La rebelión de los chalecos amarillos franceses

Un hombre con chaleco amarillo y una bengala frente al Arco del Triunfo, en París (Alain Jocard / AFP)

Desde hace unas semanas, Francia se ha convertido en el centro del periodismo internacional debido a las protestas de los gilets jaunes o “chalecos amarillos” en París. Este movimiento se gestó a través de redes sociales en octubre a raíz de los anuncios de nuevos aumentos a la nafta y el gasoil por parte del gobierno francés a partir de enero de 2019, en un plan de lucha gubernamental contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París de 2015, reivindicado por el G20 en Buenos Aires.

Los “chalecos amarillos” surgieron como un movimiento apartidario sin líderes concretos y está compuesto por quienes se ven más afectados por el aumento de los combustibles: aquellos que viven lejos de las grandes urbes, en pequeñas ciudades o pueblos rurales, que usan el auto todos los días para ir a trabajar. Ellos ven este aumento como una nueva afronta por parte de Emmanuel Macron –a quien califican como “el presidente de los ricos”– hacia la clase trabajadora, que es la que tiene que cargar con los costos de la lucha contra del cambio climático y del ajuste propuesto por el nuevo presidente de la Quinta República Francesa desde su asunción, en mayo de 2017.

En un primer momento, los “chalecos amarillos” cortaban ciudades y rutas para hacerse escuchar, pero entre fines de noviembre y principios de diciembre, mientras Macron se encontraba en Buenos Aires por el G20, las protestas se radicalizaron en París al punto tal de pedir la dimisión del presidente francés. Ello debido a la displicencia gubernamental que se le había dado originalmente a las protestas, que terminaron aunando diversas reivindicaciones frente a una calidad de vida de la población que se ha ido deteriorando por la erosión del poder adquisitivo y el aumento de tarifas para tratar de llenar el vacío fiscal generado por la quita del impuesto a los ricos. Y todo esto en el marco de los proyectos de reforma laboral y del régimen de previsibilidad existentes y de las intenciones de arancelar las universidades y los liceos franceses.

Fue tal la magnitud de las protestas y el apoyo que suscitó en todo el arco opositor y el pueblo, que no le quedó más remedio al gobierno francés que declarar la “emergencia económica y social” y anunciar un conjunto de reformas, como un aumento de 100 euros del salario mínimo, que las horas extras no sean gravadas con impuestos o cargas sociales y la marcha atrás a la reforma del sistema de Contribución Social Generalizada (CSG).

Para comprender mejor lo relacionado al movimiento de los “chalecos amarillos”, L’ Ombelico del Mondo dialogó con Christian Rodríguez, responsable de relaciones internacionales de La Francia Insumisa. Rodríguez analizó la génesis del movimiento y el impacto de las políticas de Macron en la sociedad, y también indagó sobre el escenario regional de cara a las elecciones al Parlamento Europeo del año que viene.

Una manifestante con la leyenda “Macron dimisión” en la Avenida de los Campos Elíseos (Bertrand Guay / AFP)

–¿Cuáles son los principales motivos detrás de las protestas de los “chalecos amarillos”?

–Yo creo que hay un punto de comienzo y un punto terminal. Quiero explicarme: terminal a que ya esto ha rebasado el vaso. El tema de la gasolina fue lo que lo hizo explotar, simbólicamente, a través de una petición por las redes sociales que alcanzó más de un millón y medio de personas. Pero aquí lo que hay es un desprecio absoluto al pueblo, es una ofensiva neoliberal brutal. Hace 18 meses que llegó Macron a este gobierno y lo único de su política ha sido quitarles a los pobres, ponerles impuestos y regalárselos a los ricos. Esto está en el tren, en la salud, en la educación, en los estudiantes –por ejemplo, en la universidad, a los estudiantes extranjeros les están cobrando–, en el salario mínimo profesional (el SMIC, en francés). La gente ya no puede más vivir cotidianamente y siguen subiendo la luz, los impuestos; siguen cobrando por una cosa y por otra. Entonces, es el vaso ya que reventó y se explica la fuerza del movimiento.

–Parece una contradicción lo de un gobierno que se dice liberal y lo que sucede con el aumento de los impuestos. Frente a esta política, es muy fácil que opciones de extrema derecha puedan plantarse frente al Estado que se come todo y que utiliza mal los impuestos. ¿Cómo lo ven ustedes? ¿La extrema derecha puede llegar a crecer después de esto?

–Lo que pasa es que el Estado francés es un Estado muy fuerte. Las luchas, las adquisiciones, las conquistas sociales de nuestro pueblo son históricas, entonces no lo pueden vender así como así. No lo pueden reducir, ya lo han reducido al máximo. Lo que la gente está pidiendo es más presencia del Estado. ¿Por qué? Más presencia del servicio público, más escuelas, más hospitales, el correo, los servicios de proximidad: que puedan estar a su servicio. Entonces la gente se da cuenta que paga impuestos por algo que está desapareciendo y que se transforma en privado de la noche a la mañana,en negocio.

