Dos amantes de una historia sin final

Fuente: Télam

Por Francisco Castaño*|

Los vínculos que unen a Argentina con España exceden su propia existencia como país y se remontan a los inicios del siglo XVI, cuando Díaz de Solís fue el primer español en realizar una expedición en el Río de La Plata. A partir de allí, el Imperio español irrumpiría en estas tierras y las anexaría al Virreinato del Perú; luego establecería en 1776 el Virreinato del Río de la Plata. En 1810, en el contexto de la derrota española en manos napoleónicas, Argentina expulsaría al virrey Cisneros y rompería el lazo político que la ataba con la metrópoli transatlántica, declarando seis años más tarde su independencia. Es evidente que toda esta historia común hace de España un país de fuertes vínculos culturales para Argentina, lazos que se refuerzan desde la perspectiva económica y, desde hace dos años, desde la arista política.

Entre el 10 y 11 de abril pasados, Mariano Rajoy Brey, junto con un centenar de empresarios, realizó su primera visita de Estado a la República Argentina en calidad de presidente del Reino de España, siendo la segunda vez que se reúne oficialmente con Macri luego del encuentro en Madrid de febrero del año pasado. Pasaron más de diez años desde la última visita de un presidente español, que fue la de José Luis Rodríguez Zapatero en noviembre de 2007. Además de aquellos encuentros presidenciales, cabe mencionar el polémico encuentro que mantuvo Macri con el rey Juan Carlos I en el marco del bicentenario de la independencia argentina, ocasión en donde el presidente argentino le comentó que hace dos siglos “un conjunto de ciudadanos (…) deberían tener angustia de tomar la decisión, querido rey, de separarse de España”. De todas formas, a pesar de que el título de rey de Juan Carlos es vitalicio, en junio de 2014 había abdicado a la Corona en favor de su hijo Felipe VI, quien es el actual monarca del Reino de España y por ende su jefe de Estado, con quien todavía no se han desarrollado encuentros oficiales.

En ocasión de la visita de Rajoy a Argentina, los presidentes pasaron revista a los avances registrados en la implementación del “Plan de Acción” para la profundización de la Asociación Estratégica, suscrita en 2005 y rubricada con aquel nombre en 2017, la cual estipula mecanismos de concertación y diálogo en áreas como diplomacia, derechos humanos, seguridad internacional, cooperación al desarrollo, cooperación económica y la comunidad Iberoamericana. En esta oportunidad, los gobiernos establecieron nuevos proyectos y firmaron cinco acuerdos –que se suman a los 11 convenios suscritos en 2017–, los cuales permitirán seguir avanzando en nuevos objetivos conjuntos, según lo comunicado por la Cancillería argentina. Además de esas cuestiones, la reunión dejó como corolario la concordancia sobre la condena hacia Venezuela, en la previa de la VIII Cumbre de las Américas que tiene a Perú como sede.

Se afirma que la llegada de Macri al gobierno argentino provocó un relanzamiento del vínculo bilateral, luego del distanciamiento político que tuvo lugar a partir de 2012 como resultado de la nacionalización del 51% del capital accionario de YPF –hasta entonces propiedad de Repsol, que recibió una compensación de US$ 5000 millones–, lo cual, sumado a las crisis económicas española e internacional, derivó en una merma del comercio y la inversión de España en Argentina en los últimos años. Ahora bien, es tanta la concordancia política entre los gobiernos de Macri y Rajoy, que el mandatario argentino afirmó –en una entrevista al diario español ABC– que “la relación de Argentina con España es la de dos amantes que se han reencontrado”.

Esta recomposición del vínculo amoroso tiene su correlato, entre otras cosas, en el hecho de que la propia Telefónica desistió de recurrir al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) ante la falta de respuestas del gobierno de Macri por abrir la competitividad en el mercado de las telecomunicaciones. Esto se originó a partir de la aprobación del gobierno de la fusión entre Telecom y Cablevisión, lo cual le abrió las puertas al conglomerado nacional para brindar el servicio de “cuádruple play”, permitiendo que se avanzara aún más hacia la concentración del mercado de las telecomunicaciones y postergando a su vez la posibilidad de que la empresa española pudiese brindar el mismo servicio. En este sentido, Rajoy se lleva como souvenir para la filial de su país la promesa del envío de un proyecto de ley para modificar el marco regulatorio y permitir que empresas de telefonía puedan otorgar el servicio de televisión satelital.

Puede decirse que España posee una relevancia fundamental en dos cuestiones consideradas clave para el gobierno de Macri: las inversiones extranjeras y el apoyo para la firma de un acuerdo Mercosur-UE.

Por un lado, España históricamente es uno de los principales inversores en Argentina, lo cual se dio con particularidad en la década de 1990 a partir de las privatizaciones dispuestas por el gobierno de Menem, en donde las empresas de origen español fueron las que más rédito sacaron. Desde hace dos años, con la apertura del mercado, la eliminación de las restricciones cambiarias y el incremento de la obra pública en Argentina, las empresas españolas se han visto favorecidas para el desarrollo de sus actividades, lo cual renueva por tercer año las esperanzas del gabinete nacional de que tenga lugar la “lluvia de inversiones”. Además de ello, España es un socio comercial relevante, y el intercambio bilateral ha sido superavitario para Argentina en los últimos años.

