Venezuela según Uruguay

Los mandatarios Tabaré Vázquez y Nicolás Maduro dialogan en un encuentro de líderes del continente. Ph: Cedoc

Ante la crisis desatada en enero pasado por la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, y el inmediato reconocimiento y apoyo por parte de los gobiernos hostiles al Chavismo, hubo un pequeño grupo de países que plantearon la posibilidad de una “tercera vía”, liderados por México y Uruguay. Esta posición se desvincula de la lógica binaria de apoyo o condena a Maduro o Guaidó –representada por el ALBA por un lado y el Grupo de Lima por el otro– y propone un esfuerzo de la comunidad internacional para propiciar un diálogo interno que conduzca a una solución pacífica de la crisis.

La posición de México responde a la interpretación estricta que López Obrador impuso de la Doctrina Estrada de no injerencia de asuntos internos de otros países, incluida en la Constitución mexicana y elaborada tras la pérdida de un tercio de su territorio a manos de los EEUU en el siglo XIX. En Uruguay, en cambio, la elaboración de esta posición resulta de la necesidad del país de desmarcarse en un continente cada vez menos integrado y sacar a relucir su política diplomática para posicionarse a nivel regional.

Para entender la posición uruguaya, hablamos con el vicecanciller de Uruguay, Ariel Bergamino, y con Wilson Fernández Luzuriaga, profesor del Programa de Estudios internacionales de la Universidad de la República.

–¿Cuáles directrices o intereses guían la posición de Uruguay sobre la crisis venezolana? Más allá de la defensa los principios de no injerencia, ¿qué fines diplomáticos, energéticos, geopolíticos aportan al sostenimiento de este posicionamiento?

Wilson Fernández Luzuriaga: –Creo que debemos considerar a la política exterior de los Estados nacionales motivada y también condicionada por factores internos y factores externos. Es obvio que un país de las características de Uruguay debe priorizar los factores externos, sabiendo que sus capacidades nacionales no son significativas en ningún rubro en el sistema internacional. Así se entendió tradicionalmente en el país, con una política exterior que se fue materializando en un escenario nacional de grandes consensos. Un sistema político partido-céntrico y partidos políticos altamente convocantes eran la clave para que acuerdos o consensos más al estilo de adhesiones silenciosas determinaran la inserción internacional del país. Hoy día hay posiciones divergentes y hasta enfrentadas al interior del partido de gobierno Frente Amplio. Su exigua mayoría parlamentaria hace que el eje presidente-canciller e, incluso, el eje ampliado presidente-canciller-ministro de Economía y Finanzas deban cuidar los equilibrios en su fuerza política. Incluso a sabiendas que los partidos políticos de la oposición (o al menos los tres partidos con más bancas: el Nacional, el Colorado y el Independiente) están afín con la concepción general del presidente o, al menos, del canciller. Si bien es cierto que el principio de no injerencia es clave para el país, también lo ha sido –y lo es– el apego a concepciones democráticas y republicanas. En el discurso del gobierno y en estudios académicos, también se muestra cómo el gobierno ha priorizado la defensa de los derechos humanos en su rol principista.

Con relación a aspectos geopolíticos y energéticos, no cabe duda que Venezuela fue visto por Tabaré Vázquez en su primer gobierno (2005-2010) como un socio privilegiado en cuanto a un intercambio comercial y de inversiones en la ecuación alimentos por petróleo. Pero además fue visto por el presidente como un socio en el Mercosur que ayudaría a jugar otro juego en materia de equilibrio de poder, ante entendimientos bilaterales entre Argentina y Brasil, muchas veces inconsultos y la mayoría de la veces contrarios a los intereses de Uruguay y Paraguay. No sé si estas consideraciones siguen presentes y tienen peso en Uruguay para considerar en mediano y corto plazo, nuevamente, a Venezuela como socio privilegiado. Pero, y vuelvo al principio, me inclino más por la opción del equilibrio político en la interna del partido de gobierno.

Ariel Bergamino: –En todo presente hay varios futuros posibles. Y en el presente de Venezuela hay varios futuros posibles. Algunos terribles. Nosotros apostamos al mejor futuro posible para Venezuela y que en lo inmediato pasa por ayudar a crear, en lo que refiere a la comunidad internacional, un clima de seguridad y confianza que permita a los venezolanos encontrar acuerdos para una salida soberana, pacífica y democrática a la actual discusión. Nosotros, en función de los valores y principios de la política exterior uruguaya, de lo que son los ejes de identidad de este gobierno, lo que queremos es ayudar a crear un clima favorable a que los venezolanos puedan dialogar entre ellos y llegar a un acuerdo político. Se trata de eso en distintos ámbitos. Desde el bilateral, en ámbitos multilaterales, donde hemos planteado nuestra posición al respecto, y también en estas gestiones que se están haciendo. Nuestras delegaciones técnicas, como la del Grupo de Contacto, no van ni a negociar ni a mediar. Van solamente con el afán de crear una masa crítica y un clima favorable a un imprescindible diálogo para salir adelante. Yo creo que Uruguay está siendo leal a sus valores y principios en política exterior. No es un eslogan. Pero además es una posición que está en consonancia con el derecho internacional. Para nosotros sería muy cómodo alinearnos a favor o en contra del gobierno de Maduro, pero nosotros no somos ni ALBA ni el Grupo de Lima. Es una posición rara, sí. Es una posición que puede resultar incomprendida o incómoda. Pero la comodidad en política no es una buena compañera. Y estamos convencidos de la corrección de esta posición.

