Safari diplomático por el norte de África

Por Francisco Castaño (*)|

Desde la llegada del nuevo gobierno presidido por Mauricio Macri, Argentina impulsó una política exterior sustentada en la premisa de “inserción inteligente” en el mundo, buscando insertarse económica y políticamente en todos los frentes externos que fuera posible, teniendo como base una política “desideologizada” y de apertura al diálogo con todos, propugnando de esta manera una suerte de pragmatismo en sus relaciones internacionales.

En este sentido, se destaca la ofensiva diplomática en pos de la recomposición de los lazos con los centros políticos y económicos occidentales (con determinados países y organismos internacionales, que le valieron la presidencia del G20 y la OMC), lo cual constituyó el pilar central de la administración macrista en su relacionamiento con el mundo, que se materializó, entre otras cuestiones, a partir de la realización de un gran número de visitas de Estado. Si bien el centro de la lupa estuvo puesto en EEUU, Europa y el sudeste asiático, los países africanos han adquirido una inusitada importancia para el país en los últimos años, no solo por su alta demanda de mercancías agroindustriales, sino también por ser una región con la cual se puede fortalecer la cooperación Sur-Sur (un mecanismo de intercambios y colaboración entre países del Sur global), en donde Argentina puede aportar saberes y capacidades en el desarrollo del sector agroindustrial africano.

En este marco, el gobierno de Macri continuó con el buen impulso que lo precedió en su relación con los países del norte africano, tanto en forma bilateral como en el marco de la cooperación Sur-Sur. El principal punto que se destaca de la relación con esos países del Magreb y Egipto es el superávit que ha cosechado Argentina en los últimos años, que en 2017 fue de US$ 3.219 millones. Ello le ha permitido palear el déficit de su comercio externo así como también las restricciones que las economías más grandes le han impuesto en los últimos años –los aranceles al biodiésel tanto de EEUU como de la Unión Europea (UE) son los ejemplos más claros–.

Es en este contexto en donde se circunscriben las visitas de Estado que ha desarrollado Argentina al norte de África en los últimos dos años, como un intento de mantener el buen ambiente de cooperación política y económica vigente. En este sentido, se destacan los viajes de Macri a Egipto en septiembre de 2016, de la excanciller Malcorra a Argelia en febrero de 2017, de Michetti a Marruecos y Egipto en julio de 2017, y las efectuadas recientemente por el canciller Jorge Faurie a Marruecos y Túnez. El único país de esa subregión con el cual no se han realizado ni recibido visitas oficiales en los últimos dos años es con el Estado de Libia, que después del asesinato de Gadafi en 2011 ha sufrido un derrotero imponderable que se trasladó en una crisis política y económica que aún no han logrado revertir.

Ahora bien, entre el 30 de marzo y el 2 de abril pasados, el canciller Faurie encabezó una visita oficial al Reino de Marruecos y a la República Tunecina, con los objetivos de profundizar los vínculos políticos bilaterales, intensificar la cooperación científico-técnica, agroindustrial y cultural, así como identificar potencialidades mutuas para incrementar el intercambio con ambos países, de acuerdo a lo comunicado por la Cancillería argentina. Pasemos a analizar brevemente la relación bilateral de Argentina con cada uno de esos países para tratar de ahondar en los fundamentos de las visitas y en la relevancia de aquellos Estados para nuestro país.

La relación con Marruecos

El Reino de Marruecos estableció relaciones diplomáticas con Argentina el 28 de julio de 1960, cuatro años después de su independencia de Francia y España. A partir de la década de 1990 se profundizaron las relaciones político-diplomáticas y económicas entre Argentina y Marruecos: mientras que durante aquella década este acercamiento tuvo un enfoque comercialista, esta orientación se acentuó en el siglo XXI pero bajo el discurso de la cooperación Sur-Sur [1].

El nuevo gobierno argentino no hizo otra cosa que continuar con esa tónica en la relación con Marruecos. En este sentido, la visita oficial de Faurie no fue la primera realizada por funcionarios nacionales a aquel país en el actual mandato; en el viaje que Michetti encabezó en julio del año pasado, la vicepresidente afirmó en ese entonces que “Marruecos es un socio estratégico de la Argentina en África, ya que es la puerta de entrada para otros países en ese continente”.

Entre los principales temas que se trataron con la visita de Faurie, se destacan los impulsos para fortalecer la cooperación técnica en materia agroindustrial, así como el objetivo de diversificar y expandir el intercambio comercial, que en el último año superó los US$ 642 millones. Asimismo, se ratificaron los esfuerzos por alcanzar un tratado de libre comercio (TLC) entre el Mercosur y Marruecos; si bien en 2004 se había firmado un acuerdo comercial marco entre ambas partes, recién en noviembre de 2017 se iniciaron las negociaciones técnicas para arribar a un TLC.

Comercio Marruecos

Como puede observarse en el gráfico, que representa el intercambio comercial para los últimos diez años, el comercio bilateral es estructuralmente superavitario para Argentina, que en el año 2017 alcanzó un saldo superior a los US$ 375 millones. Este resultado positivo se explica en la importante venta de bienes agroindustriales hacia Marruecos, entre los que se destacan los cereales (maíz, trigo y cebada) y aceite y derivados sólidos de soja.

