“Lula dice que es candidatísimo”

Desde 2016, los principales líderes políticos en la República Federativa de Brasil han sufrido fuertes embates en su contra que han producido un cimbronazo en la estabilidad y la credibilidad democrática del país. El proceso de impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff fue llevado adelante con paupérrimos argumentos jurídicos, siendo además que muchos de los legisladores que votaron a favor de su destitución eran sujeto de avanzadas investigaciones en su contra por casos de corrupción. A partir de entonces, el vicepresidente Michel Temer asumió la conducción del Poder Ejecutivo nacional e implementó un conjunto de medidas que profundizaron la crisis económica y política, alejándose del autonomismo y de la región latinoamericana, con el agravante de que gobierna con el porcentaje de aprobación más bajo en la historia de Brasil y que existen sobre él pruebas de corrupción que no han recalado en su destitución.

El golpe continuado que denuncian los sectores populares de Brasil no ha finalizado con la salida del poder de Dilma Rousseff, sino que pretende que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien lidera todas las encuestas, no se presente a las elecciones presidenciales que se desarrollarán en octubre de este año, cuyo plazo para la presentación de las listas cierra el 15 de agosto.

Desde hace más de 90 días, Lula se encuentra preso ilegalmente en Curitiba y en forma casi aislada; a casi tres meses de las próximas elecciones, el candidato que lidera las encuestas del gigante latinoamericano continúa sufriendo los avatares de un proceso político-judicial en un año electoral clave en la región. Sin embargo, en las últimas horas hubo un nuevo revés en la causa, en tanto que la Cámara de Apelaciones de Porto Alegre (TRF-4) hizo lugar a un pedido de habeas corpus de la defensa de Lula, por el cual el juez Rogério Favreto ordenó su “urgente” liberación. Rápidamente, el juez Sérgio Moro se opuso a la decisión del Tribunal de alzada y ordenó desestimar el dictamen que liberaba a Lula, en un nuevo impulso arbitrario y falto de legalidad. Mientras el ejército salió este domingo a apoyar la decisión de Moro, el juez João Gebran Neto, instructor del caso en un tribunal de segunda instancia, ordenó a la Policía Federal abstenerse a “practicar cualquier acto que modifique la decisión colegiada”. En este clima de incertidumbre, que acerca a Lula a la posibilidad de salir en libertad, miles de manifestantes se acercaron al campamento que se mantiene en Curitiba desde la prisión del mandatario, para exigir su pronta liberación.

Para analizar con mayor profundidad el estado actual de la política brasileña, L’Ombelico del Mondo dialogó con Raúl Pont, uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, exalcalde de Porto Alegre (1997-2001) y ex Diputado Federal (1991-1992) y Estadual (2003-2015) por Río Grande del Sur.

–¿Cómo está viendo la situación política en Brasil en este momento? ¿Cuál es la situación particularmente al interior del PT frente a esta condición de que su principal referente y candidato se encuentra preso pero al mismo tiempo con alguna posibilidad de llegar a la presidencia del país?

