Turquía ante unas elecciones que abren una nueva era

(*) Por Lucio Garriga Olmo

Lo que era una especulación y un secreto se confirmó: el presidente turco Recep Tayyip Erdogan adelantó las elecciones presidenciales que iban a realizarse en noviembre de 2019 para el próximo 24 de junio. La medida la anunció el pasado miércoles luego de reunirse con el líder del Partido de Acción Nacionalista (MHP), Devlet Bahceli, dirigente histórico devenido en el principal aliado político del oficialista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

El líder del MHP había dicho durante la semana que sería difícil para el país “soportar las circunstancias actuales” hasta el 2019 por lo cual hizo un llamado a adelantar los comicios. Erdogan, ni lento ni perezoso, aprovechó la oportunidad. Se reunió con su aliado y anunció que las elecciones se adelantan 19 meses. “Los desarrollos en Siria y en otros lugares han hecho que sea urgente cambiar al nuevo sistema ejecutivo con el fin de tomar medidas para el futuro de nuestro país de una manera más fuerte”, dijo para explicar su decisión.

Al mismo tiempo que el Parlamento aprobaba adelantar los comicios, el mismo organismo aprobó extender, por séptima vez seguida, y por otros tres meses más, el estado de emergencia que rige en Turquía desde el fallido intento de golpe de Estado contra Erdogan en el 2016. Las próximas elecciones se llevarán a cabo en un contexto que ha provocado “masivas y graves” violaciones a los derechos humanos, como denunció la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace unas semanas.

¿Debilidad o fortaleza?

Las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias significarán el paso de Turquía a un nuevo sistema y a una nueva era política. Dejará de estar vigente el sistema actual republicano semipresidencialista y entrará en vigor el sistema presidencial, aprobado el año pasado. De esta forma, el país entrará en una nueva era política.

El nuevo sistema estipula la creación del cargo de vicepresidente, la eliminación de la figura de Primer Ministro (actualmente a cargo de Binali Yildirim) y aumentará el poder del presidente, ya que se le permitirá nombrar a su Consejo de Ministros, elegir a 12 de los 15 miembros del Tribunal Supremo, disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas.

La reforma fue aprobada a través de un referéndum teñido de denuncias de fraude electoral por parte de los principales partidos de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el Partido Democrático de los Pueblos (HDP). El resultado fue un ajustado 51,3% a favor contra un 48,6% pero el gobierno perdió en las principales ciudades del país: Estambul, Izmir y Ankara. La elección dejó un gusto amargo en el oficialismo. El apoyo a la reforma constitucional no fue masivo y la diferencia con el NO fue muy exigua, algo que no se esperaba.

Adelanta las elecciones para aprovechar el sentimiento nacionalista que volvió a surgir (nunca desapareció) después del triunfo de la “Operación Rama de Olivo” en la ciudad siria de Afrin contra las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG).

Con este antecedente surgen dos explicaciones sobre el por qué de mover la fecha de las elecciones. ¿Erdogan lo hace por qué está fortalecido o por qué puede estar debilitándose?

Adelanta las elecciones para aprovechar el sentimiento nacionalista que volvió a surgir (nunca desapareció) después del triunfo de la “Operación Rama de Olivo” en la ciudad siria de Afrin contra las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG), un grupo que Ankara considera terrorista. Esta avanzada militar fue lanzada el pasado 20 de enero y terminó el 18 de marzo con la toma de la ciudad por parte de las fuerzas turcas y el Ejército Libre Sirio (ELS). Recibió el apoyo del MHP y del opositor CHP demostrando que el nacionalismo antikurdo no es propio del AKP y que llega a sectores más amplios que el oficialismo.

Más allá de las declaraciones gubernamentales, el gobierno no quiere dejar pasar la actualidad económica-política que le es favorable y que en un futuro se le puede tornar contraria. En este sentido la principal preocupación es la situación económica que está empeorando. Una reciente encuesta de Metropoll mostró que el 27,4% de los encuestados dijo que la economía es su principal problema, mientras que sólo el 1,3% hizo referencia a los kurdos y el 1,8% a las potencias extranjeras. En el 2017 Turquía creció un 7,4% pero el ingreso per cápita se encuentra en los mismos niveles que en el 2008 y el poder adquisitivo de la sociedad está cayendo debido a la caída de la lira y por el aumento de la inflación.

