Malvinas con Macri: transitando viejos caminos

Bilateral de Macri y May durante el G20 en Buenos Aires: no se discutió la soberanía y celebraron dos nuevas escalas mensuales de Latam en las islas, conectando con Córdoba y San Pablo, en consonancia con lo estipulado en el Comunicado Conjunto de 2016. Ph: G20 Argentina

Por Francisco Castaño*|

La ocupación colonial de las Islas Malvinas en 1833 por parte del Reino Unido marca el origen de la disputa bilateral en torno a la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur y los espacios marítimos circundantes entre Argentina y los británicos. Desde entonces, los gobiernos argentinos han realizado, con diverso ímpetu, reclamos bilaterales y multilaterales para buscar una solución y recuperar la soberanía sobre las islas.

La resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (en adelante, AGNU), aprobada en 1960, se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas. Con base en aquella normativa, y secundada por una activa diplomacia argentina en el Comité de Descolonización de la ONU, cinco años más tarde se produjo el máximo hito institucional en torno a la disputa sobre Malvinas. En 1965, la AGNU aprobó por amplia mayoría la resolución 2065, la cual insta a Argentina y el Reino Unido a solucionar pacíficamente la controversia, teniendo en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta de la ONU y de la resolución 1514, así como los intereses de la población de Malvinas.

Partiendo del reconocimiento de la ONU de la existencia de una situación colonial, una amplia mayoría de académicos y diplomáticos argentinos han coincidido en que ello echa por tierra la aplicación del principio de autodeterminación de los isleños y privilegia al de la integridad territorial argentina, en la medida en que la actual población isleña fue implantada por los británicos a través de una situación colonial de despojo en la que se expulsó a la población argentina de las islas. Por lo tanto, no hay lugar para los “deseos” de los isleños –porque ello abriría la puerta al reconocimiento del principio de autodeterminación y consagraría el colonialismo británico ante un Estado independiente, como lo era el argentino en ese entonces– y sí para los “intereses” de los mismos –tal como lo estipula la resolución 2065–, referidos a su modo de vida como idioma, cultura, etc.

De esta manera, la resolución 2065 marcó un hito en la Cuestión Malvinas, en la medida en que el Reino Unido se vio obligado a cambiar su postura tradicional de negarse a dialogar y entabló negociaciones con Argentina para resolver la disputa soberana. Sin embargo, la guerra de 1982 desatada por la dictadura argentina significó un retroceso diplomático sustancial: el diálogo que existía con los británicos se interrumpió y desde entonces ellos se han negado a discutir la cuestión soberana, a la vez que adoptaron la postura de que se tome en cuenta a los isleños como la tercera parte de la disputa así como también se les reconozcan sus “deseos”.

Tras el gobierno dictatorial, las sucesivas administraciones democráticas ensayaron políticas exteriores hacia la Cuestión Malvinas con diferentes matices. Ya sea por una firme decisión política o a partir de un cambio de estrategia en el marco de determinados contextos, los gobiernos argentinos intentaron volver a la situación anterior a la guerra y aplicaron políticas que comprendían desde el tratamiento bilateral, el acercamiento con el Reino Unido y el solapamiento del reclamo soberano sobre Malvinas hasta la confrontación discursiva, la penalización jurídica de actividades económicas y una marcada impronta multilateral para impulsar el cumplimiento de lo estipulado por diversas resoluciones de organizaciones internacionales.

La estrategia de seducción menemista

Sustentado en el realismo periférico y en la alianza con el bloque Occidental, durante los gobiernos de Menem Europa fue vista como el otro pilar de Occidente y no tanto como un eje de compensación al poder de Estados Unidos (Russell, 2010). En este orden de ideas, el primer canciller de Menem, Domingo Cavallo, sostenía que era indispensable restablecer las relaciones comerciales y diplomáticas con el Reino Unido para poder ingresar al mercado europeo y contar con el financiamiento de capitales de ese origen (Biangardi Delgado, 2017).

En este marco, se implementó una política de acercamiento con los británicos para tratar la Cuestión Malvinas a partir de la firma de los Acuerdos de Madrid, a través de los cuales se recompusieron las relaciones bilaterales y se estableció un “paraguas de soberanía”, mediante el cual ambas partes solapaban el reclamo soberano sobre el archipiélago para transitar un camino en favor de actividades económicas y logísticas de la administración colonial de las islas.

