Diario urgente de Venezuela

Desde que el poeta, periodista y escritor Marco Teruggi viajó a Venezuela allá por 2013, meses antes de la muerte de Hugo Chávez, se convirtió en una referencia ineludible al contar desde el llano qué acontecía con el legado de Chávez en el país caribeño. Desde la posición de cronista, recupera la mejor tradición del género, como un John Reed contemporáneo. Tras la realización de “Crónicas de comunas. Donde Chávez vive” (Ed. La Estrella Roja, 2015), Marco trae su nuevo trabajo “Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela” (Ed. Sudamericana, 2018), en el que describe los avances y retrocesos del proceso bolivariano con “una incorporación de elementos literarios a todo lo que es el análisis que hace que se pueda intentar entender lo que es una época”. Según contó en diálogo con L’Ombelico del Mondo, el nuevo libro está dirigido para quienes se dan cuenta de que las cosas en Venezuela “no son como se la plantean los grandes medios de comunicación, se da cuenta de que el gobierno tampoco dice las cosas para poder lograr convencerlos, y quiere saber más”.

“Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela” será presentado el viernes 19 de octubre en el Centro Social, Político y Cultural “Olga Vázquez” (60 e/ 10 y 11, La Plata), junto a la presencia de Martín Obregón y Yanina Settembrino; mientras que el 10 de noviembre se presentará en la librería Malisia (6 y 59, La Plata) y el 23 de noviembre en Ensenada. A su vez, están pautadas presentaciones en Rafaela, Rosario, Buenos Aires, Chile y Colombia.

–La última vez que hablamos estabas en Caracas y se estaba por llevar a cabo la Asamblea Constituyente. Si te preguntáramos qué cosas han cambiado con respecto a eso y cuántas cosas han cambiado desde entonces, sobre todo con respecto al libro, ¿qué nos podés contar?

–Muchísimo. La verdad que el tiempo económico, el tiempo político en Venezuela es aceleradísimo, la cantidad de acontecimientos que hay en un año es vertiginoso. Yo al libro lo empecé a escribir en mayo de 2016 y lo culminé el último día del mes de agosto del 2018, y al releerlo hago un repaso de lo que son dos años y medio de una sucesión, casi sin pausa, de acontecimientos, muchos que nos pusieron casi al borde del precipicio. En ese momento, estábamos ante una derecha que quería tomar el poder político por la fuerza y, pasado más de un año, hemos tenido cuatro victorias electorales del chavismo, un intento de asesinato a Nicolás Maduro y toda la dirección militar del proceso revolucionario. Hemos tenido toda una batalla económica y un frente internacional que, bueno, en aquel entonces los Estados Unidos era un poquito más diplomático; ahora ya por la calle del medio repiten que están intentando hacer una intervención militar en Venezuela, o están pidiendo a los militares que hagan un golpe interno. Así que, la verdad, es una agenda que siempre está en permanente movimiento y hace que todo acontecimiento parezca hasta casi viejo.

El chavismo es un gobierno, pero también es una inmensa experiencia social, o sea es la conformación de un sujeto político, centralmente popular.

–Venimos de años de guarimbas, de movilizaciones tanto opositoras como a favor de Nicolás Maduro. ¿Cómo se encuentra la calle hoy en día que supo ser tan violenta por algunos momentos y que estuvo tanto en la agenda de los medios de comunicación de todo el mundo?

–Si vemos del lado de la oposición, está totalmente desmovilizada, está atravesando su crisis más profunda de los últimos tiempos. Si vemos del lado del chavismo, mantiene una capacidad interesante de movilización que tiene que ver con que un 30% de la población es chavista. Y, en términos generales, el común de la población, la inmensa mayoría, tiene que ver con la pelea por lo económico, esa es la principal preocupación de la gente de a pie y en eso está hoy la principal pelea: cómo intentar hacer para estabilizar las variables macroeconómicas en un contexto donde el bloqueo de los Estados Unidos es cada vez más fuerte –y lo anuncian públicamente–, y, a su vez, hay una cantidad de dificultades internas ligadas a varios problemas, y que en este momento el gobierno ha tomado una serie de medidas para intentar, justamente, rearmar las redes en particular con el sector privado. Estamos en eso. Lo que la gente quiere es que se estabilice y eso se traduce directamente en el tema de los precios. O sea, la capacidad o no del gobierno de dar una respuesta al problema económico tendrá que ver con que dejen de aumentar los precios, cosa que hasta el momento no han logrado hacer.