Ahora, que la extrema derecha quisiera ganar de este movimiento yo creo que es imposible. Las 42 reivindicaciones del movimiento que hay de las “chaquetas amarillas” son absolutamente antineoliberales: subir el salario mínimo, eliminar el impuesto sobre la fortuna –ponérselo de nuevo a los ricos y no cargárselo a los pobres–, solidaridad, no más gente en la calle sin domicilio, el tema de los arriendos de las casas, parar el tema de alza de las encinas, política a favor de la ecología. O sea, esto no es de la extrema derecha los 42 puntos. Entonces, lo que yo creo es que lo que está pasando es que este movimiento es un decir basta a la cantidad de humillaciones, provocaciones, atropello y de robo de sus reivindicaciones y derechos de todo un pueblo que ya venía desde Sarkozy, pasó por Hollande y que, en 18 meses, Macron logró con su estilo de prepotencia despertar a todo este mundo.

Que la extrema derecha quisiera ganar de este movimiento yo creo que es imposible. Las 42 reivindicaciones del movimiento que hay de las “chaquetas amarillas” son absolutamente antineoliberales.

–¿Qué nos podés decir de las manifestaciones que están empezando a surgir en los colegios secundarios y en el sistema de salud?

–Es una máquina avasalladora, va con mucha rapidez. Tiene una banda organizada en la Asamblea Nacional –que es el movimiento ¡En Marcha! y es el partido mayoritario el de Macron–, donde todos votan en contra de cualquier cosa que no sea lo que ellos piensan. Esa máquina avasalladora de la democracia que está instalada en el corazón del Parlamento, está golpeando a todo el mundo. ¿Qué es lo que está pasando con los liceos? De nuevo, hay manifestaciones que son brutales, porque acaban de herir a niños con lo que se llama las pistolas Flash Ball, que tienen una bala de goma que saca los ojos; hay gente grave en este momento, entre ellos niños y jóvenes liceanos. Y las universidades están también convocando para movilizaciones.

O sea, este Macron, que es el primo hermano de Macri, lo que no ha hecho ha sido poder descansar, ser inteligente en esta avasalladora máquina neoliberal. La misión de él fue instalar y vender Francia, y lo está haciendo en todos los lados. ¿Por qué protestan los estudiantes universitarios? Porque las universidades eran gratis y ya no hay más, a través de los costos que están teniendo que pagar los liceos por transformaciones profundas. O sea, es impensable.

El movimiento de “chaquetas amarillas” no puede ser recuperado ni por la izquierda ni por la derecha. Es un movimiento profundamente popular, insumiso.

–¿A estos reclamos se suma la aplicación de la reforma laboral?

–La reforma laboral se peleó, ustedes vieron las batallas. La aplicaron igual. Porque la votan toda la Asamblea Nacional sin ningún espacio de diálogo social; no hay diálogo social con los sindicatos, hay humillación, es una relación de fuerza tal que no hay posibilidad de diálogo. Esto lo que explica lo masivo de este movimiento, hasta bueno, “stop”.

Manifestantes sostienen un cartel con la leyenda: “El pueblo en la bahía mata a la burguesía” (MAXPPP)

–En un primer momento, el gobierno francés había desestimado a los “chalecos amarillos” que habían surgido en las pequeñas ciudades y que terminó en la radicalización que vimos en París. ¿Cuál ha sido el impacto de los sucesos en el consenso interno del gobierno francés y en la imagen internacional de Macron?

–Como bien decían, este es un movimiento de la periferia: los más pobres del campo y de la ciudad, no necesariamente los pobres de París o de la región parisina. Porque ustedes han visto un movimiento con mucha fuerza de los pobres del campo y de la ciudad de toda Francia que llegan y se concentran en París. Por eso que una operación importante publicitaria fue concentrarse en el Arco del Triunfo: todos los medios de comunicación los veían porque era el símbolo de la Francia. Sin embargo, la gente que fue golpeada, herida y detenida no es gente de París ni de la región parisina. Y eso es un dato importante, saber la fuerza de la extrema pobreza que se está viviendo en un país rico: la quinta potencia mundial tiene ocho millones de pobres y siete millones de cesantes.

Entonces, la imagen y el quiebre del gobierno, que cede el lunes pos G20 y dicen “vamos a retrasar seis meses los impuestos sobre la gasolina”. Eso es, verdaderamente, tomarnos como estúpidos. O sea, ¿seis meses para qué? ¿Para que pagues el doble? No pueden ir más allá, porque el calendario que le exige su programa es vender rápidamente Francia; entonces seis meses es como cinco años: “un enorme beneficio que nos hacen”, de decir en seis meses lo suspendemos pero no lo eliminamos.

