Reunión Cumbre

El pasado 27 de abril, el mundo fue testigo del encuentro entre el presidente de la República de Corea (conocida comúnmente como Corea del Sur), Moon Jae-in, y el líder supremo de la República Popular Democrática de Corea (conocida también como Corea del Norte), Kim Jong-un. Luego de 65 años desde la firma del armisticio y de 11 años desde la última cumbre bilateral, los mandatarios prometieron alcanzar un acuerdo para establecer una paz permanente en la península, enfatizando el objetivo de una “completa desnuclearización”. La nota de color estuvo dada por el hecho de que Kim y Moon cruzaron la frontera tomados de la mano, en lo que sin dudas representa una de las imágenes más importantes en las relaciones internacionales en el siglo XXI.

El origen del conflicto entre las Coreas tiene sus raíces en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo como corolario la derrota del Imperio de Japón y el fin de su ocupación colonial en la península coreana en agosto de 1945. En este marco, se propuso una división provisional del territorio en torno al paralelo 38°, quedando la parte del norte bajo supervisión soviética y la del sur bajo control estadounidense, quienes crearían sendos gobiernos previsionales. Esa división temporal se transformaría en una demarcación permanente cuando, en 1948, surgieron como Estados Corea del Norte y Corea del Sur. Sin embargo, en el marco del descontento y la disputa bilateral por la península, en 1950 se desencadenó el conflicto bélico entre las dos Coreas; si bien el mismo concluiría en 1953 con la firma de un armisticio conocido como la Paz de Panmunjom –por la ciudad en donde fue firmada, en la cual se acordó el cese de hostilidades y se creó la zona desmilitarizada fronteriza–, ello no significó oficialmente la suscripción de la paz.

A partir de allí, pasaron 47 años hasta que comenzaron a realizarse encuentros conjuntos para resolver esa situación. La reunión del pasado viernes 27 tuvo lugar en Panmunjom y constituye la tercera cumbre intercoreana de la historia luego de las celebradas en Pyongyang en 2000 y 2007, siendo la de este año la primera reunión desde que Kim Jong-un llegó al poder en 2011 y de que Moon Jae-in asumiera como presidente surcoreano hace un año atrás.

Para profundizar sobre las principales implicancias del encuentro entre ambos mandatarios, L’Ombelico del Mundo dialogó con Bárbara Bavoleo, Doctora en Ciencias Sociales (UBA), investigadora del CONICET y coordinadora académica del Centro de Estudios Coreanos (IRI-UNLP), quien analizó la importancia de la reunión bilateral y el escenario que se abre de aquí en adelante.

–En primer lugar, ¿qué impresión le ha dado la foto entre los dos líderes coreanos, inclusive desde lo simbólico? ¿Cómo sigue todo esto?

–Creo que la primera lectura que tenemos que hacer es simbólica, justamente. Me parece que más adelante podremos ver qué es lo que fluye o qué es lo que surge de este acuerdo, más allá de que hubo una declaración de Panmunjom bastante relevante. Pero en términos simbólicos, yo creo que fue realmente una sorpresa y un momento bastante emotivo sobre todo para el pueblo coreano que vivió esta división, para todas estas familias que están la mitad en Corea del Norte y otra la mitad en Corea del Sur, para quienes vimos la historia de las dos Coreas y los encuentros anteriores. Acá prácticamente observamos gestos de emotividad, de estar contentos; agarrarse de la mano y cruzar la frontera fue algo fuera de libreto. La charla parecía amena, distendida. Y, digamos, el hecho de que se haya hecho la reunión en esa zona, en ese lugar específico, es también bastante representativo. Además de cómo ingresaron ambos: no con el despliegue armamentístico que estamos acostumbrados a ver, sino una frontera preparada para un encuentro ameno y de búsqueda de paz y cooperación.

Con respecto a la segunda pregunta, creo que tenemos que barajar diferentes alternativas. La primera es por fin darle corte o cierre a esto de que nunca se haya firmado la paz; encontrar un espacio donde puedan ser reconocidos ambos Estados, a través de la firma de algún tratado. Y después habrá que ver toda la cuestión de la desnuclearización de la península. Pero ya ha habido avances: una línea telefónica directa, que parece poco pero que en este contexto es mucho; la posibilidad de que se reencuentren familias divididas. Hubo varios pequeños pasos, digamos, pero que pueden llevar a un panorama mejor, de paz y tranquilidad.

