El nuevo sultán turco

Por Lucio Garriga Olmo |

En las elecciones presidenciales que se desarrollaron en Turquía el domingo pasado, el actual presidente, Recep Tayyip Erdoğan, logró su objetivo: ganar y convertirse en el político más importante e influyente de la historia turca después del líder de la independencia nacional, Mustafa Kemal Atatürk. Asumirá la máxima instancia de poder bajo el nuevo sistema presidencialista (que suplantará al actual parlamentario) y, de terminar su mandato, será el presidente en el centenario de la independencia en el año 2023.

Desde que Erdoğan llegó al poder nunca perdió una elección, y la de este domingo fue una de sus victorias más importantes. Con el 99% de las urnas escrutadas, la justicia electoral confirmó que consiguió el 52,59% de los votos y logró, de esta forma, ganar en primera vuelta. Evitar un ballotage era uno de los objetivos del oficialismo para no sufrir sobresaltos en una segunda contienda. Su competidor más cercano fue el ex profesor de física y candidato del Partido Republicano del Pueblo (CHP), Muharrem Ince, que consiguió el 30,64% y reconoció los resultados pero dijo que “fueron unas elecciones completamente deshonestas”. Por su parte, el candidato del prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP), Selahattin Demirtas, preso desde hace 20 meses por denuncias de “terrorismo”, obtuvo el 8,32%, y la única candidata mujer, Meral Aksener, candidata del IYI Party (Partido Bueno), se alzó con el 7,42%.

Estas elecciones fueron históricas porque significó el paso del país del actual sistema parlamentarista, imperante desde la creación del Estado, a un nuevo sistema presidencialista. El proyecto que posibilitó este cambio fue ideado y redactado por Erdoğan y por su aliado más cercano, el Partido de Acción Nacionalista (MHP). Esta reforma eliminará a la actual figura de Primer Ministro; le permitirá al presidente pertenecer a un partido político; nombrar a ministros, uno o varios vicepresidentes; disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas y elegir a 12 de los 15 miembros del Tribunal Supremo.

Estas elecciones fueron históricas porque significó el paso del país del actual sistema parlamentarista, imperante desde la creación del Estado, a un nuevo sistema presidencialista.

La reforma fue aprobada en el Parlamento en sesiones donde se vivieron peleas a golpes y patadas entre los diputados y diputadas y fue sujeta a un plebiscito el año pasado donde ganó el SÍ con el 51,37% de los votos contra el NO que alcanzó el 48,63%. La elección estuvo teñida por denuncias de fraude electoral hasta tal punto que el vicepresidente del CHP, Bülent Tezcan, aseguró que el Consejo Supremo Electoral debía anular la votación. Entre las maniobras objetadas por la oposición, se denunció que se contabilizaron los votos que no contaban con las firmas de las autoridades de las mesas electorales, una práctica que para la votación de este domingo estuvo permitida.

A pesar de que Ince aceptó los resultados, reconoció que los comicios no se desarrollaron con absoluta normalidad. La oposición denunció que el oficialismo recurrió al uso constante de los medios públicos para hacer campaña a favor del propio Erdoğan. Los canales públicos de televisión le dieron un total de 181 horas de transmisión a la campaña de Erdoğan, 15 horas a Ince y tres horas a Aksener. La votación se desarrolló bajo el estado de emergencia impuesto desde el fallido intento de golpe de Estado contra Erdoğan el pasado 15 de julio de 2016, tras el cual se emprendió una gran purga contra los seguidores de Fethullah Gülen (señalado por el gobierno como el ideólogo del golpe y antiguo aliado de Erdoğan), que ya ha dejado más 47 mil detenidos.

Antes de las elecciones, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunció que el gobierno restringía las “libertades fundamentales” de los ciudadanos y que tenía una “ventaja indebida” de cara a los comicios. La misma organización, el año pasado, ante el referéndum constitucional, había afirmado que “la falta de igualdad de oportunidades, los medios de comunicación unilaterales y las limitaciones a las libertades fundamentales crearon condiciones desiguales”.

La victoria de Erdoğan para ser el próximo presidente se vio empañada, en parte, por el resultado que obtuvo en el Parlamento que, con la reforma constitucional, se verá ampliado de 550 miembros a 600. La alianza oficialista, compuesta por el AKP y el MHP, consiguió el 53,6% de los votos de los cuales el 42,5% corresponde al AKP y el restante 11,1% al MHP. Esto se traduce en 295 diputados para el AKP, un número que no le permitirá tener mayoría absoluta y lo obligará a negociar con los 48 parlamentarios que consiguió su aliado. El MHP es uno de los grandes ganadores de la contienda porque logró entrar el Poder Legislativo gracias a la alianza formada, a pesar de haber realizado una escasa campaña electoral.

Por su parte, el CHP aumentó su número de parlamentarios de los 131 obtenidos en el 2015 a 147. El IYI Party, un partido formado recientemente que competió por primera vez este domingo, consiguió 43, y el prokurdo HDP logró su principal objetivo que era superar el piso del 10% para entrar en el Parlamento y ocupará 67 bancas. Cabe recordar que el HDP en el 2015 consiguió 47 parlamentarios de los cuales 13 fueron despojados de sus puestos por dudosas investigaciones judiciales y cuestionables condenas tras la purga instaurada.

