¿Qué es el periodismo internacional en el siglo XXI?

Ryszard Kapuściński, el periodista internacional icónico del siglo XX, junto al Movimiento Popular de Liberación. Angola, 1975.

Con motivo de la emisión n° 200 del programa radial de L’Ombelico del Mondo, que se emite desde hace seis años por Radionauta FM en el Centro Cultural, Político y Social “Olga Vázquez” de la ciudad de La Plata, conversamos con destacados periodistas acerca del lugar actual del periodismo internacional en Argentina y el mundo: las agendas que se construyen, la figura del corresponsal, la incorporación de las nuevas tecnologías, la modificación de la práctica en general en los últimos años y el debate en torno a la mirada académica de las Relaciones Internacionales. A continuación, algunas de las reflexiones más importantes.

“Creo que Radionauta tiene una impronta muy particular: por un lado, la impronta feminista y una presencia de las compañeras muy fuerte; y, por el otro lado, el internacionalismo: la radio se destaca también por la cantidad de compañeras y compañeros que le meten a la temática internacional que es clave, porque entender lo que pasa en el mundo nos ayuda muchísimo a comprender lo que nos pasa a nosotros aquí en nuestro país. Yo siempre digo que somos pedacitos de procesos más amplios, entonces tener una mirada hacia afuera es clave para tener una dimensión real de las realidades de los problemas y las capacidades de resistencia que podamos tener”, sostuvo Gerardo Szalkowicz, quien se desempeña como conductor de “Al sur del Río Bravo” por Radionauta FM, y es editor en el portal Noticias de América Latina y el Caribe (Nodal) y colaborador en diversos medios como Tiempo Argentino, teleSUR, Rebelión, ALAI y otros.

El periodismo internacional en los medios masivos

Con respecto a la existencia o no de cambios con respecto a décadas anteriores, Pedro Brieguer, director del portal Nodal y analista en diversos medios nacionales e internacionales, aseguró que no cambió nada en relación al pasado: “En líneas generales, vos abrís hoy Clarín o La Nación y te siguen informando sobre Paraguay a través de una agencia de noticias alemana o española”. Y agregó: “Si vos querés seguir lo que está pasando en Brasil, lo primero que hacés es meterte en Mídia Ninja, no en Reuters”.

Por otro lado, indicó que: “lo que están haciendo la mayoría de los medios de comunicación tradicionales es el viejo periodismo: el periodismo basado en las agencias, y además con la visión eurocéntrica, por supuesto; o sea, ¿por qué todavía apelar a una agencia de noticias alemanas para saber lo que está pasando en Paraguay, si yo la marcha de campesinos la puedo seguir en vivo?”.

En líneas generales, vos abrís hoy Clarín o La Nación y te siguen informando sobre Paraguay a través de una agencia de noticias alemana o española.

Por su parte, Mariano Schuster, editor de Nueva Sociedad y jefe de redacción de La Vanguardia, sostuvo: “Al periodismo internacional lo veo vertiginoso, demasiado quizás. Con una arista muy coyuntural, muy corriendo atrás de la noticia y con poca o casi nula evaluación histórica o cultural de lo que se habla. Lo veo en un momento en el cual, claro, el mundo se acelera y también se acelera el análisis, pero acelerar los análisis a veces no es bueno. Y lo digo con mea culpa, haciéndome cargo de lo que me toca”. Schuster, además, es columnista del suplemento Ideas de La Nación y colaborador de Panamá Revista.

“En estos tiempos no solo está el desafío de trabajar con el volumen de datos que aporta Internet, sino también de discernir qué es verdadero y qué es falso. Pero yo creo que el principal desafío es cómo se escribe política internacional. A mí, sobre todo, porque me interesa más la gráfica que los medios audiovisuales. Cómo se transmite de una manera amena, y en el último tiempo me di cuenta que me interesa cómo se literaturiza eso. A mí, uno de los libros que más me interesan o más me gustaron es un libro que pocos dirían que es de política internacional, pero podríamos enmarcarlo en eso, que es ‘Homenaje a Cataluña’, de George Orwell. Y en realidad es Orwell yendo a pelear a la guerra civil española y contando su experiencia después y lo que vio. Ahora, no es un conjunto de cables, y está escrito de manera estupenda. Yo creo que eso es lo que se ha perdido”, planteó Schuster.

