“Lenín Moreno, el mayor traidor de América Latina”

Gabriela Rivadeneira en la sesión inaugural de la Asamblea Nacional de Ecuador.

A partir de la decisión del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de revocarle el asilo político al fundador de WikiLeaks, Julian Assange –quien se encontraba en la Embajada ecuatoriana en Londres hacía siete años–, L´Ombelico del Mondo dialogó con la congresista y expresidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador entre 2013 y 2017, Gabriela Rivadeneira. “Para nosotros la protección de Julian Assange es un tema de derechos humanos”, recalcó la asambleísta, quien además calificó el accionar de Moreno como “el mayor acto de vergüenza para la historia de los derechos humanos”.

También, Rivadeneira sintetizó las características del cambio de rumbo tomado en Ecuador bajo la presidencia de Moreno, de las que destacó una vuelta al formato de las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Se explayó sobre los procesos judiciales en marcha contra Rafael Correa y el vicepresidente Jorge Glas, quien recientemente realizó una huelga de hambre, en una caracterización más general de la judicialización de la política en Sudamérica. Y habló acerca de la idea de “re-enamorar a las organizaciones sociales” y de “la gran oportunidad que tenemos desde el movimiento feminista en meter un tema profundo de desigualdad social”.

–En principio, preguntarle por este gran cambio de mando que hubo en el gobierno entre Rafael Correa y Lenín Moreno: hubo una serie de grandes cambios muy profundos, recordamos la serie de referéndums, la prohibición a Correa de presentarse, su situación judicial.

–Ha sido complejo para nosotros asimilar que la persona que acompañó a Rafael Correa durante diez años –seis como vicepresidente y cuatro como delegado de Ecuador en la ONU– haya sido elegido para dar continuidad al proyecto de la Revolución Ciudadana y, lastimosamente, encontrarnos desde el día uno del cambio de mando, con un giro a la derecha del plan de gobierno y todo lo que ellos llamaron posteriormente como el “descorreimiento” del país, que voy a tratar de resumir en breves ideas.

Primero, ha venido acusando a Correa de dirigir prácticamente la corrupción, en una especie de jefe de la mafia corrupta del Ecuador, en el cual se le ha involucrado en varios procesos judiciales que siguen su marcha. Ninguno de ellos, hasta el momento, comprobado. Sin embargo, Correa tiene orden de prisión preventiva, por lo que no puede regresar a Ecuador en este momento producto no de un acto de corrupción como acusaba el gobierno, sino que, como no han encontrado absolutamente nada, han tenido que inventarse un show de un supuesto secuestro de un político en Colombia, el cual fue juzgado en Colombia pero hoy se ha involucrado al expresidente Correa.

Segundo, el cambio de gobierno, el cambio de decisión económica: se volvió a los privilegios económicos y tributarios para los grupos de poder económico del país. Además, se ha retornado –so pretexto de una supuesta crisis dejada por el correísmo– al formato del FMI, con todo lo que eso significa: tarifazos, alza de combustible, retiro de subsidios –el bono de desarrollo humano para la gente de los quintiles uno y dos de pobreza–, despidos masivos con la lógica del achicamiento del Estado. En esta semana, ha salido una cifra que realmente nos preocupa del Instituto Nacional de Estadística y Censos del Ecuador (INEC), el cual estableció que, entre marzo de 2018 y marzo de 2019, existen 268 mil personas que han perdido su empleo adecuado. Es decir, sube el desempleo, sube el empleo inadecuado. Pero además vuelve a subir el margen de pobreza cuando 3 millones y medio de ecuatorianos viven con menos de 80 dólares mensuales y 1 millón con menos de 38 dólares mensuales. Esa es la situación económica, actualmente.

