Venezuela: la invasión será televisada

Montaje del escenario para el Venezuela Aid Live. Ph Colprensa

Por Juan Ignacio Aréchaga |

A la fotografía de un puente internacional clausurado con contenedores e inutilizado, la campaña internacional para hacer declinar al gobierno de Maduro sumó un festival de música apañado por un multimillonario británico y las dramáticas imágenes para ingresar camiones con alimentos y medicinas por dos pasos internacionales de Venezuela con Colombia y Brasil.

Tras en enero haber quedado en minoría en el Consejo de Seguridad de la ONU la postura por la intervención de Venezuela, que intenta hacer uso del principio del derecho internacional de Responsabilidad de Proteger un elemento de injerencia, las fuerzas extranjeras en conjunto con opositores a Maduro dispusieron a la ciudad de Cúcuta, Colombia, como epicentro de un nuevo intento por derrotar a la denominada revolución bolivariana.

Desde que en enero el diputado venezolano por Voluntad Popular, Juan Guaidó, se autoproclamó presidente encargado de Venezuela –bajo el auspicio del gobierno de Donald Trump, primero, y de varios países de Latinoamérica y la Unión Europea, más tarde–,  se construyó en la opinión pública global la idea de una inminente invasión a Venezuela, que el gobierno de Nicolás Maduro resiste internamente con una alianza cívico-militar y, en el plano exterior, con el apoyo principal de Rusia y China.

La presión internacional suma así cada vez más elementos para el peor desenlace de la crisis venezolana. Contrarios a la obligación de prevenir contenida en el principio de Responsabilidad de Proteger, el gobierno de EEUU comenzó el año paralizando importantes activos petroleros venezolanos en el exterior, a la vez que el Banco de Inglaterra niega la devolución de 70 toneladas de oro venezolano.

En contrapartida, los gobiernos de EEUU, Colombia y Brasil ofrecieron ayer el ingreso de camiones con alimentos y medicinas en carácter de ayuda humanitaria, como un golpe de efecto para la opinión pública internacional, que se vieron truncados por el cierre de fronteras dispuesto por Maduro.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja en Colombia ya había emitido un comunicado el 4 de febrero en el que se negaba a participar de la iniciativa de asistencia porque no respetaba los principios fundamentales de “imparcialidad, neutralidad e independencia”. Mientras que el gobierno chino manifestó que la maniobra de ayuda humanitaria de EEUU atentaba contra la paz regional, el embajador de Rusia en la ONU, Dmitri Polianski, había advertido que EEUU preparaba “una clara y flagrante provocación en la frontera entre Colombia y Venezuela”, en la que incluso se proponía “difundir noticias falsas e insinuaciones justo en el Consejo de Seguridad”.

Luego de dos jornadas cargadas de tensión, en las que Maduro cortó relaciones con el gobierno colombiano, Guaidó participará el lunes 25 en Bogotá de la Cumbre del Grupo de Lima en conjunto con el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y pidió a la comunidad internacional mantener “todas las cartas sobre la mesa”.

La asistencia humanitaria y la Responsabilidad de Proteger

Las imágenes vistas el sábado 23 en los pasos internacionales del puente de las Tienditas (Venezuela-Colombia) y en la ciudad brasileña de Pacaraima, pusieron de manifiesto la intencionalidad injerencista de quienes propiciaron la iniciativa. En tanto que, para el derecho internacional, la asistencia humanitaria es lícita siempre que el gobierno receptor la solicite y su aceptación se mantenga en el tiempo. La afirmación de Juan Guaidó del ingreso de dos camionetas por el paso brasileño, negada incluso por el corresponsal de la CNN en Pacaraima, rozó escenas del absurdo.

Guaidó pidió a la comunidad internacional mantener “todas las cartas sobre la mesa”.