En estos tiempos no solo está el desafío de trabajar con el volumen de datos que aporta Internet, sino también de discernir qué es verdadero y qué es falso. Pero yo creo que el principal desafío es cómo se escribe política internacional.

Por otro lado, respecto a la búsqueda de fuentes en el periodismo internacional, “prácticamente todo lo que comunicamos tiene que ver con acciones o con hechos y noticias que no podemos chequear directamente; o sea que, de algún modo, nos enteramos por ejemplo lo que pasa en Brasil por una huelga de hambre a partir de una fuente indirecta o de una directa que nos media con el hecho en sí y nuestra percepción de él. Uno puede elegir creerle a los medios como O Globo, que por ahí expresan ese suceso, o a los movimientos que lo protagonizan, y creo que esa tensión, en mi caso al menos, se resuelve desde ese lugar: tratar de contrastar la mayor cantidad de fuentes posibles y donde los movimientos o los protagonistas directos de esa noticia pueden asumir el papel de fuentes que, a su vez, es algo que muchas veces ni siquiera son tenidos en cuenta”, explicó Fernando Vicente Prieto, columnista sobre movimientos sociales latinoamericanos en L’Ombelico del Mondo, periodista en teleSUR y Notas y miembro del equipo de comunicación de la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

También, Fernando arguyó: “Me parece que es algo a reivindicar la toma de posición y hacerse cargo desde dónde habla uno, desde dónde lo hace cada comunicador y periodista. Porque muchas veces, en lo que es el periodismo más tradicional, también hay una toma de posición; simplemente que no se la asume y, de algún modo, se subestima un poco al público”.

Tratar de contrastar la mayor cantidad de fuentes posibles y donde los movimientos o los protagonistas directos de esa noticia pueden asumir el papel de fuentes que, a su vez, es algo que muchas veces ni siquiera son tenidos en cuenta.

Cuando se busca información desde los actores involucrados, muchas veces estos se manifiestan rápidamente a través de redes sociales como Twitter o Facebook. En este sentido, Brieguer señaló: “El diario en papel es viejo, porque si yo leo Clarín a las ocho de la mañana, me está dando información que cerró el día anterior a las diez de la noche, con suerte, y ya no me sirve, es viejo”.

“Yo sigo lo que pasa en Medio Oriente, que siempre es un tema importante, sigo lo que pasa en Pakistán y la India, pero también es verdad que nuestra agenda es muy latinoamericana hoy. Por suerte, ¿no? Esto ha cambiado también, ahí hay un gran cambio que yo considero positivo. Hoy tenemos una agenda latinoamericana mucho más potente: hoy hablamos mucho más de Ecuador, de Bolivia, de Venezuela, de Costa Rica, de El Salvador de lo que hablábamos 20 años atrás, donde era más que nada EEUU y Europa, que sigue siendo así, porque un exabogado de Trump dice algunas cosas, inmediatamente lo reproducimos. Y si analizamos cualquiera de los grandes diarios de la Argentina, de Chile, de México –donde tal vez sea diferente– y Brasil de los últimos 20 días qué información hubo en los principales diarios, verán que la información sobre EEUU y Europa es preponderante”, agregó Brieguer.

Hoy tenemos una agenda latinoamericana mucho más potente de la que teníamos 20 años atrás.

Asimismo, respecto de la agenda del periodismo internacional, Szalkowicz criticó: “siempre es interesante pensar los procesos por abajo también; muchas veces el análisis político internacional se centra mucho en la superestructura, en lo que hacen los gobiernos, en las disputas interburguesas y poco, a veces, en los procesos populares; así que creo que de eso se trata, y en eso estamos”.

El lugar del corresponsal

En cuanto al rol del corresponsal, aquella persona enviada a narrar y/o analizar los acontecimientos desde el lugar de los hechos, puede decirse que su figura ha tendido a desaparecer, cuando en el pasado constituía una representación muy importante de los medios de comunicación. Ahora se mantienen algunas corresponsalías específicas y, por lo tanto, ha cambiado un poco la figura del periodista internacional. Al respecto, Brieguer afirmó que “cada vez, por restricciones presupuestarias –entre otros motivos–, la mayoría de los medios de comunicación ya no envían a alguien a un lugar de conflicto. También es verdad que enviar a alguien de tu medio de comunicación tenía una lógica, y la sigue teniendo. Si yo vivo en Argentina y hay una crisis política en Inglaterra o en Pakistán, es lógico que yo envíe a alguien para que le explique al público argentino con ojos argentinos lo que está pasando en Pakistán. Porque yo puedo tomar a un pakistaní, pero no ve con nuestros ojos, no ve las mismas cosas; entonces me puede hacer un muy buen panorama de lo que está pasando allí pero yo tengo un valor agregado si tengo a alguien que puede identificar si hay algo que nos acerque”.

