“El fundamentalismo religioso quiere imponernos sus reglas a todos”

María tenía 17 años cuando fue víctima de abuso sexual mientras regresaba, como todos los días, de la parada del autobús a su casa. Calló, nadie lo supo. Tiempo después supo que estaba embarazada. Una amiga la contuvo, le acercó pastillas abortivas y le aconsejó sobre cómo debía tomarlas. “No quería tener un hijo de la persona que me violó. Decidí abortar. Tomé las pastillas, a las tres horas me encontré mal y mi madre me llevó al hospital”. Un rato después se encontraba esposada de pies y manos, siendo trasladada al penal de Támara, ubicado al noroeste de Tegucigalpa. Los médicos que la recibieron en la guardia fueron los que la denunciaron con la policía.

En Honduras, el aborto está prohibido bajo cualquier circunstancia y se castiga con penas que van de los 3 a los 10 años de prisión. María es una de las mujeres que se encuentran presas por abortar. Si bien no hay cifras oficiales, el Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), en un registro provisorio, da cuenta de entre 10 y 15 mujeres que, en la actualidad, están presas por decidir sobre su cuerpo e interrumpir sus embarazos. Entre 2016 y los primeros meses de 2017, se registraron 33 denuncias por aborto, la mayoría provenientes de vecinos de las mujeres y de los propios médicos, que están obligados a reportar a las autoridades la presencia de sustancias abortivas en el cuerpo de las personas gestantes. Además, no solo el aborto se encuentra penalizado en Honduras, sino que también es ilegal la píldora de anticoncepción de emergencia, la “píldora del día después”.

“El fundamentalismo religioso ha llegado a espacios de tomas de decisiones como el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo”, señala, en diálogo con L’Ombelico del Mondo, Suyapa Martínez, integrante y referente del CEM-H. Y cuando el fundamentalismo religioso accede a esos espacios de toma de decisión, deviene en política pública. En un país que es el segundo de Latinoamérica con mayor número de embarazos adolescentes, la salud y la voluntad de las mujeres no son tenidas en cuenta. 102 de cada 100.000 niñas y adolescentes quedan embarazadas, sobre todo en las poblaciones rurales donde la necesidad económica agobia y donde falta educación sexual. Las niñas no solo son estigmatizadas y señaladas por quedar embarazadas; sino que, también, son obligadas a parir.

A esto se suma la violencia sexual contra las mujeres en un país sumamente machista, siendo las más afectadas las niñas y adolescentes. Según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Autónoma de Honduras, en 2017 se registraron 3.105 casos de violaciones, de las cuales el 58% de las víctimas tenía entre 10 y 19 años y el 75% de los violadores eran conocidos de las víctimas.

Suyapa Martínez, del CEM-H, es una referente de la lucha de las mujeres hondureñas por sus derechos. El año pasado fue denunciada por la Empresa Desarrollos Energéticos S. A. (DESA) por haber señalado que sus directivos estaban involucrados en el asesinato de su compatriota Berta Cáceres, ocurrido el 3 de marzo de 2016. La líder comunitaria se había opuesto a la construcción del proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, desarrollado en conjunto por DESA y la empresa china Sinohydro. Esta denuncia en su contra generó amplias muestras de solidaridad en el movimiento popular hondureño y finalmente fue anulada. La avanzada contra Suyapa Martínez se enmarca en la criminalización de la libertad de expresión y la protesta social instituida en la reforma al Código Penal y en la persecución y asesinatos de líderes comunitarios y ambientales en el país centroamericano (unos 111 entre 2002 y la actualidad).

En diálogo con L’Ombelico del Mondo, Martínez detalló cuál es la situación del aborto en Honduras, cuáles son los ejes y las reivindicaciones del movimiento de mujeres y cuáles son las tareas que realizan las organizaciones sociales y de la sociedad civil ante la ausencia estatal en lo que respecta a la educación sexual y a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

¿Qué es lo que está pasando en Honduras en relación al aborto? Sabemos que hay una prohibición total respecto a la práctica del aborto, y que inclusive la pastilla del día después es considerada abortiva y, por lo tanto, no está permitida en Honduras. ¿Cuál es la situación en general de lo que está sucediendo en Honduras?

