas que nos espían o que requieren nuestros datos.

–Sí, porque en realidad es una cuestión de cantidad de datos. Lo que se llama la inteligencia artificial es en realidad aprendizaje automático de los programas del software respecto de lo que hacen muchas personas conectadas en muchos lugares al mismo tiempo. Lo que se hace es analizar una población determinada, cuanto más detallada mejor (los likes, los comentarios, etcétera), porque cuanto más análisis tenemos de los datos de las personas más capacidad predictiva tenemos. Por lo tanto, no importa quién sea la persona, cuán involucrada políticamente está porque, por ejemplo, si se publican gatitos y yo mañana publico al perro Balcarce eso tiene un efecto político. Todo comportamiento, en definitiva, puede ser utilizado políticamente. Entonces, por un lado, todo eso importa. Por otro lado, hay una falacia que es ´no tengo nada que esconder, yo solo soy un ciudadano común, qué le voy a importar a Rusia´. Bueno, esa es una falacia sobre la cual habla Daniel Solow en uno de sus libros, que es que en realidad no importa porque somos ciudadanos que tenemos un derecho a la privacidad, que ese derecho es la base del derecho a la libertad de expresión. Entonces no importa qué sea lo que estamos compartiendo, es nuestro derecho que eso se mantenga en la privacidad. Porque si ese derecho se rompe, mañana, con una dictadura, con una democracia, con otras circunstancias vamos a estar disuadidos de opinar. Si yo temo de opinar en un espacio porque voy a tener una consecuencia por opinar en ese espacio, mañana probablemente evitaré de opinar.

Hoy las grandes empresas de internet y de tecnología son monopolios. Por supuesto, entonces, que debemos regular o controlar el mercado en estos ámbitos, como cualquier mercado monopólico que afecte la vida de las personas.

–¿Estás siguiendo el tema Facebook? ¿Cómo reaccionaron Zuckerberg o los directivos de Facebook ante el escándalo dado por The Guardian y los diarios internacionales? ¿Qué te parece la estrategia que están siguiendo?

–Yo los sigo hace años y hace años que hablo con la gente de prensa de ellos, etcétera, es parte de mi trabajo, y hacen lo mismo que hicieron siempre. Siempre dicen lo mismo pos facto, pos investigaciones de un medio o de ONG como Propública en EEUU: ´hicimos algo mal, estamos arrepentidos, no merecemos su confianza, somos malos, se pegan latigazos, dicen que van a hacer todo lo posible por brindar explicaciones´, en este caso al Congreso de Estado Unidos, al Parlamento británico. Esperemos que lo hagan pero no es la primera vez. Un senador estadounidense, que estaba con el tema de la publicidad que hizo Rusia en la plataforma en las elecciones de EEUU pasadas, ya había llevado gente de la empresa de Facebook a comparecer en el Congreso. Eso pasó todo el año pasado. Además, los departamentos corporativos de relaciones públicas están permanentemente trabajando en estas cuestiones. Lo que no pasó hasta ahora es que es Mark Zuckerberg el que va a dar la cara. Eso es algo nuevo, que lo veamos con las cámaras persiguiéndolo entrando al Congreso y dando respuestas. Pero sería algo positivo porque el gran problema de Facebook es la oscuridad en el manejo de sus acciones.