–Eso es verdad, Lula permanece detenido. El martes tuvimos una decisión importante de la Suprema Corte con la liberación de José Dirceu (ex Jefe de Gabinete de Lula), que era otro compañero nuestro y que estaba preso en una situación muy similar, porque con la segunda condena, sin llegar a la Corte Suprema o la Justicia Superior, lo habían detenido para nosotros de manera irregular e ilegal, así como con Lula. Y la Suprema Corte ha liberado a Dirceu para que pueda responder el proceso en libertad, al menos en libertad condicional en su domicilio. Y eso es lo que esperamos con Lula, porque lo que hubo en Brasil fue un golpe político, un golpe orquestado por una mayoría ocasional en la Cámara de Diputados junto con los grandes medios de comunicación, en especial la Red Globo, y con la complicidad del Poder Judicial. Y eso fue para cambiar la política económica, para cambiar la política internacional del país, no fue para combatir la corrupción, como se intentó transmitir al mundo. Eso fue el chivo expiatorio que se ha creado, una explicación para la gente, y la verdad es que se cambió la política y la orientación de todo el gobierno sin elecciones. Pero Temer tiene hoy un total rechazo de la población, y también sus candidatos, que intentan crear algunas candidaturas gubernamentales, como es el caso del ministro Henrique Meirelles, que no pasa del 1% en las encuestas; de Geraldo Alckmin, que es del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB); de Fernando Henrique Cardozo, exgobernador de San Pablo, que también alcanza entre tres y cuatro puntos. O sea, no tienen respaldo electoral, no alcanzan a unificar el centro y la derecha y ahora tienen alguna candidatura de extrema derecha –Jair Bolsonaro– que es la única que llega a 14-15%. Pero Lula lidera todas las encuestas acá aunque permanezca detenido por una situación a nuestro juicio totalmente ilegal e irregular, porque todo el proceso fue una suma de ilegalidades, en el que no había pruebas ni cómo condenarlo. Por lo tanto, esa es la situación.

Ahora el país vive una crisis muy seria porque se aprovecha de esta ocasión para privatizar empresas públicas, para liquidar la Petrobras, que es la base industrial que el gobierno puede manejar para una política de desarrollo. Los Bancos públicos que acá en Brasil tienen una importancia muy grande, como el Banco do Brasil, la Caixa Econômica Federal (CEF), dos de los mayores Bancos del país que, en período de crisis económica, son los que sostienen el crédito público, la posibilidad de que el país no llegue a una profunda recesión. Estamos en un gran impasse político. Hasta ahora se mantiene el calendario electoral, tenemos elecciones en octubre y nosotros decidimos desde el PT garantizar la inscripción de Lula: el 15 de agosto vamos a inscribirlo y a hacer una movilización popular para que Lula esté libre, que pueda concurrir en condiciones normales y recuperar el país para otro rumbo, un rumbo de crecimiento, de integración internacional, de recuperación del Mercosur y de todo lo que han significado los dos gobiernos de Lula hace algunos años atrás.

“Lo que hubo en Brasil fue un golpe político, un golpe orquestado por una mayoría ocasional en la Cámara de Diputados junto con los grandes medios de comunicación y con la complicidad del Poder Judicial”.

–En relación a la estadía de Lula en la cárcel, se habló mucho de la prohibición que tenía para recibir visitas, de que estaba solo en una celda y que no tenía contacto con otros presos. ¿Cómo está Lula en la cárcel? ¿Qué saben de él?

–Lula no está en una penitenciaría como debería ser, está detenido en una división burocrática de la Policía Federal en la ciudad de Curitiba y se encuentra aislado. Tiene una pequeña celda de 14-15 metros cuadrados, solamente puede recibir visitas de la familia y de los abogados, y ahora, por la presión que se hace, estamos a casi tres meses y manteniendo un acampe a unos 150-200 metros de la Policía Federal de Curitiba; un acampe de la militancia social, del partido y de los sindicatos, que se mantienen en vigilia permanente hasta la liberación de Lula. Y ahí yo sé, a través de la solidaridad personal, que todos los días la gente lo llama para decirle buen día, buenas tardes y buenas noches desde aquella distancia. Pero se ha liberado algunas visitas, una o dos visitas semanales de personalidades políticas: hace poco estuvo un actor americano (Danny Glover), que fue junto con nuestra presidenta del PT, Gleisi Hoffman, que tenía también un proceso que le acusaba de corrupción, que mantuvieron sobre ella durante 3-4 años una crítica durísima y ahora fue absuelta por la Suprema Corte diciendo que no había pruebas. La misma cosa que está sufriendo Lula. Pero el desgaste que hubo con nuestra compañera Gleisi fue brutal sobre ella y su marido, pasaron cuatro años por la televisión llamándolos corruptos y ahora la Corte Suprema los absolvió porque no había pruebas. Pero el desastre ya había ocurrido, recuperar su imagen será muy duro.