Tratando de comprender un poco más acerca del Reino de Marruecos, puede decirse que es la quinta economía de África y que se rige por una monarquía constitucional parlamentaria. El rey Mohamed VI, de dinastía alauita, se encuentra en el trono desde julio de 1999 tras la muerte de su padre, el rey Hassan II. El monarca es el jefe de Estado y el de las Fuerzas Armadas, se le reconoce el título de Comendador de los creyentes –presidiendo el Consejo Supremo de los Ulemas– y preside el Consejo de Ministros, a la vez que tiene la potestad de designar al jefe del gobierno surgido dentro del partido vencedor de las elecciones de la Cámara de Representantes, compuesta por 325 diputados.

En el ámbito externo, Marruecos forma parte de diversas organizaciones internacionales, tanto económicas como religiosas. Al respecto, se destaca que hasta 2017 fue el único país africano que no pertenecía a la Unión Africana (UA) –máxima institución de representación continental–, luego del abandono impulsado en 1984 por el rey Hassan II de la entonces Organización para la Unidad Africana (OUA), antecesora de la UA, cuando se aprobó la incorporación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) –a quien Marruecos considera como “Estado fantasma”–. Puede decirse que la (re)incorporación de Marruecos a la actual UA respondió tanto a los costos sufridos de su exclusión en el principal espacio continental de cooperación y toma de decisiones como también al fracaso que tuvo su política de la “silla vacía” en su lucha contra la RASD, que en las últimas décadas vio favorecido su reclamo a partir de diversas resoluciones de la ONU que ratifican el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

La relación con Túnez

La República Tunecina estableció relaciones diplomáticas con Argentina el 11 de octubre de 1961, cuatro años después de haberse independizado de Francia. Históricamente el vínculo bilateral con Argentina se ha caracterizado por la buena relación, a tal punto que se destacan las visitas recíprocas de los presidentes en los ’90, cuando Menem viajó en dos oportunidades a aquel país y luego Zine El Abidine Ben Ali hizo lo propio al arribar a Argentina. Para dar cuenta de la permanencia en el poder de Ben Ali, que se mantuvo 23 años al frente del gobierno tunecino –luego de elecciones fraudulentas en las que triunfaba con porcentajes cercanos al 90%–, puede mencionarse que él mismo fue el encargado de recibir en 2008 a la expresidente Cristina Fernández, que fue la última recepción a un mandatario argentino antes de la dimisión de Ben Ali, la cual tuvo lugar en 2011 como consecuencia de la revuelta popular que dio origen a lo que luego se conocería como “Primavera Árabe”.

Ahora bien, en la actualidad se encuentran vigentes numerosos convenios bilaterales entre Argentina y Túnez, que abarcan desde la cooperación política y económica hasta la seguridad, la tecnología y la cultura. En sintonía con lo que sucede con Marruecos, Túnez es un importador neto de alimentos, y Argentina es un socio comercial que suple esa demanda. En este sentido, se destaca la venta de cereales (maíz, trigo y cebada) y aceite de soja y de maíz al mercado tunecino, en un comercio bilateral estructuralmente superavitario para Argentina, cuyo saldo alcanzó los US$ 127 millones en 2017.

Comercio Túnez

De acuerdo a información oficial, Argentina es el sexto proveedor de bienes agroindustriales de Túnez, con una participación del 4% en el mercado tunecino. Un hecho que puede hacer que aumente ese porcentaje es que Túnez autorizó recientemente la importación de gelatina bovina, abejas y cueros desde Argentina, por lo que se profundiza la inserción nacional de bienes agropecuarios y sus derivados en aquel mercado. Otra cuestión que fortalece la relación bilateral es el hecho de que ambos países comparten proyectos de Cooperación Técnica en el marco del Fondo Argentino de Cooperación Sur-Sur y Triangular (FO.AR), especialmente en el sector agroindustrial, a la vez que se firmó en la última visita un proyecto de producción y cooperación cinematográfica.

Por otra parte, cabe destacar que, en paralelismo con las negociaciones con Marruecos, el Mercosur también inició gestiones para un TLC con Túnez, y a pesar de que las negociaciones no avanzaron con la misma velocidad como ocurrió con el caso marroquí, la región norafricana ha incrementado su importancia para el Mercosur, siendo prueba de ello que en 2017 entró en vigencia un TLC con Egipto.

Como datos salientes de Túnez, puede mencionarse que se rige por una república semipresidencialista, que habitan más de 11 millones de personas y que integra la Unión del Magreb Árabe. A pesar de ser el país más pequeño del norte de África, actualmente es la 11ª economía continental, destacándose la explotación de minas de fosfato y productos químicos derivados del petróleo. Como dato de color, es interesante resaltar que es el único país en el mundo árabe en donde la interrupción voluntaria del embarazo es legal durante los tres primeros meses de gestación, sin que la mujer tenga que alegar motivo alguno.

Como corolario, la gira diplomática por Marruecos y Túnez demuestra la continuidad en la política exterior argentina hacia el continente, y en especial con la región del Magreb. Al igual que como sucedió en el vínculo con China –aunque en este caso obedeció más a cuestiones externas que internas–, puede decirse que la relación impulsada con los países del norte africano constituyó el otro punto de continuidad en la política exterior implementada por el gobierno de Macri en comparación con la de sus antecesores, en una búsqueda que profundiza la inserción argentina como productora y exportadora de bienes agroindustriales.

 

Referencia

[1] Vagni, J. J. (2008), Argentina-Marruecos. De los impulsos a la convergencia político-comercial (1989-2007), Tesis doctoral, UNR, Rosario.

(*) Twitter: @francastano91