El duelo sunita del G20

Erdoğan y Mohámed bin Salmán se cruzaron sin intercambiar miradas al momento de la foto oficial del G20. (Marcos Brindicci/Reuters)

Por Lucio Garriga Olmo |

Cuando comenzó la Cumbre del G20 en la Argentina, la mayoría de las miradas se posaron sobre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, a raíz de la guerra comercial que ambas potencias protagonizan y a la espera de la reunión que ambos protagonizarían. De forma más solapada, los ojos se posaron sobre los dos representantes de Medio Oriente en el foro internacional: el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, y el príncipe heredero saudí, Mohámed bin Salmán. No era para menos. Fue el primer viaje del representante de la monarquía wahabita al exterior luego del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi y, al mismo tiempo, fue la primera vez que ambos mandatarios coincidieron en el mismo espacio físico luego del asesinato del columnista del The Washington Post.

El periodista Khashoggi, crítico del príncipe heredero –conocido por sus iniciales MBS–, fue asesinado el pasado 2 de octubre en el consulado saudí de Estambul. En un primer momento, la Corona negó cualquier tipo de implicancia en el hecho, que comenzó siendo investigado como una desaparición, pero tras 17 días de negacionismo reconoció que Khashoggi murió en una “pelea” con un grupo de 15 agentes del reino tras una “discusión”. Finalmente, días antes de la Cumbre, el fiscal saudí, Saud Al-Mojeb, aseguró que Khashoggi fue “estrangulado y desmembrado” y que el cuerpo fue entregado a un “colaborador local”. 

Para los líderes del mundo suní la Cumbre finalizó sin reunión bilateral, a pesar de que MBS la solicitó formalmente. Tampoco hubo saludo ni risas y en el momento en que Erdoğan caminó por delante del príncipe: a la hora de posar para la foto familiar, las imágenes de las agencias de noticias mostraron al líder saudita cerrar los ojos y mirar para otro lado. A pesar de que no hubo encuentro bilateral para limar las asperezas que existen entre ambos países, sí hubo otras conversaciones que parecen inclinar, levemente, la balanza a favor de Arabia Saudita.

Un lavado de cara

Antes de llegar a la Argentina, MBS inició una gira internacional por países aliados para llegar al G20 con un poco más de aire. De esta manera, visitó a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), quién “elogió las directivas y las decisiones del Rey Salmán bin Abdulaziz”; a Bahréin, que dijo que el reino “seguirá siendo un Estado de justicia, valores y principios”; a Egipto, que calificó las acciones saudíes como “decisivas” y “valientes”; y a Túnez, donde se realizaron las primeras manifestaciones en contra de su llegada.

Por su parte, la Unión Europea (UE) y la administración de Trump en los últimos días bajaron el nivel de pedidos de explicaciones hacia la Corona saudí. La denuncia más fuerte que se realizó momentos antes de la Cumbre provino de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, en inglés) que concluyó, luego de realizar un informe –y de que su directora, Gina Haspel, haya escuchado un audio del momento en que Khashoggi fue asesinado–, que MBS ordenó el asesinato del periodista. “No hay forma de que esto ocurriese sin que él (MBS) haya sido consciente o haya estado involucrado”, le dijo una fuente anónima de la agencia al The Washington Post

A pesar de esta fuerte conclusión, días después Trump dijo que la CIA no había “encontrado nada absolutamente cierto” y que “bien podría ser que el príncipe heredero tuviese conocimiento de este trágico evento”, y agregó: “¡Quizás lo tenía y quizás no!”. Sobre la relación bilateral, aseguró: “Estados Unidos tiene la intención de seguir siendo un socio firme”. Una vez más, el presidente desestimó un informe de una de sus agencias de inteligencia y justificó su decisión al basarse en la lucha contra Irán, el combate contra “el terrorismo islámico radical”, la compra de armas estadounidenses y la estabilidad de los precios del petróleo. En el mismo sentido habló su Secretario de Defensa, James Mattis, quien dijo: “Rara vez somos libres de trabajar con socios intachables”.