“Uruguay está siendo leal a sus valores y principios en política exterior. (…) Y estamos convencidos de la corrección de esta posición”.

–¿Qué recepción cree que ha tenido la posición de Uruguay sobre Venezuela en los demás países de América Latina? ¿Cómo queda posicionada en la región la diplomacia uruguaya? 

Fernández Luzuriaga: –Creo que estos últimos acontecimientos muestran el respeto de la región a la diplomacia uruguaya. Muchas voces se referían como la única democracia plena del mundo que apoyaba o reconocía a Maduro. Eso le permitió liderar una cumbre en Montevideo, digamos de que de menor peso relativo que la cumbre que necesitaría aportar un concierto regional.

Creo que la salvaguarda de este prestigio fue haciendo matizar la postura del Uruguay. Y más allá de cualquier interpretación, lo cierto es que ahora el gobierno uruguayo habla de la necesidad de elecciones libres. En buen romance… de interrumpir el período de gobierno de Maduro, al que hasta hace pocos días consideró un jefe de Estado legitimado.

Bergamino: –El debilitamiento de ciertas estructuras e instancias de integración regional ha también agravado esta situación. Es un proceso biunívoco. La situación de Venezuela ha impregnado, teñido al sistema de integración regional. Creo que hay que apostar a una integración, pero a una integración posible. Tal vez a veces, en el afán de buscar lo mejor o la perfección, hemos sobrepasado lo posible. En temas de integración, más que buscar esquemas perfectos, que no existen, hay que redescubrir las razones que tenemos para andar juntos y sobre agendas más breves, más modestas, pero posibles. Porque estas agendas faraónicas, que no se cumplen, generan frustraciones, reproches, desconfianzas. Creo que entonces tenemos que apuntar a lo posible. Con esto no estoy buscando una justificación ni aferrándome a un pragmatismo en el que todo vale. Creo que nos debemos, en el sistema latinoamericano, un sinceramiento, y lo hemos planteado en las instancias de integración regionales. Y no somos los únicos. Me pregunto si otros bloques no tendrán también que hacer ese ejercicio. Creo que sí.

“Estos últimos acontecimientos muestran el respeto de la región a la diplomacia uruguaya”.

–¿Cuán importante ha sido la posición de Rusia y, especialmente, de China en el posicionamiento uruguayo?  

Fernández Luzuriaga: –No tengo claro si puntualmente se consideró la conveniencia de coincidir o no coincidir con las políticas exteriores de China y/o Rusia. Es obvio que Uruguay, en un esquema occidental y hemisférico, ve cómo el país y buena parte de América Latina estrechan vínculos económicos y comerciales con ambos países. En su “flotación” en el mar del sistema internacional, ya no alcanza considerar como hegemónico el discurso juridicista sobre defensa del derecho internacional, en tanto apego a fórmulas de solución pacífica de controversias y rechazo a la amenaza o uso de la fuerza. Desde esa perspectiva institucional, de gran potencialidad para los países pequeños, se debe buscar protagonismo en materias concretas, no solo las materiales propiamente dichas sino otras a obtener mediante la cooperación internacional e, incluso, la defensa de los derechos humanos.

Bergamino: –La política exterior uruguaya la fijamos los uruguayos. Y la posición de Uruguay no solo se ajusta al derecho internacional y a las líneas tradicionales de nuestra política exterior, sino que son políticas sensatas. Estamos haciendo un llamado a la prudencia, a buscar una salida que tal vez no sea perfecta, pero es la mejor salida que pueda tener Venezuela. Porque la disyuntiva principal es o un conflicto o una salida pacífica y democrática.

–¿Esto puede incluir un llamado a nuevas elecciones presidenciales?

Bergamino: –Si los venezolanos llegan a una salida soberana, de alguna forma hay que convalidar ese acuerdo. Yo no veo otra forma de hacerlo que consultando a la ciudadanía, donde radica la soberanía de la nación. Qué mejor forma de devolver esa legitimidad, que hoy está tan deteriorada en este escenario político venezolano, que mediante una expresión soberana de la ciudadanía. Llámese referéndum, elecciones presidenciales, elecciones generales, eso lo deberán definir los venezolanos. Pero yo no veo otra forma de refrendar un acuerdo y fortalecer el sistema político que no sea la expresión de la ciudadanía.