R. Roseno: “La tendencia fascista es para largo rato”

Partidarios de Bolsonaro celebran resultados electorales de primera vuelta. Ph. AFP

El próximo domingo Brasil elegirá al nuevo presidente para el período 2019-2023 entre el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), elegido por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva –encarcelado desde el mes de abril–, Fernando Haddad, y el candidato de la ultraderecha del Partido Social Liberal (PSL), Jair Messias Bolsonaro, quien obtuvo un 46% de los votos en la primera vuelta y a quien las encuestas dan como futuro ganador.

La candidatura de Bolsonaro está marcada por su discurso violento, belicista y racista que reivindica a la última dictadura militar. Durante toda la campaña presidencial, realizó amenazas a los simpatizantes del PT y de los movimientos sociales que se oponen a su candidatura y, en los últimos días, anunció que realizará una “limpieza” del ámbito político y que “los marginales rojos” serán vetados de la política.

Ante esta segunda vuelta electoral, diversos partidos políticos convocaron a votar por Bolsonaro dejando en claro que en algunos sectores el sentimiento de antipetismo es más fuerte que el antifascismo. Por otro lado, diferentes sectores de la política nacional, ante la amenaza de la extrema derecha, anunciaron que votarán por Haddad. El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) es uno de estos espacios. En la primera vuelta presentó su propia candidatura, encabezada por el Guilherme Boulos, pero cuando se supo que habría ballotage, anunció que votará por el candidato del PT.

En diálogo con L´Ombelico del Mondo, el diputado estatal de Ceará por el PSOL, Renato Roseno, aseguró que Brasil vive la “amenaza más grande a la democracia y a los derechos humanos” de su historia y que existe una “verdadera disputa entre la democracia y la barbarie”. En este sentido, afirmó: “Tenemos muchas críticas al PT, pero ahora estamos íntegramente dedicados a la victoria de Fernando Haddad y Manuela d’Ávila porque será una tragedia tremenda entregar el país a un gobierno de extrema derecha”.

–¿Cómo podría impactar un posible gobierno de la extrema derecha en la región del nordeste brasileño y en la defensa de los derechos humanos de los brasileros y las brasileras?

–Creo que tenemos la amenaza más grande a la democracia y los derechos humanos en Brasil. Sobre todo para los pobres en las zonas más pobres y más excluidas de las ciudades. Yo vivo en Fortaleza, que es una ciudad que tiene dos millones y medios de habitantes y con una tasa de homicidios muy grande. Hay 82 homicidios cada 100 mil habitantes al año. Las causas de la violencia son causas sociales como la exclusión social, el problema con el tráfico de drogas, una política de drogas muy equivocada. Un gobierno de la extrema derecha será un gobierno que profundizará las causas de exclusión y los errores de la política de drogas con muchos más encarcelamientos, más matanzas y con una Policía mucho más violenta con los jóvenes. Nosotros tratamos esta segunda vuelta no solamente como una disputa entre diferentes políticos o diferentes candidatos por el poder; tenemos una verdadera disputa entre democracia, entre los derechos y la barbarie. Lo que tenemos es el avance del populismo autoritario en un país que tiene un rol muy importante para Latinoamérica. Así como tuvimos en Europa, en Italia, Francia, Suecia tenemos también un avance del populismo autoritario. Nosotros, desde el PSOL, tenemos muchas críticas al PT, críticas sobre su gobierno de conciliación de clase, pero ahora estamos íntegramente dedicados a la victoria de Fernando Haddad y de Manuela d’Ávila porque comprendemos que será una tragedia tremenda entregar el país a un gobierno de extrema derecha.

Creo que tenemos la amenaza más grande a la democracia y los derechos humanos en Brasil.

–Muchos pensábamos que, ante una posible victoria de Bolsonaro, se formaría un gran frente político para evitarlo con sectores que incluso el PSOL no se uniría, como partidos liberales o de centroderecha. ¿Por qué cree que este gran frente antifascista no pudo ser posible?

–Hay sectores que todavía no están comprendiendo la onda autoritaria en la región. Nosotros estamos convocando a un frente popular antifascista por la democracia. Nosotros tenemos una comprensión que la tendencia autoritaria y fascista es una tendencia para largo rato. No es una tendencia de una elección, pero hay una mentalidad social involucrando la mentalidad de los trabajadores de las clases populares. Los sectores antifascistas y las organizaciones ideológicas de la derecha y de la centroderecha deberían hacer un gran frente antifascista. En este momento, lo más importante es la defensa cívica de la democracia, la existencia de la democracia, porque el candidato autoritario ha hecho una afirmación muy peligrosa, donde habló explícitamente de la extinción de sus opositores. La responsabilidad de todos los partidos ahora es con la historia y la lucha democrática de Latinoamérica y de Brasil. Esperamos ser victoriosos el domingo con Haddad pero, incluso con su victoria, creo que tenemos un rol enorme que es garantizar la normalidad democrática. Es muy importante garantizarla, lo que está en riesgo es la libertad democrática. Creo que desde ahora tenemos que pensar un frente antifascista por la democracia con todos los que tengan responsabilidad con la democracia.

