“El gobierno de Macri no es neoliberal, es neocolonial”

La llegada de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina significó un rotundo cambio de rumbo en la forma de encarar la Cuestión Malvinas. En otra nota, concluimos que la política de la actual administración hacia la misma significó el retorno al paraguas de soberanía que se aplicó durante los 90, en el marco de una política exterior que fue caracterizada como “desideologizada” y que buscó la “reinserción” argentina en el mundo liberal.

Para profundizar el análisis sobre la Cuestión Malvinas, y a modo de reflexión sobre las políticas del actual gobierno a pocos meses de su conclusión, L`Ombelico del Mondo dialogó con Alicia Castro, que entre sus actividades más destacadas se desempeñó como diputada nacional (1997-2005) y como embajadora de Argentina en Venezuela (2006-2011) y en el Reino Unido (2012-2015). Castro analizó la política del gobierno de Macri hacia la Cuestión Malvinas, la situación actual en Venezuela y también brindó detalles acerca de su presente político.

–¿Cómo ha dejado durante su paso la Embajada argentina la relación con el Reino Unido? ¿Y cómo la ve ahora?

–Ha habido un retroceso enorme en estos tres años con respecto a la Cuestión Malvinas. Para que no parezca una cosa opinable sino para darles datos concretos, quiero recordar que el 13 de septiembre del 2016 se firmó un acuerdo entre Argentina y el Reino Unido, que es conocido como el “Acuerdo Foradori-Duncan” por los nombres de los dos vicecancilleres firmantes, donde el Estado argentino se comprometió a remover todos los obstáculos para el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas, en particular en lo referente a hidrocarburos, pesca, comercio y navegación. ¿Qué quiere decir esto en criollo? Quiere decir que el gobierno firmó que se compromete a desmantelar todas las medidas jurídicas, legales y administrativas que han sido tomadas –a lo largo de la historia– para proteger a nuestros recursos naturales; por ejemplo, la ley de hidrocarburos, particularmente la reforma a la ley que se hizo en el 2013, que establece sanciones penales para quienes exploren petróleo en Malvinas y, también, la limitación de hacerlo no solo en Argentina sino que se coordinaron acciones con el Mercosur para que no pudieran hacer explotaciones o recalar en sus puertos quienes estuvieran explorando petróleo en Malvinas.

–El Comunicado Conjunto, que usted menciona, se dio a conocer como tal y no como un acuerdo internacional. Viendo que en él se vuelve a la fórmula de soberanía del Acuerdo de Madrid de 1989 y que las acciones del menemismo no dieron resultado positivos sobre la Cuestión Malvinas, ¿cuál cree que son los fundamentos de este retorno del macrismo al paraguas de soberanía viendo que en su momento no dio resultado?

–Menem tuvo una política desacertada desde nuestro punto de vista, y los resultados están a la vista. Esa política de seducción, la política de sesión y de regalar los ositos Winnie the Pooh no rindieron absolutamente ningún resultado a la República Argentina en términos de beneficios concretos.

Pero déjenme aclararles que esto no es un Comunicado Conjunto o una “hoja de ruta”, eso es una mentira de nuestra Cancillería, que procede siempre así: primero el secretismo y después tergiversan, mienten, para decirlo en criollo. Si ustedes leen los Acuerdos de Madrid, también dicen “comunicado conjunto”, y son acuerdos. En el caso del Comunicado del 2016, lo mismo: en el texto dice 13 veces “las partes acuerdan”, y no “acordarán” o “coincidieron en tratar”, como podría decirse si fuera realmente una hoja de ruta o un comunicado. Es, concretamente, un acuerdo que tiene validez dentro del Derecho Internacional. Va a durar muy poco, porque no creo que Macri tenga ninguna posibilidad de ganar las elecciones en el 2019, y creo que el gobierno popular que llegue al gobierno lo primero que hará será denunciar en este terreno al acuerdo, darlo por terminado. Porque es un acuerdo que no ha pasado por el Congreso y que es nefasto para los intereses de Argentina.

