“En Nicaragua estamos viviendo una insurrección cívica popular”

Por Gerardo Szalkowicz y Lucio Garriga |

A partir de que el gobierno de Daniel Ortega decidiera reformar el Instituto de Previsión Social a mediados de abril, con un recorte del 5 por ciento más un aumento de los aportes, Nicaragua vive una espiral de violencia que contabiliza 146 muertes. El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) denunció a comienzo de junio ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) las graves violaciones a los derechos humanos ante las masacres registradas contra estudiantes y manifestantes. La CIDH confirmó en un informe preliminar que la Policía Nacional utilizó armas de fuego contra las protestas, a la vez que denunciaron que fuerzas parapoliciales irrumpen en las manifestaciones, en los barrios populares de Managua y en contra de campesinos que mantienen barricadas en las rutas. La última semana, se desarrolló un paro nacional por 24 horas donde se exigió la salida del gobierno de la pareja presidencial y en demanda de la reanudación de un Diálogo Nacional.

“Estamos viviendo una insurrección cívica popular que es respondida por el régimen con balas y con toda forma de la represión”, afirmó la ex guerrillera, política y referente de la revolución sandinista Mónica Baltodano en diálogo con el programa radial Al sur del río Bravo. La actual dirigente del Movimiento por el Rescate al Sandinismo (MRS), que conformó a fines de los años ’90 en disidencia a Daniel Ortega, trazó el derrotero de la figura de Ortega hasta la actual crisis que vive Nicaragua.

–Estamos en una situación confusa desde el exterior porque las notas de análisis se ubican en un extremo o el otro: algunos hablan de una operación de EEUU que busca derribar al gobierno de Ortega, mientras otros hablan de un gobierno casi dictatorial y represor. Desde tu lugar, ¿cuál es tu percepción y qué análisis hacés de la crisis política que vive Nicaragua?

–Para comenzar, hay que decir que efectivamente durante la revolución Daniel Ortega ocupó los cargos de coordinador de la Montada del gobierno de transición, inmediatamente después del triunfo en 1979. Después fue presidente y después fue candidato a la presidencia en 1990, en las elecciones que perdimos frente a una coalición orquestada y articulada por los EEUU y la contrarrevolución. Después de 1990, se hizo resistencia frente a las políticas neoliberales pero hay que decir que, a partir de 1999, fecha en la cual yo me distancio de Daniel Ortega, él decide hacer un pacto con el presidente de entonces, Arlondo Alemán, que acababa de subir al gobierno, uno de los presidentes más corruptos de Nicaragua. Y ese fue un pacto que prácticamente significó un giro hacia la derecha por parte de Daniel Ortega y con ello del Frente Sandinista, que para entonces había logrado el control total del partido Frente Sandinista. Entonces, después concurrió a las elecciones del año 2001, él ya había participado como candidato en 1996 y en el 2006 ganó las elecciones precisamente como resultado de ese pacto, porque uno de los acuerdos fue bajar el porcentaje para ganar en primera vuelta hasta 35 por ciento. Es decir, una reforma que le permitió ganar con el 37 por ciento de los votos. Pero ya antes él había hecho, además de ese pacto con Arnoldo Alemán, que fue un pacto de reparto de las instituciones y, por lo tanto, presencia en el poder; es decir, aunque no fuera él presidente, sí tenía poder en las distintas instituciones.

Yo describí el camino de Ortega como esquizofrénico: Una retórica anti imperialista, de izquierda, revolucionaria, contra el capital, y una práctica, una acción, unas políticas no solamente neoliberales sino ultra neoliberales