Hay sectores que todavía no están comprendiendo la onda autoritaria en la región. Nosotros estamos convocando a un frente popular antifascista por la democracia.

–¿Cuáles crees que son las principales explicaciones del crecimiento de Bolsonaro en Brasil?

–Yo creo que hay cuatro puntos principales para explicar y comprender el crecimiento del sentimiento autoritario y fascista. El primero es la inseguridad urbana, la violencia. Yo creo que la izquierda no tomó en cuenta debidamente el tema de la violencia urbana. El discurso de Bolsonaro, armamentista de liberación de compra y porte de armas, es un discurso que tuvo un gran apego en las clases medias y populares.

Un segundo punto es la corrupción.  Hubo una manipulación mediática gigantesca y una manipulación judicial que los americanos llaman Lawfare. La derecha más conservadora ha manipulado ese sentimiento de desencanto con los gobiernos del PT por la corrupción.

El otro punto son los derechos sexuales, los derechos de las mujeres, los derechos LGBT, las luchas por los derechos de la diversidad sexual. Hubo un discurso conservador en defensa de la “familia”, pero nosotros también estamos a favor de la familia, de todas las familias. Nosotros estamos a favor de la libertad, de los derechos fundamentales. Hubo una gran ola de conservadurismo que presentaba el tema de la diversidad sexual de tal forma que se formó un pánico moral entre los padres de que nosotros, desde la izquierda, seríamos una amenaza para la educación de los hijos. También hay una tendencia internacional donde la derecha lo denuncia como un pánico moral.

El candidato autoritario ha hecho una afirmación muy peligrosa, donde habló explícitamente de la extinción de sus opositores.

Creo que el cuarto punto para entender este avance conservador es el de la economía. Nosotros ahora tenemos una generación de precarizados, de jóvenes de las clases populares que son muy precarizados y que para ellos la idea de neoliberal de desregulación del trabajo sería bueno para un crecimiento para el empleo. Los derechos fueron cercenados con la última reforma laboral y los empleos no fueron creados. Pero hay gente muy joven y las clases populares reproducen un discurso neoliberal que el Estado es muy grande porque tiene políticas sociales, de rentas para los pobres como Bolsa Família. Hay jóvenes que están íntegramente reproduciendo una agenda que es anti derechos laborales y anti protesta social.

Yo creo que estos cuatros puntos sirven para explicar cómo la mentalidad social ha sido manipulada para el populismo de derecha. Yo creo que ahora nos toca una disputa por la democracia, por la libertad y por una agenda política de izquierda para las mayorías sociales, para los trabajadores y trabajadoras, jóvenes, mujeres, negros, la población LGBT y para todos aquellos que sufren con la opresión y la explotación.

–¿Cómo está viendo usted, como abogado y defensor de los derechos humanos, la violencia social que existe en Brasil?

Hay un crecimiento de la violencia social en estos días. Tenemos compañeros y compañeras con miedo de salir a la calle con símbolos de nosotros, de nuestro partido, de nuestras candidaturas. Hay un crecimiento de la violencia política, del odio, de la intolerancia política: nuestra compañera Marielle Franco, el profesor Romualdo Rosário da Costa, las mujeres trans. Hay jóvenes y gente que en la calle sufre con la violencia política. Las primeras víctimas fueron mujeres, negros y la población LGBT. Creo que el sistema de los derechos humanos tiene ahora una centralidad mayor en nuestra agenda por el derecho a la libertad de expresión, de manifestación, a la libre comunicación, a la organización. Es un tema internacional el avance de la violencia política y de las derechas políticas.

El domingo se cierra la nueva República que empezó en el 1985 con la caída de los militares.

–A partir del lunes se viene un nuevo Brasil, gane quien gane. Para usted, ¿qué debería hacer el Estado para enfrentar lo que está sucediendo en el país?

–Yo creo que el domingo se cierra la nueva República que empezó en el 1985 con la caída de los militares. Vivimos el cierre de una era en Brasil y se abre una nueva lucha que es mucho más difícil por el ambiente en el que estamos, porque hubo una desmoralización de las ideas de izquierda en el continente. Creo que es muy evidente la operación manipulada y muy efectiva de desmoralización de las ideas de izquierda, de los partidos de izquierda y de la gente de izquierda. Brasil nunca tuvo una amenaza comunista, estamos muy lejos, a miles de kilómetros de cualquier tipo de socialismo, pero la derecha generó una amenaza. Nuestra derrota en el tiempo es la derrota ideológica de las ideas de izquierda, de las ideas sociales, de justicia social, de auto organización de los trabajadores y las trabajadoras. El trabajo ahora es la construcción de una izquierda de mayoría social que aprenda de los errores de la izquierda anterior pero que su vocación sea de una mayoría social. Tenemos que hacer un gran trabajo de base con la nueva generación, porque se vienen años de crisis y una profundización de la crisis económica.