–Atendiendo a la desnuclearización pactada y la injerencia por parte de EEUU en Corea del Sur y las tensiones existentes con China y Rusia, ¿qué panorama se abre en materia geopolítica y de seguridad?

–Me parece que el tema de la desnuclearización hay que dejarlo un poco de lado, no solo tiene que ver con esta reunión o el acuerdo entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, la declaración de Panmunjom y demás. Hace un tiempo comentaba que la posición que tiene Kim con respecto a la desnuclearización es proponerla, pero proponerla en toda la península, no solo en Corea del Norte; eso implica que las bases y el armamento norteamericano que están en el sur también desaparezcan, por lo menos paulatinamente. Con respecto a eso, si bien a mí me parece que la figura de Moon fue muy importante en este encuentro –y va a ser muy importante de ahora en más también–, hay que tener en cuenta a EEUU, fundamentalmente. Dependerá mucho más de la reunión que puedan llegar a tener Kim y Trump, o por lo menos los ojos están puestos ahí para el tratamiento del tema de la desnuclearización. Ahora, justamente, con este problema con Irán, el pacto y demás, y esta posibilidad de una renegociación, también deberíamos observarlo como antecedente, ver cómo eso pudiera llegar a influir en algún acuerdo que hagan Kim y Trump. Pero no creo que dependa solo de Corea del Norte y Corea del Sur, en este caso. Y por otra parte, tampoco me parece que Kim vaya a dejar décadas de esfuerzo y gasto económico de la noche a la mañana.

“Me parece que el tema de la desnuclearización hay que dejarlo un poco de lado (…) Dependerá mucho más de la reunión que puedan llegar a tener Kim y Trump”.

–¿Por qué el cambio de postura de Kim Jong-un? ¿Ves un cambio de postura? Porque venía desarrollando pruebas nucleares hace algunos meses y para muchos analistas fue un cambio muy rotundo de un día para el otro.

–Yo tengo mis reservas. El año pasado estaban permanentemente vaticinando una guerra inminente y la verdad es que, por lo menos mi posición, teniendo en cuenta todo lo que sucedió en años anteriores, era que eso no iba a suceder, y que tenía más que ver con un juego discursivo, con un posicionamiento en la agenda de medios internacional que con lo que efectivamente podía llegar a pasar. De todos modos, hay un cambio de postura que lleva adelante Corea del Norte desde hace por lo menos una década. No solo con respecto a cómo se posiciona en la comunidad internacional sino también con respecto a su economía, cambios internos, etcétera, que muchas veces no están a la vista o no están en las primeras planas. Pero bueno, sí, asumiendo que hay un cambio de postura, hay varias cuestiones que podemos citar. Una de ellas son las sanciones, por ejemplo, del Consejo de Seguridad de la ONU de fines del año pasado, que afectaron fuertemente, y por primera vez, la economía de Corea del Norte. El mundo se está cerrando cada vez más, así que esa podría ser una. Por otra parte, algunos analistas también contemplan esta cuestión de que llegaron al desarrollo nuclear buscado, y por lo tanto ahora pueden negociar de otro modo.

“Hay un cambio de postura que lleva adelante Corea del Norte desde hace por lo menos una década”.

–Mucho tiene que ver también con una suerte de cambio realmente muy drástico que hubo en los últimos 15 años por lo menos en Corea del Norte, que introdujo inclusive algunos elementos de la economía de mercado, blanqueó lo que, hasta ese momento, era considerado contrabandeo con China. Es decir, hay un intento o búsqueda de cierta apertura al resto del mundo, también porque de alguna manera el régimen parece un poco más sofocado; esta es la impresión. ¿A usted qué impresión le da?

–Yo comparto esa impresión. Viendo los cambios económicos al interior de Corea del Norte, me parece que esto es más entendible si uno observa toda esa situación. Corea del Norte pasó por fuertes hambrunas en los años 1990 y principios de los 2000. Fue cambiando el mundo también, la ayuda que tenía fue disminuyendo en los ’90 y también con China. En Corea del Sur cambiaron los gobiernos, ahora tenemos uno progresista pero tuvimos dos mandatos anteriores, una década de gobiernos conservadores donde el apoyo económico a Corea del Norte –que sí lo hay en términos de apoyo humanitario– disminuyó muchísimo. Entonces me parece que ese es un factor muy importante a tener en cuenta cuando uno observa este cambio de actitud. Eso sumado a las sanciones económicas que se impusieron sobre Corea del Norte; quizás les diría hasta más que la cuestión de que llegaron al desarrollo nuclear y que ahora pueden negociar mejor.

