De fútbol y política en Medio Oriente

En los últimos días, la relación entre la Argentina e Israel, cada vez más creciente y fluida, sufrió un traspié, luego de que la selección argentina de fútbol haya rechazado jugar un amistoso con su par israelí en la ciudad de Jerusalén.

En un principio, el amistoso de fútbol estaba programado para jugarse en la capital israelí reconocida por la comunidad internacional, Tel Aviv. Después, la organización decidió mudarlo a la ciudad de Haifa y, finalmente, a Jerusalén, la “capital eterna e indivisible” (según la Ley de Jerusalén aprobada en 1980), ocupada por el Estado israelí luego de la Guerra de los Seis Días (1967).

El gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu esperaba, con este partido, buscar apoyo internacional para continuar y profundizar la política adoptada por los Estados Unidos, encabezada por el presidente Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Una decisión no reconocida por la comunidad internacional y por todo el conjunto del mundo árabe que, por ahora, sólo cuenta con el apoyo de Guatemala y Paraguay, que continuaron los pasos de Trump y abrieron sus respectivas embajadas en la histórica ciudad.

Israel vio en el partido con la Argentina, que cuenta con el mejor jugador del mundo y cuyas relaciones bilaterales crecieron en el último tiempo, la posibilidad de encontrar apoyo a su plan, pero los resultados no fueron los esperados. La presión de la comunidad internacional en general, y de Palestina y el mundo árabe en especial, llevaron a los jugadores argentinos a decidir no jugar en Jerusalén.

De esta manera, el movimiento de Desinversión, Boicot y Sanción (BDS) contra Israel logró una importante victoria, que se suma a la suspensión de un recital de Shakira que estaba programado en Israel, y el gobierno israelí recibió un importante golpe, que llevó a Netanyahu a llamar dos veces en un día al presidente argentino, Mauricio Macri, en el medio de su gira por Europa, para intentar que el gobierno argentino intercediese a favor de la disputa del encuentro.

L’ Ombelico del Mondo dialogó con Cristian Pirovano, co-director del documental ¡Yallah! ¡Yallah! (Fútbol, pasión y lucha), que narra las vivencias de la comunidad palestina y el enfrentamiento con Israel desde la mirada del fútbol.

El director sostuvo que el amistoso que se iba a disputar “tiene más connotaciones políticas que deportivas”, relató el caso de un jugador de fútbol de la selección de Palestina detenido por las fuerzas de seguridad de Israel a la vuelta de un entrenamiento en Qatar y narró los problemas a los que se tuvieron que enfrentar en la filmación del documental.

–¿Cuánto creés que hay de fútbol y de política en el amistoso que se iba a jugar entre Argentina e Israel en Jerusalén?

–Me parece que es una decisión política la suspensión. Primero el corrimiento del partido, que originariamente estaba previsto para jugarse en Tel Aviv, luego en Haifa y, por último, según la información que tenemos, ante el pedido de Netanyahu fue mudado a la ciudad de Jerusalén. Se ve que surgió efecto la presión internacional desde Palestina, desde Argentina y desde un montón de lugares sobre el plantel argentino, y pudieron recapacitar. En definitiva, terminó siendo una decisión, por lo que informa la prensa, que salió del seno de la selección. Tiene más connotaciones políticas que deportivas.

La propia prensa israelí dijo que no corrían ningún riesgo los jugadores, ni el plantel ni la comitiva argentina.

–El secretario general de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), Claudio Tapia, dijo que suspendió el partido para preservar la paz mundial y la integridad del plantel argentino. ¿Vos qué crees?

–Me parece esas declaraciones no son reales. La propia prensa israelí dijo que no corrían ningún riesgo los jugadores, ni el plantel ni la comitiva argentina. Me parece que es una declaración más política para dejar bien parada a la federación israelí o hacer un guiño a la federación que algo verdaderamente concreto ante estas supuestas amenazas.

–¿Creés que el partido era un signo más en la relación cada vez más fluida que hay entre el presidente Macri y el primer ministro Netanyahu?

–Toda la información que nos llega es esa. El partido, que primero estaba previsto en Tel Aviv y después en Haifa, se muda a la ciudad de Jerusalén debido a un llamado de Netanyahu a Macri. El partido a jugarse en Jerusalén se encuadra dentro de un realineamiento político a nivel local.

–¿Cómo viven los jugadores de fútbol palestinos?