Y dentro del viraje se encuentra la política internacional: el que haya hecho un acuerdo de manera inmediata con el gobierno de Estados Unidos, regresar a ver la Alianza del Pacífico, presentarse a Chile bajo la convocatoria del Prosur, dar la espalda a la Unasur. Y en estos días haber realizado el mayor acto de vergüenza para la historia de los derechos humanos, que lo ha categorizado a Moreno como el mayor traidor de América Latina, que fue justamente la entrega del ciudadano ecuatoriano Julian Assange.

–Ha dicho en la prensa que el haber privilegiado el proceso electoral pensando que se garantizaba el proceso ideológico fue un error. De cara al futuro, ¿qué herramientas construirían para que no suceda lo mismo?

–Yo confío totalmente en la voluntad y la sabiduría de nuestro pueblo. Yo sé que el pueblo ecuatoriano votó por un proyecto que fue auspiciado por la Revolución Ciudadana y por Rafael Correa y, en este caso, fue una equivocación de la dirigencia en elegir a la persona que hoy prácticamente es la que le ha dado las espaldas al pueblo. Pero el pueblo no se equivoca.

Y lo que nosotros estamos trabajando fuertemente hoy, que yo creo que es el reto para todos los procesos progresistas de América Latina, es trabajar profundamente con las organizaciones sociales y en organización popular. Nuestros proyectos tanto en Brasil, Bolivia, Argentina, Ecuador, han sido proyectos populares plurinacionales, y esa característica tiene un amplio aspecto o metodología de trabajo con las organizaciones sociales, que en algún momento en el ejercicio de gobierno se rompió. Muchas organizaciones, a las que nosotros hemos abogado ahora para hacer resistencia, son las que en su momento fueron afectadas o resentidas, más que por fondos, por formas ejecutadas por nuestros mandatarios. Hoy es momento de volver a reconciliar o volver a re-enamorar –como hemos dicho nosotros– a estos sectores, que son la base fundamental de la construcción de este proyecto nacional y popular. Entonces, regresar a ver al sector de los agricultores, de los sindicatos, de los estudiantes, regresar a ver a la pequeña y mediana empresa que genera siempre producto nacional, se vuelve para nosotros imperante para generar, desde un proceso político profundo, una ganancia electoral próxima en las urnas.

Ahora estamos muy expectantes de lo que pase este año en Argentina, Bolivia y Uruguay. Sabemos que especialmente Argentina puede dar un giro importante en toda la región. Y sabemos también que en Ecuador tenemos el reto de generar, justamente, este gran frente social para parar la avanzada neoliberal pero, sobre todo, para volver a ser gobierno en las próximas presidenciables.

Fue una equivocación de la dirigencia en elegir a la persona que hoy prácticamente es la que le ha dado las espaldas al pueblo.

–¿Cómo se encuentra el sector correísta luego de la división de Alianza País, el partido que llevó a Correa a la presidencia? ¿Y qué balance hacen luego de las elecciones municipales que hubo hace poco en Ecuador?

–Después de perder el partido y de un bloqueo político que no nos ha permitido hasta la fecha inscribirnos en el órgano electoral como fuerza propia, pudimos, a través de otro partido político, presentar candidaturas a las últimas seccionales. Y el resultado superó nuestras expectativas, basados en que han sido dos años duros de resistencia. Nosotros teníamos otro tipo de participación en las seccionales, pero ahí es cuando digo que hay que volver a confiar fuertemente en nuestro pueblo. El resultado de las seccionales fue que el correísmo ganó dos de las tres provincias con mayor peso electoral, lo cual nos vuelve a situar en la palestra nacional de la disputa presidencial.