–¿Cómo estuvo tu estancia allá en Venezuela en el día a día? ¿Has hablado con referentes, líderes sociales? ¿Qué conclusiones te ha dejado tu paso por Venezuela?

–Es un proceso muy complejo en el que muchas veces se ha reducido al chavismo a su dimensión de gobierno y creo que ahí hay una limitación muy grande para el análisis. El chavismo es un gobierno, que además tiene la particularidad de que es civil y militar; pero el chavismo también es una inmensa experiencia social, o sea es la conformación de un sujeto político, centralmente popular, de los sectores más humildes. Es también un gran partido, que es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); es los movimientos sociales; es, también, la experiencia de organización muy poderosa como son las comunas. Es decir, es una complejidad muy interesante que, en su interior, tiene heterogeneidad. No se puede hablar de un solo chavismo sino de muchas miradas hacia el interior de este gran proceso político donde el chavismo se mantiene unido pero con debates abiertos. Yo he recorrido casi siempre su dimensión más de organización popular, más barrial, campesina. Esas un poco han sido mis fuentes pero sin nunca perder de vista la dimensión de gobierno, la dimensión de Estado. Sobre todo porque el conflicto es tan complejo que uno tiene que permanentemente alternar los niveles de análisis, desde lo más concreto de la calle y lo económico cotidiano hasta la geopolítica cuando uno ve, por ejemplo, hace poco lo que fue la Asamblea General de las Naciones Unidas que fue una serie de ataques contra Venezuela. Todo eso hay que ir metiéndolo en permanencia en el análisis y luego estar uno situado, política y éticamente, en medio de un conflicto que es muy complejo y que una parte de esto que es la visita a Argentina, necesita ser debatido. Hoy Venezuela está en la punta de lanza de un sector de los Estados Unidos y de Colombia que están efectivamente trabajando para una posible intervención militar. Y eso demanda, sino es apoyar al proceso –que puede ser–, por lo menos posicionarse en contra de los ataques económicos, militares y diplomáticos que están en proceso de darse.

Creo que mucha gente se da cuenta de que las cosas no son como se la plantean los grandes medios de comunicación.

–Estás en una gira maratónica, desde Rafaela, Rosario, Buenos Aires, La Plata, y viendo toda esta cantidad de fechas hay un interés, además de leerte porque escribís muy bien, de conocer, de saber de primera mano qué es lo que está sucediendo en Venezuela. ¿Qué notás que es lo que más intriga o que más te preguntan acerca del proceso venezolano?

–Te agregaría la buena noticia que voy a estar yendo a Chile a presentar el libro y a Colombia también. Yo creo que hay una particularidad del trabajo que tiene ver con lo siguiente: generalmente, los materiales que llegan sobre Venezuela son la inmensa matriz arrolladora de los grandes medios de comunicación que posicionan la idea de que es una dictadura, que hay una crisis humanitaria en la que hay que intervenir, o miradas directamente construidas desde el Estado, los funcionarios, las diferentes vocerías estatales. Y eso ha generado una dificultad para ver lo que pasa en Venezuela porque esas dos miradas, una evidentemente miente y trabaja para desestabilizar al gobierno y hacer un golpe de Estado, y la otra tiene serias limitaciones para explicarse a sí misma y narrar lo que se está viviendo. Entonces, yo creo que lo que genera interés en el libro es que le entra a Venezuela por otro lado. Le entra por todo lo que es la experiencia de organización popular, el tema comunal, que muchos quieren leer sobre eso; pero le entra también desde aspectos de cómo es vivir hoy en Venezuela en esta situación. Porque, claro, si uno ve desde Argentina, se piensa que acá todo el mundo está comiendo de la basura y matando animales en la calle para poder sobrevivir. Y ahí en el libro se cuenta cómo es el cotidiano. Yo creo que hay –y ha habido– un déficit de narración sobre Venezuela, producto de las urgencias y de muchas variables a la vez, que me ha hecho trabajar un poco esa línea de investigación y contarla desde un formato un poco más narrativo, que es un poco lo que tiene el libro. No es un libro en el que vas a entrar y vas a encontrar un análisis rígido, sino una incorporación de elementos literarios a todo lo que es el análisis que hace que se pueda intentar entender lo que es una época. Donde yo creo que mucha gente se da cuenta de que las cosas no son como se la plantean los grandes medios de comunicación, se da cuenta de que el gobierno tampoco dice las cosas para poder lograr convencerlos, y quiere saber más. Yo creo que en ese “quiere saber más”, es que el libro puede dar unas respuestas.