Aborto en México: una diferencia capital

Los Estados Unidos Mexicanos constituyen una república federal presidencial organizada territorialmente en torno a 32 entidades federativas: 31 Estados provinciales y la capital federal –la Ciudad de México, anteriormente conocida como el Distrito Federal.

De todas ellas, solamente en la capital mexicana el aborto se encuentra legalizado, en virtud de que en 2007 se aprobaron las reformas al Código Penal y la Ley de Salud local, en las que se incluyeron el derecho de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) a petición de la madre hasta las doce semanas de gestación. De acuerdo a la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, desde la sanción de la ley hasta el pasado 31 de mayo se han registrado en las clínicas de la Ciudad un total de 196.178 abortos, comprendiendo la atención a las capitalinas un 70,3% de los casos. En los restantes Estados, la situación es bastante heterogénea, pero cabe resaltar que 18 de los 31 restantes modificaron su legislación luego de las reformas implementadas en la capital en 2007, y prohibieron la realización del aborto en sus territorios.

Continuando con la recorrida sobre el estado de la cuestión a lo largo y ancho de América Latina, L’Ombelico del Mondo dialogó en esta ocasión con Isabel Fulda, quien es coordinadora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) de México, acerca de la situación del aborto en este país.

–¿Cuál es la situación concreta en México en relación al aborto?

–A grandes rasgos, México es un Estado federal, y la legislación con respecto al aborto varía de acuerdo con cada Estado. Entonces, en todo el país hay diferentes causales por las cuales se puede acceder a un aborto legal: la causal violación es legal en todo el país, pero, notoriamente, en la Ciudad de México, que es nuestra capital, se despenalizó el aborto en el año 2007; entonces, realmente México adquirió preeminencia en la discusión de la despenalización del aborto a partir de 2007. Entonces tenemos una situación en la que en la Ciudad de México se puede acceder a abortos legales y gratuitos desde hace 11 años, y en el resto del país hay acceso pero muy limitado.

–Uno de los motivos que esgrimen quienes se oponen a la legalización del aborto es que aumentaría su número. ¿Qué ocurrió en México en cuanto a las estadísticas luego de la aprobación de la ley en 2007?

–Después de 11 años que hemos tenido el programa Interrupción Legal del Embarazo (ILE), que son gratuitos en la ciudad de México, se ha tenido aproximadamente un total de 200 mil mujeres que han accedido a estos servicios. Y un poco como mencionan, este tipo de tendencias que los sectores tienden a decir, con respecto a despenalizar el aborto, no se han seguido. Ha sido estable ese número, año por año, de mujeres que acceden a estos servicios; la reincidencia es baja, y de hecho va disminuyendo anualmente. Y realmente, lo que sí ha habido es una disminución en el número de muertes maternas por aborto. También, una cosa interesante del caso de México es que, como es la ciudad capital en donde hay acceso y en el resto del país no lo hay, un gran número de mujeres que acceden a estos servicios son de otros Estados de la república. Entonces, también hay una gran movilidad de mujeres de otros lugares a la Ciudad de México para acceder a abortos gratuitos y seguros.

–A lo largo de las conversaciones sobre el aborto que hemos tenido con referentes latinoamericanas, hay un punto en común que nos señalan todas, que es la injerencia de la Iglesia en estos asuntos, sobre todo al momento de las discusiones en torno a la legalización. ¿Cómo fue, si es que existió, esa injerencia en México?

–En México existe esa injerencia, tanto de la Iglesia Católica como de otro tipo de iglesias y de los grupos conservadores en general. La hubo de manera muy fuerte en la discusión de despenalización en la Ciudad de México; realmente esto fue una batalla que se ganó en el 2007 pero que llevaba desde los años ’30 peleándose. Pero yo creo que el rol de la Iglesia en México ha sido mucho mayor en otras regiones del país que en la capital. Creo que la Iglesia ha sido muy relevante para frenar el avance del acceso al aborto, no en la Ciudad de México –que en general es un espacio donde la Iglesia no tiene mucho poder en el país–, sino en otros Estados más conservadores. Entonces, una cosa muy relevante que sucedió en México a partir de la despenalización, fue que muchos otros Estados reformaron sus Constituciones locales para proteger la vida desde la concepción. Entonces, estas son unas reformas motivadas por parte de la Iglesia Católica, otras iglesias y de grupos conservadores, con el objetivo de frenar el avance de este tipo de derechos. Y bueno, yo creo que en México, al igual que en Latinoamérica, ha habido un fortalecimiento de la derecha conservadora y de los grupos antiderechos en general, que hasta ahora no se ha traducido en un retroceso en cuanto a normas que ya se hayan ganado, pero sí en frenar el avance en el acceso a ciertos servicios. Entonces, sí creo que eso que vemos en otros países de Latinoamérica, y notoriamente en Brasil, en Costa Rica –donde estos grupos han tenido cada vez más fuerza–, sí es una cosa que se refleja en México. Tal vez en menor medida, pero sí es un reto que enfrentamos aquí.