El MHP es uno de los grandes ganadores de la contienda porque logró entrar el Poder Legislativo gracias a la alianza formada, a pesar de haber realizado una escasa campaña electoral.

Las elecciones volvieron a dejar una fuerte polarización en el país entre quienes apoyan –y algunos idolatran– a Erdoğan y sus opositores. Erdoğan no es sólo la figura más importante después de Atatürk, es también el político que más divide a la sociedad, un parte aguas. El voto nacional se volvió a repartir de manera similar a lo que ha sucedido en anteriores elecciones. El centro del país, la Anatolia profunda, votó mayoritariamente por Erdoğan. La zona occidental, las costas del Mar Egeo, se volcó por el opositor CHP, y el sur, donde vive la mayoría de los 20 millones de kurdos que habitan Turquía, optó por el HDP.

Las tres Turquías

Con este clima polarizado, en su discurso como presidente electo, Erdoğan aseguró que “es hora de dejar atrás las tensiones y los resentimientos experimentados durante el período electoral y centrarnos en el futuro” y afirmó que “no discriminaremos a nadie por razones de religión, vestimenta o cualquier otra particularidad. Apoyaremos el bienestar de todos”. En la misma sintonía, Erdoğan dijo que los 81 millones de turcos y “los oprimidos del mundo” son los ganadores. El discurso que aludía a la unidad nacional se rompió cuando afirmó que “en los últimos 16 años hemos luchado contra un golpe, terrorismo y calumnias” y que no dará “un paso atrás”.

Erdoğan se enfrentará al desafío de tener que negociar en algunos puntos con el MHP para lograr la mayoría en el Parlamento pero no estará dispuesto a renunciar a su purga contra los seguidores de Gülen y los militantes kurdos de izquierda a los que acusa de tener relaciones con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una guerrilla que Turquía califica como “terrorista”.

Erdoğan no es sólo la figura más importante después de Atatürk, es también el político que más divide a la sociedad, un parte aguas.

El mayor desafío que deberá enfrentar Erdoğan será la situación económica que atraviesa el país. El año pasado Turquía registró una de las tasas de crecimientos más altas del mundo con un 7,4%, pero la crisis que atraviesa el sistema económico fue lo que llevó al gobierno a adelantar los comicios que estaban pautados para noviembre del 2019. La caía de la lira turca en relación al dólar y la inflación de dos dígitos son los principales problemas de una crisis que afecta a la clase media y las clases populares del país. A esto se le suma el 10% de desempleo que hay y que, entre los jóvenes, llega hasta el 17%. Además, Erdoğan aseguró durante la campaña presidencial que levantará el estado de emergencia. ¿Cumplirá? Es una de sus promesas más importantes, pero por ahora no hay nada que confirme su levantamiento.

En el plano internacional, Turquía deberá enfrentar la situación en su vecina Siria, que se encamina a una derrota total del Estado Islámico pero cuya guerra está lejos de terminar. A comienzos de este año, Turquía conquistó la ciudad siria de Afrin que estaba en manos de las Unidades de Protección Popular (YPG), un grupo al que califica como integrante del PKK. En las últimas semanas, las autoridades de gobierno han realizado declaraciones de una posible intervención militar contra el PKK en su base de funcionamiento, en las montañas de Qandil, Irak. ¿La victoria le dará el poder suficiente a Erdoğan como para ordenar un ataque que no quedará sin respuesta por parte del grupo kurdo?

Además, habrá que esperar para saber si Erdoğan continúa en su política de mantener buenas relaciones con Rusia mientras sostiene su pedido de ingresar a la Unión Europea (UE) y hace todo lo posible para seguir en buenos términos con los Estados Unidos. En el último tiempo, Turquía se ha mostrado interesada en adquirir el sistema de defensa antiaéreo ruso S-400 y el presidente ruso, Vladímir Putin, principal aliado del gobierno sirio de Bashar Al-Asad, sabe que Turquía es un actor clave para resolver el conflicto que azota al país árabe. Por su parte, a la UE le preocupa que Erdoğan coquetee con Rusia pero entiende que es un país muy importante para evitar la llegada masiva de refugiados desde Medio Oriente (las partes firmaron un acuerdo por el cual Turquía recibe dinero a cambio de recibir a los refugiados que llegan a Grecia), por lo cual sabe que no puede romper el pedido turco de ingresar al grupo multilateral. A Estados Unidos también le preocupa el acercamiento entre Turquía y Rusia pero, en este caso, se suman las denuncias de Erdoğan contra el país americano por permitir que Gülen viva en su territorio nacional y no lo extradite para que la Justicia lo juzgue por su supuesto papel en el intento de golpe de Estado. ¿Erdoğan podrá mantener su juego internacional o deberá inclinarse por un bando? Por ahora las tres partes lo felicitaron por su victoria pero el tiempo lo dirá.

Erdoğan enfrentará estos problemas y desafíos con la legitimidad de una importante victoria electoral y siendo el hombre más importante de la política turca en el último tiempo. Durante la existencia del Imperio Otomano, la máxima autoridad era la figura del Sultán. A pesar de que el Imperio cayó en el 1922, hoy en día, casi 100 años después, hay un nuevo Sultán que ostenta el máximo poder y cuyas ambiciones sólo él conoce.