Aborto Legal: “Uruguay, el país más laico de América Latina”

En octubre de 2012, en Uruguay se promulgó la Ley 18.987 de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Esta Ley, según el Ministerio de Salud Pública, busca asegurar el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos de la población y garantizar el derecho a la procreación consciente y responsable. Su aprobación constituyó un hecho revolucionario para los derechos de las mujeres en América Latina, un continente marcado a sangre y fuego por la cruz y la espada y atravesado por el peso de la religión.

La victoria en 2004 del Frente Amplio (FA), coalición de centro-izquierda que rompió con el bipartidismo tradicional en el sistema político uruguayo, generó expectativas acerca del impulso de un proyecto de ley que despenalice el aborto. Uruguay contaba, además, con una ventaja en relación a otros países de la región: un mayor nivel de autonomía del Estado respecto de la Iglesia Católica. La Constitución de 1919 estableció un Estado laico y separó la Iglesia del Estado; una separación no sólo jurídica sino efectiva, con impacto concreto en el imaginario colectivo.

“Creo yo que Uruguay es el país más laico de América Latina y esto nos ayudó. Nos ayudó esta cultura laica, esta separación muy radical entre el Estado y la Iglesia porque, en el tema de la despenalización del aborto, la principal resistencia en Uruguay fue de grupos religiosos”, explicó a L’Ombelico del Mondo la senadora por Casa Grande-Frente Amplio, Constanza Moreira Viñas. Pero aclaró que, sin embargo, fue largo el derrotero que llevó a la aprobación de la ley: ocho proyectos legislativos presentados desde 1985; el veto, en 2008, del entonces presidente Tabaré Vázquez; la falta de votos dentro del partido de gobierno para alcanzar la mayoría necesaria; la negociación con el Partido Independiente, que implicó redefinir la propuesta inicial; y el impulso conservador de una consulta popular para derogar la ley una vez aprobada.

Constanza Moreira Viñas es feminista, socióloga, politóloga y filósofa, referente de uno de los agrupamientos que conforman el Frente Amplio, Casa Grande. Fue electa como senadora de la nación en las elecciones de 2009 y fue protagonista, desde su banca, de los debates que se sucedieron hasta la aprobación de la Ley 18.987.

–Senadora, en Uruguay el aborto es legal. La ley prevé una serie de situaciones pero no se cayó el mundo, no se transformó en un método anticonceptivo más, no todas las mujeres uruguayas van a abortar porque sí como, en muchos casos, se esgrime por parte de algunos sectores políticos acá en la Argentina en esta discusión. ¿Cómo han llegado a dar esta discusión sobre el aborto y, sobre todo, a desmenuzar estos argumentos que, bajo cierto punto de vista, parecen también bastante medievales?

–El Uruguay, como ustedes saben, es un país muy laico; creo yo que es el país más laico de América Latina, y esto nos ayudó. Nos ayudó esta cultura laica, esta separación muy radical entre el Estado y la Iglesia porque, en el tema de la despenalización del aborto, la principal resistencia en Uruguay fue de grupos religiosos. Y la argumentación que dimos, desde el gobierno y desde las bancadas parlamentarias, fue que la interrupción voluntaria del embarazo como una especie de acto sanitario, de acto médico, es decisión de la persona. Yo entiendo a alguien tenga cierta fe le puede parecer un atropello, pero es para esa persona que tiene unas ciertas creencias. El Estado lo que tiene que hacer es velar por la salud de las personas, y el aborto inducido es una práctica muy común en Uruguay, en Argentina y en todos lados, esto hay que saberlo. Que el aborto se practica es un hecho. Un hecho clandestino, criminalizado, pero existe un número bastante importante y sistemático de interrupciones voluntarias del embarazo, todos los años, en todos los países, y es una práctica común en la historia de la humanidad. Entonces, nosotros partimos de esta base, de que la práctica del aborto inducido ya existía y que, como sistema de salud, tenemos que regular una práctica que existe y que llevaba a aumentar la mortalidad materna, las personas de menores recursos hacían abortos en condiciones de riesgo. En fin, se transforma en un problema sanitario mayúsculo, sobre todo en un país como el nuestro donde hay que cuidar a las mujeres y, especialmente, a las mujeres en edad reproductiva, porque es un país bastante envejecido y con una tasa de natalidad muy baja. Esto nos llevó mucho tiempo. Ocho proyectos de ley se presentaron desde el ’85 hasta acá, y la verdad es que logramos sacar la despenalización del aborto porque teníamos mayoría parlamentaria como Frente Amplio (FA).