¿Por qué creo que lo hacen? Bueno, porque esto no es un gobierno neoliberal, como se lo suele calificar. Esto es un gobierno neocolonial desde el día uno, desde el día en que Macri en el bicentenario de la declaración de nuestra independencia, en Tucumán, le dijo al “querido rey” de España que seguramente los patriotas que firmaron el acta de nuestra independencia estarían compungidos. Proyecta su propia actitud de dependencia frente, en este caso, al imperialismo español del que tanto nos costó desligarnos. Y además manifestó también su profunda ignorancia, porque ahí no había nadie compungido. El Congreso de Tucumán, que fue un congreso muy representativo, estaba presionado por San Martín para hacer la declaración de la independencia; no se declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, como suele decirse, sino la emancipación de las Provincias Unidas de Suramérica, en un hecho inédito que fragua la voluntad latinoamericanista de la República Argentina cuando fuimos una vanguardia. Después, esa acta fue transcrita al aymara, al quechua, y hubo una fiesta enorme. Ahí no había nadie compungido, ¿no? Y yo me pregunté entonces, porque recién Macri había llegado al gobierno hacía poco, si sería simplemente su ignorancia, que es supina –creo que nunca hemos tenido un presidente tan ignorante de nuestra historia y de nuestra lengua–, si iba a tener un gobierno neocolonial. Y el tiempo nos ha dado la razón.

“No creo que Macri tenga ninguna posibilidad de ganar las elecciones en el 2019, y creo que el gobierno popular que llegue al gobierno lo primero que hará será denunciar en este terreno al acuerdo, darlo por terminado”.

Con respecto a la controversia de Malvinas, nunca hemos tenido un retroceso tan grande. Y también nos pasa porque, en la visión geopolítica de Macri, nosotros estamos perdiendo continuamente fuerza, representatividad, capacidad, soberanía. Toda la soberanía está en riesgo: la económica, monetaria, industrial, científica-tecnológica. Y metáfora de eso es Malvinas, justamente. Porque no ha reclamado nunca más en contra de la existencia de esa gigantesca base militar que tenemos al sur de nuestro continente, y antes nosotros lo hacíamos en clave regional. Porque en la última década la Argentina, junto con todos los países de América Latina y el Caribe, logramos una unidad regional extraordinaria. Primero con la ampliación del Mercosur, que fue lo primero que Macri se ocupó de denostar: expulsó a Venezuela del mismo, con lo cual el bloque se quedó sin ecuación energética. Una brutalidad, no solo desde el punto de vista político y diplomático sino, incluso, económico. Luego retiró sin ninguna consulta –ni ciudadana ni al Congreso– a Argentina de la Unasur, y tampoco concurre a la Celac, que somos 33 países que tenemos 600 millones de habitantes, así que imagínense la potencialidad que tiene de cooperación científico-tecnológica, de exportaciones a un mercado intrarregional ampliado, etc.

En ese contexto, en la última década el reclamo de Malvinas dejó de ser un reclamo argentino y pasó a ser un reclamo continental, regional, global: todo el continente que se hacía oír en los foros multilaterales, y esto repicaba en cada uno de nuestros pueblos en el rechazo unánime a un enclave colonial del siglo XIX en la confluencia de nuestros dos océanos y en el rechazo a la militarización y nuclearización en el Atlántico Sur –porque recordemos que tenemos una base militar gigantesca que tiene 2000 efectivos británicos, buques de guerra, aviones de combate y hasta un submarino nuclear–, y también en el rechazo a la depredación y a la explotación de recursos naturales que son argentinos y de la Patria Grande.

Y ese reclamo ahora ha quedado reducido a la Argentina pero, la verdad, ni siquiera al gobierno de Macri. Porque no reclaman. Yo no he visto ningún comunicado de la Cancillería argentina respecto al día en que se conmemoran a los veteranos y a los caídos en la guerra de Malvinas, a los que volvieron y a los que quedaron como centinelas de la patria en nuestro territorio. Y lo mejor que podemos hacer en homenaje a quienes hicieron el máximo sacrificio es seguir luchando por nuestra soberanía: la territorial, la marítima –la Argentina es un país marítimo–, la antártica y la de recursos naturales.