A partir del golpe de Estado que sucedió en Honduras en el 2009, el gobierno de facto, el gobierno golpista, emitió un decreto ejecutivo en donde prohíbe la promoción y uso de la píldora de anticoncepción de emergencia (PAE). O sea, antes estaba en los protocolos de atención, ahora está prohibida mediante decreto ejecutivo. Nosotras hemos hecho una ardua lucha para que se derogue ese decreto ejecutivo de 2009, pero no hemos podido lograr que el Partido Nacional, que es el que está en estos momentos por dos períodos en el poder, pueda responder a las demandas de las mujeres. Mientras tanto, cantidad de niñas son abusadas sexualmente. Estamos hablando de un promedio de 2.300 denuncias de violencia sexual, de las cuales un 70% son violaciones. Y de ese 70%, estamos hablando de un 80% que son niñas y adolescentes que están siendo obligadas a parir y esto es considerado una tortura, siendo niñas: una niña cuidando de otra niña. Eso nos ha desgastado profundamente porque son gobiernos que están muy permeados por el fundamentalismo religioso que ha llegado a espacios de tomas de decisiones como por ejemplo el Poder Legislativo, pero también el Poder Ejecutivo.

Hay una avanzada fundamentalista religiosa en todos los países de la región y en Honduras está bien duro el fundamentalismo.

Y en relación al aborto, imagínense ustedes, si tenemos prohibida la PAE, pues el aborto está penalizado en todas sus formas en el Código Penal. Nosotras pensábamos que con el nuevo Código Penal, que fue discutido el año pasado (a finales del año pasado, pero luego de todo un año de debate) podíamos nosotras incluir la despenalización del aborto por tres causales: por violación, por inviabilidad fetal y cuando peligra la vida de la mujer. Sin embargo, aunque en un inicio muchos de los congresistas y las congresistas declararon que iban a respaldar la lucha, al final a la hora de la votación, solo obtuvimos 9 votos a favor en el Congreso Nacional y el resto votó en contra y unos se abstuvieron. Nos preocupa porque eso quiere decir que no les preocupa la vida de las mujeres. Mientras las mujeres siguen siendo violadas y acosadas, en el país continúa penalizado el aborto, a pesar de que hemos hecho debates en los medios de comunicación. Hay una avanzada fundamentalista religiosa en todos los países de la región y en Honduras está bien duro el fundamentalismo. Definitivamente miramos que cada vez que nosotras alzamos la voz para poder posicionar el tema, salen estos grupos en reactivo y a solicitar reuniones. En Honduras ni la educación sexual está permitida. Hay una ley introducida en el Congreso de educación para la sexualidad, que se introdujo en el período pasado y que nuevamente se ha vuelto a introducir en este período, y pasaron los cuatro años sin dictaminar. Siempre porque los grupos religiosos tienen una reacción ante esto. Recientemente tuvimos reuniones con la bancada de Libre, que es el partido de oposición, y también con el PINU, que es otro partido de oposición. Y seguimos dando la lucha para poder incidir en los congresistas para que se despenalice el aborto, aunque sean partidos de oposición, siempre están permeados por el fundamentalismo. Hay varios diputados de los partidos que nos dicen que con la despenalización no están de acuerdo; incluso con la despenalización solo bajo estas tres causales. Recordemos que en El Salvador se está pidiendo también la causal económica. Y, en Honduras, nosotras estamos exigiendo tres causales. Recientemente, tuvimos reunión con la Secretaría de Salud Pública para que derogara el decreto y lo que nos contestó el ministro es que no conocía de eso. ¿Cómo se puede creer que una autoridad de ese nivel desconoce el decreto ejecutivo que prohíbe el uso de la PAE?

Suyapa, ¿cuáles son hoy por hoy los ejes reivindicativos del movimiento de mujeres en Honduras con respecto al aborto pero también en general? ¿Hay mujeres discutiendo este tipo de situaciones en los altos niveles del Estado? ¿Cuál es la posición que está teniendo el movimiento de mujeres en este sentido?

Con respecto al aborto, se ha hecho una labor de capacitación de vocerías, en la juventud, tanto en hombres como en mujeres. Existe la plataforma “Derechos aquí y ahora” y la plataforma “Somos Muchas”, nosotras formamos parte de ambas plataformas, en donde se enfocan los temas de derechos sexuales y reproductivos, específicamente en aborto y PAE. Estamos, como le digo, tratando de hacer incidencia sobre congresistas, pero también incidencia a nivel de la Secretaría de Salud. Y a las mujeres del área rural se las está capacitando en derechos sexuales y derechos reproductivos y en los temas de aborto y PAE. Se sabe que las iglesias siempre permean en las poblaciones, a los grupos de mujeres; así que la labor nuestra, es una labor titánica.

