“Lenín Moreno es un empleado de los Estados Unidos”

Foto: Marco Miranda / Presidencia de la República

El 24 de mayo del 2017, Lenín Moreno asumió la presidencia de Ecuador para suplantar al dos veces presidente Rafael Correa. Su mandato, apoyado por el 51,16% de los votos en segunda vuelta, prometía ser la continuidad de la Revolución Ciudadana con una serie de promesas de cambios, principalmente en las formas de hacer política: un diálogo más horizontal, incluso con sectores opositores.

A menos de un año de haber asumido, Moreno es acusado por los seguidores de Correa de haber traicionado a la Revolución Ciudadana con medidas que favorecen al capital concentrado por sobre los sectores más desfavorecidos, una ecuación que los propios integrantes del anterior gobierno se jactan de haber realizado de forma totalmente opuesta. Entre las acciones que sorprendieron a propios y extraños, Moreno apoyó el accionar judicial –denunciado por sus antiguos compañeros del partido por ser una “persecución”– que encarceló a su compañero de fórmula, Jorge Glas, quien, en forma de protesta, realizó una huelga de hambre durante más de 50 días para denunciar su condición de preso político. Además, la Justicia ecuatoriana realizó un pedido de detención internacional –apoyado por Moreno– contra el expresidente Correa, que terminó de sepultar cualquier tipo de relación entre ambos dirigentes.

Sobre la realidad y la actualidad de Ecuador, L’ Ombelico del Mondo entrevistó al Concejal correísta de la ciudad de Quito, Luis Reina, quien defendió el legado de Rafael Correa, criticó a Lenín Moreno y analizó las próximas elecciones subnacionales que se realizarán en el mes de marzo. “Moreno ha optado por un programa de ajuste neoliberal”, aseguró, y calificó al actual mandatario como un “empleado de los Estados Unidos”. Sobre los años de gobierno de la Revolución Ciudadana, afirmó: “En diez años no podía cambiar lo económico, lo cultural y lo político inmediatamente”.

–¿Cómo analiza la actualidad de Ecuador y al gobierno de Lenín Moreno?

–La campaña y la candidatura fue desde el partido que expresaba el progresismo, desde la Revolución Ciudadana, pero inmediatamente después de haber llegado al poder Lenín hizo todo lo contrario. Primero comenzó una campaña de desprestigio total a los diez años de la Revolución y, en segundo lugar, puso en duda la transparencia y comenzó a hablar de hechos de corrupción. Esto es una forma de acercarse a la derecha, porque después emprendió una serie de medidas económicas que favorecen a los sectores económicos más poderosos: hizo una condonación de deuda, empezó a reducir el presupuesto para la política social y comenzó una serie de despidos a los trabajadores del sector público bajo el concepto del achicamiento del Estado. Y, además, comenzó un proceso de negociaciones para firmar tratados de libre comercio con la Unión Europea y los EEUU. Ha optado por un programa de ajuste neoliberal.

Este viraje jamás fue previsto. Es una traición al pueblo ecuatoriano y a los electores que votaron por un programa para continuar con la Revolución Ciudadana. Jamás advertimos ni previmos este viraje. A veces nos hace pensar que hay un control desde el Pentágono, desde el imperialismo. Este Lenín Moreno es un infiltrado, un servidor, un empleado del Pentágono, un empleado de los EEUU.

–Ecuador ha tenido tres vicepresidentes en menos de dos años. ¿Qué representa esto para el país?

–El gobierno primero entró a decir que vive una crisis económica. Segundo, comenzó a decir que hay un control por parte del régimen anterior de todas las instituciones, y en ese proceso de aparente control empieza toda una ruptura de todo el marco legal hacia la utilización de todo el marco legal para reprimir y para impedir que surjan nuevos liderazgos. Y entonces todo el que exprese una posición de la Revolución Ciudadana es tachado de corrupto, es tachado de correísta, y entonces se proponen para “descorreizar”. Primero fueron contra el vicepresidente que acompañó a Lenín Moreno en el binomio, Jorge Glas: lo acusaron y lo encarcelaron sin el debido proceso, porque no hubo pruebas. Luego fueron contra Correa, que está con orden de prisión y tiene prohibido visitar el país. Después no sabemos contra quién viene, pero viene a generar una situación de miedo, de terror y, por lo tanto, a desmovilizar frente a las grandes políticas neoliberales que afectan a los intereses sociales. Ya no funciona el Estado de derecho, no existe. No funciona la Constitución, no funcionan las leyes.

Aparentemente el reemplazo de Glas, María Alejandra Vicuña, tiene un pasado que puede ser considerado como una tendencia de izquierda y entonces generaba, para la derecha, una situación de incertidumbre. Entonces Vicuña les estorbaba por su pasado. A los sectores sociales no nos queda la menor duda de que Vicuña es de derecha también, pero los de la derecha no confían en ella. Por eso pusieron a un cuadro que es incondicional a ellos: Otto Sonnenholzner.

–¿Cómo analiza la actualidad de la relación con los Estados Unidos?

–El viraje en la política internacional es brutal. Creo que con la Revolución Ciudadana emprendimos procesos interesantes al formar parte de Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), al fortalecer la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), pero Lenín entró a debilitar esto. Esos fueron favores que le hacen al imperialismo. Creo que con la política contra las drogas siguen hablando de la represión, de la necesidad de bases militares. Recibió al vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y en vez de seguir atendiendo ese gran símbolo que significó la transparencia y que desnudaba la injerencia de los EEUU en el mundo con Julian Assange, más bien lo puso en duda y tomó acciones no atinadas. Moreno lo que hizo fue ponerse de rodillas y, lo que es más grave, atentar contra todo proceso de integración que permita avanzar hacia la consolidación de una economía y de una integración política de la Patria Grande.