En este sentido, se adoptó lo que se denominaría como “estrategia de seducción”, en donde se tendrían en cuenta los “deseos” de los isleños, lo que marcaba un retroceso en la posición histórica argentina y se avanzaba en contra de lo determinado por la institución más representativa del mundo.

Esta mejora de los lazos bilaterales, que fue muy bien recibida por los británicos, si bien permitió la suscripción de un conjunto de acuerdos económicos y logísticos no se tradujo en un mejoramiento de la posición argentina, en la medida en que el Reino Unido se negó a pagar cánones a Argentina por la explotación ictícola e hidrocarburífera en nuestra plataforma continental, a la vez que las diversas propuestas oficiales que se barajaron en ese entonces para solucionar el tema de la soberanía terminaron naufragando.

A partir de entonces, los gobiernos posmenemistas tendieron a abandonar lo estipulado en los Acuerdos de Madrid y a profundizar el reclamo por la vía multilateral, lo cual tuvo su correlato en el rechazo de los británicos a las acciones argentinas y el aumento paulatino de tensiones bilaterales, destacándose las explotaciones de los recursos y la realización de ejercicios militares por los británicos en la plataforma continental argentina, cuestiones que violaban diversas resoluciones de las Naciones Unidas. Con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia en 2015 se retomó la metodología menemista, recomponiendo el tirante vínculo bilateral con los británicos y surcando un camino similar al realizado durante los 90.

El gobierno de Macri y la reapertura del paraguas de soberanía

La llegada de Macri a la presidencia significó un cambio de rumbo con respecto a sus antecesores en la vinculación de Argentina con el mundo. Imbuido en las ideas de “volver a ser parte del mundo y cortar con el aislacionismo” y de “desideologizar la política exterior”, el actual gobierno buscó “reinsertar” a Argentina en el mundo a partir del establecimiento de una alianza con el mundo liberal, buscando estrechar los vínculos con los países del G7 –especialmente EEUU y Europa Occidental–, las instituciones financieras tradicionales y la banca transnacional. En este marco, la relación con el Reino Unido se vislumbraba mucho más cercana en comparación con sus antecesores.

Días antes de asumir como canciller, Susana Malcorra afirmó en una entrevista: “Pensar que la relación con Gran Bretaña se limita al tema Malvinas es, cuanto menos, una sobresimplificación de las relaciones. (…) El presidente quiere ver el tema del Atlántico Sur en su globalidad porque allí hay muchos temas que preocupan y que, bien abordados, pueden ser de win-win”.

En enero de 2016, Macri se reunió en Davos con el primer ministro británico David Cameron y luego habló de una “nueva etapa” en la relación bilateral, llamó a abrir la agenda de trabajo y sostuvo que “las diferencias ideológicas no pueden ser un obstáculo” y que “el mundo no se traba por un conflicto”.

Como parte de una línea discursiva, el gobierno argentino ha abogado por la generación de “confianza” en la contraparte británica para que esta acepte en un futuro sentarse a dialogar una solución a la disputa soberana. En este sentido, Malcorra afirmó: “A largo plazo se puede encontrar una solución. Pero mientras tanto, podemos y debemos ser respetuosos y encontrar maneras de abrir oportunidades para crear medidas de confianza”. El nuevo canciller, Jorge Faurie, continuaría con la misma retórica estratégica, argumentando que “las negociaciones se hacen cuando el interlocutor suscita confianza. El diálogo en confianza es imprescindible, y esto es lo que estamos trabajando en estos dos años de gestión de Macri”.

En este orden de ideas, el 13 de septiembre de 2016 Argentina firmó un Comunicado Conjunto con el Reino Unido, que sentaría las bases a partir de las cuales se estructurarían las relaciones bilaterales desde entonces, con el agregado que, al no ser definido oficialmente como un acuerdo internacional, el Comunicado no pasó por el Congreso nacional para su aprobación o rechazo.