Ya habíamos dado una discusión adentro del Frente Amplio, sobre todo, porque habíamos tenido el veto del presidente Tabaré Vázquez a la interrupción voluntaria del embarazo. Entonces, después del veto, se armó tal lío, tal lío acá con las mujeres, las mujeres no queríamos votar más al Frente Amplio, que obligamos a que, en un congreso del FA, el partido dijera: “bueno, vamos ahora con la ley de despenalización del aborto”. Y los candidatos, en su momento Mujica y Astori, no lo objetaron porque no tenían los problemas que tenía Vázquez con esto. Adquirimos el compromiso antes. Por supuesto que las encuestas de opinión pública daban que, bien preguntado, la inmensa mayoría estaba en contra de criminalizar a una mujer que se hiciera un aborto. Empezamos así, a la gente esa idea le parece repugnante. Que una mujer se realice un aborto en condiciones de riesgo y, todavía, se la lleven presa. Eso a la gente no le entraba en la cabeza. Después lo de legalizar, les costaba aceptarlo, pero las soluciones intermedias fueron muy apoyadas por la opinión pública. ¿Y la solución intermedia cuál fue? Nosotros no legalizamos el aborto, lo que hicimos fue despenalizarlo, sacarle su condición de acto criminal para asumirlo como una práctica efectiva, un uso y una costumbre de la sociedad. Entonces, descriminalizamos el aborto en ciertas condiciones. ¿Cuáles condiciones? El tiempo: hasta las 12 semanas en el caso de un embarazo normal; en el caso de malformación o violación, el plazo se extiende un poco. Ahí tomamos la legislación de muchos países europeos y de Estados Unidos. En esto también hay que entender que América Latina viene con un retraso en esta discusión enorme, porque la mayoría de los países europeos lo tiene despenalizado hace años. Inglaterra lo tiene desde los años ’40; en Cuba, después de la Revolución Cubana, esto se despenalizó. Entonces, nosotros lo despenalizamos por la sola voluntad de la mujer. Es decir, la mujer solo tiene que anunciar su voluntad, aún si es menor de edad, durante las primeras 12 semanas de gestación; y ya está, no tiene que aducir razones. Sobre todo, resguardamos el tema de la voluntad de la mujer para impedir el chantaje de parejas. Y nos pasó, tuvimos un caso legal donde una jueza que se llamaba Pura Concepción –imagínense con ese nombre las creencias de la señora– dictaminó a favor de la pareja de la mujer que sí quería tener el hijo. No, es la mujer la que tiene que querer tener el hijo y allí tuvimos que negociar bastante porque nos faltaban votos, porque tuvimos un diputado que era diácono de la Iglesia Católica que no lo quería votar. Entonces, tuvimos que negociar con otro pequeñito partido y, en esa negociación, se les puso algunas condiciones: que la mujer fuera al Servicio de Salud Sexual y Reproductiva, escuchara todas las opciones que tiene…

“Ocho proyectos de ley se presentaron desde el ’85 hasta acá, y la verdad es que logramos sacar la despenalización del aborto porque teníamos mayoría parlamentaria como Frente Amplio”.

–Eso generó mucha polémica en el movimiento de mujeres.

–Sí, porque la verdad es que es una mala medida. Son cinco días de reflexión que se les dan. Nos parece que es tratar a la mujer como una inconsciente o una niña y, además, los tiempos del sistema de salud acá son tan terribles como para sumarle cinco días más. El problema más importante que enfrentamos, hoy en día, no es ése. El aborto se despenalizó y se acabó el tema. De hecho, los grupos más recalcitrantes quisieron juntar firmas para derogar la ley y solo un diputado se puso al frente, porque ninguno se quiso quemar de los políticos uruguayos (no solo de la izquierda, sino también de los partidos tradicionales), ninguno se quiso poner al hombro esto de, aprobada la ley, derogarla. Y la campaña para firmar a favor de la derogación no llegó al 8% de la población. O sea que el aborto está ahí, la despenalización del aborto está ahí. Para nosotros el objetivo no era descriminalizar el aborto solamente; para nosotros el objetivo era que hubiera un servicio público efectivo para las mujeres, un servicio que abarcara lo público, lo privado. Es decir, que todo el sistema de salud tuviera que prestar ese servicio.

–¿Este servicio está incluido, por ejemplo, dentro de las prestaciones de lo que acá llamamos las obras sociales?

–Es gratuito, eso está incluido. Es totalmente gratuito. Acá lo que se usa mucho es el misoptrostol que, en realidad, es un medicamento recetado por gastroenterólogos. Ya se estaba usando desde antes el misoprostol. Se usa mucho para evitar la internación y el legrado. La gran mayoría de las interrupciones se hace con misoprostol.

