Día de les trabajadores: ¿Cómo nos encontramos las mujeres?

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Por Mariana Jacques y Florencia Cadario* \ El Día Internacional de les Trabajadores, celebrado el 1° de mayo en muchos países del mundo, conmemora las luchas sociales, reivindicaciones y conquista de derechos y de mejores condiciones en el ámbito laboral.

Si analizamos esta lucha desde un enfoque de género, podemos ver que se han logrado grandes avances en el marco formal para las mujeres en el mundo del trabajo, ya que se adquirieron derechos y se superaron algunas barreras; pero, en la práctica, subsisten un conjunto de desigualdades y violencias que aún hoy nos alejan de la equidad.

De acuerdo a los datos proporcionados en el resumen ejecutivo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado “Un paso decisivo hacia la igualdad de género”, en 2018 sólo el 45,3% de las mujeres tenían un trabajo, en comparación con el 71,4% de los hombres[1]. A su vez, muchas mujeres trabajan de manera informal o continúan encargándose de tareas de cuidado no remuneradas, sólo por mencionar algunos de los aspectos que dificultan el pleno acceso femenino al mercado laboral. Asimismo, existe otro factor que posiciona a las mujeres en una situación de desventaja: la brecha salarial que sigue siendo, en promedio, del 18,8% en todo el mundo[2].

Además, y como viene señalando la teoría feminista desde hace años, la esfera pública estuvo históricamente reservada a los varones, y las mujeres fueron relegadas durante mucho tiempo al ámbito privado. En cuanto a los espacios de poder y liderazgo, aún hoy siguen siendo ocupados mayoritariamente por el género masculino y las mujeres son minoría. Si bien la participación de las mujeres en dichos espacios puede variar según el contexto, la tendencia es que se encuentran en una posición de desigualdad.

Aún con el esfuerzo de organizaciones internacionales y ONGs que se dedican a fomentar la inclusión de las mujeres en espacios de poder y toma de decisiones, no hemos alcanzado la paridad. Según datos del referido informe de la OIT, sólo el 27,1% de las personas que ostentan cargos directivos y de liderazgo a nivel mundial son mujeres[3]. El ámbito de las Relaciones Internacionales no es una excepción. En este sentido, si bien existen diversos espacios de trabajo dentro de esta disciplina, haremos tan sólo una breve referencia a las mujeres que se desempeñan en las áreas de la diplomacia y la academia.

En cuanto al terreno diplomático, tal como explica Juan Gabriel Tokatlian, el 85% de les embajadores en el mundo son hombres. Los países nórdicos, que normalmente están a la vanguardia en inclusión, nombraron un 35% de mujeres, mientras que en Sudamérica se han designado sólo un 18% de mujeres, según estudios realizados sobre el tema[4]. Con respecto al Servicio Exterior de nuestro país, hay que señalar que de 85 embajadores, sólo 11 son mujeres y ocupan efectivamente el cargo en el exterior, es decir, un 13%, según detalla Analía Argento en un reciente trabajo periodístico[5].

La mayoría de los países aún se alejan considerablemente del modelo sueco, el cual plantea una política exterior feminista, con un Ministerio de Asuntos Exteriores liderado por una mujer, Margot Wallstrom, que se destaca por ser de avanzada en la lucha por la equidad de género.

En cuanto al ámbito académico, pese a los notables avances de las últimas décadas a nivel mundial, en general las mujeres siguen manteniendo niveles de subrepresentación, manteniéndose vigentes barreras horizontales y verticales.

En Latinoamérica en particular, por un lado, persisten ciertas disciplinas fuertemente masculinizadas, y por el otro, las mujeres encuentran muchas dificultades a la hora de alcanzar los puestos de alto liderazgo en diversas esferas de los sistemas nacionales de Ciencia y Tecnología.

Si tomamos como referencia al Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas de Argentina (CONICET), de un total de 250 Investigadores Superiores, sólo 52 cargos están ocupados por mujeres, lo cual representa un 25% frente a un 75% de ocupación masculina[6]. Asimismo, si abrimos los campos científicos y nos enfocamos en el de “Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales”, sólo el 46% de mujeres ocupa el cargo de investigadora[7].

Esto nos lleva a preguntarnos por qué sigue siendo tan difícil para las mujeres abrirse camino en estos espacios, y nos invita a pensar en la posibilidad de generar nuevos esquemas que permitan una mayor inclusión.

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[1] Organización Internacional del Trabajo. (2019). “Un paso decisivo hacia la igualdad de género”. Recuperado de: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/—publ/documents/publication/wcms_674751.pdf

[2]Ídem.

[3]Ídem.

[4]Tokatlian, J. G. (17 de abril de 2019). La diplomacia de las mujeres. Clarín. Recuperado de: https://www.clarin.com/opinion/diplomacia-mujeres_0_ZVfCaTYBK.html

[5]Argento, A. (3 de febrero de 2019). Lejos de la paridad de género: sólo un 13% de los embajadores argentinos en el mundo son mujeres. Infobae. Recuperado de: https://www.infobae.com/politica/2019/02/03/lejos-de-la-paridad-de-genero-solo-un-13-por-ciento-de-los-embajadores-argentinos-en-el-mundo-son-mujeres/

[6]Base de Datos del CONICET. Gráfico de Investigadores por Categoría y Género, 2017. https://cifras.conicet.gov.ar/publica/grafico/show-publico/169

[7]El porcentaje fue obtenido a partir de la sistematización de la información administrada por el buscador de CONICET, con los siguientes filtros: Área Derecho, Ciencias Políticas y RRII, todas las categorías de Investigadores, todas las provincias de Argentina. La búsqueda realizada el 25 de abril de 2019, arrojó un total de 230 investigadores, de los cuales, 124 son hombres y 106 son mujeres.

*Desde el Centro de Estudios en Género(s) y Relaciones Internacionales (CEGRI), grupo de investigación pionero en el país en dichas áreas, tenemos como uno de nuestros objetivos analizar las estructuras tradicionales de la disciplina y proponer nuevos modelos con una lógica de trabajo plural e inclusiva, que nos permita superar las distintas brechas de género. Los espacios dedicados al trabajo en el ámbito de los feminismos formulan e intentan implementar iniciativas que pueden generar resistencias en ámbitos conservadores. Sin embargo, lejos de aminorar la lucha para lograr una transformación que nos conduzca a la equidad, dichos obstáculos refuerzan la importancia de continuar por este camino.