–Les ocurre lo que le ocurre a cualquier ciudadano de a pie. Nosotros en el documental nos focalizamos en el deporte porque nos parecía un buen gancho para contar la realidad palestina, pero le ocurre lo mismo a un enfermero, a un beduino, a un futbolista amateur y a un futbolista de la selección nacional palestina. El jugador de fútbol de la selección Sameh Moraebe fue detenido cuando volvía de un entrenamiento de Qatar, acusado de entrar con mucho dinero para financiar grupos extremistas dentro de Cisjordania y que, cuando fue a comparecerse ante el tribunal israelí, por haber ido con la campera de la selección nacional palestina le dieron seis más de prisión. En esas condiciones, y casi con ningún tipo de legalidad, viven los palestinos.

En el estadio donde iba a jugar Argentina juega un equipo que literalmente se reivindica racista y que tiene por bandera que ningún jugador de origen árabe o musulmán vista su camiseta.

–El partido se iba a jugar en el estadio donde juega de local el Beitar Trump Jerusalén, el equipo del que es hincha Netanyahu, conocido en el mundo por el racismo de su hinchada y que en las últimas semanas cambió su nombre para agregar “Trump” en forma de agradecimiento por reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

–Sí, es un equipo que literalmente se reivindica racista y en el cual tienen por bandera que ningún jugador de origen árabe o musulmán vista su camiseta. El eslogan de ellos es “Forever Pure”, que significa los puros. En ese estadio iba a jugar la Argentina y por suerte tuvimos la cordura y se ha logrado cancelar el partido.

–¿Cuáles creés que fueron los motivos que hicieron suspender el partido?

–Yo creo que hay una multiplicidad de factores. La campaña comenzó a tomar mucho vuelo en las últimas semanas. Además, se viralizó mucho un video que muestra cómo los soldados israelíes balearon e hirieron a Mohameed Khalil, un chico de la Franja de Gaza, durante las manifestaciones. Me parece también que las manifestaciones que se han hecho en el entrenamiento de la Argentina en Barcelona también calaron hondo. Una cosa son las redes sociales y otra cosa es verlo en directo. Creo que el balance lo han hecho los jugadores que, según la información que tenemos, se juntaron con Claudio Tapia y le dijeron que no iban a ir a poner la cabeza por él, que era un tema de ellos y que ellos querían solamente jugar a la pelota. Me parece que toda esa multiplicidad de situaciones sumadas generó que Argentina tomase la decisión interna de no disputar este partido.

–¿Cómo surgió la idea de hacer el documental? ¿Cómo se desarrolló el día a día de la filmación?

–La idea surgió a partir de un trabajo de fotoperiodismo que yo estaba haciendo a finales del 2012 y principios del 2013. Me fui hasta Cisjordania y entré a Palestina. Al cuarto o quinto día entré en un campo de refugiados con la cámara y se volvió tensa la situación con los chicos del lugar, que son los que cuidan por la seguridad y avisan si ven algo que es más o menos anómalo, porque les llamó la atención mi presencia con la cámara. En ese momento, un hombre de 50 años me intercepta y me saca a los chicos del medio y me invita a tomar un café. Él hablaba castellano y al rato me dijo que yo le tenía que hacer un favor. Me dijo que él tenía la fórmula para que la Argentina salga campeón del mundo en el mundial de Brasil y que tenía que mandarle una carta a Sabella. Ese fue el puntapié del documental.

–¿Cómo se desarrolló el día a día de la filmación?

–Mientras vivimos y filmamos allá, al margen de que seamos extranjeros y que tengamos un pasaporte argentino, las dificultades para nosotros fueron las mismas, en algún punto, que las que tienen los palestinos. Nosotros teníamos sonidista y productor palestino, y no podíamos ir por las rutas que son las más rápidas y las mejores para acceder a las ciudades. Allá hay rutas para autos con patentes israelí y con patente palestina. Obviamente que las mejores rutas, las más iluminadas, con banquina, con doble mano, pintadas, son las israelíes. Las palestinas están hechas como vengan. Eso a veces nos demoraba dos o tres horas para hacer muy pocos kilómetros. Cisjordania es muy pequeña pero nos demorábamos muchísimo. Cuando uno está en la marcha filmando del lado de los manifestantes los gases caen, las balas pasan; son cosas de las cuales no estuvimos exentos. Nosotros decimos que el foco hay que ponerlo en la población que vive en Palestina, que es la que vive afectada todos los días por la ocupación.