Esta iniciativa es de los movimientos. Ustedes están haciendo lo que el Estado no hace.

–Exactamente, esta iniciativa es de los movimientos, de las organizaciones de mujeres y feministas que estamos capacitando a las mujeres para que conozcan sus derechos y sepan que penalizar el aborto es negarles un derecho que tienen a poder decidir sobre su propio cuerpo. Y no solo por tres causales, sino a poder decidir sobre su cuerpo, si tienen o no un embarazo.

En Honduras ni la educación sexual está permitida. Hay una ley introducida en el Congreso de educación para la sexualidad, que se introdujo en el período pasado y que nuevamente se ha vuelto a introducir en este período, y pasaron los cuatro años sin dictaminar.

Aquí en la Argentina, la despenalización del aborto se está discutiendo en función de la legalización total, que la interrupción del embarazo pueda hacerse con la sola voluntad de la mujer. Tenemos un protocolo que permite efectivamente las tres causales de las cuales usted habla. Si usted tuviera que hablar, que discutir con los movimientos de mujeres aquí en Argentina que están luchando y todos los movimientos que apoyamos y sostenemos aquella lucha, a partir de la experiencia hondureña, ¿qué podría decirle? ¿Qué de su experiencia podría servirnos a las discusiones que tenemos en Argentina?

Me parece que es muy importante que se esté planteando la despenalización total del aborto; sobre todo, para todas las mujeres argentinas, no solo a los movimientos de mujeres o feministas. Si bien esta es una lucha que la encabezan las organizaciones de mujeres y feministas, es una lucha que beneficia a todas las mujeres argentinas en este caso. Porque con la despenalización del aborto no es que se obliga a las mujeres a abortar, que ese es un gran problema que los tomadores de decisiones tienen metido en la cabeza o hacen creer que ellos piensan eso. Nosotras les decimos que se trata de dejar libre a la mujer para que pueda decidir. Ante el hecho de tener despenalizado el aborto, si la mujer es religiosa y sus principios religiosos le dicen que no aborte, pues que no aborte. Y si no es religiosa pero no quiere abortar, pues que no lo haga. Abortar no es una cuestión que nos gusta a las mujeres, eso no es cierto; eso es un mito. A las mujeres no nos gusta abortar, pero sí damos la pelea por el derecho que tenemos sobre nuestro cuerpo. Por ejemplo, le decimos nosotras a los congresistas: “imagínense ustedes que su compañera de hogar o a su hija le peligre la vida, si tiene o no ese embarazo. Entonces, ¿qué haría usted?” Ahí se ponen a pensar, porque la cosa aquí es que a los congresistas hay que llegarles con casuísticas concretas. Nosotras lo que estamos aquí haciendo es documentando casos. Documentando casos de mujeres que están presas por haber abortado, porque igual el aborto se da de manera clandestina. El hecho de que esté penalizado no significa que no se esté dando, lo que se está haciendo es poner en mayor riesgo a las mujeres porque es un aborto clandestino. Las mujeres lo hacen en cualquier lado y no lo hacen en las condiciones que se requieren, seguras, para poder proteger su vida.

El fundamentalismo religioso reacciona, quieren mandar mensajes a la sociedad de que las mujeres tenemos que ser castigadas por haber tomado una decisión de este tipo, no importando si peligra la vida de la mujer, o si es un derecho

–¿Tiene idea de cuántas mujeres están presas por abortar?

–En nuestro país no pasa como en El Salvador, que hay mayor cantidad de mujeres presas por abortar. Estamos hablando de que aquí hay unas 10 ó 15 mujeres que están presas por abortar.

Aunque fuera una, es terrible.

–Exactamente. Pero con estos debates que se están dando sobre el aborto, definitivamente las están criminalizando más. Como el fundamentalismo religioso reacciona, quieren mandar mensajes a la sociedad de que las mujeres tenemos que ser castigadas por haber tomado una decisión de este tipo, no importando si peligra la vida de la mujer, o si es un derecho. Ellos quieren imponer reglas religiosas a toda una sociedad. Puede ser musulmana, puede ser católica, o evangélica o atea, pero ellos quieren imponer ese tipo de reglas. Y sobre eso es que nosotras tratamos de convencer a los tomadores de decisiones de que no pueden hacer políticas públicas ni legislaciones que impongan una regla general para toda la población, tomando en cuenta reglas de una religión o normas religiosas, porque no toda la comunidad es religiosa.