Entonces, a partir de su regreso al poder no regresa el Daniel Ortega revolucionario ni es el Frente Sandinista histórico. Eso es lo que se presta a mucha confusión a nivel internacional. Yo diría que, coincidiendo con su triunfo, ya existía en América Latina toda una emergencia de gobiernos progresistas, del gobierno de Hugo Chávez, del gobierno de Lula. Y él se inserta dentro de esa concertación a través de la Alianza Bolivariana para los Pueblos (ALBA), y se empieza a presentar como si él fuese revolucionario, como si tendría las mismas posiciones y escogía este camino. Yo una vez lo describí como un camino esquizofrénico: Una retórica anti imperialista, de izquierda, revolucionaria, contra el capital, y una práctica, una acción, unas políticas no solamente neoliberales sino ultra neoliberales. Nosotros no podemos encontrar en los gobiernos de 1990 a 2006 políticas más duras y neoliberales que las que él ha implementado, sobre todo de alianza con el gran capital. Él hizo a partir del año 2007, cuando subió a la presidencia, una alianza con las Cámaras que se agrupaban en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). A partir de ahí, sus políticas tributarias, monetarias, fiscales, incluso las laborales, todas fueron políticas sumamente conservadoras; ya no digamos su relación con los movimientos de las mujeres, porque también hizo un pacto con un sector de la jerarquía católica. Eso explica que para muchos de nosotros que fuimos revolucionarios, parte integrante del Frente Sandinista, dentro de ellos comandantes de la revolución, una parte importante de la intelectualidad revolucionaria como el padre Ernesto Cardenal, la poeta Gioconda Belli, Sergio Ramírez, todos hicimos una distancia con Daniel Ortega y el Frente Sandinista, que yo no era una organización revolucionaria. En este esfuerzo fue acompañado por su esposa Rosario Murillo.

Ahora bien, estas políticas neoliberales fueron acompañadas de un proceso de absoluta concentración de poder en manos de la pareja presidencial. Digo la pareja porque ya finalmente su esposa terminó siendo la vicepresidenta en las elecciones del año 2016. Entonces, ellos justamente con apertura total al gran capital, a las transnacionales, a la inversión, a las concesiones mineras, pesqueras, forestales, hicieron una política durísima al interior, particularmente contra las fuerzas que nos habíamos desprendido del Frente Sandinista de ese que ya no era el histórico. Y esa política durísima también fue aplicada al interior de su propio partido y hacia las fuerzas de oposición, que terminaron siendo pulverizadas. Porque además ya no había mucha necesidad de que hubiera fuerzas de derecha, puesto que él estaba representando los verdaderos intereses de la derecha. Así, aparecía como una fuerza totalizante y poderosa. Y empezó a aplicar políticas durísimas para impedir la movilización, las protestas: si había una protesta por una concesión minera, era reprimida; si había una protesta por cuestiones de seguridad social, era reprimida. Y una de las modalidades era la utilización de grupos parapoliciales, fuerzas de choque que él revestía con camisetas de la Juventud Sandinista. Es decir, jóvenes pero además fuerzas con entrenamiento militar.

–¿Cómo se vive hoy el día a día en las calles de Nicaragua? ¿Quiénes son los sectores que encabezan las protestas de la oposición?

–Desde el día 18 de abril, la política represiva ya no le dio resultado. En vez de que la gente se fuera a las casas después de una embestida represiva, lo que se hizo fue exacerbar la participación. Comenzó por las Universidades, los muchachos se tomaron las Universidades y al día de hoy varias continúan tomadas, pero justamente contra la represión contra los estudiantes en las Universidades: en una de ellas lograron entrar y asesinaron a los estudiantes. Entonces, lo que ocurrió fue que la población de los alrededores y de una serie de ciudades del país se levantaron. Siguió reprimiendo y entonces en cuatro días llegamos a tener 76 asesinatos, con la característica de que eran tiros directos a la cabeza o al pecho, lo que llevó a la conclusión de la CIDH de que fueron ejecuciones extrajudiciales, disparos de francotiradores de fuerzas especializadas. Eso ha provocado que desde ese día Nicaragua esté realmente en una sublevación nacional, que hemos llamado una insurrección cívica. Porque aunque todos nosotros hemos sido parte de luchas militares y derrocamos a la dictadura con las armas, la gente no quiere guerra. Entonces, lo que hay es un verdadero levantamiento cívico que incluye marchas, plantones, paralización del país a través del piquete de las carreteras –que nosotros llamamos tranques–, que son grandes construcciones de barricadas que impide la movilización de las mercancías que circulan aquí. Ya sabemos que esta es una zona donde circulan mercancías desde México hasta Panamá. Entonces, el país está paralizado completamente.