Muchos analistas han considerado que las municipales fueron ya parte de la primera vuelta presidencial, en la que se evidencia que la disputa por la presidencia será entre el correísmo y los social-cristianos, que es el partido de derecha más recalcitrante, representado por Jaime Nebot. El resultado ahora es obvio: si tú le preguntas al ecuatoriano si el día de mañana fueran las elecciones presidenciales por quién votaría, Rafael Correa lidera la preferencia electoral presidencial. Es lo que pasa, justamente, en Brasil. Y voy a repetir una frase que me gustó mucho de Rossi, la semana anterior, que decía: mira, Bolsonaro es presidente porque Lula está preso, Lula está preso porque el juez Moro le dictó sentencia y hoy resulta que el juez Moro es ministro de Justicia de Bolsonaro. Este modus operandi en el que han actuado en nuestra región, prácticamente es un formato que se cae por su propio peso; entonces Lula, Cristina, Correa siguen en la lista preferencial de las presidenciales.

Hoy Moreno, en cambio, cuenta con el 17% de aceptación; es decir, ocho de cada diez ecuatorianos lo rechazan. Y es claro cuando le preguntas al ecuatoriano quién gobierna en Ecuador: la respuesta primera es los grupos de poder económico; en segundo lugar, el gobierno de los Estados Unidos; en tercer lugar, Jaime Nebot, que es el representante de la derecha; y recién en cuarto lugar la gente identifica como gobernante a Lenín Moreno. Eso es lo que está pasando hoy en Ecuador. Pero también eso nos da una gran oportunidad de fortalecimiento de la tendencia correísta.

El correísmo ganó dos de las tres provincias con mayor peso electoral, lo cual nos vuelve a situar en la palestra nacional de la disputa presidencial.

–Sobre el posicionamiento internacional que está teniendo Ecuador, particularmente sobre el abandono de Unasur, la decisión de Lenín Moreno de participar en el Prosur, incluso en los medios ecuatorianos se le acusa al ala correísta de ser pro Maduro, ¿cómo está viendo el posicionamiento que ha tomado Ecuador a nivel sudamericano e internacional? ¿Y cómo juega la política exterior de Ecuador en su política interna?

–Es claro que la alianza de Moreno con el gobierno de Estados Unidos es la política que expresa esta serie de actitudes frente a la región. Como digo, el hecho de haber ido a Chile para presentarse a la convocatoria de Piñera en el lanzamiento de Prosur, fue un mensaje sumamente claro de cómo se está operando la política internacional en Ecuador. Hacia lo interno, cuando les digo que en segundo lugar el ecuatoriano sabe que gobierna el gobierno de los Estados Unidos, es porque además es evidente. El embajador de Estados Unidos prácticamente es miembro del gabinete del presidente Moreno. Y no exagero, porque lo que podemos ver es que acompaña los actos oficiales, inspección e inauguración de obras e, incluso, hace tres semanas que fue el proceso electoral seccional en el que el embajador de Estados Unidos fue el invitado especial del proceso de apertura de las mismas. Entonces, es obvio que la política ecuatoriana está guiada bajo esos argumentos, que a nivel internacional se expresan de esa manera; sin embargo, a nivel interno se expresan con crisis económica con el formato del FMI.

–Sobre Jorge Glas, el vicepresidente de Lenín Moreno, un nombre muy cercano a Correa que hoy está preso y que hace unas semanas llevó a cabo una importante huelga de hambre, ¿qué sabe de él? ¿Cómo se encuentra? ¿Y qué relación hace con Lula da Silva, principalmente en la repercusión que tuvieron ambos casos para el resto de las fuerzas progresistas de América Latina?

–Jorge Glas es un preso político del gobierno de Moreno. Jorge está hace un año y seis meses en prisión, sin que se le haya comprobado ninguna prueba por lo cual lo acusaron. Cuando en una entrevista le preguntaron al asesor presidencial por qué Glas sigue preso, la respuesta fue “por la fuerza de las circunstancias”. Es evidente que en un Estado donde ya no tenemos debido proceso, la persecución política y la prisión de líderes del progresismo, y en este caso del correísmo, es evidente.