Erdogan no quiere perder el sentimiento nacionalista luego de haber triunfado en Afrin y los positivos indicios de una economía que, por ahora, se mantiene con signos positivos. La mejor forma que vio para aprovechar estos indicadores y ante el temor de un resultado adverso en unas elecciones que se desarrollarían recién el año que viene decidió adelantar las elecciones. Prefiere prevenir y ganar y no esperar y perder.

Panorama político

Las elecciones de este año tendrán un nuevo condimento. El pasado 13 de marzo el Parlamento modificó el Código Electoral, una nueva medida que aumenta el control estatal sobre las elecciones. Estos cambios permitirán las coaliciones electorales por primera vez y se permitirán los votos que no cuenten con el sello oficial de la Junta Electoral (la oposición denunció que en el referéndum del 2017 hubo más de un millón de votos sin la firma).

Ante la posibilidad de poder unir partidos políticos para las coaliciones el ultraderechista MHP ya anunció que no presentará un candidato propio y que apoyará al propio Erdogan. Algunas encuestas ya le dan a esta coalición más del 50% de los votos. La unión entre Erdogan y Bahceli recurrirá al voto conservador, nacionalista y anti partidos de izquierda kurdos, principalmente el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) porque lo consideran “terrorista”.

El partido opositor que más problemas tendrá durante estas elecciones será, una vez más, el pro kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP).

Por su parte, el CHP, el principal partido de la oposición que todavía no tiene un candidato definido,  anunció que realizará una serie de reuniones con otros partidos de la oposición para, según el presidente Kemal Kılıçdaroğlu, tratar de “convencer a los partidos de unirse alrededor de un candidato en la (posible) segunda ronda electoral y entrar al Parlamento con una mayoría combinada”.

La idea de poder unir fuerzas en la oposición turca tuvo su primer mensaje este domingo cuando 15 parlamentarios del CHP se pasaron al İYİ Parti (Partido Bueno) liderado por la ex Ministra del Interior, Meral Aksener, quien se separó del MHP criticando su alianza con el AKP. La jugada política fue para que el İYİ Parti llegue a contar con 20 parlamentarios en el Congreso ya que un partido con ese número de legisladores tiene el derecho a participar en las elecciones presidenciales. Su participación estaba en duda porque la justicia tenía que evaluar si había respetado los tiempos legales para presentarse, ya que otra ley establece que los partidos políticos deben realizar su congreso seis meses antes de las elecciones y la fecha de finalización de su congreso era cuestionado.

Ante las críticas de la comunidad internacional de desarrollar unas elecciones presidenciales bajo este estado, Erdogan recuerda que Francia vivió la misma situación el año pasado.

De esta forma la Suprema Junta Electoral aprobó su participación en las elecciones. La líder del partido se define como “nacionalista y laica” y se espera que atraiga el voto nacionalista y conservador descontento con el AKP.

El partido opositor que más problemas tendrá durante estas elecciones será, una vez más, el pro kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP). El partido ya criticó la decisión de adelantar las elecciones y el vocero Ahyan Bilgen aseguró: “Estamos entrando en las elecciones bajo un estado de emergencia y en un ambiente donde los medios son censurados”.

El pueblo kurdo es uno de los sectores políticos que más ha sufrido la purga lanzada por Erdogan luego del intento fallido de golpe de Estado. El HDP logró ganar 59 parlamentarios pero en la actualidad ese número se redujo a 48 ya que 11 han sido despojados de sus cargos bajo distintas acusaciones. Los últimos parlamentarios en perder su estatus fueron Osman Baydemir y Selma Irmak. El primero fue condenado a un año y cinco meses de prisión por “insultos a la Policía” mientras que la legisladora fue condenada  a diez años por “realizar propaganda terrorista” y “ser miembro de una organización armada”, en referencia a la guerrilla PKK.

La purga ya ha dejado más de 150 mil personas detenidas y más de 110 mil empleados públicos fueron despedidos. Ante las críticas de la comunidad internacional de desarrollar unas elecciones presidenciales bajo este estado, Erdogan recuerda que Francia vivió la misma situación el año pasado.

Erdogan hará todo lo necesario para asegurarse un nuevo triunfo que le permita mantenerse en el poder. Por ahora tiene a favor algunos indicadores económicos y la unidad con el MHP ante una oposición que está dividida pero intenta unirse. Tomará todas las medidas necesarias para que el resultado sea a su favor y lo más abultado posible para legitimar unas elecciones que estarán en el ojo de la comunidad internacional. El temor a un resultado ajustado como en el 2017 todavía está vivo.