“La propuesta de Theresa May no conforma ni a sirios ni a troyanos”

La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, en una reunión de líderes de la UE en Bruselas (Foto por Toby Melville / Reuters)

El continente europeo vive momentos de definiciones importantes que marcarán el futuro de millones de personas. Luego de meses de negociaciones, el gobierno del Reino Unido, a cargo de la primera ministra conservadora Theresa May, llegó a un acuerdo con los 27 Estados que componen ala Unión Europea (UE) para llevar a cabo el brexit, el primer proceso de salida de un país del bloque regional en toda la historia.

El acuerdo ya fue aprobado por los miembros de la UE y el próximo paso que deberá sortear el gobierno británico es la aprobación del mismo en el Parlamento nacional, el próximo 11 de diciembre. La votación será muy importante para poder cumplir con los plazos previstos del brexit ya que el proceso de salida establece, como una obligación, que debe recibir el visto bueno del Poder Legislativo del Reino Unido. A pocos días de la sesión legislativa, el gobierno británico parece tener un obstáculo difícil de sortear ya que, por ahora, los números necesarios –318 diputados– parecen difíciles de alcanzar.  

Para entender el proceso de salida de la UE de una de las principales potencias del mundo, en L´Ombelico del Mondo hablamos con el corresponsal de Página|12 en Londres y conductor del programa de radio podcast “Justicia Impositiva”, Marcelo Justo, quien aseguró que “parece muy pero muy difícil” que el Parlamento británico apruebe el acuerdo, y explicó: “El proceso de salida que propone Theresa May es una especie de salida tramposa que no conforma ni a sirios ni a troyanos”.

–¿Cómo se puede analizar el acuerdo logrado entre Gran Bretaña y la UE?

–Los 27 países de la UE, es decir, todos menos Gran Bretaña –que ya no participa en estas votaciones– votaron a favor de este acuerdo que llegaron el gobierno de Theresa May y la UE. No hubo muchas sorpresas. Ahora la pelota está del lado británico porque esto pasa a debatirse en el Parlamento británico. Se vota el 11 de diciembre, es decir, dentro de muy poco, y por ahora daría la impresión de que el Parlamento va a votar en contra. Si vota a favor no hay problema y el acuerdo saldría adelante. Si se vota en contra, se abre una especia de caja de pandora y nadie sabe muy bien lo que va a pasar.

–¿Cómo se distribuye la intención de voto entre las fuerzas políticas que componen el Parlamento?

–Por ahora la aritmética parlamentaria es que May necesita 318 diputados que voten a favor del acuerdo. El tema es que ella perdió la mayoría parlamentaria cuando convocó a elecciones anticipadas en el 2017, y a partir de ahí necesitó un acuerdo de mayoría para pasar la legislación con el partido más reaccionario del Reino Unido, los unionistas de Irlanda del Norte, que tienen 10 diputados. Esos unionistas no están contentos con el acuerdo y parecería que van a votar en contra pero, además, hay 80 diputados conservadores que ya se han manifestado en contra del acuerdo y han dicho que es un acuerdo muy negativo para el Reino Unido. Resulta muy difícil que estos legisladores puedan llegar a cambiar de opiniones de acá a la votación del 11 de diciembre.

Por el otro lado, está el Partido Laborista. Durante un tiempo hubo una cierta especulación mediática, incluso en espacios conservadores, de que los laboristas iban a apoyar este acuerdo, pero en ningún momento May o el Partido Conservador tejieron alianzas ni armaron un diálogo con el Partido Laborista como para asegurarse eso. De manera que ahora el Partido Laborista ha dejado muy en claro que va a votar en contra.

Por lo cual, por el momento, da la impresión de que la aritmética no le da ni de casualidad a May para que este acuerdo sea aprobado. Ahora ella ha lanzado una especie de campaña para apelar directamente a la población por encima de la cabeza de los legisladores y para que esa población le haga sentir a los legisladores la presión para que se vote a favor del acuerdo, porque si no, según dice, el panorama sería muy difícil para Gran Bretaña. Se publicó un informe sobre cuáles serían los escenarios que habría para el Reino Unido si no hubiera un acuerdo con la UE, y los mismos serían muy negativos. Con estas cartas en la mano, May espera poder convencer a la gente y a suficientes legisladores para que voten a favor del acuerdo. La futurología en política es muy difícil, pero realmente parece muy pero muy difícil que esto suceda.

Por el momento, da la impresión de que la aritmética no le da ni de casualidad a May para que este acuerdo sea aprobado.

–¿Qué implica el acuerdo logrado en materia económica?

–Hay que separar en dos partes el acuerdo. Una parte de lo que se firmó fue el acuerdo de retirada del Reino Unido, que consistía sobre todo en tres puntos. Uno era sobre la situación de los británicos que están en la UE y la de los europeos que están en el Reino Unido; el segundo era la deuda que iba a tener que pagar el Reino Unido por separarse de la UE porque obviamente, como miembro del bloque, adoptó una serie de compromisos económicos y financieros que ahora, al retirarse, quedan como deuda pendiente; por último, la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, que es la única frontera terrestre que hay entre el Reino Unido y la UE. Es una frontera clave para todo el proceso de paz de Irlanda del Norte que se firmó en 1998, después de décadas de conflictos que dejó más de tres mil muertos. Una de las bases de ese acuerdo era que no iba a haber frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. El tema es que ahora, al separarse, quedan dos entidades distintas: Irlanda del Norte pertenece al Reino Unido y la República de Irlanda a la UE.