“En la última década el reclamo de Malvinas dejó de ser un reclamo argentino y pasó a ser un reclamo continental, regional, global: todo el continente que se hacía oír en los foros multilaterales”.

–¿Usted cree que hay una oportunidad importante con el brexit para aumentar el reclamo por las Islas Malvinas?

–Sí, sin dudas. Es una pregunta muy pertinente, pero para eso se tiene que ir Macri, que todavía no se ha dado cuenta. Ni siquiera sabe lo que es el Reino Unido. Cada vez que habla hace gala de la ignorancia, es como si no existieran asesores ni la Cancillería argentina. Han degradado tanto este país que ya ni siquiera van a buscar a los mandatarios [al aeropuerto]: no les ponen una escalera, no los van a buscar a Ezeiza. Es una cosa inconcebible de una diplomacia que solía ser muy ajustada, muy formal.

Y Macri, cuando se encontró con David Cameron [en Davos en el 2016], le dijo –en ese pésimo inglés que habla Macri– “estoy muy contento de iniciar una nueva relación con Inglaterra”, y estaba hablando con el primer ministro del Reino Unido, que está compuesto por cuatro naciones: Inglaterra, Irlanda del Norte, Escocia y Gales. Y cada una de esas naciones –y esto nosotros lo exploramos mucho cuando yo fui embajadora–, mientras que dependen del primer ministro que está en Londres, cada una tiene una personalidad política, un Parlamento, un ministro primero y sociedades que son muy distintas entre ellas. Conocemos que ha habido incluso conflictos armados entre Irlanda del Norte e Inglaterra, que ha habido conflictos culturales importantes entre Gales e Inglaterra; hay diferencias muy grandes, muy notables, y nosotros las hemos podido explorar, auscultar. Y hemos tenido respuestas muy diferentes en estas cuatro naciones. Yo, por ejemplo, mientras no teníamos negociaciones con el gobierno central [británico], viajé a la Argentina desde el Reino Unido con el ministro primero de Gales para celebrar el 150° aniversario de la llegada de los galeses a la Patagonia. Cuando me encontré con Martin McGuinness –que era el segundo del gobierno en Irlanda del Norte– y empecé a presentarme con el discurso formal de cuánto nos gustaría que pudiera ayudarnos a promover el diálogo entre las dos naciones, me dijo “el diálogo está muy bien pero las Malvinas son argentinas”. Y también en Escocia vimos sensibilidad muy diferente que en Inglaterra hacia la Cuestión Malvinas.

Todo esto Macri y la Cancillería no lo aprovechan. Y tampoco han aprovechado lo que ustedes muy bien señalan: la circunstancia de que el Reino Unido quede fuera de Europa y, sin el apoyo político ni económico de esta, queda en debilidad y más aislado que nunca en relación a su negativa a dialogar con Argentina. España lo aprovechó inmediatamente: reforzaron sus reclamos por Gibraltar. En cambio nosotros, al contrario, hicimos este bochornoso acuerdo de sesión, el “Foradori-Duncan”, que será recordado en el futuro como el pacto Roca-Runciman. Porque junto con el de Roca, este es el gobierno que más ha trabajado para favorecer a los intereses británicos en la Argentina.

“Junto con el de Roca, este es el gobierno que más ha trabajado para favorecer a los intereses británicos en la Argentina”.

El entonces primer ministro británico David Cameron y Mauricio Macri en la reunión que mantuvieron en Davos en 2016. Ph: AFP

–Cambiando de rumbo, y aprovechando su paso como embajadora en Venezuela,  ¿cómo desde la comunidad internacional y especialmente desde Latinoamérica cree que podríamos efectivamente trabajar para revertir la situación crítica existente en aquel país?