“Por ejemplo, cualquier periodista argentino que va al Líbano, va a ver publicidad de yerba y le va a llamar la atención que en las rutas o en algunas calles del Líbano haya publicidad de yerba. Es algo que te vincula, que te acerca. O si vas a Turquía –yo he estado allí en más de una oportunidad–, una de las cosas que más me llamó la atención es que por todos lados aparece la palabra ‘peron’, porque peron es parada en turco. Y en muchos lugares también aparece la palabra ‘bilardo’, porque bilardo es billar. Entonces, obviamente que un periodista argentino, cuando camina por Estambul y está en una comunicación telefónica o escribiendo, va a decir ‘me cruzo con la palabra peron y con la palabra bilardo’. Un periodista turco no te lo va a decir. Ahí está el valor agregado del corresponsal”, indicó Brieguer a L’Ombelico del Mondo.

“Ahora, también es verdad la contracara, algo que señalaba hace muchos años el intelectual palestino Edward Said cuando fue la Revolución Islámica de Irán en 1979, que la mayoría de los periodistas europeos y estadounidenses –o sea, el mundo occidental– no hablaba farsi y, por lo tanto, no tenía ni la más mínima noción de lo que estaba pasando ni de la historia de Irán y le costaba mucho entender. Ahí mis ojos argentinos me permiten ver pero, como dice Ignacio Ramonet, ‘ver no es comprender’, entonces yo estoy limitado. Entonces, ahí la figura del corresponsal tiene su pro y su contra”, agregó.

“Pero, por el otro lado, creo que hoy también es verdad que, al haber tanta gente que hace periodismo –en el más amplio sentido de la palabra–, qué sentido tiene que yo mande a alguien a Brasilia si hay manifestaciones en Brasilia, San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte y Porto Alegre al mismo tiempo, cuando desde una redacción acá en Argentina puedo ver las cinco manifestaciones en simultáneo, algo que antes no se podía hacer. O sea, ahí está la diferencia: 20 años atrás, si pasaba algo en Brasil vos difícilmente podías ver un canal de televisión brasileño, entonces dependías de que alguna señal internacional transmitiera lo que estaba pasando en una de las ciudades, porque las agencias no están en todas. Y hoy yo puedo ver lo que pasa en todas las ciudades al mismo tiempo. Y entonces el corresponsal queda chiquitito, porque está viendo solamente lo que ve en ese momento en esa calle”, sostuvo Brieguer.

Por su parte, Schuster señaló: “Como persona nostálgica, que tiende a romantizar un poco el pasado y a estetizarlo, yo creo que la pérdida de corresponsales no es buena. Es decir, a mí me parece que el corresponsal aportó siempre mucha información diferente. De hecho, buena parte de los libros más interesantes que se han publicado en los últimos años sobre algunos países fueron escritos por corresponsales. Me parece que aportan otra cosa: que conocen la sociedad, la cultura. Un conocimiento que va más allá de la noticia, de lo que hizo el poder político o el poder económico, que entiende las formas culturales y la sociedad”.

“Siempre recuerdo que cuando murió John Fitzgerald Kennedy, los distintos medios de EEUU mandaron a los periodistas a cubrir el funeral y uno de esos periodistas, Jimmy Breslin, se dio cuenta que todos iban a escribir la misma nota, entonces él quiso hacer otra nota. Habló con la persona que cavó la tumba donde fue enterrado Kennedy y escribió una nota muy breve llamada ‘Cavar la tumba de JFK fue un honor’. A mí me parece que al periodismo internacional le falta eso, le falta contar las otras historias. Y sobre todo eso, le falta contar historias, y no contar la realidad de lo que vimos o hacer un análisis de lo que se vio. A mí el periodismo que me gusta es el que cuenta historias, no tanto el que se enrolla en debates analíticos o académicos. Quizás ese público esté demandando que haya un regreso del periodismo de otro tipo”, señaló Schuster.

 

Para escuchar la emisión #200 de L’Ombelico del Mondo: