Balance de las elecciones en EEUU

Un voluntario parado delante de la bandera de EEUU antes de que Trump dé su discurso. Ph. AP.

Luego de ocho años, el Partido Demócrata logró recuperar el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término de EEUU, signadas por una mayor participación de la ciudadanía; mientras que el Partido Republicano retuvo la mayoría en la Cámara de Senadores y se hizo con gobernaciones claves que se encontraban en una disputa voto a voto. Asimismo, por primera vez accedieron al Congreso estadounidense representantes musulmanes, de pueblos originarios y una mayor presencia de mujeres, a la vez que triunfó en el Estado de Colorado un candidato a la gobernación abiertamente gay.

Por su parte, el presidente Donald Trump se consolidó como la figura central de los republicanos, en el marco de una economía en crecimiento y un desempleo en descenso. L`Ombelico del Mondo dialogó con el historiador y uno de los principales especialistas argentinos en la relación EEUU – América Latina, Leandro Morgenfeld, que acaba de publicar su libro “Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina” (Ed. Octubre), para realizar un balance de las mismas.

–¿Trump puede irse a la cama relativamente contento?

–Más o menos. Creo que los resultados son bastante parejos o ambiguos. Leíamos lo que decía Trump o los principales demócratas: todos se decían ganadores, y tienen una parte de razón. Ustedes decían algo que es cierto: en general, todos los últimos presidentes perdieron las primeras elecciones de medio término. Hay un efecto castigo, en general, y pierden votos y representantes en las siguientes elecciones. Esto ocurrió. Pero también el Partido Demócrata puede en algún sentido festejar, porque después de ocho años recupera la mayoría de la Cámara de Representantes, lo cual no es menor, y, además, en un momento donde la economía de EEUU está creciendo y el desempleo está bajísimo: después de muchas décadas es récord la baja del desempleo. Y en ese contexto, haber descontado una diferencia en contra que tenían de más de 40 diputados y ahora pasar a tener una diferencia de más de 20 a favor, es un tema importante. Es cierto que no se produjo esa ola azul, esa especie de voto castigo que imaginaban algunos en el Partido Demócrata y que, incluso, han perdido los demócratas algunas elecciones que fueron muy parejas, por ejemplo en Florida, Texas, Georgia. Pero creo que queda bastante equilibrado.

Hay un freno a un Trump que hasta ahora logró controlar y poner dos jueces ultra conservadores en la Corte Suprema, tenía la mayoría de las gobernaciones y controlaba las dos Cámaras; bueno, ahora va a controlar una sola de las Cámaras. De hecho, en las últimas horas tuvo una reacción muy a lo Trump: salió directamente a amenazar a los demócratas y dijo “estoy dispuesto a negociar pero ojo con que inicien un juicio político, ahora que lo pueden hacer, un impeachment, porque ahí yo los voy a paralizar a ustedes también, voy a paralizar el gobierno de EEUU. Ahí me van a ver, les voy a hacer la guerra a ustedes”. Una amenaza directa a Nancy Peloso, que va a ser la nueva jefa de la Cámara de Representantes. Y la otra, una noticia reciente, acaba de echar a Jeff Sessions, el Fiscal General que él mismo había puesto, justamente por no haberlo protegido a él en las investigaciones por la supuesta injerencia de Rusia en las elecciones de 2016, que es lo que lo podría llevar al juicio político. Así que vemos un Trump reaccionando muy velozmente y muy agresivamente para evitar que se licue su poder político. Pero que, creo, como dicen ustedes, también es cierto que logró afianzar por lo menos su liderazgo en el Partido Republicano y tiene allanado el camino para presentarse a la reelección en el 2020. Y, sino hay una catástrofe en la economía, tiene allanado el camino para tener buenas chances de reelegirse porque el Partido Demócrata sigue en una crisis de identidad, que ha llevado a Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York ultra multimillonario que era del Partido Republicano, a irse de ese partido y querer competir dentro del Partido Demócrata contra Trump, que sería más de lo mismo de Hillary Clinton. Por otra parte, Bernie Sanders consiguió la reelección; Alexandria Ocasio-Cortez, una sanderista que se define como socialista democrática, es una de las estrellas del Partido Demócrata. Y está por verse si de cara a las próximas elecciones el Partido Demócrata logra recuperar estos valores que defendió Bernie Sanders hace dos años, o vuelve a encolumnarse atrás de una figura que representa al establishment de las grandes corporaciones financieras de EEUU que, desde los años 90, cooptaron a ese partido, y que generan tanta desilusión entre muchos trabajadores y votantes históricos del Partido Demócrata.

Trump tiene allanado el camino para presentarse a la reelección en el 2020.

–¿Cómo analizás lo que queda del Partido Demócrata? Especialmente porque –como decías– no hubo una ola azul como muchos esperaban, perdió algunas gobernaciones que aspiraba a ganar y vos hablás también de una pérdida de identidad. ¿Cómo le irá ahora en la Cámara de Representantes y a qué aspirará con el control en esta Cámara tan importante?

–Bueno, hay tres elecciones claves. Una, la elección de Florida: Andrew Gillum, que iba a ser el primer gobernador afroamericano, estuvo a muy pocos votos, fue casi empatada la elección; es decir, termina como ocurrió en el 2000 cuando Bush robó esa elección y terminó siendo judicializada. Estuvo a decenas de votos en un lugar donde hay varios millones de electores. O sea, hizo una muy buena elección, pero no logró arrebatarle el estado de Florida. Otro tanto ocurrió en Georgia, donde Stacey Abrams, otra candidata afroamericana que estaba por dar el batacazo, se quedó ahí nomás, apenas unas décimas de lograr su objetivo. Dos candidatos afroamericanos muy cercanos a Bernie Sanders que no lo lograron. Y la tercera decepción es el caso de Texas: en este caso de la lucha por la banca de senadores, donde Beto O’Rourke, que era uno de los exponentes del ala izquierda del Partido Demócrata, terminó siendo derrotado por el ultra conservador de origen cubano Ted Cruz. ¿Se acuerdan que había sido precandidato a presidente, que Trump lo había insultado violentamente hace dos años? Y hoy lo apoyó y terminó manteniendo el control republicano en ese Estado tan tradicionalmente conservador.

En ese sentido, tenemos resultados mixtos. Tenemos un Congreso que va a ser mucho más diverso que en otros momentos de la historia: hay por primera vez dos congresistas musulmanas; por primera vez en más 200 años, va a haber dos representantes de los pueblos originarios; por primera vez va haber un gobernador, el caso de Colorado, que se proclama abiertamente gay y llegó a la gobernación; es decir, vamos a tener un Congreso mucho más diverso. El caso de Alexandria Ocasio-Cortez que mencionamos antes: una puertorriqueña oriunda del Bronx que con solo 29 años va a ser la congresista más joven de la historia de EEUU. Si esos sectores, que son los que lograron los jóvenes –las mujeres que tuvieron un récord de participación–, logran recuperar el control del Partido Demócrata y sacarle el control a ese establishment que se encolumnó hace dos años con Hillary Clinton y que quizás ahora lo haga con Joe Biden o con Michael Bloomberg, si eso logra producirse vamos a tener un enfrentamiento entre dos modelos: uno que habla de la necesidad de discutir los problemas económicos y sociales, los problemas de la enorme desigualdad en EEUU, de la salud y la educación pública, de las reformas regresivas desde el punto de vista social que intenta instrumentar Trump, o eligen un candidato que se tire al centro, que se trate de mimetizar con los sectores que piden justamente como Obama, digamos, no moverse de ese centro. Me parece que, si va por ahí, el Partido Demócrata se va a estrellar nuevamente en dos años con una derrota electoral a manos de Trump. En las próximas semanas veremos cómo se desarrolla, ya se lanzaron más de 15 precandidatos en la campaña hacia 2020, vamos a tener que ver qué pasa en los próximos meses y de ahí vamos a tener más claro que podrá ocurrir con el futuro de Trump y con el de EEUU.

Vamos a tener un Congreso mucho más diverso. (…) Las mujeres tuvieron un récord de participación.

–Uno de los eventos que estás siguiendo de cerca es la Cumbre del G20. Estuviste siguiendo mucho la visita de Trump al país, hace poquito se anunció que esa visita se acorta por una cuestión de agenda. ¿Cómo estás viendo la relación entre EEUU y Argentina, especialmente de cara a lo que va a suceder a principios de diciembre aquí en Buenos Aires?

–De parte de Macri, más de lo mismo: la idea de no levantar olas en un G20 que está en crisis desde el año pasado. El gobierno de Macri leyó muy mal el contexto internacional cuando quiso hacer la cumbre en la Argentina: la previó como una vidriera para mostrar a Argentina reingresada en el mundo, es decir alineada con las grandes potencias; no leyó el brexit, la elección de Trump, la elección de Bolsonaro, es decir la impugnación de este orden, de esta globalización neoliberal por derecha y por izquierda, en el caso de México. Segundo, no leyó el estallido de la situación económica y social que se produjo en la Argentina en los últimos meses; es decir, la cumbre del G20 va a venir en el peor momento de Macri en la presidencia. Tercero, eligió muy mal la fecha: puso el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, cuando históricamente el 1 de diciembre asume siempre el nuevo presidente de México. Metió la cumbre en el medio de esto, con lo cual Peña Nieto va a venir en su último día de la presidencia como representante de México –uno de los tres países representantes de América Latina–, además que después se va a ir raudamente porque el 1 de diciembre se produce el cambio de mando en México.

Lo que se acaba de conocer es que Trump –que el gobierno argentino aspiraba a que estuviera tres o cuatro días, que fuera una visita de Estado como anunciaba en las últimas horas– acaba de decir que apenas va a estar 24 horas en Argentina, dejando muy mal parado al gobierno de Macri y mostrando un error enorme en materia de política exterior, porque hace la cumbre en un momento en que muchos presidentes van a estar yendo a México al recambio de autoridades, que se hace durante el segundo día de la cumbre. Hay solo tres miembros de América Latina: por Brasil va a venir Michel Temer, que una semana después no va a ser más presidente. Creo que están intentado hacer una reducción de daños, siendo además que el 30 de noviembre se va a producir una enorme movilización, creemos que a la Plaza de los Dos Congresos; durante toda esta semana va a haber acciones en contra del G20 y el FMI, y el jueves 29 va a haber una cumbre de los pueblos también en la Plaza de los Dos Congresos, donde van a haber foros temáticos donde vamos a discutir cuáles son las alternativas de los pueblos frente a la agenda que se va a discutir en la cumbre de líderes, que no tiene que ver con los intereses de los pueblos de todo el mundo sino de las grandes corporaciones y los países centrales.

Es decir, Macri sigue con esta política pasiva en materia de política exterior, que es no cuestionar la agenda de los países centrales, no plantear una política común con el resto de los países de América Latina y el resto de los países emergentes, llamados Sur Global, sino tratar de que no peleen en todo caso, que no se termine de romper el G20 que está en una fuerte cumbre. Y, si efectivamente –como se conoció hace poco– Trump desplanta a la cumbre y se va a la mitad de la misma, es decir vacía la cumbre en el segundo día, va a ser una clara señal de Trump como la que dio en el G7 en junio en Canadá, de que no le importa demasiado estas instancias multilaterales; con lo cual, va a quedar una cumbre bastante más débil y flaca de lo que el gobierno de Macri imaginó.

Trump acaba de decir que apenas va a estar 24 horas en Argentina, dejando muy mal parado al gobierno de Macri.

–Volviendo a las elecciones de EEUU, decías que si bien no hubo una ola azul, hubo un freno a Trump. Considerando el contexto interno de EEUU, en el que hay un crecimiento económico y desempleo bajo, ¿por qué crees que se dio un freno a Trump considerando este buen panorama?

–Trump es un presidente que tiene un alto nivel de rechazo interno, que es mucho más alto en el exterior. Tiene un índice de aprobación relativamente bajo, en torno al 40-44%, según distintas encuestas. Pero tiene una base de apoyo muy sólida, es decir, dentro del Partido Republicano, nueve de cada diez de quienes se identifican como republicanos siguen apoyando a Trump. Él logró, durante las primarias republicanas, derrotar a todos los que dentro del Partido Republicano desafiaban su liderazgo; en esto fue muy exitoso en el proceso electoral. El problema que tienen los que rechazan a Trump es que muchos no participan en las elecciones. Tradicionalmente, en las elecciones de medio término participan solo el 40% del padrón electoral. Entonces, el gran desafío de los que se oponen a Trump es que la gente se inscriba y vaya a votar. Hay que decir que en EEUU, en los últimos años, sobre todo los sectores conservadores del Partido Republicano han aplicado lo que se llama la supresión del voto: más de 14 millones de personas perdieron su derecho a votar porque el voto es voluntario, se hace un día de semana, es un día laboral, ni siquiera hay asueto, y se ponen una serie de restricciones para limitar el voto. Les doy un ejemplo para que se entienda: en La Florida, un Estado donde votan millones de personas, entre 15 y 17 millones de electores, 1.600.000 están inhabilitados para ejercer su derecho al voto porque, en algún momento, pasaron por la cárcel. No quiere decir que sean convictos, quiere decir gente que pueden haber cometido un crimen y cumplido su pena, o puede ser gente que puede haber cometido una infracción como manejar sin registro, pasó un día en la cárcel y ya no puede votar nunca más. Justamente en La Florida hubo un referéndum, que se ganó con el 64%, que le devuelve a esta ciudadanía el derecho al voto. Esto fue así en muchísimos Estados con distintos mecanismos: supresión de los lugares de votación, en los pueblos originarios no reconocer los domicilios y, por lo tanto, no permitirles votar. La gente en EEUU no es como acá que tiene un Documento Nacional de Identidad y con eso puede votar, sino que tiene que inscribirse, sacar una serie de documentaciones que no son de uso habitual y, con eso, se hace que los sectores populares tengan limitado su derecho y participación electoral. La base trumpista es una base muy fiel que se moviliza; el voto evangélico, el voto de la Asociación Nacional del Rifle movilizan no solo millones de dólares sino también a muchos votantes. En este caso, hubo una participación más alta, los sectores de la juventud, los sectores de las mujeres tuvieron un rol protagónico en llamar a movilizar contra Trump, llamar a movilizar por los distintos candidatos que llevaron sobre todo el Partido Demócrata.