En este contexto, MBS llegó a Buenos Aires y la Cumbre le valió para confirmar que las relaciones internacionales del reino no sufrirán graves alteraciones a raíz del asesinato de Khashoggi. Mantuvo reuniones de un perfil no muy alto con el primer ministro de la India, Narendra Modi; el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte; el vicepresidente de Indonesia, Jusuf Kalla; el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, y el presidente de la Argentina, Mauricio Macri.

Asimismo, a pesar de no mantener una reunión con Trump ni Erdoğan, logró conversaciones importantes. Una de ellas fue con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, con quien realizó un fervoroso saludo que incluyó un high-five, y quien prometió “trabajar juntos” con el reino. Además se reunió con la primera ministra británica, Theresa May, la representante del Estado que más armas exporta a Riad de toda la UE con un total del 23%, solo superado por Estados Unidos, que llega al 61%.

El príncipe saudí MBS choca la mano con el presidente ruso Vladímir Putin en el G20. (Ho/AFP)

Asimismo, mantuvo una reunión importante con el presidente de Francia Emmanuel Macron, quien, minutos antes, pareció recriminarlo en un video difundido por la propia delegación saudí. Además, logró sentarse junto al presidente chino, Xi Jinping, quien aseguró que “apoya firmemente a Arabia Saudita” y con el que discutió complementar el plan económico de Riad, conocido como Visión 2030, y el plan chino llamado Ruta de la Seda.

Por su parte, el presidente turco mantuvo reuniones bilaterales con Macri, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe; el premier holandés, Mark Rutte, con el que confirmó que las relaciones bilaterales volvieron a la normalidad tras las tensiones producidas durante la campaña del referéndum constitucional del 2017; y el presidente de Chile, Sebastián Piñera. Además, en reuniones de mayor importancia logró lo que no pudo conseguir MBS: una reunión con Trump, con quien discutió el conflicto en Siria. Asimismo, Erdoğan se reunió con Xi Jinping, Putin y Theresa May, con quienes coincidió profundizar las relaciones bilaterales.

En su conferencia de prensa, Erdoğan aseguró que Khashoggi “murió en siete minutos y medio” pero reafirmó que la búsqueda de su gobierno no es lograr una especia de venganza ni debilitar a la monarquía, sino hacer justicia. “No tenemos la intención de dañar a la familia real saudí, pero revelar la verdad sobre el asesinato con todos sus aspectos y poner a todos los responsables en un juicio también beneficiaría a la Arabia Saudita”, aseguró.

MBS llegó a Buenos Aires y la Cumbre le valió para confirmar que las relaciones internacionales del reino no sufrirán graves alteraciones a raíz del asesinato de Khashoggi.

Victoria árabe

La batalla entre los dos líderes regionales que se disputan el liderazgo del mundo musulmán suní la ganó MBS por puntos al conseguir reuniones con líderes importantes, como Putin y Xi Jinping, que parecen enviar el mensaje, hacia el exterior, de que no sufrirá un aislamiento internacional tras el crimen de Khashoggi. Esto se debe, en parte, a las importantísimas reservas de petróleo que controla el reino y porque del otro lado del mar Rojo se encuentra Irán, un enemigo declarado de Trump mirado con recelo por el mundo Occidental.

Además, la presencia de MBS en el G20 logró enviar un mensaje hacia el interior del reino. Ante las sospechas de la existencia de críticas a su poder entre algunos miembros de la familia real, la Cumbre confirmó que él es el hombre fuerte de toda Arabia Saudita y es el que tiene el apoyo de la comunidad internacional. La Cumbre en Buenos Aires reafirmó que MBS es el hombre más fuerte del reino tanto para la comunidad internacional como para toda la monarquía wahabita.