“A partir de la despenalización, muchos otros Estados reformaron sus Constituciones locales para proteger la vida desde la concepción”.

–Otro de los puntos que se discuten a la hora de reglamentar la legalización del aborto es la objeción de conciencia de los médicos al momento de llevarlo adelante o no. ¿Cómo resolvieron esto en la Ciudad de México?

–Allí se contempló la objeción de conciencia en la ley de salud local, solamente que, al igual que ha ocurrido en otros países con estas discusiones, se le impusieron ciertos límites, lo cual desde GIRE creemos que son muy relevantes: en primer lugar, el reconocer la objeción de conciencia como una forma de proteger la libertad de conciencia de los médicos que pueden no querer realizar servicios de aborto, pero con los límites de que refiera a las mujeres a otro personal de salud que pudiera llevar a cabo este tipo de procedimientos, y, en segundo lugar, que no se pueda objetar de conciencia en casos de emergencia. Entonces, así es básicamente cómo tenemos la legislación en la Ciudad de México y cómo las tendencias internacionales han marcado la pauta. Sí reconocer la objeción de conciencia, pero esta no es absoluta, y se tiene que limitar en casos de emergencia y no tiene que significar entonces que la mujer no acceda al servicio, sino que se refiera de manera pronta y sencilla a alguien más.

“Actualmente, el aborto continúa siendo la cuarta causa de muerte materna en el país. Esto se da particularmente en los Estados de mayor marginación económica”.

–¿Tienen alguna estadística que demuestre la diferencia, si es que existe, entre la mortalidad materna en los Estados donde el aborto no está despenalizado y en la Ciudad de México, donde sí lo está?

–Tenemos la cifra nacional en México con respecto a qué representa el aborto en número de muertes maternas, y actualmente el aborto continúa siendo la cuarta causa de muerte materna en el país. Esto se da particularmente en los Estados de mayor marginación económica. No necesariamente coincide con los Estados donde esté más penalizado el aborto y haya menos acceso, sino más bien en donde las mujeres son más vulnerables en términos generales, donde tienen menos acceso a servicios de salud, a información reproductiva, etcétera. En la Ciudad de México no ha habido casos de muertes maternas por abortos legales en servicios de salud públicos, eso sí es una cosa que sabemos. Pero en el resto del país, las muertes que siguen habiendo por aborto responden más que al grado en que esté despenalizado, al hecho de que estas son las mujeres más vulnerables; son mujeres que viven en espacios rurales que no tienen acceso a servicios de salud de emergencia, que no tienen acceso a información, anticonceptivos, etcétera.

“En la Ciudad de México no ha habido casos de muertes maternas por abortos legales en servicios de salud públicos. Pero en el resto del país, las muertes que siguen habiendo por aborto responden más que al grado en que esté despenalizado, al hecho de que estas son las mujeres más vulnerables”.

–Teniendo en cuenta que cada Estado federal tiene su propia legislación y que en julio son las elecciones presidenciales, ¿existen propuestas concretas sobre el aborto o sobre los derechos de las mujeres en los programas de los candidatos? ¿Existe  realmente una influencia por parte del Estado nacional sobre los Estados federales al respecto?

–El aborto siempre es un tema que surge en los debates presidenciales, en las plataformas, en la manera en la que se cuestiona a los candidatos, yo creo que en México y en resto del mundo. Pero la verdad es que sí, por el hecho de que somos un Estado federal en el que el aborto se regula penalmente a nivel local, la verdad es que los candidatos a presidente podrían prometer poco con respecto al aborto. Sí han habido ciertas declaraciones controversiales por parte de los candidatos; por ejemplo, el candidato puntero [López Obrador], de la posiblidad de someter a un referéndum las cuestiones relativas a aborto. Pero la verdad es que esto difícilmente en México se podría traducir en la realidad; realmente el aborto es una cosa que depende de los ejecutivos y, más que nada, de los congresos locales. Entonces, despenalizar o no el aborto y el acceso a servicios de salud es realmente mucho más un tema local que nacional. Creo que desde la presidencia se pueden mandar ciertos mensajes de respeto a este tipo de derechos o de tratar de frenarlos, pero la verdad es que en la práctica no es un tema que ataña al poder federal.