Ahora mismo, un personaje muy conocido a nivel internacional –porque fue canciller del Ecuador, y yo creo que uno de los mejores cancilleres que ha tenido la patria ecuatoriana en su historia– está con amenaza de detención, y me refiero al compañero Ricardo Patiño, dirigente de la Revolución Ciudadana. Está con amenaza de prisión no por el acto de acometimiento de algún delito, sino por haber dado un discurso en una asamblea militante donde convocaba a la movilización y a la rebelión ciudadana. Por ese discurso, en este momento está tratando de detenerlo la fuerza del presidente Moreno y el sistema de justicia. Eso es lo que está pasando. Y vemos esto con Lula en Brasil, en Argentina con los casos de judicialización que enfrenta Cristina de manera permanente.

En mi estancia en Argentina, estuve con Cristina y con Milagro Sala y los tupamaros en Jujuy, estuve también con Amado Boudou en Ezeiza hablando largamente de estos procesos de prisión, donde la prisión preventiva se ha convertido en la primera herramienta de judicialización de la política en la región. De tal manera que este es el formato que nos han implementado. No pueden con la obra porque saben que la obra física que han construido nuestros gobiernos es sumamente potente, no pueden –como dice Correa– enrollar la carretera y llevársela. Lo que hacen es mancillar, desacreditar a los líderes políticos que pudieron hacerla posible. Así que con esta situación que estamos, la lucha no es jurídica, la disputa es política. Y para poder dar una disputa política debemos tener la fuerza necesaria de la organización de un pueblo que está dispuesto también a acompañar estas luchas y estas disputas en la política.

Julian Assange es llevado preso tras la expulsión de Moreno.

Sobre la cuestión de Assange, en estos días ha habido una campaña muy fuerte de Lenín Moreno para mostrarlo como un aprovechador que utilizaba las instalaciones de la Embajada ecuatoriana y maltrataba a los trabajadores; también circuló un video en donde se lo ridiculiza de alguna manera. ¿Cuál es la opinión de los ecuatorianos en relación a esto? ¿Qué pensaban cuando Correa le otorgó el asilo político y qué piensan ahora que Moreno se lo retiró?

–Mira, han sido una serie de contradicciones por parte del presidente Moreno sobre el tema de Assange. Lo cierto es que el tema de su entrega estaba acordado desde el día de su posesión; es decir, él de manera recurrente trató al tema de Assange como una piedra en el zapato, como haber violentado las normas de asilado. Luego, con la visita del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, que ha estado en Ecuador en junio de 2018, prácticamente después de esa visita Lenín Moreno salió a decir públicamente que el camino para la salida de Assange de la Embajada estaba casi listo.

Todo esto nos hace ver que realmente esas contradicciones han sido solo un justificativo para la entrega de Assange, que van desde el tema del presupuesto, considerando un gasto excesivo mantener a Assange en una Embajada, lo cual es irreal. Segundo, dijo que Assange había incumplido y había dado expresiones públicas que le incomodan al gobierno de Moreno, lo cual atenta fuertemente al tema de la libertad de expresión. Y llegó a decir que Assange estaba generando en la Embajada prácticamente un centro de espionaje, donde su gato era uno de los agentes fundamentales. Es decir, no es broma. Esto que se diga a nivel internacional, acusando al gato de Assange de espionaje, me parece que ya es desvariar sobre el tema de una realidad.

Pero, realmente para nosotros la protección de Julian Assange es un tema de derechos humanos, es un tema de defensa de un periodista que además defiende la libertad de expresión. Recordemos que Assange es fundador y director de WikiLeaks, que ha sido una de las organizaciones de informática internacional que han podido denotar al mundo toda la filtración y el espionaje que hace especialmente el gobierno de Estados Unidos contra otros Estados. Por eso es que el gobierno de Estados Unidos denominó a Assange en su momento como una amenaza prioritaria.

Para nosotros la protección de Julian Assange es un tema de derechos humanos.

