El rap, las finales de NBA y las desigualdades de los EEUU

El rapero Nipsey Hussle, a la izquierda, junto al basquetbolista Stephen Curry.

Por Lucio Garriga Olmo |

Cuando el rapero Ermias Asghedom, más conocido como Nipsey Hussle, fue asesinado a tiros el pasado 31 de marzo en Los Ángeles, muchos lo relacionaron con una nueva disputa entre las pandillas del west o un ajuste de cuentas. Los mensajes de sus seguidores rápidamente se expandieron por todo el país. Artistas de primer nivel, como la cantante Rihanna, el rapero Kendrick Lamar o el histórico Snoop Dogg lo despidieron por las redes sociales. El propio ex presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, envió un mensaje a través de una carta: “Mientras la mayoría mira al barrio de Crenshaw, donde él creció, y solo ve pandillas, balas y desesperación, Nipsey vio potencial. Vio esperanza”, escribió.

¿Por qué un presidente de uno de los países más importantes del mundo despidió a un rapero que integró una pandilla relacionada con la violencia? Porque Nipsey Hussle, además de ser un rapero, fue un influyente líder comunal que luchó para revertir las desigualdades sociales que existen en el país y, especialmente, las diferencias que existen entre la comunidad blanca y la comunidad negra.

Hussle, que en el año 2018 inauguró un centro de ciencia y tecnología para unir a la ciudad con Silicon Valley, a lo largo de su vida ayudó al barrio donde creció con proyectos de infraestructura y, en el último tiempo, se había dedicado a luchar contra la violencia de las pandillas. El propio comisionado de la Policía de Los Ángeles, Steve Soboroff, declaró que estaba “muy triste” por su asesinato y afirmó que, al día siguiente de su muerte, tenían organizada una reunión para discutir “las formas en que se podría ayudar a detener la violencia de las pandillas”.

La NBA y las desigualdades sociales

Hussle era un habitual fanático del básquet y, especialmente, de Los Angeles Lakers. Su muerte, al igual que en el mundo artístico, también llegó al deportivo. La estrella de aquel equipo, LeBron James, lo despidió y se presentó a un partido con una remera con su rostro y la franquicia, al igual que su rival, Los Angeles Clippers, publicó un mensaje en sus redes sociales. Estrellas de primer nivel y de todos los sectores del país lo despidieron: el base de los Houston Rockets, Chris Paul; la estrella de los actuales finalistas de la liga y vigentes bicampeones, Golden State Warriors, Stephen Curry; y la figura de Philadelphia 76ers, Jimmy Butler, entre otros.

Nipsey Hussle, proveniente de una familia de Eritrea, fue un rapero que reunió mucho más que canciones con autos de lujo, joyas y drogas: logró representar a uno de los géneros musicales más populares del país con un mensaje –y acciones– de conciencia social que, en algunos puntos, tuvieron coincidencias con algunas estrellas de la NBA. A través de su música, levantó una voz que denunció la desigualdad económica y social que sufren millones de personas en la “democracia más grande del mundo” o donde “el sueño americano” todo lo puede. Esa desigualdad no solo está presente en los suburbios de las grandes ciudades sino que también se encuentra en la liga de básquet más importante del planeta.

Dedication feat. Kendrick Lamar – Nipsey Hussle, Victory Lap

El periodista francés Julien Brygo publicó un artículo en Le Monde Diplomatique titulado “La NBA, lejos del sueño americano”, donde se centra en explicar hasta qué punto la desigualdad social y económica del país está afectando a la liga. Según el autor, la NBA fue utilizada como un ejemplo del American Dream, es decir, la existencia de un sistema social en el que todo es posible porque todos los individuos tienen las mismas oportunidades de prosperar y triunfar. Al mismo tiempo, la liga expande un mensaje de meritocracia y de historias imposibles que refuerzan el sueño americano. Para esto cita los ejemplos del propio LeBron James, el hijo de una madre adolescente “que vuelve al Estado donde nació y ofrece a la ciudad de Cleveland su primer título deportivo en cincuenta años” o recuerda la historia de Giannis Antetokounmpo, “un vendedor callejero nigeriano indocumentado en Grecia que aprende a jugar en 2007 y diez años más tarde se vuelve uno de los mejores jugadores de la liga”.

El problema radica en que, para los pobres y los jóvenes de los suburbios, debido a la pobreza cada vez es más difícil llegar a jugar en la NBA. Según un estudio del periódico The Wall Street Journal, “en 2016, uno de cada dos jugadores de la NBA tenía por lo menos un padre deportista profesional”. Ejemplo de esto son las finales que se están jugando entre Golden State Warriors y Toronto Raptors. Dos figuras de equipo de la bahía californiana, Stephen Curry y Klay Thompson, son hijos, respectivamente, de un hombre que estuvo 16 temporadas en la liga y de un bicampeón con los Lakers.