Lo que hay es un verdadero levantamiento cívico que incluye marchas, plantones, paralización del país a través del piquete de las carreteras

–¿Cuál es realmente la composición de estas manifestaciones? Porque mucho se habla también de que son jóvenes financiados por ONG estadounidenses, sectores empresariales, sectores de la Iglesia. ¿Cuál es desde tu punto de vista la composición principal de los sectores movilizados?

–Los protagonistas son estudiantes, campesinos de las profundidades, particularmente los que venían protestando desde hace cuatro años contra un proyecto de canal interoceánico, pobladores desde los pueblitos más chiquitos. Es una composición fundamentalmente popular, aquí no hay partidos de oposición de derecha dirigiendo esto porque, además de que no existe, la gente no quiere nada con partidos políticos. Es un levantamiento absolutamente espontáneo que ahora tratamos de darle formas organizativas porque aquí había sido destruida toda la organización y solo podía organizarse la gente del gobierno. No hay financiamiento –como se quiere hacer creer– de los EEUU, de las agencias internacionales. Realmente, una sublevación sostenida, masiva de cientos de miles de nicaragüenses que se movilizan con su propia decisión, a riesgo de su propia vida porque ya llevamos más de 130 muertos al día de hoy. Lo que estamos viviendo es una situación absolutamente de insurrección cívica popular, sin armas y que es respondida por el régimen con balas y con toda forma de la represión. Pero es tan popular el esfuerzo y tan masivo que, a pesar de que ya tenemos más de un mes y medio de este levantamiento, no han podido doblegar a la gente. Estamos hablando de indígenas Monimbó, de campesinos, de obreros, de estudiantes y de todos los estratos sociales. También hay participación de sectores intelectuales y sectores del capital, algunos de los cuales participan tímidamente porque han terminado recientemente su luna de miel que tenían con el gobierno pero también tienen una forma de participación, yo diría bastante cobardona o tímida. Pero también hay un consenso nacional que un presidente que es capaz de mandar a matar a estudiantes desarmados y a población desarmada no tiene por qué seguir al frente del gobierno. Y me parece que la izquierda no debería hacer escándalo cuando han ocurrido en Ecuador, en Perú, en Bolivia, insubordinaciones que han votado presidentes como Sánchez de Losada o como Fujimori. ¿Por qué tienen que ver en nuestro levantamiento fuerzas oscuras y extrañas cuando no lo vieron en aquel entonces? Yo creo que eso es una reflexión que tenemos que hacer, como vos decías, desde abajo, desde la izquierda y desde el respeto a la vida y los derechos humanos de los nicaragüenses.

No hay financiamiento –como se quiere hacer creer– de los EEUU, de las agencias internacionales. Realmente, una sublevación sostenida, masiva de cientos de miles de nicaragüenses que se movilizan con su propia decisión, a riesgo de su propia vida

–Entendiendo el contexto que nos marcás de Nicaragua, pensándolo en clave latinoamericana, regional, hay una sensación desde afuera de que esta crisis, de caer el gobierno de Ortega, sería capitalizada por la derecha y podría asumir un gobierno mucho más cercano y sumiso a los EEUU. En esta clave, ¿cuál es la respuesta que están pensando desde la izquierda? ¿Cuáles son los debates estratégicos de cara a cuál podría ser una respuesta desde la izquierda?

–Lo principal es decir que la principal fuerza de derecha aquí la representa Daniel Ortega con todas sus políticas. No hay otra derecha. Él ha hecho políticas de derecha y políticas pro imperiales. Imagínate que el día de hoy fueron los EEUU y el gobierno de Ortega los que presentaron una resolución absolutamente vergonzosa frente a la problemática que está viviendo Nicaragua. Fue de común acuerdo entre el gobierno de EEUU y Daniel Ortega. ¿De qué derecha y de qué imperialismo estamos hablando? Ellos han estado con la derecha, ellos han estado con el gran capital; ellos son la derecha. Todo lo que venga aquí en Nicaragua que sea más democrático, menos represivo, que permita que los nicaragüenses opinemos sobre las políticas inversionistas del gran capital, todo eso es mucho más democrático y más avanzado que lo que estamos sufriendo los nicaragüenses. Y en eso tenemos consenso todos.