–Sabemos que México es un país que está muy entrelazado con los pueblos originarios. ¿Cómo se desarrolla la discusión sobre el aborto y las tradiciones originarias?

–Creo que, por ejemplo, una cosa que es importante en ese sentido, es el involucramiento de parteras tradicionales en servicios de aborto. Hay muchas comunidades indígenas en México en el que no hay acceso –al menos inmediato– a servicios de salud públicos tradicionales hospitalarios, digamos, y ahí, en general, en los servicios de salud obstétrica para la atención del embarazo, del parto y demás, las parteras son muy importantes. Pero, hasta ahora, esa discusión se ha llevado solamente en el aspecto de los embarazos deseados y los partos, y cómo involucrarlas a ellas para que contribuyan por ejemplo a reducir la muerte materna. Pero en el caso del aborto, en el cual también pueden cumplir una función muy importante en las comunidades que no tienen acceso a otros servicios de salud, las parteras pudieran ser un actor muy importante para poder dar acceso a abortos y dar atención posaborto, etcétera. Entonces, eso sería como uno de los aspectos más importantes, diría yo.

–¿Cuáles son los reclamos actuales de los movimientos de mujeres en México en la discusión sobre el aborto y frente a la posibilidad de llevar adelante un aborto en la ciudad capital?

–Con respecto a las barreras que se siguen identificando por grupos feministas en el país, creo que ya no es tan centrado necesariamente en la Ciudad de México, donde la situación no es perfecta pero en donde han habido grandes avances en general, ha funcionado la política, sino que diría que es con el resto del país. Como les decía inicialmente, tenemos acceso en teoría –en papel– a causales de aborto en los diferentes Estados, pero eso no se materializa en que de verdad las mujeres puedan acceder a ellos. Entonces, creo que el reclamo está en que se haga efectivo el acceso por la causal violación, por salud, por riesgo a la vida.

Y diría que lo segundo es que, a pesar de los grandes avances de despenalizar el aborto en la Ciudad de México, seguimos teniendo criminalización por el delito de aborto en diferentes Estados de la república, y eso conlleva un montón de consecuencias. A pesar de que tenemos acceso al aborto bajo ciertas circunstancias, seguimos teniendo cifras de mujeres denunciadas por el personal de salud, mujeres que llevan juicios penales –sentencias–, y que incluso terminan en prisión por aborto. Entonces yo creo que ese sería el principal reclamo: cómo continúa siendo penalizado el aborto en el resto del país y en la Ciudad de México a partir de las 20 semanas, y la repercusión que eso puede tener en la vida de las mujeres.

“A pesar de los grandes avances de despenalizar el aborto en la Ciudad de México, seguimos teniendo criminalización por el delito de aborto en diferentes Estados de la república, y eso conlleva un montón de consecuencias”.

–¿Cómo ven el proceso que se está desarrollando en Argentina en relación a la lucha de mujeres con respecto a esta cuestión?

–Desde México lo vemos como un movimiento muy esperanzador. No solamente por la discusión con respecto a despenalizar el aborto, sino, en general, el movimiento feminista ha tenido una gran vida últimamente que no había tenido en muchos años con respecto a diferentes temas, y creemos que eso es algo muy positivo. Creo que, simplemente, apuntar a una cosa que hemos visto que se ha debatido mucho en Argentina, y es si la despenalización conllevaría el acceso a servicios gratuitos o no, si solamente es ya no penalizarlo pero que las mujeres por sus propios medios encuentren la manera de acceder a estos servicios, o si tendrían que darse servicios públicos. Creo que la experiencia que hemos tenido en México demuestra que es esencial que estos servicios sí sean públicos y gratuitos. El despenalizar el aborto sin ofrecer los servicios, lo que hace es beneficiar a cierto sector socioeconómico, pero sigue, en efecto, penalizando al resto de las mujeres que no tienen recursos para acceder a estos servicios, y que continuarán en ocasiones muriendo tratando de acceder a ellos.