–La situación crítica tiene que ver con el bloqueo de los EEUU: un brutal bloqueo de divisas, alimentos y medicamentos, y el linchamiento mediático que han intentado hacer. Recordemos que ya en el 2002 Chávez tuvo un golpe de Estado: lo sacaron del gobierno, se lo llevaron para matarlo y pusieron un presidente que duró 48 horas porque el pueblo salió a la calle a rescatar a su presidente, a su proceso y a su Constitución. Desde entonces, y desde antes, los EEUU están tratando de hacer un golpe en Venezuela porque lo que les interesa es el petróleo. Si uno mira los documentos estratégicos de la National Security Agency, que fueron revelados por Edward Snowden hace pocos años, se puede ver que los EEUU tienen seis países que son objetivos estratégicos permanentes –de vigilancia, de espionaje, de intervención–: China, Rusia, Corea del Norte, Irán, Irak y Venezuela, que es el único país de América Latina que es un objetivo permanente de los EEUU. ¿Por qué? Por el petróleo. Entonces, el modelo que los EEUU están intentando aplicar en Venezuela, con golpes guionados y golpes de todo tipo (sabotajes petrolero y eléctrico, esta mamarrachada de fomentar que un diputado se autoproclame presidente en una plaza, etc.), tiene que ver con el ansia del petróleo. Es lo mismo que el modelo de Libia, donde inventaron cosas sobre Gadafi, le armaron una revolución civil, armaron un gobierno paralelo, bloquearon las divisas del Estado y se las dieron al gobierno paralelo, hicieron una intervención militar. Destruyeron Libia; pero no es que la empeoraron, la destruyeron. Hoy Libia, que fue el país más próspero de toda África y donde Gadafi tenía control y un relativo equilibrio entre las 43 tribus, es un desastre: solo un tercio de la población quedó viviendo en el país. Están flotando miles de cadáveres en el Mediterráneo, de la gente que está huyendo de las guerras que arman los EEUU por el petróleo en Afganistán, Irak, Siria, Libia y Yemen. Y esto es lo que quieren hacer en Venezuela.

“El modelo que los EEUU están intentando aplicar en Venezuela (…) tiene que ver con el ansia del petróleo. Es lo mismo que el modelo de Libia”.

Y hay irresponsables, como Mauricio Macri, Bolsonaro y el gobierno de Colombia, que están favoreciendo la intervención de los EEUU en nuestra región. No se trata de si Maduro nos gusta o no nos gusta, o que a uno le guste más y a otro menos. Lo que se trata, y esto no solo lo tendría que entender Macri sino también algunos otros dirigentes políticos que se han expresado como intervencionistas en Venezuela, lo que hay que apegarse es a los principios rectores de las relaciones exteriores argentinas, que es el principio de no intervención, de no injerencia, de resolución pacífica de las controversias y de igualdad jurídica de los Estados. No hay un Estado –los EEUU– que pueda decirle a otro qué tipo de gobierno se tiene que dar, cuándo o cómo. Digamos, se parte de la igualdad jurídica porque es lo único que puede defender a un Estado pequeño de una potencia.

–Todas las personas que hemos consultado acerca de quiénes podrían estar asesorando al espacio de Unidad Ciudadana o del kirchnerismo más amplio sobre política exterior, entre otros han hecho mención a su nombre. ¿Usted está trabajando de alguna manera en ese sentido?

–Yo no estoy asesorando a nadie en especial. Yo ya en el año 2003, como diputada, integré la Comisión Parlamentaria del Mercosur y desde entonces estoy trabajando en cuestiones regionales y de relaciones exteriores, obviamente, cuando fui embajadora. Así que yo siempre tengo una opinión y, si me la piden, la doy. Y si no me la piden, también. Quiero decir, no hay nada en especial en este sentido. Sí soy una de las personas que dentro de nuestro espacio político más amplio tengo una opinión y una visión sobre la geopolítica que, como decía Perón, es la política, entendiendo que la gente normal –no los que pensamos obsesivamente la política– tiene otras preocupaciones más severas y contundentes; por ejemplo, que la leche cueste $60, lo que cuesta el kilo de pan o que cerró la fábrica. Digamos, el caos que ha introducido Macri en la vida de cada uno de los argentinos, donde ya no hay previsibilidad, nadie sabe si su fábrica va a seguir existiendo, si va a poder mantener su empresa, si va a poder hacer un asado el domingo o si va a poder pagar $100 por día para ir al trabajo. Ese caos también está dominando las relaciones exteriores de la Argentina.