El Reino Unido, al separarse de la UE, lo que está haciendo es separarse como entidad económica y empiezan a correr todo el tema de las fronteras, los aranceles, los controles de la mercadería, etcétera. Parecía como inevitable tener una frontera física y en el acuerdo lo que tienen firmado es que no va a haber una frontera física. La única manera de evitar esa frontera prácticamente es que Irlanda del Norte tenga una regulación prácticamente igual que a la República de Irlanda. En definitiva, que esté más cerca de la República de Irlanda que de Gran Bretaña, con lo cual lo que muchos dicen es que el Reino Unido está empezando a ceder la soberanía de Irlanda del Norte y por eso los diputados unionistas de Irlanda del Norte no quieren el acuerdo y votan en contra.

Además, uno de los puntos que tiene el acuerdo es que va a haber un período de transición que va a durar desde el 29 de marzo, cuando el Reino Unido se separe de la UE, hasta diciembre del 2020, y en ese período se tiene que negociar qué tipo de relación económica van a tener. Durante ese período, el Reino Unido va a estar adentro de la UE en todo menos en que no va a tener ni voz ni voto. Es decir, va a tener que contribuir al presupuesto europeo, va a formar parte de la unión aduanera y va a formar parte del mercado común. Es decir, es como si estuviera en la misma situación que ahora pero no va a tener ni voz ni voto en todas las regulaciones que se adopten. Entonces mucha gente piensa que es una especia de traición porque, además, si al final de este período de transición no se llegó a un acuerdo, se va a extender el período de transición hasta el 2022. Con lo cual, el proceso de salida que propone Theresa May es una especie de salida tramposa que no conforma ni a sirios ni a troyanos, porque los que estaban a favor del brexit dicen “esto no es una salida de la UE” y los que querían quedarse dicen “esto es mucho peor de lo que teníamos”.

–¿Qué implica el acuerdo en relación al estrecho de Gibraltar?

–Es una problemática muy difícil de dilucidar porque el estrecho está como en una situación similar pero más grave que Irlanda del Norte, en el sentido que está totalmente separado del Reino Unido y está pegado a España. El 99% votó a favor de permanecer en la UE y, si el Reino Unido se va del bloque, ellos también se van a tener que ir, con lo cual es algo evidentemente que no les conviene económicamente para nada. Además, está el reclamo de soberanía de España, que quería que se firmara una especie de soberanía compartida.

En realidad, lo que se hizo fue disfrazar el asunto como lo hicieron históricamente, diciendo “esto lo discutimos después, total realmente falta mucho para saber si esto va a ser un tema real de discusión ova a ser un tema en el aire”. Nadie quería volver a discutir nada más porque había costado prácticamente dos años de muchísimas negociaciones llegar a este acuerdo. Daba la impresión de que si se tocaba una letra del acuerdo había que empezar a discutir todo de nuevo, por lo tanto se decidió seguir adelante con este acuerdo y ver qué es lo que pasa. Teniendo en cuenta de que los europeos son muy conscientes de que May tiene pocas chances de aprobar el acuerdo en el Parlamento y, si no aprueba el acuerdo, las posibilidades son que caiga el gobierno de May, que haya un segundo referéndum o que haya nuevas elecciones. Realmente se abre una caja de pandora y queda todo en una especie de gigantesca nebulosa sobre qué es lo que va a pasar con este acuerdo. Creo que desde la UE en estos momentos no quieren hacer mucho ruido sobre el asunto y ver si con esto se puede solucionar el problema.

Si no aprueba el acuerdo (…) se abre una caja de pandora y queda todo en una especie de gigantesca nebulosa sobre qué es lo que va a pasar. 

–¿Cómo se vive este asunto en el día a día de la sociedad?

–Acá ha sido un tema central. Hay mucho descontento con la manera en que se ha llevado adelante toda la negociación: ha sido muy caótica, ha sido de muchas idas y vueltas. La confianza del gobierno ha caído bastante a raíz de todo este episodio y en estos momentos está muy poco claro qué es lo que quiere la gente. Ahora apareció una encuesta del Daily Mail, un diario ultraconservador que apoyó la salida de la UE y que ahora está de acuerdo con el acuerdo que logró May. En la encuesta aparece que la gente está a favor del acuerdo pero también hay mucha gente que está a favor de hacer un segundo referéndum. Lo cierto es que en la calle, en las cenas, en los bares, en los pubs es un tema que está en el aire continuamente y en el que nadie sabe realmente lo que va a pasar. Hay una gran sensación de incertidumbre que fue bastante intensificada porque hubo varias fábricas que ya anunciaron que iban a mover la producción a la UE. Hay una sensación de incertidumbre muy prolongada que empezó el mismo día que se votó el referéndum de junio de 2016 y que todavía no se acaba. Y parece que no se va a acabar.

Hay mucho descontento con la manera en que se ha llevado adelante toda la negociación. La confianza del gobierno ha caído bastante y en estos momentos está muy poco claro qué es lo que quiere la gente.

–¿Cómo podrías calificar la relación bilateral que hay hoy en día entre el gobierno argentino de Mauricio Macri y el gobierno de Theresa May?

–La relación es parecida a las famosas relaciones carnales que proponía Guido Di Tella en los años ´90. La relación es cada vez más estrecha, no tiene nada que ver con la relación que había en la época del kirchnerismo.