–Y tengo entendido que redujeron prácticamente a cero la mortalidad materna. 

–La mortalidad materna cayó mucho. Ya era baja, porque el Uruguay es un país que tiene un buen nivel sanitario; pero igual disminuyó la mortalidad materna. El principal problema que tenemos ahora es con la objeción de conciencia que, en su momento, fue en lo que menos pensamos porque estábamos con tantas discusiones para conseguir los votos que, la verdad, no pensamos que ése iba a ser el caballo de Troya. Y lo es. Hay departamentos muy católicos, donde el catolicismo es predominante, como Salto, que es un departamento que está ahí en la frontera con ustedes, donde la objeción de conciencia alcanza al 100% de los médicos. Como el sistema de salud tiene que prestar el servicio sí o sí, es decir, la ley dice: “no me importa si sos del círculo católico, vos el servicio lo prestás; si no los prestás vos, contratás a alguien que lo preste”. Es decir, que cualquier persona que esté en el sistema de salud público o privado tiene derecho al servicio. El tema es que si yo vivo en Salto tengo que viajar a Montevideo o cualquier otro lado porque no encuentro un médico que no haga objeción de conciencia.

Es una sociedad muy hipócrita, porque muchos de los que defienden el derecho a la vida quien sabe cuán envueltos han estado con un aborto en su núcleo familiar. Yo creo que es un tema vinculado a los grupos religiosos, las iglesias están pisando fuerte en América Latina (hay que ver lo que es Brasil con sus bancadas evangelistas); y es un tema de votos, la verdad es un tema de votos. La situación de la mujer les importa poco. Siendo mujer le puedo decir a cualquier hombre y a cualquier mujer que llevar adelante un embarazo que una no quiere llevar es la violencia mayor que se puede hacer a una mujer, obligarte a llevar a término un embarazo. Las mujeres hacen cualquier cosa para no terminar un embarazo si no lo quieren, se desesperan, se meten cualquier cosa, por eso mueren. Hay que ver el estado de desesperación de las mujeres cuando no quieren tener un hijo. Entonces, a mí me parece que el tema de no dar los votos para la despenalización del aborto era un tema de que allí estaban las iglesias, allí estaban esos dineros, allí estaban esos electorados, allí estaban esas presiones que nada tienen que ver con la situación de la mujer ni con la salud de la mujer. ¿Aumentó la práctica del aborto desde que se aprobó la ley? La verdad es que los estudios de todos los países donde hay aborto dicen: primero, ¿con qué comparás para atrás si no tenés buenos datos? Porque a la gente vos le preguntás si se practicó un aborto y mienten. Es lo mismo que preguntar “¿usted fuma marihuana?”, y si el consumo de marihuana está prohibido, no te van a decir que fuman marihuana aunque fumen. Cualquiera va y le miente al doctor y le dice que fuma menos de lo que fuma y que toma menos de lo que toma, imaginate. Cada uno le miente un poco al médico. Entonces, como no tenés datos anteriores, es muy difícil saber si subió o bajó.

“Lo importante no es descriminalizar solamente, no es despenalizar, no es la cuestión legal. Hay que despenalizar y proporcionar el servicio a las mujeres”.

–Ahora, además de la cuestión del aborto, después aparece toda la cuestión más bien estadística acerca de cuántos abortos se hacían antes, cuántos ahora, es un poco complejo como usted decía.

–Estadísticamente, yo trabajé en encuestas de fecundidad y te digo es un disparate estadístico.

–¿Usted cree que el Estado uruguayo, además del aborto, qué otras deudas podría llegar a tener con la salud reproductiva y con la salud en general de las mujeres en Uruguay? ¿El debate sobre el aborto no cerró la cuestión, o en cambio, podemos decir que ya hemos encontrado un equilibrio?