Entonces, Lula está aislado, tiene un contrato muy pequeño a través de la dirección del partido –a través de Gleisi– con nosotros, y los abogados y la visita familiar comunicaron que en salud está bien, muy dispuesto y mantiene su candidatura. Él mismo dice que es “candidatísimo”, que no va a recular, y bueno, estamos peleando aquí en la Justicia de las calles para garantizar que Lula esté con nosotros en la campaña que empieza de aquí a un mes más o menos.

–Usted hablaba de la proyección internacional de Brasil. ¿Qué es lo que piensa sobre lo que ha sido la autosuspensión del país de participar en la Unasur, luego de varios años de una fuerte diplomacia? ¿Cómo observa el declive internacional de Brasil en los últimos años?

–Uno de los frentes más importantes que teníamos en la política global del PT y del gobierno de Lula era la integración latinoamericana y también con África. Con los países del Mercosur fueron con los que más se avanzó y que más creció el intercambio comercial y económico entre nosotros, y que es una necesidad para que podamos enfrentar la situación internacional. Esto era una política consciente, una política decidida por el gobierno y el partido y ahora Temer hace lo contrario, al revés. Para Temer, la política nuestra debe quedarse con Europa y EEUU, no piensa fortalecer la integración, mucho menos con África. Y claro que la unidad política nuestra a través de un organismo como la Unasur, el fortalecimiento de gobiernos progresistas en nuestra América como teníamos y aún tenemos en Venezuela, Bolivia, Uruguay y ustedes durante el período de Kirchner. Por lo tanto, este camino para nosotros es el camino que debemos seguir, ahí es una salida, y, al mismo tiempo, intentar mantener las empresas públicas, tener el control estratégico del petróleo, del gas, de la energía eléctrica, sin lo cual es casi imposible hacer una política de desarrollo y de crecimiento económico para un país como el nuestro, con más de 200 millones de personas.

La política de Temer es una política de subordinación absoluta. Lo que están haciendo con Petrobras para liquidar la empresa y entregarla: la parte del transporte del gas ya fue privatizada, ahora se quiere privatizar la distribución y también tres o cuatro plantas de refinerías importantes nuestras, como las de acá en Río Grande del Sur, otra del Paraná y otras dos del nordeste. Por lo tanto, se está liquidando la Petrobras con la intención de privatizar toda esta parte que descubrió Petrobras de petróleo abajo en el presal –la plataforma continental que se explora acá en el área marítima–. Ahí hay reservas monstruosas de gas y petróleo, sería una especie de ahorro nacional, y Lula y Dilma ya habían aprobado una política de que parte de estos recursos serían para la educación, para fortalecer la salud pública y el sistema único de que teníamos. Y fue una de las primeras cosas que Temer ha cambiado y ahora se está haciendo una entrega para las grandes petroleras internacionales, esta riqueza que es del país, de todo el pueblo. Entonces, este es el drama que vivimos acá y que tenemos conciencia que habrá mucha lucha por eso. Los camioneros acá hicieron una huelga durísima durante prácticamente una semana, pararon el país, y una de las razones era el problema de la Petrobras y el precio de las naftas. Yo pienso que la huelga de los camioneros fue un ejemplo muy claro de esta lucha que tenemos en Brasil, que es defender una riqueza como la del petróleo, luchar ahora para mantener Petrobras y el sistema de energía eléctrica e hidroeléctrica bajo control público. Eso será el gran reto que vamos a tener en las elecciones de este año. Toda elección va a girar en torno de esos puntos, y por eso Lula es tan importante para el país y nosotros.

“La política de Temer es una política de subordinación absoluta. Lo que están haciendo con Petrobras para liquidar la empresa y entregarla: la parte del transporte del gas ya fue privatizada, ahora se quiere privatizar la distribución”.

