Secuelas de una cumbre amistosa

Putin le regala la pelota del Mundial a Trump (AP).

Por Lucio Garriga Olmo |

En territorio neutral se llevó a cabo una de las cumbres más importantes del año. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su par ruso, Vladímir Putin, se reunieron en Helsinki, la capital de Finlandia. Fue la primera reunión bilateral directa que mantuvieron ambos líderes, ya que sus encuentros anteriores se llevaron a cabo durante las reuniones de organismos multilaterales en las que coincidían.

Antes de que ambos mandatarios se vieran las caras, las expectativas por la reunión eran muy altas. La crisis que vive Ucrania y la ocupación rusa de la península de Crimea, la guerra civil en Siria, la estabilidad de Medio Oriente y la supuesta interferencia del gobierno de Rusia en las elecciones presidenciales que ganó Trump eran algunos de los temas que marcaban la agenda del encuentro. Pero después de una conversación de más de una hora duración, en la que sólo estuvieron presentes los correspondientes traductores, hay más preguntas que respuestas.

El encuentro estuvo marcado, y sus repercusiones también, por la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016. La investigación judicial que busca determinar si hubo una coordinación entre el equipo de Donald Trump y la intromisión rusa, conocida como “Rusiagate” y llevada a cabo por el fiscal especial Robert Mueller, le ha provocado más de un dolor de cabeza a la administración del neoyorquino. Días antes del encuentro, Mueller acusó a 12 ciudadanos rusos por haber realizado un “esfuerzo sostenido” para piratear las computadores del Partido Demócrata con el objetivo de “interferir” en las elecciones. Fue la primera imputación directa de Mueller al gobierno de Rusia y, sin duda, marcó los preparativos del encuentro.

Si Trump supo pelearse con dos aliados históricos, como lo son la UE y Alemania, no pasó lo mismo con Putin, que comanda un país con un historial de rivalidad con los Estados Unidos.

Los comentarios de Trump durante su visita a Gran Bretaña días antes, donde aseguró que la Unión Europea (UE) es un “enemigo” de los Estados Unidos “posiblemente tan mala como China”, y su presencia en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde mantuvo una discusión con la canciller alemana, Angela Merkel, tras acusar a Alemania de ser “prisionera de Rusia”, crearon más expectativas sobre la posición que iba a tomar Trump ante Putin.

Si Trump supo pelearse con dos aliados históricos, como lo son la UE y Alemania, no pasó lo mismo con Putin, que comanda un país con un historial de rivalidad con los Estados Unidos. La actitud de confrontación que supo demostrar Trump desde que comenzó su campaña electoral, y que se mantiene ahora desde el Salón Oval, no estuvo presente en Helsinki. Momentos antes del inicio de la cumbre, Trump tuiteó, en una demostración más de la diplomacia 2.0 que tanto le gusta, que la relación entre los Estados Unidos y Rusia “NUNCA [sic] ha sido peor”, e hizo responsable de la situación a “muchos años de locura” y a la “cacería de brujas” (en relación al Rusiagate). La cuenta de Twitter de la Cancillería rusa publicó el comentario de Trump y escribió: “Estamos de acuerdo”.

La conferencia de prensa entre ambos mandatarios despejó cualquier posibilidad de confrontación directa en la conversación que mantuvieron. Ante las preguntas de la supuesta injerencia rusa, Trump aseguró: “Tengo una gran confianza en mi gente de inteligencia, pero les voy a decir que Putin fue extremadamente fuerte y contundente en su negativa”. Con esta frase, Trump no sólo no criticó a su par sino que colocó a sus agencias de inteligencia en el mismo nivel de veracidad que Putin; es decir, valoró de la misma manera lo que han dicho los servicios de inteligencia de su país que lo que le aseguró el presidente de Rusia, que es quien habría liderado la intromisión que sus propias agencias de inteligencia investigan. Pocas veces se vio que un presidente de los Estados Unidos no priorice un informe de sus propias agencias de inteligencia ante los dichos de un presidente de un país que, como mínimo, es rival directo en la disputa por el control mundial. Por su parte, Putin dijo que “Rusia nunca ha interferido y no va a interferir en los asuntos internos de Estados Unidos”.