Los sucesos enmarcados en una iniciativa de asistencia humanitaria se insertan en el proceso de presión internacional contra el gobierno de Nicolás Maduro, que determinó que Venezuela vive una crisis humanitaria que justificaría la intervención del Estado venezolano.

Para ello, pretenden recurrir a la Responsabilidad de Proteger, un principio adoptado por la Asamblea General de la ONU en 2005, luego de su tardía intervención en el genocidio contra la población tutsi en Ruanda –en el que se calculan, por lo menos, 1 millón de asesinatos–, y de los conflictos bélicos en Bosnia –con casi 2 millones de desplazados– y Kosovo –con 850 mil desplazados.

Esta categoría implica la posibilidad de que la comunidad internacional intervenga un Estado cuando una población sufre gravemente por diversas causas, por lo que prima sobre el principio fundamental en el derecho internacional de no-intervención, basado en una resolución de la Asamblea General de la ONU de 1965 propuesta, justamente, por un grupo de países latinoamericanos.

En consecuencia, se establecieron diversos criterios para su aplicación, entre ellos, que la misma sea de último recurso, que presente perspectivas de logros razonables y que la efectúe una autoridad competente. Ninguno de ellos es cumplimentado. La negativa al diálogo de la oposición venezolana, el único objetivo de derribar al gobierno de Maduro y el corte de financiamiento a organismos competentes como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), por parte de los gobiernos de EEUU y Brasil, lo demuestran.

Venezuela recibe a los bombarderos rusos en diciembre. Ph. Prensa FANB

Venezuela en el tablero geopolítico

Venezuela es el caso paradigmático del juego de dependencias que vive la región latinoamericana. Allí se transparentan las posiciones internacionales con un enorme desembozo. El secretario de Estado estadounidense no dudó en señalar, hace escasos días, que “también tenemos intereses de seguridad. Esta es nuestra región”. Al mismo tiempo que su gobierno envió a Cúcuta como representante para la iniciativa de ayuda humanitaria a Elliott Abrams, condenado por mentirle al Congreso estadounidense sobre el caso de financiamiento a la contrainsurgencia nicaragüense en los `80.

Por su parte, las relaciones entre Vladimir Putin y Nicolás Maduro son igual de abiertas y han llevado a cabo numerosos ejercicios militares conjuntos, con singular visibilidad las operaciones de diciembre pasado, en las que el gobierno ruso envió a Venezuela dos bombarderos con capacidad para transportar armas nucleares, acompañados por dos aviones de carga.

A medida de que el gobierno de Donald Trump enfatizó la inminencia de un accionar más rotundo sobre Venezuela –el mismo almirante jefe del Comando Sur de EEUU, Craig Faller, señaló “estar listo” y estar trabajando “con nuestros amigos de Colombia y otros”–, los gobiernos de Rusia y China aumentaron sus esfuerzos por repeler dicha avanzada.

En caso de efectivizarse un cambio de gobierno fomentado por EEUU, tanto Rusia como China perderían sus posiciones en Venezuela. Por un lado, Rusia tiene intereses cruzados de sus petroleras con Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), la cual adeuda unos 6 mil millones de dólares a la rusa Rosneft; por su parte, China es el principal acreedor de Venezuela, el país latinoamericano que más financiamiento recibió por parte del asiático, acaparando el 40 por ciento de las inversiones chinas en la región.

Asimismo, la capacidad latinoamericana por resolver sus conflictos ha sido sepultada conjuntamente con la Unasur. El organismo creado justamente para la concertación política de los países sudamericanos con la estratégica aislación de EEUU, sufrió su estocada en abril pasado cuando los cancilleres de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú decidieron suspender por tiempo indefinido su participación. Seis países cuyos gobiernos decidieron una inserción internacional bajo el paraguas estadounidense.

Brasil sea, tal vez, el caso más emblemático de la reconversión, ya que fue el principal constructor del organismo –teniendo en cuenta que las bases militares de EEUU en la región se apostaron principalmente alrededor de Venezuela y de Brasil–, y fue el mismo presidente Jair Bolsonaro quien, apenas asumido, deslizó la posibilidad de instalar una base estadounidense en su territorio.