El Comunicado fue firmado de conformidad con la fórmula de soberanía del párrafo 2 del Acuerdo de Madrid de 1989 e incluye breves capítulos que abogan por la cooperación bilateral en torno a diversas cuestiones. El punto más significativo del Comunicado es el referido al “Atlántico Sur”, en el que ambos gobiernos acordaron “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”. Asimismo, se concertó que “serían establecidas conexiones aéreas adicionales entre las Islas Malvinas y terceros países”, y también expresaron el “pleno apoyo al proceso de identificación de ADN con relación a los soldados argentinos no identificados sepultados en el cementerio de Darwin”.

Además de las disposiciones lesivas para los derechos soberanos argentinos y para un conjunto de leyes, decretos, normas, disposiciones transitorias constitucionales, declaraciones y resoluciones internas e internacionales, el Comunicado soslayó la aprobación de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) –órgano técnico creado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar)– de recomendaciones sobre la presentación argentina del límite exterior de la plataforma continental que se dieron a conocer en los meses de marzo de 2016 y 2017, a partir de las cuales se reafirman los derechos soberanos argentinos sobre los recursos allí presentes.

Por otro lado, el favorecimiento de las actividades de la administración colonial de las islas llega en un momento de vulnerabilidad británica muy fuerte, ya que la firma del Comunicado se dio en el contexto del brexit, proceso que tendría que haber finalizado el pasado 29 de marzo pero que aún se encuentra lejos del consenso necesario sobre los términos de la salida.

La administración colonial de las islas teme que cuando se concrete el brexit se quede sin mercado para el calamar del Atlántico Sur que vende a la Unión Europea (UE) como consecuencia de un plausible aumento de los aranceles en el comercio con este bloque, dadas las posibilidades concretas de un hard brexit ante la inexistencia de un acuerdo entre las partes. Según el periódico Ámbito, en 2017, el 94% de las exportaciones de productos pesqueros de las Malvinas y un tercio de su carne tuvieron como destino a la UE. En tanto, el 19% del calamar consumido en Europa proviene de las aguas circundantes a las Malvinas.

Los firmantes del Comunicado Conjunto: a la izquierda, Sir Alan Duncan, ministro de Estado del Foreign Office para Europa y las Américas; a la derecha, el entonces vicecanciller argentino, Carlos Foradori.

En conclusión, puede decirse que la política exterior del gobierno de Macri con respecto a la Cuestión Malvinas y el vínculo con el Reino Unido ha significado una vuelta al paradigma que ha guiado las relaciones bilaterales durante las presidencias de Menem, basado en una estrategia que fue reeditada a partir de la búsqueda de generar confianza en la contraparte británica.

En la concepción de “reinserción” del gobierno argentino en el mundo liberal, la política malvinense fue subsumida a la búsqueda de aceptación de ese mundo, al privilegio de los negocios, la búsqueda de inversiones y a la conjunción de esfuerzos por mejorar la vida de los isleños a pesar de la clara postura británica en favor de la autodeterminación y los deseos de estos últimos, la cual se ubica en las antípodas de la posición histórica argentina y de lo estipulado por la ONU.

Frente a la postura británica, incólume desde 1982, el gobierno de Macri tampoco quiso hacer valer las debilidades que ha adquirido el Reino Unido con el brexit, y en vez de aumentar los costos logísticos y económicos de la administración colonial de las islas ha avanzado en el sentido contrario, optando por acordar con la potencia colonial que usurpa una parte del territorio en pos de un deseo de negociación bilateral a todas luces utópico. Así se reedita una estrategia que ya se vislumbró como un fracaso en los 90 por más concesiones que se les otorguen a los británicos.

Como corolario, es imperioso mantener una política de Estado coherente en el largo plazo. Ante la ruptura en el proceso de negociación que significó la guerra de 1982 y frente a los vaivenes de las políticas evidenciados desde la recomposición democrática, la política argentina hacia la Cuestión Malvinas debe dirigir sus esfuerzos hacia la formación política y científica de los ciudadanos, la condena legal de las actividades ilícitas sobre nuestra plataforma continental y una activa diplomacia en los espacios internacionales.


Referencias

Biangardi Delgado, C. A. (2017), Cuestión Malvinas. A 35 años de la Guerra del Atlántico Sur, Buenos Aires: Dunken, 2ª edición.

Russell, R. (2010), “La Argentina del segundo centenario: ficciones y realidades de la política exterior”, en, Russell, R. (ed.), Argentina 1910-2010. Balance de siglo, Buenos Aires: Taurus, pp. 227-307.

(*) Twitter: francastano91