Ahora, Assange, que es además ciudadano ecuatoriano, fue entregado violentando no solamente los tratados internacionales de protección de los derechos humanos, sino la propia Constitución de la República. Además, se atentó sobre la soberanía territorial cuando permitió que policía extranjera ingrese a la Embajada, prácticamente a arrastrar a un ciudadano ecuatoriano como es Assange.

Ayer tuvimos una gran manifestación en las calles de Quito, estuvimos cerca de 20 mil personas movilizadas en el centro de la capital, manifestándonos en contra de la entrega de Assange, pero también en contra del desgobierno y de las políticas antipopulares y neoliberales. Fue una marcha que tuvo una represión sin nombre: tenemos hasta el momento compañeros detenidos, pero además personas de la tercera edad, especialmente mujeres golpeadas y rota la cabeza a coletazos, pateadas por la fuerza de la Policía, muchas siguen en casas de Salud. Es decir, una represión sin nombre. Y nos parece irónico porque, mientras en este mismo momento el presidente Moreno se encuentra en Washington hablando de la protección de derechos humanos, su Policía, por orden de su gobierno, fue ayer la que reprimió fuertemente a una marcha que fue en tono pacífico a reclamar sobre esta entrega de Assange y contra las políticas neoliberales del gobierno de Moreno.

–Usted sabe que en Argentina hace algunos años hay un movimiento que ha tomado poder y mucha más iniciativa incluso que el movimiento obrero argentino, que es el movimiento feminista. Hemos visto en Ecuador, también, crecer ese tipo de movimientos. ¿Cómo está viendo desde Ecuador, desde su lugar de asambleísta y de mujer, este crecimiento del movimiento feminista? ¿Cuál es la situación en Ecuador, teniendo en cuenta también la discusión interna en el correísmo sobre esto?

–Realmente, es esperanzador ver cómo en países de América Latina hay una nueva corriente de organización y de movilización social, que se basa ahora en la reivindicación del feminismo. Y yo lo he planteado de manera reiterada: tomar la lucha feminista tiene que ser retomar la lucha contra el patriarcado. Tenemos que ir a ese debate fuerte de la ruptura de una estructura social, donde comprendamos que el feminismo es el que tiene la potestad, la capacidad y la fuerza de cambiar las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Y eso tiene que ver, claro, con temas de salud sexual y reproductiva, como es el tema del aborto; cuando vemos que muchas mujeres, especialmente pobres, siguen muriendo en clínicas clandestinas, producto de abortos que son catalogados en nuestros países como ilegales. Pero también tiene que ver con el empleo, con el acceso de la participación política plena, con el acceso a los derechos de manera plena, con la educación. Es decir, ir realmente directo a la estructura social.

Y de aquí no podemos obviar, y coincidíamos con varias colegas en Argentina –en un panel que fue en la Universidad Nacional de La Plata, hablando sobre feminismos en América Latina–, el debate de la lucha de clases y la gran oportunidad que tenemos desde el movimiento feminista en meter un tema profundo de desigualdad social. Por lo tanto, creemos que este movimiento es esperanzador.

Veo con muchísimo agrado y gratitud a todas las mujeres en Argentina y también en Ecuador al movimiento naciente. Digamos que aquí es una corriente naciente que esperamos que siga creciendo. Nuestra sociedad todavía es sumamente conservadora, muy patriarcal, muy adulto-céntrica y con rasgos masculinos; de tal manera que el debate es mucho más fuerte, pero para eso estamos, para darlo. Y como digo ahora desde el Parlamento, somos un grupo de parlamentarias y parlamentarios que estamos insertando estos temas dentro del debate parlamentario. Esperamos que esto realmente pueda seguirse dando aunque el Parlamento ecuatoriano ha tenido también una recomposición hacia la derecha, por lo tanto es muy complejo este debate a nivel institucional. Pero este debate también debe darse a nivel de la sociedad. Así que es muy esperanzador, esperamos que esto crezca y que el feminismo marque una nueva ola de transformación social en nuestras sociedades.