Quito, 28 de junio 2018.- Lenín Moreno recibió al vicepresidente de EEUU, Mike Pence. Foto: Marco Miranda / Presidencia de la República

–¿Qué tan importantes serán las elecciones subnacionales del mes de marzo?

–No solo se van a elegir los gobiernos subnacionales: esta vez se trata de darle un mensaje al gobierno y decirle que no estamos satisfechos. Muchos todavía no logran comprender que Rafael Correa ya no es el número 35, ya no es el Movimiento Alianza PAIS y esto es un tema que va a tocar batallar en un mes de campaña donde habrá que explicarle a la gente. Nosotros vamos a tener que decirles que Correa es lista número 5, que Correa es el color rojo, que es el partido Compromiso Social y que el Movimiento PAIS –el número 35– ya no es Correa, que la lista 35 es paquetazo, es traición al pueblo ecuatoriano.

Otro sería el cantar si Correa pudiera visitar el territorio, pero creo que sí va a poder jugar un rol importante. La gente tiene mucha fe. Las estadísticas muestran que Lenín Moreno tiende a descender su credibilidad, y en cambio Correa, estando ausente, sube su credibilidad. Si en estos momentos hubiese elecciones para presidente, hay una aceptación para Correa que rebasa el 60%, mientras que la de Lenín es menor al 25%. Creo que es sumamente trascendental. Nosotros le decimos a la Patria Grande: en estas elecciones no está solo jugándose quiénes irán a distintos cargos, se está jugando el futuro progresista de la Patria Grande.

“En estas elecciones no está solo jugándose quiénes irán a distintos cargos, se está jugando el futuro progresista de la Patria Grande”.

–¿Qué balance hace de la Revolución Ciudadana y qué enseñanza le deja para las próximas elecciones?

–La Revolución Ciudadana fue una revolución patriótica, progresista, que estuvo pensando en la generación del empleo. Fue incluyente y fue participativa. El límite que tiene es que en lo cultural hay todo un proceso de acumulación egoísta, porque lo que predomina en la hegemonía cultural es el concepto de acaparar, de beneficiarse uno mismo y no de compartir socialmente. Esto choca y yo creo que ahí hay que trabajar y comprender que el capitalismo no es la solución. La propiedad privada, la acumulación de riquezas en términos egoístas no es la solución. Hay que pensar en unas formas de propiedad distintas que lleve a una comprensión política cultural del Buen Vivir que no necesariamente sea acumulación, egoísmo y avaricia. Creo que este choque es el que existe y creo que hay que trabajar en la formación cultural, ideológica, política que permita comprender que si seguimos posibilitando la acumulación de riquezas en unas pocas manos esto no tiene futuro. Nos vamos a acabar el planeta, nos vamos a terminar enfrentando entre nosotros y vamos a terminar en unas crisis bárbaras permanentemente. Estos son los límites. Claro que la Revolución Ciudadana en diez años no podía cambiar lo económico, lo cultural y lo político inmediatamente. Creo que en toda América Latina nos pasó eso.

“La Revolución Ciudadana fue una revolución patriótica, progresista (…) Fue incluyente y fue participativa. El límite que tiene es que en lo cultural hay todo un proceso de acumulación egoísta”.

–Los últimos años en América Latina estuvieron marcados por las luchas de los feminismos y la Revolución Ciudadana fue un proceso político que tuvo muchos problemas con los movimientos de mujeres. ¿Qué reflexión hace sobre este tema?

–Creo que la Revolución Ciudadana tuvo dos contradictores: el feminismo y el ecologismo. Los dos tuvieron un gran encuentro. Yo a veces, sin compartir la actitud política del presidente Correa, me llevaba a comprender su posición. Resulta que el sentido común predominante es bastante conservador y tiene ese concepto de la vida del creador y que el único que determina la vida es un ser divino, y entonces allí volverlo humano y que sea la legislación humana la que deja en libertad a la mujer de decidir si es o no madre aparecía como una contradicción religiosa-política. Entonces allí las propias izquierdas y las fuerzas de derecha ligadas al catolicismo se aprovecharon para levantar los dardos contra la Revolución. Esto generó una debilidad. Creo que la izquierda tiene que aprender a tomar medidas radicales. La izquierda tiene que avanzar. Creo que nos faltó eso y que por eso no se escuchó a esas voces que eran justas.

–¿La legalización del aborto hubiera sido una medida radical?

–Sí. El tomar una medida de estas hubiese golpeado pero también hubiese hecho un acercamiento con una fuerza social y política como son las mujeres. Nosotros reconocemos en las mujeres grandes aportes a la humanidad. Hubiese sido enfrentar a ese moralismo y radicalmente acercarse a las mujeres que estaban dispuestas a aportar al cambio social. Había que correr ese riesgo. Con la Biblia en la mano se ponen difíciles las cosas.

–¿Cómo analiza la actualidad del continente de América Latina?

–Creo que hay que destruir y debilitar ese mensaje que dice “vos ya tuviste algo y tienes derecho a tener más”, a hacer propietario, a acaparar, a mirar solo en vos y no en el resto. Yo espero que sean lecciones para las fuerzas de izquierda lo que nos ha pasado y lo que nos va a pasar. La gran tarea es fortalecer el internacionalismo progresista, por la equidad y por el Buen Vivir. Hay que fortalecer las relaciones. Los procesos independentistas no se pudieron realizar sin el internacionalismo, las propias revoluciones burguesas también se las hizo con internacionalismo. Esta revolución también tiene que hacerse con internacionalismo y creo que allí estamos fallando y hay que reintentar y hay que volvernos a encontrar.