–Considerando que usted fue alcalde de Porto Alegre, ¿cómo observa lo que fue la política en los últimos años en el sur del país?

–A pesar de que sobre nosotros acá en el extremo sur, en Porto Alegre y la región de Río Grande del Sur, no había ninguna acusación, pagamos el precio por la campaña nacional que se hizo contra el partido. A partir de 2005-2006, vivimos en Brasil, primero con la historia del Mensalão que se ha creado acá, que era la antesala de la corrupción y después con las acusaciones de la operación Lava Jato sobre la Petrobras. Aunque en la región acá de Río Grande del Sur, Santa Catalina no hubo acusaciones ni ningún proceso, pero el desgaste que sufrimos fue permanente. Porque el monopolio de la televisión en Brasil hace que la Red Globo se repita en todo el territorio todos los días, y con eso se ha perdido las elecciones de 2004. El gobierno que lo ha sucedido, aún por la presión popular durante algunos años –unos cinco o seis– mantenía el presupuesto participativo, pero con el correr de los años los recursos presupuestarios y la burocratización de los procesos de participación aplicados por el gobierno fueron disminuyendo hasta acabar.

Hoy acá, en Porto Alegre, hace unos años que el proceso de participación popular se ha acabado por el último gobierno municipal que tenemos acá; no tiene ningún compromiso con eso, tiene el apoyo de las grandes federaciones empresariales y una pantalla muy larga de todos los partidos del centro y de la derecha que apoyan. También eso ocurrió acá. Nosotros quedamos un poco aislados en cuanto PT porque en Brasil hay un número muy grande de partidos: los más viejos y tradicionales –Movimiento Democrático Brasileño (MDB), Alianza Renovadora Nacional (Arena)–, que venían de la dictadura, se han transformado en partidos a partir de los 80, y hoy otros partidos también se formaron. Pero, a pesar de ser varios partidos, se unifican mucho contra nosotros. Entonces, las elecciones de acá en la región sur se transformaron en casi plebiscitos, y ahí es muy difícil ganar porque el PT tiene aún una mayor bancada individualmente en cuanto bancada partidaria. Tenemos 11 diputados aquí en la Asamblea Provincial, tenemos individualmente como partido la mayor bancada general, pero la elección mayoritaria para gobernador o alcalde es distinta, y no alcanzamos a mantener aquel clima y aquella esperanza que había de los primeros años del siglo. Pero nosotros no abandonamos la lucha, nosotros continuamos defendiendo el presupuesto participativo. Estamos entrando ahora en una elección para el gobierno de la provincia, en plena campaña de elecciones federales en todo el país, y eso es uno de los puntos que nuestro candidato acá, el exministro Miguel Rossetto –que trabajó con Lula durante todo el período–, es nuestro candidato acá y que ciertamente estará en la segunda vuelta en las elecciones de este año. Pero ganar las elecciones acá siempre pasó a ser muy difícil por la unidad de un gran número de partidos del centro y de la derecha que se unifican. Ahora con la crisis, eso también puede cambiar. Pero no está muy claro para dónde vamos, el conjunto de esos partidos en esas elecciones. Nosotros como partido estamos intentando unificar con el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL); estos partidos son menores, muy chicos, pero tienen sus propios candidatos, y pueden estar con nosotros en la segunda vuelta. Y eso es más o menos el cuadro nacional. Claro que si Lula mantiene su candidatura será mucho más fácil para nosotros unificar ese campo de la izquierda y centro-izquierda con el Partido Laborista Brasileño (PTB) –que era el partido de Leonel Brizola– nacionalmente en apoyo a Lula. Pero eso aún no está dado. Lula, en este momento, es únicamente el candidato del PT y lidera todas las encuestas solo. Eso es el problema de la crisis política que estamos viviendo.