G20: ¿Qué dejó la cumbre de Buenos Aires?

Foto de familia tomada el primer día de la cumbre (Foto por G20 Argentina)

Por Francisco Castaño* |

Entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre se desarrolló en Buenos Aires la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G20, lo cual marcó el final de la presidencia pro témpore de Argentina en el Grupo y el traspaso de la misma a Japón.

La cumbre venía con una previa recargada debido a la guerra comercial entre EEUU y China, el brexit y las tensiones entre Rusia y Ucrania y entre Turquía y Arabia Saudita. A pesar de ello, los miembros del G20 pudieron arribar al consenso necesario para emitir la declaración del líderes, de la que se destacan dos cuestiones: el comercio y la lucha contra el cambio climático.

Con respecto al primer punto, se reconoció que el sistema de comercio multilateral “no está cumpliendo sus objetivos” y se acordó la reforma de la OMC –aunque no se especificó cómo–, reconociendo los problemas actuales y la falta de herramientas institucionales para hacer frente a la guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo.

Con respecto al segundo punto, se reafirmó la irreversibilidad del Acuerdo de París contra el cambio climático del 2015 y el compromiso de los miembros con su completa implementación. No obstante, si bien Donald Trump firmó el texto –lo que posibilitó el consenso y, por ende, el documento final– lo hizo en disidencia, con la condición de que se especificara que EEUU “reitera su decisión de retirarse del Acuerdo”, cuestión que había tenido lugar en junio de 2017 porque la nueva administración norteamericana lo consideraba “debilitante, desventajoso e injusto”.

Trump, el gran ganador

La administración Trump ha sido la que más réditos ha sacado de la cumbre. Como se mencionó, la primera victoria estuvo dada por lo estipulado en el documento final del G20: además de lo relacionado con el cambio climático y la firma en disidencia de Trump, el texto dio cuenta de los problemas de comercio actuales pero no condenó textualmente al “proteccionismo” ni hizo alusión a las trabas impuestas por EEUU, algo que se encuentra dentro de la lógica si es que se deseaba contar con la firma del magnate neoyorquino.

Sin embargo, de esta manera el G20 subsumió la solución de la guerra comercial a lo que acordaran bilateralmente EEUU y China, además de que dio muestras de que los Estados continúan siendo la unidad última de decisión, exponiendo a una OMC cada vez más debilitada.

En el mismo sentido, ha quedado evidenciada la importancia central que tienen EEUU y China en el sistema-mundo actual, al punto tal que la reunión entre Trump y Xi Jinping era el suceso más esperado para intentar poner paños fríos a la escalada proteccionista. Ambos países estipularon un plazo de 90 días para negociar bilateralmente una solución: para ello se acordó que EEUU aplaza la implementación de aranceles por US$ 200 mil millones que iba a imponerle a China a partir del 1 de enero de 2019; por su parte, China accedió a comprar una “cantidad sustancial” de productos estadounidenses, especialmente en sectores agrícola, energético e industrial, según un comunicado de la Casa Blanca.

Es importante mencionar que el déficit de EEUU con China alcanza los US$ 396 mil millones, lo cual comprende el 45,9% del déficit comercial total estadounidense, de acuerdo a datos del Centro de Comercio Internacional (CCI) para 2017. Es en este marco de déficit y estancamiento de la economía en donde Trump asumió, con un fuerte discurso proteccionista de la economía y los empleos –materializado en numerosas barreras arancelarias y paraarancelarias–, frente a lo cual China respondió de la misma manera.

Si bien es importante el hecho de que Trump y Xi se hayan reunido, todo parece indicar que falta mucho todavía para arribar a un acuerdo final que dé por finalizada la escalada proteccionista actual. Empero, los términos negociados entre los mandatarios indican que EEUU saldría mejor parado en su objetivo de reducir el déficit comercial con China.

Reunión entre Xi Jinping y Trump junto con sus delegaciones en Buenos Aires (Foto por Saul Loeb / AFP)

Finalmente, se destaca la firma en Buenos Aires del Acuerdo México-EEUU-Canadá (T-MEC), que reemplaza al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan). La reforma del Tlcan fue otro de los caballos de batalla de Trump durante su campaña, vinculado a la defensa del salario y la reversión de los grandes déficits en el comercio exterior estadounidense, que con México alcanzó US$ 74 mil millones y con Canadá US$ 24 mil millones en 2017, y ambos socios explican el 11,4% del déficit comercial de EEUU, de acuerdo a datos del CCI.