–En estos últimos días ha habido alabanzas con respecto al famoso milagro económico surcoreano, que entre otras cosas se logró bajo una férrea dictadura, y también al hecho de que Corea del Sur se ha transformado en un jugador global desde el punto de vista económico, con grandes empresas multinacionales. ¿Cuál es el proyecto que se vislumbra detrás de este relajamiento de la relación con Corea del Norte y cuáles pueden ser los proyectos a futuros para Corea del Sur?

–En principio dejame hacerte un comentario. Me parece que durante todo el año pasado hasta los JJOO de invierno de PyeongChang (realizados en febrero de 2018), se menoscabó mucho el papel de Corea del Sur. Cuando uno leía un análisis, o cuando desde los medios se daba alguna noticia, los únicos actores por los que se preguntaba eran EEUU, China y Corea del Norte, y Corea del Sur pasaba bastante desapercibida. Me parece que lo que nos demuestra este encuentro es que Corea del Sur es uno de los jugadores más importantes de la península coreana; nada puede pasar sin su anuencia. Entonces poner tanto el foco quizás en China o en EEUU, que por el papel que tienen a nivel mundial claramente es lógico, uno no debe olvidar ese otro actor. Por otro lado, en Corea del Sur ahora tenemos un gobierno progresista. Su actual presidente trabajó como funcionario en gobiernos anteriores y participó de la implementación de lo que se llamó Sunshine Policy (“política del sol radiante”), que fue el primer cambio en el abordaje de la relación con el Norte; fue desde la implementación de esta política que se lograron los acuerdos de cooperación más importantes. Por ejemplo, una zona económica especial donde hay empresas de Corea del Sur y trabajo de Corea del Norte; una zona turística, etcétera. Creo, y de hecho era uno de sus puntos centrales en la campaña, que Moon está absolutamente abocado en avanzar en esta cuestión; no digo resolverla, porque tampoco tiene todas las herramientas, pero me parece que es un punto central de su gobierno. Y creo que más que cualquier otro ámbito, sea económico, social o lo que fuere, el tema de Corea del Norte es el punto central, y es el que de alguna manera va después a dejarnos evaluar su gobierno. Eso por un lado.

Por otro lado, con respecto a la consulta económica, hechos de corrupción hubo en todos los gobiernos de Corea del Sur; no es un país que se caracterice por la inexistencia de corrupción. El último fue un escándalo de proporciones inusitadas, y de hecho terminó con el impeachment y el encarcelamiento, bajo juicio común y ordinario, de la expresidente Park Geun-hye. Y tienen toda estructura de empresas como Samsung, LG, Hyundai, todas estas que conocemos, que de alguna manera manejan no solo la economía sino también el poder político. Quizás Moon esté un poquito más alejado, pero solo un poco. A veces, en algunos diarios, revistas o comentarios sobre Corea del Sur mencionan esto de que el presidente de Samsung es el presidente verdadero de ese país, por el poder que tiene. En los últimos días leí algunos comentarios acerca de cómo podría impactar una reunificación de la península coreana desde el plano mundial desde lo económico; el poderío que podrían llegar a tener, y creo que hacia ahí va la pregunta. A mí me parece que es muy pronto. Me parece que todavía no se está hablando de ninguna reunificación, y que, si en todo caso se da, va a ser entre mediano y largo plazo, no en este momento. Imagino que probablemente crezcan este tipo de inversiones en zonas económicas especiales, puede llegar a haber algún otro tipo de acuerdo económico, comercial o financiero, pero creo que es pronto como para que uno asuma que desde ahora van a ser el nuevo Japón.

“Todavía no se está hablando de ninguna reunificación, y que, si en todo caso se da, va a ser entre mediano y largo plazo, no en este momento”.

–Volviendo al plano internacional de la cuestión, hablabas de los distintos actores como EEUU y China. ¿Qué papel concreto juega Rusia y la presidencia de Putin? ¿Es un actor trascendental o en esta cuestión no es tan importante?

–No podemos decir que Rusia no sea un actor importante, pero quizás en el tema de la península coreana no lo sea tanto. Definitivamente los otros dos actores externos son EEUU y China; ni siquiera menciono Japón, que también lo es, que tiene más cercanía e intereses económicos en la península. Por ese lado yo no tomaría a Rusia como un actor clave, un actor central. Me parece que Rusia en todo caso, cuando aborda el tema de la península coreana, lo hace en función de tomar determinada posición ante EEUU más que hacia la península coreana.