Y lo otro que hay que decir es que EEUU cada vez se está transformando en una plutocracia, en vez de una democracia: fueron las elecciones más caras de medio término de la historia, 5.200 millones de dólares gastaron los candidatos en esta campaña. Es decir, gobiernan las corporaciones, no gobiernan los ciudadanos. Hay algunas excepciones: por ejemplo, Alexandria Ocasio-Cortez –que mencionábamos– no aceptó fondos de ninguna corporación y sustentó su campaña en los aportes voluntarios, como había hecho Bernie Sanders hace dos años en su campaña nacional. Desde que Bush desreguló los aportes de campaña –como quiere hacer el PRO acá en la Argentina–, para hacer política necesitás cientos y cientos de millones de dólares. Un ejemplo: nos contentamos con que en el Estado de Colorado por primera vez haya un gobernador que se declaró gay; esto es positivo, pero este gobernador tiene una fortuna personal de 400 millones de dólares. Lo mismo pasa con la élite de los afroamericanos y lo mismo pasa con una élite de otras minorías. Quiero decir, también para hacer un balance de las elecciones, lo otro que podemos sacar como dato positivo es que el planteo clasista que hizo Bernie Sanders, es decir que hay que discutir los problemas de los trabajadores, sigue vigente porque muchos candidatos más cercanos al ala de izquierda del Partido Demócrata han tenido buenas performances electorales. Eso nos da cierta esperanza de que pueda haber un cambio en un partido que perdió el rumbo hace 20 ó 25 años.

El gran desafío de los que se oponen a Trump es que la gente se inscriba y vaya a votar.

–Acabás de sacar un libro, “Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina”. Nos gustaría que nos cuentes qué podemos encontrar en el mismo.

–El libro ya está en librerías. Hace 15 años ya que vengo trabajando e investigando en la historia y la actualidad de las relaciones Argentina-EEUU, y veía que había un tema que era muy importante en las relaciones bilaterales y que no se había analizado suficientemente, que era las visitas de presidentes de EEUU y las reacciones que generaron. Desde la de Franklin D. Roosevelt, que fue el primero que vino en 1936, hasta la de Trump, que viene ahora dentro de tres semanas a la Argentina. Hubo siete visitas presidenciales. También analizo otras visitas fundamentales. Y, en general, no se analizó las reacciones que generaron en general, de las clases populares y de los sectores que impugnan esta orientación como la de Macri, que pretende una alineación con EEUU. Entonces, ahí descubrí una cantidad de cosas muy interesantes haciendo trabajo de archivo, entrevistando a muchos de los protagonistas de la política exterior argentina. Hay algunas anécdotas interesantes: por ejemplo, cuando vino Roosevelt en 1936 hubo un primer escrache por parte de Liborio Justo, que era un militante de izquierda y era, además, el hijo del presidente argentino, y logró meterse en el Congreso Nacional cuando estaba Roosevelt y le gritó “abajo el imperialismo”, que se escuchó en la transmisión radial que se hizo en directo para todos los países de América. Cuando vino Eisenhower en el ’60, por ejemplo, invitado por Frondizi, hubo en Buenos Aires, Mar del Plata y Bariloche movilizaciones de peronistas que reclamaban por el fin de la proscripción de la que era la principal fuerza política y que después del golpe del ’55 no podía participar. Cuando vino Bush padre en el ’90, el escrache que le hizo el diputado de izquierda Luis Zamora también en el Congreso, que lo terminaron sacando a los golpes otros diputados (Albamonte, de la Ucedé, y otros diputados alineados con el gobierno de Menem). Es decir, analizo cada una de las visitas, obviamente la de Mar del Plata en 2005, la más conocida visita de Bush hijo que venía a aprobar el proyecto del ALCA y recibió un rechazo no solo del gobierno, sino de una enorme movilización en las calles de Mar del Plata, una contra cumbre de los pueblos y un acto en el estadio Mundialista. También analizo la visita de Obama en 2016 y las alternativas y las negociaciones previas a la visita de Trump. Es un libro no solo para historiadores o especialistas en Relaciones Internacionales, sino que lo pensé y lo escribí para todo aquel que le importe o le interese la política y la historia argentina.