Los comentarios de Trump generaron una ola de críticas tan fuertes que al día siguiente de la cumbre dijo públicamente que tiene “una confianza absoluta en las agencias de inteligencia”, y aceptó “la conclusión de la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016”, pero aclaró que “no tuvieron efecto alguno en el resultado”. Asimismo, Trump dijo que la reunión con Putin fue “aún mejor” que la cumbre de la OTAN.

Entre las figuras políticas que criticaron a Trump, hubo políticos del propio Partido Republicano. El senador John McCain, crítico habitual del presidente, aseguró que fue una de las actuaciones “más vergonzosas en la historia por parte de un presidente de Estados Unidos”, y calificó a la cumbre como un “trágico error”. El senador Bob Corker dijo que “fue un día muy bueno para Putin”; y el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, aseguró que no “hay una equivalencia moral entre los Estados Unidos y Rusia”. Por su parte, John Brennan, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés) entre el 2013 y el 2017, calificó a Trump como “un traidor”, y el exdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés), James Comey –despedido por el propio Trump en el medio de la investigación judicial–, aseguró que la reunión bilateral será recordada como “el día en que un presidente estadounidense se paró en suelo extranjero junto a un matón asesino y se negó a respaldar a su propio país”.

A pesar de las críticas por su actuación y sus dichos, la Casa Blanca confirmó que Trump invitó a Putin a visitar Washington. La portavoz estadounidense, Sarah Sanders, dijo que las conversaciones para lograr la llegada de Putin a los Estados Unidos “ya están en marcha”. A raíz de esto, Trump publicó en Twitter que espera con “ansiedad” una segunda reunión para “poder comenzar a implementar algunas de las cosas discutidas”, como “la lucha contra el terrorismo, la seguridad de Israel, la proliferación nuclear, los ciberataques, el comercio, Ucrania, la paz en Medio Oriente y Corea del Norte”. Por ahora, no hay nada confirmado, y se espera que el próximo encuentro entre los mandatarios sea el próximo 30 de noviembre, cuando asistan a la Cumbre del G20 en Buenos Aires.

¿Quién ganó?

Antes de la cumbre, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, había dicho que la misma sería exitosa si se lograba retomar el diálogo normal entre ambos países porque “casi todos los canales de comunicación” estaban “congelados”. Luego de la misma, Lavrov dijo que las conversaciones fueron “magníficas, mejor que súper”. Las declaraciones de Trump en la conferencia de prensa y las críticas que le suscitaron parecen haber dejado mejor parado a Rusia que a Estados Unidos. El diario estatal ruso, Rossiyskaya Gazeta, escribió: “Fracasaron los intentos de Occidente de aislar a Rusia”.

Hay poca información de lo que acordaron los mandatarios en relación a la guerra en Siria que ya lleva siete años de duración. En la conferencia de prensa, Trump dijo que “la cooperación entre nuestros países tiene el potencial de salvar cientos de miles de vidas”, y que “la tarea de establecer la paz y la reconciliación podría ser el primer ejemplo de éxito del trabajo conjunto”. A pesar de que Estados Unidos no brindó más detalles de lo alcanzado, días después de la cumbre Putin aseguró que se alcanzaron “acuerdos útiles” y el embajador ruso en Washington, Anatoly Antonov, afirmó que Trump había hecho “importantes acuerdos verbales” y que Rusia está lista para comenzar a implementarlos. A raíz de esto, Mike Pompeo, el secretario de Estado de los Estados Unidos, aseguró que los presidentes discutieron cómo devolver a los refugiados sirios a sus lugares de origen. “Es importante para el mundo que en el momento adecuado, a través de un mecanismo voluntario, estos refugiados puedan regresar a su país de origen”, aseguró.

El hecho de que Trump no haya criticado a Putin públicamente y que Putin no se haya tenido que comprometer a modificar su accionar tanto en Siria –donde Rusia apoya al presidente Bashar al-Ásad, a quien Trump calificó como un “animal”– como en Ucrania –donde apoya a los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk– dejan mejor parado al mandatario ruso de cara a un posible segundo encuentro.