Otro actor de peso internacional como la Unión Europea, manifiesta en su seno diversas discrepancias en el tono de su condena al gobierno de Maduro, en la actitud de EEUU al respecto, y principalmente en la oposición de los países euroescépticos, con el gobierno italiano a la cabeza.

El Puma Rodríguez en el Venezuela Aid Live. Ph. AFP /Raúl Arvoleda

Venezuela Aid Live

En Cúcuta, a 300 metros de la frontera con Venezuela, los músicos venezolanos Mau y Ricky agitaban al público en el mediodía del viernes 22: “¡Viva Venezuela libre!”. “Ayuda por la libertad”, indicaba el cartel superior del imponente escenario del evento producido por el británico Richard Branson, dueño de aeronáuticas, telefónicas, discográficas y de una fortuna que lo incluye en las 400 personas más ricas del mundo.

“Nosotros estamos acá sin ninguna bandera política, solo por la gente que necesita ser escuchada”, dijo el argentino Diego Torres tras cantar “Color esperanza”. “Queremos que mañana pase esa ayuda humanitaria, queremos reencontrarnos –continuó luego una conductora de RCTv– porque queremos volver con Radio Caracas Televisión”.

RCTv fue la emisora a la que Hugo Chávez decidió no renovarle su licencia en 2007 y desató un debate internacional acerca de la libertad de expresión en ese país. El 14 de abril de 2002, cuando el intento de golpe de Estado, la emisora transmitió ininterrumpidamente a los Simpsons en vez de mostrar el regreso del presidente, lo que fue denunciado por un gerente de la misma emisora.

De pronto, el streaming del festival se cortó –transmisión replicada por la mayoría de los principales portales del mundo– para emitir el discurso del presidente de Chile, Sebastián Piñera, que se encontraba en Colombia junto a su par Iván Duque, quien le agradeció por “haber permitido el cerco diplomático en el Grupo de Lima”, y luego manifestarle a las Fuerzas Armadas venezolanas: “tienen que ubicarse en el lugar correcto de la historia”. Entre el viernes y el sábado se contabilizaron unas 60 deserciones de militares venezolanos.

De a poco, la versión acicateada del festival, que buscaba emular a los enormes conciertos de 1985 para enviar alimentos a África tras una trágica sequía, subía el tono. Los conductores del evento ya afirmaban: “Venezuela es igual a Corea del Norte”.

Ahora era el momento del speaker motivacional mexicano Daniel Habif, quien con un fondo de sintetizadores dramáticos clamó un llamamiento místico: “Ayer le pregunté a Dios de rodillas qué quería que dijera aquí, y él les dice que los ama (…) ¡Venezuela ruge!”. Mientras, las cámaras tomaban primeros planos de personas del público emocionadas, haciendo las primeras imágenes que valdrían la pena el gasto de Branson.

Antes de las figuras estelares de la jornada, como Maluma, Alejandro Sanz, Carlos Vives y Juanes, fue el “Puma” Rodríguez quien se manifestó con todas las letras: “Basta de dictaduras de izquierda en América Latina”.

Del otro lado de la frontera, en el evento organizado por el gobierno venezolano, se transmitían las palabras grabadas del ex Pink Floyd, Roger Waters, que ya había condenado el festival Venezuela Aid Live: “la historia mostrará que el socialismo en Venezuela fue una brillante luz para la manera en que posiblemente podamos organizar la política en el resto del mundo”.

Las postales festivaleras dieron el tono ligero en el que se dirime la política internacional y, principalmente, el destino de los venezolanos. Tras dos décadas de gobierno bolivariano, la principal certeza es que el mismo pueblo venezolano es quien tiene las herramientas para ejercer su derecho a elegir sus propios designios.