El T-MEC comprende la modificación de diversas normativas en: la producción de vehículos –relativos a reglas de origen y salarios [1]–, el aumento de los estándares sobre la protección de propiedad intelectual –beneficiando a los grandes laboratorios de EEUU en la producción de genéricos–, la prohibición de aranceles para bienes comerciados electrónicamente, el rechazo de la importación de productos elaborados en régimen de trabajo forzoso y la apertura del mercado lácteo canadiense. Cuestiones como la venta de maíz estadounidense subsidiado a México no fue tratado en el nuevo acuerdo, algo que suscitaba importantes interrogantes que seguramente serán objeto de discusión por parte del nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En síntesis, los términos negociados en el nuevo tratado trilateral fueron otra victoria para el gobierno de Trump.

Peña Nieto, Trump y Trudeau luego de firmar el T-MEC en Buenos Aires (Foto por Xinhua)

La participación de Macron y el duelo sunita en el G20

Podría decirse que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, fue el que culminó la cumbre más debilitado, y no fue por los acuerdos bilaterales que suscribió. Mientras Macron se encontraba de este lado del Atlántico, en París se profundizaban los disturbios provocados por los “chalecos amarillos” como consecuencia de la disposición del gobierno francés de aumentar los impuestos a los combustibles a partir de enero del 2019, en un marco caracterizado por la caída del poder adquisitivo, el proyecto de reforma laboral y por otros aumentos que ya habían tenido el gasoil y la nafta.

Si bien Macron intentó ocupar el lugar vacante en la conducción del G20 dejado por la displicencia de Trump en cuestiones como el cambio climático, la situación interna de Francia durante el fin de semana hicieron que el mandatario tuviera que brindar una conferencia de prensa en medio del G20 para llevar calma a sus compatriotas. Lo llamativo es que el origen de las protestas está dado por el anuncio de medidas que tienen como objetivo abordar esa lucha contra el cambio climático –reivindicada por el G20 en el documento final–, en donde el gobierno francés pretende desincentivar el consumo de combustibles fósiles para disminuir las emisiones contaminantes. Sin embargo, frente a un movimiento que no tiene líderes concretos y que ha suscitado el apoyo de todo el arco opositor, el Palais de l’Élysée ha acusado un duro golpe y la radicalización de la manifestación hizo que tenga que dar marcha atrás al incremento de los precios.

Macron sale del avión en Buenos Aires y saluda a un operario de pista vestido con chaleco amarillo (Foto por AFP)

Otra cuestión que dejó la cumbre fue que la misma significó la primera gira internacional del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salmán (conocido por sus iniciales MBS), luego del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul. Ello significó también que se cruzó por primera vez con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, en lo que fue el duelo sunita del G20, aunque ni siquiera intercambiaron la mirada durante su cruce en la foto de familia. Las reuniones con Macron, Xi Jinping y Putin le valieron a MBS para confirmar que las relaciones internacionales del reino no sufrirán graves alteraciones a raíz del asesinato de Khashoggi.

Qué dejó el G20 para el anfitrión

La culminación de la presidencia argentina del G20 ha suscitado la tranquilidad oficial del desarrollo de una cumbre sin disturbios y con la firma de un documento final. Esto último no había podido lograrse en la 11ª Conferencia Ministerial de la OMC de Buenos Aires del año pasado, y mientras en la cumbre del G7 en Canadá de este año sí se había firmado una declaración conjunta, Trump la rechazó dos horas después. El escenario era incierto hasta último momento, algo reconocido por los sherpas, y finalmente, la firma en disidencia de Trump y la evitación de condenar textualmente al proteccionismo posibilitaron una declaración de líderes en Buenos Aires.

Por otro lado, la cumbre también le sirvió al gobierno argentino como marco para entablar conversaciones bilaterales con 17 líderes, según lo comunicado por Macri, de las que sobresalen tres: EEUU, China y Reino Unido.

En primer lugar, la reunión con Trump sirvió para reforzar la aprobación política que ha brindado la Casa Blanca a la administración de Macri, tanto en la economía interna como en las intenciones de Argentina de ingresar a la OCDE. También se firmaron acuerdos de comercio e inversiones por US$ 813 millones que avanzan en el sentido pretendido por el gobierno de la atracción de capitales, en este caso en proyectos de infraestructura y energía no convencional, y otros destinados a la cooperación en la defensa y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Sin embargo, si bien EEUU había excluido a Argentina provisoriamente de la aplicación de aranceles al acero y al aluminio, nada nuevo hubo con respecto al arancel del 72% que se impuso desde Washington en enero de este año al biodiésel argentino, que comprende un cuarto de las exportaciones nacionales al gigante del norte, con un monto de US$ 1.138 millones para 2016. Finalizada la reunión bilateral, la Casa Blanca informó que la charla se concentró en “la actividad económica depredadora china”. Frente a esta afirmación, el canciller Jorge Faurie tuvo que salir rápidamente a aclarar que “ni usamos ni escuchamos esa palabra”, y todo pareció volver a la normalidad.