Por el otro lado, España constituye uno de los principales aliados europeos en la consideración de un acuerdo entre el Mercosur y la UE, una meta que el gobierno de Macri ha buscado alcanzar en el marco de su objetivo de “reinsertar” a Argentina en el mundo, buscando establecer relaciones más estrechas con los centros políticos, económicos y financieros, siendo Europa uno de los principales apuntados. Asimismo, puede mencionarse que Rajoy confirmó el apoyo del ingreso argentino a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE).

La relación económica bilateral

Desde la perspectiva económica, España posee un lugar destacado en Argentina, tanto en el aspecto financiero como comercial. Con respecto al primero, y de acuerdo a cifras del Banco Central de la República Argentina (BCRA), España ocupó en 2016 el segundo lugar como origen de inversión extrajera directa (IED) en Argentina, con un porcentaje del 17,6% sobre el total –totalizando un monto de US$ 13.169 millones–, ubicándose solo por detrás de EEUU, que representó el 22,7%. Según la Cámara Española de Comercio de la República Argentina (CECRA), en la actualidad hay 240 empresas de capital español radicadas en el país, desarrollando actividades en rubros tales como banca, energía, infraestructura, telecomunicaciones, logística y transporte, entre otros.

Por el otro lado, actualmente España es el octavo socio comercial de Argentina (el segundo de Europa, detrás de Alemania), en un intercambio de US$ 2.952 millones para 2017, alcanzando el país europeo una participación del 2,4% en el comercio exterior argentino.

Comercio Arg-España

Como puede observarse en el gráfico, el comercio bilateral en los últimos diez años ha sido superavitario para Argentina. Sin embargo, ese superávit se ha ido reduciendo, al punto tal que el mismo pasó de US$ 707 millones de 2016 a US$ 49,7 millones un año después, debido tanto a la eliminación de las restricciones a la importación como a la merma que han evidenciado las exportaciones argentinas.

Profundizando la arista comercial, por el lado de las importaciones desde España se destacan maquinaria, vehículos y sus partes, mientras que, por el lado de las exportaciones argentinas, pueden mencionarse residuos sólidos del aceite de soja, crustáceos y moluscos y biodiésel.

Ahora bien, el caso del biocombustible merece una mención especial, ya que Argentina es uno de los principales productores y exportadores mundiales y el mercado europeo uno de sus principales demandantes, y, para el caso de España, constituye el tercer bien más exportado hacia ese país. Al respecto, en 2014 la UE había aumentado los aranceles para el biodiésel proveniente de Argentina argumentando derechos antidumping, al considerar que la producción nacional estaba subsidiada con ventajas fiscales (el mismo argumento que Donald Trump, tan defenestrado por los europeos por su proteccionismo, usaría tres más tarde para emular aquella medida). Finalmente, luego de que la UE elevara su denuncia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y de que esta fallara en 2016 a favor de Argentina, se recompusieron los envíos de biodiésel a España. Sin embargo, la UE abrió en enero de este año una nueva investigación por los supuestos subsidios, arguyendo los mismos motivos que sostuviera con anterioridad y que ya han sido rechazados por la propia OMC. Considerando esta nueva avanzada, la cual es un intento para dificultar y postergar el ingreso de biodiésel a Europa, queda en evidencia que la ideología aperturista promulgada por los europeos solamente debería aplicarse, según ellos, cuando son sus bienes los que tienen que entrar en otro mercado.

Mercosur-UE

En cuanto a la relación entre ambas regiones, en la reunión entre Rajoy y Macri se renovaron las intenciones de alcanzar un acuerdo birregional, pretendiéndose anunciar al menos un acuerdo político en ocasión de la cumbre del G20 que tendrá lugar este año en Buenos Aires. Sin embargo, existen divergencias en torno a temas sensibles, destacándose al menos dos en el capítulo del comercio de bienes: por un lado, la agricultura, ya que la UE se niega a abrir su mercado a los bienes mercosureños –tanto por los intereses de países como Francia como también por la inexistencia de un marco multilateral en la OMC–; y, por el otro lado, por una doble problemática: la denominación y las reglas de origen.

Al respecto, por el lado de la denominación de origen, existe un pedido de la UE de establecer indicaciones geográficas (IG) para ciertos quesos, vinos y aceites, y en caso de firmarse un acuerdo esos rubros se verían afectados en los países del bloque suramericano. En cuanto a las reglas de origen, aquí entra en juego España –al menos simbólicamente–, ya que la cláusula que está en discusión se la denomina como “anti-Zara”, en honor a la empresa textil española famosa por los casos de dumping y competencia desleal existentes en su contra. En este marco, lo que está en discusión es que la producción de prendas de las empresas europeas es tercerizada en otros países –fundamentalmente en el sudeste asiático– y luego, al momento de que las empresas ingresan esas mercancías terminadas a la UE con aranceles mínimos para exportarlas a un tercer mercado, se las consideran como “made in Europa”. Esto, si bien constituye una práctica intra-firma común en el capitalismo actual, representa una competencia insostenible para las empresas mercosureñas ante el establecimiento de un libre comercio en ese rubro con un eventual acuerdo. Si bien las intenciones de firmar un acuerdo son fuertes, las cartas aún están en juego.

(*) Twitter: @francastano91