–A nosotros lo que nos parece es que enfrentamos dos problemas, por eso les digo a ustedes que están en pleno debate, ojo. Lo importante no es descriminalizar solamente, no es despenalizar, no es la cuestión legal. Hay que despenalizar y proporcionar el servicio a las mujeres. Digo esto porque, a veces, estamos con el tema de la despenalización, pero nosotros no queremos solamente despenalizar, queremos que el servicio sea efectivo. Porque si vos despenalizás pero tenés que pasar por un juez cada vez que una mujer se quiera hacer un aborto, lo judicializás, es la muerte. Las mujeres van a ir por el costado, o sea, eso no te va a evitar el aborto en negro. Tenés que tener el servicio. Nosotros el principal problema que tenemos ahora, es el del servicio y la presión que han hecho los grupos más conservadores sobre lo que es el Tribunal en lo Contencioso y Administrativo (TCA). Es el que determina si el Estado decreta bien una ley o no, y le ha hecho observaciones al Ministerio de Salud Pública y lo ha obligado a una interpretación mucho más restrictiva de la ley de lo que nosotros en realidad aprobamos. Por decirte algo, el TCA dijo que la objeción de conciencia no solo vale para los médicos sino para todo el personal de salud, y se puede esgrimir desde el primer momento de la asistencia. Llega una mujer sangrando, yo soy el médico de guardia, hice la objeción de conciencia y no te atiendo –gracias a la interpretación del tribunal–. Eso que hubiera sido una omisión de asistencia flagrante, por esta interpretación del TCA, está legitimado. Entonces, tenemos muchas chicanas que son las que están obstaculizando que los Servicios de Salud Sexual y Reproductiva funcionen mejor. Pero, pese a eso, nadie más habló del tema nunca más. O sea, después de que aprobás la ley y que la misma empieza a funcionar, el tema pasó.

Ahora el principal problema sanitario nuestro es la violencia contra las mujeres, que está salvaje en este país. Están asesinando mujeres todos los días. Te diría que eso es un problema sanitario de primerísima magnitud hoy. Hoy el problema en el Uruguay es ése.

El debate sobre el aborto evidencia el peso de la Iglesia, de las iglesias (por supuesto, que nosotros acá tenemos católicas por el derecho a decidir, los metodistas que están a favor del aborto), de las iglesias evangélicas, de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica. La Iglesia Católica todavía está con el celibato, después de lo que han sido las violaciones reiteradas, los abusos a niños. A mí, y a la mitad de los uruguayos, nos parece que la Iglesia es un factor retardatario desde el punto de vista de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Para nosotras tiene mucho impacto esto; en otros campos, quizás no tanto. Lo que les puedo decir es que después de que se aprueba la ley y empieza a funcionar, tenés otros problemas; pero el debate ya está. Yo estuve ahora en Salta y en Jujuy, y vi una manifestación en Salta en contra del aborto, mostrando fetitos y yo me quería morir. Creo que hacen esa resistencia porque llega un momento que no da más. Es un tema de la modernidad, ya no es un tema de las izquierdas, es un problema del atraso del proceso de secularización de nuestras sociedades y de estos partidos políticos que dejan de representar los derechos de las mujeres, que son la mitad de la población, y se ponen a representar intereses de las corporaciones, de las corporaciones religiosas. Eso es lo que me parece más complicado, sobre todo, en un momento en el que tenemos una disputa Iglesia-Estado que yo pensé que en el siglo XXI no la íbamos a tener más, pero la tenemos. No sólo las bancadas evangelistas en Brasil, sino los estados teocráticos. Ojo con este tema del vínculo entre religión y política, que uno creía que pasó la Ilustración, pasó Voltaire, pasó la Modernidad, y ya está; tenemos un Estado secular y una Iglesia separada, pero no. Creo que la derecha se encarna ahí porque no tiene restos para disputar políticamente con sus ideas, entonces se resguarda en la práctica y en el pensamiento conservador de actores no políticos. Y ahí está la Iglesia o el Ejército o los empresarios, que son como los reductos de la construcción de la praxis conservadores. Yo te diría que la sociedad uruguaya es bastante progresista en estos temas, pero hasta que el Frente Amplio no tuvo mayoría, esto no salió.

“Ahora el principal problema sanitario nuestro es la violencia contra las mujeres, que está salvaje en este país. Están asesinando mujeres todos los días”.

–El año que viene, en Uruguay van a haber elecciones presidenciales, y teniendo en cuenta los antecedentes que existen en América Latina con el avance de partidos de derecha o de centro-derecha ganando estas elecciones, ¿no existe el temor dentro del FA o dentro del movimiento de mujeres de un retroceso en el derecho al aborto en caso de una posible victoria de la derecha?

–Nosotras lo que pensamos, y ya hemos tenido algunas pistas de esta discusión, todas las mujeres de los partidos políticos (acá tenemos algo que se llama la bancada femenina), es hacer un compromiso con todos los partidos políticos estableciendo que esto no se toca. Ésa es nuestra idea, generar ese compromiso político. Después, para tirar la ley del aborto, tenés que aprobar otra ley. Y no es tan fácil. A nosotros nos llevó mucho tiempo y no es tan fácil. Igual, yo creo que los derechos adquiridos, después de que los tenés, se genera una masa de gente que resistiría mucho esos cambios. Pero, como vos decís, no hay ley que esté escrita en piedra para siempre.