Bilateral entre Trump y Macri en Buenos Aires (Foto por Cancillería argentina)

En este sentido, Macri pudo reunirse con su par chino Xi Jinping, y afirmó que: “Cuanto mejor le vaya a China, mejor le irá a los argentinos, la región y al mundo”. “Hay pocos países en el mundo que pueden comprar tantos de los productos que nosotros somos capaces de hacer y que tienen tanta calidad”, agregó. En este marco, se firmaron 30 acuerdos bilaterales que refuerzan los vínculos económico-financieros entre ambos países, destacándose la capacidad de las empresas y bancos estatales chinos para el financiamiento de proyectos de infraestructura. A su vez, se refinanció un swap en yuanes por US$ 8.600 millones y se acordaron los términos para el acceso de exportaciones de porotos y aceite de soja, arándanos, equinos y carne ovina argentina.

En definitiva, la reunión con China terminó de consolidar el giro pragmático dado por el gobierno argentino en mayo de 2017, cuando Macri asistió a Beijing para participar del foro “Una Franja y una Ruta para la Cooperación Internacional” organizado por el presidente Xi, destino que hasta ese entonces no era el foco de la inserción internacional argentina, más dirigida hacia EEUU y Europa Occidental.

Xi Jinping y Macri estrechan la mano luego de la reunión bilateral (Foto por Cancillería argentina)

Finalmente, la tercera reunión relevante puede decirse que fue con la primera ministra del Reino Unido, Theresa May. Continuando con la política de acercamiento y de generación de “confianza” que repara en la formulación del paraguas de soberanía firmado en el Acuerdo de Madrid de 1989, se terminó de acordar el establecimiento de un servicio aéreo adicional a las islas Malvinas partiendo de Brasil, con dos escalas mensuales en Córdoba, una en cada sentido. Además, se barajó la intención británica de hablar “de forma independiente con el Mercosur” una vez finalizado el brexit.

En momentos en que el país europeo atraviesa el proceso de salida de la UE, el acercamiento del gobierno argentino no solo reedita la estrategia de seducción impulsada durante el menemismo, sino que, en vez de aprovechar la debilidad británica para encarecer sus esfuerzos económicos y logísticos destinados a la administración colonial de las islas, avanza en el sentido contrario a esta impronta, brindándose todo tipo de concesiones unilaterales. La estrategia de seducción no dio resultados hace dos décadas, por tanto es impensable que sí lo haga actualmente en momentos en los que el Reino Unido transcurre su momento de vulnerabilidad más importante en décadas.

Macri y May caminan juntos en lo que fue la primera visita de un primer ministro británico a Argentina desde 2001
(Foto por Gustavo Garello / Reuters)

Como conclusión, se puede decir que existe una doble perspectiva de lo que dejó la cumbre para Argentina. Por un lado, la oficial, según la cual el gobierno considera que el “mundo” al cual el país se abrió y volvió a finales de 2015 lo acogió positivamente, lo cual se vio materializado puntualmente en los elogios de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, que afirmó en Twitter que el Fondo “seguirá apoyando los esfuerzos de la Argentina”, a la vez que no escatimó en elogios a la organización de la cumbre: “Muchos creían que sería un fiasco, pero fue el mejor G-20 que haya visto”.

Por el otro lado, puede decirse que Argentina consolidó un juego a dos puntas, fortaleciendo una doble dependencia simultánea con EEUU y con China, quienes, a su vez, no solo subsumieron la cumbre de líderes por su guerra comercial sino que hicieron lo propio con el anfitrión. Esta trama bilateral entre lo que muchos autores llaman el G2 terminó por absorber al resto del Grupo e hizo más patente que nunca la división intra G20 hecha por Jorge Argüello [2] entre los rule makers –EEUU y China– y los rule takers –el resto–.

(*) Twitter: @francastano91


[1] El acuerdo estipula que el 75% de las partes de un automóvil producido en la región debe fabricarse en alguno de los tres países –una suba con respecto al 62,5% establecido en el Tlcan–. También se fijó el porcentaje entre el 40 y el 45% de un vehículo que debe ser fabricado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares la hora. Ello también constituye una victoria de Trump frente a la competencia de las autopartes de empresas chinas y coreanas.

[2] Argüello, J. (2018), ¿Quién gobierna al mundo? El rol del G20 en el nuevo orden mundial, Buenos Aires: Capital intelectual, 239 pp.