Es importante saber la fuerza de la extrema pobreza que se está viviendo en un país rico: la quinta potencia mundial tiene ocho millones de pobres y siete millones de cesantes.

Ahora, internacionalmente, el diario que ustedes tienen que leer siempre para seguir lo que está pasando internacionalmente es Le Figaro. Y este medio, que es un diario reconocido de derecha, sacó en su declaración una alarma de los extranjeros que están invirtiendo, porque la imagen es pésima. Están muy preocupados de que ha ido bajando la Bolsa, de que la imagen internacional de Francia de seguridad para los negocios no está buena.

Bueno, esos son datos que a nosotros nos dicen que van a tener que ceder, hay muchos diputados de ¡En Marcha! que están exigiendo acercarse mucho. Nosotros tenemos antecedentes de reuniones de diputados de ese partido, sobre todo del campo y de provincia, donde están exigiendo que se cambie de actitud, que haya menos despotismo y que se escuche las demandas populares. Esperamos que eso sea así. Se ha concentrado el debate en si hay más o menos violencia, lo que significa que no están escuchando lo que está pasando, que no están cerca mirando que esto es un movimiento, como ustedes lo decían, de mucha rabia acumulada, y si logran converger todos esos miedos –a quedar cesante, a no poder de comer, a perder su casa porque no pueden pagar el arriendo, a no poder estudiar–, si se acumulan, se transforman en una bola explosiva y ello, este gobierno, no están escuchando.

“Los chalecos amarillos triunfarán” escribieron en el Arco del Triunfo (Thibault Camus / AP / SIPA)

–El año que viene hay elecciones en Europa y Macron se autopostuló a suceder a Angela Merkel como el mandamás europeo, en un contexto de avance de la derecha en varias partes del continente. Y, por el otro lado, vemos el proyecto de Jean-Luc Mélenchon y La France Insoumise, que se ha convertido en referente de las izquierdas a nivel europeo, tal como nos comentaba el eurodiputado Javier Couso. ¿Usted considera que La France Insoumise está en condiciones de vertebrar el trabajo dela izquierda en Europa?

–No hay ninguna tentativa hegemónica. Lo que hay es una vista en común europea: se llama Maintenant le Peuple (Ahora el Pueblo), donde están Podemos, el Bloque de Izquierda de Portugal, movimientos de Italia, de Dinamarca, Die Linke (La Izquierda) en Alemania, el Partido del Trabajo de Bélgica. En fin, se está constituyendo. Lo que es imposible seguir soportando es esta Europa para los ricos, esta Europa que no escucha y que lo único que pide a los pueblos es someterse a su presupuesto. Es una Europa donde no hay soberanía nacional, hay que entregarla, hay que venderla completamente. 

Yo creo que el dato más preocupante es que esta nueva gobernanza ha llegado con una prepotencia absoluta y con un desprecio al pueblo, a no mirar la realidad que está pasando. Entonces, la extrema derecha ha ido creciendo y aprovechando esa revuelta y el sentimiento de abandono total que hay en los campos y en ciudades donde están desbastadas –sin industria y sin trabajo– y lo han ido transformando en culpa del sistema. Pero este movimiento de “chaquetas amarillas” no puede ser recuperado ni por la izquierda ni por la derecha. Y eso es un dato interesante, porque es un movimiento profundamente popular, insumiso, y no quieren ni a los políticos ni esos tiempos que el gobierno quiere darles para atraparlos; ellos dicen “cambio ahora”, “si el presidente no nos sirve, lo cambiamos”.

“La banca gobierna” (Chesnot / Getty Images)

Es imposible seguir soportando esta Europa para los ricos, esta Europa que no escucha y que lo único que pide a los pueblos es someterse a su presupuesto

Por eso es la respuesta. Recuerden que Macron dijo “si tienen algún problema, vengan a buscarme aquí (al Palacio del Elíseo)”, en una actitud muy provocadora. Bueno, lo que están haciendo los “chaquetas amarillas” es ir a buscarlo para que se explique y para que ceda, sobre todo. Un tema del poder de compra, de subir los salarios, de terminar con los salarios de miseria; ese es el tema de fondo, y ellos no quieren ceder ahí. Y toda Europa está en ese estado, en esa miseria. Entonces, vamos a ver qué va a pasar. Es muy peligroso lo que puede pasar en Europa, porque la disputa está en un proyecto emancipador o en un proyecto como de las viejas épocas. Lo único que ha ofrecido Europa al mundo han sido la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y la Segunda ustedes saben con qué ideología nació. Y esperamos que no ofrezcamos al mundo una trágica Tercera Guerra, liderada por los sectores más reaccionarios.