Cada vez es más difícil llegar a la NBA, en parte, por la desigualdad que genera un desarrollo disparejo entre los jóvenes, lo que provoca, a la vez, que para los jugadores amateurs de los suburbios cada vez sea más difícil encontrar una salida a la pobreza a través del básquet. En su artículo, Julien Brygo cita un estudio del año 2010 realizado por la International Review for the Sociology, que demostró que “el 66% de los jugadores negros y el 93% de sus colegas blancos habían surgido de un medio privilegiado”. Triunfar en la NBA cada vez está más relacionado con condiciones privilegiadas que con la capacidad individual de superarse a partir de las mismas oportunidades que el resto de los habitantes del país.

“Triunfar en la NBA cada vez está más relacionado con condiciones privilegiadas que con la capacidad individual de superarse”.

Según el Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, Philip Alston, “en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Estados Unidos ocupa el puesto 35 de 37 en términos de pobreza y desigualdad”. Asimismo, según el Sistema de la Reserva Federal (FED, en inglés), en el 2016 “el 1% de las familias más ricas controló el 38,6% de la riqueza del país”, mientras que el “el 90% de las familias más pobres solo controló el 22,8% de la riqueza”. El propio organismo estatal reconoció que la distribución de la riqueza “se ha vuelto cada vez más desigual en los últimos años”.

A las diferencias sociales y económicas de los Estados Unidos entre pobres y ricos hay que sumarle, por una cuestión histórica, el carácter existente entre comunidades afroamericanas y blancas. Una disparidad que llega al sistema educativo, de salud, el comportamiento policial y de la justicia y la propiedad privada, entre otros aspectos. Según el mismo informe de la FED, “en 2016 los negros ganaron un 30% menos que los blancos”, lo que representó “una diferencia mayor que 1979”. En el mismo año, “uno de cada cuatro negros eran pobres”, mientras que en los blancos la relación era de uno a diez. La desigualdad también llega a la tenencia de una vivienda: según la Oficina del Censo, en el 2014 el 73,4% de los blancos tenía una casa propia, mientras que la tasa entre los negros era del 43,2%.

Uno de los aspectos más palpables donde esta diferencia es visible es en el comportamiento de los agentes de seguridad y del sistema judicial. Según la organización Human Rights Watch (HRW), “los negros son el 13% de los consumidores de drogas pero el 27% de los arrestos por estos delitos” y “tienen 2,5 veces más probabilidad de ser asesinados por la Policía que los blancos”. Este factor ha llegado a las grandes ligas, tanto a la NBA como a la National Football League (NFL). En el 2014, algunas estrellas como LeBron James, los bases Kyrie Irving y Deron Williams y los MVP –jugador más valioso– Derrick Rose y Kevin Garnett salieron a la cancha con una remera que decía “No puedo respirar”, las últimas palabras de Eric Garner, un joven afroamericano que fue asfixiado hasta la muerte por un policía en julio de ese año.

LeBron James, contra la violencia policial.

Las reivindicaciones que nacen a raíz de la lucha contra esta clase de desigualdades también llegaron, por cuestiones inevitables, a la dirigencia política, un punto que se profundizó con la presidencia de Donald Trump. En el 2016, la NFL vivió una situación atípica: en la previa del partido entre los San Francisco 49ers y los Green Bay Packers, el quarterback y una de las estrellas del equipo de San Francisco, Colin Kaepernick, se quedó sentado mientras sonaba el himno nacional. “No voy a levantarme para mostrar orgullo en una bandera para un país que oprime a los negros y a los de color”, explicó después. La medida generó una consternación nacional.

Colin Kaepernick, a la derecha, se arrodilla durante el himno nacional de EEUU.

Actos similares y de apoyo se desarrollaron en otros equipos de la misma liga de fútbol americano, así como de la NBA e, incluso, del fútbol femenino. En el centro de la discusión nacional, Trump llegó a llamar “hijos de puta” a los profesionales que protestaban. La medida de fuerza le costó la carrera a Kaepernick, porque al término de esa temporada no renovó contrato con su equipo y desde ese momento es agente libre, ya que ninguno de los otros 31 equipos lo contrató. Además, a raíz de las diferencias que existen con Trump el año pasado, los bicampeones de la NBA, Golden State Warriors, decidieron no acudir a la típica recepción que realiza el presidente a los campeones de las ligas y, en cambio, decidieron asistir al Museo Nacional Afroamericano.

Durante un mitin en Alabama, Trump criticó a jugadores que se arrodillan durante el himno nacional.

Cuando Nipsey Hussle fue asesinado a la salida de su propio local de ropa, en un crimen que hasta el momento –según la investigación– no está relacionado con la violencia de las pandillas, Colin Kaepernick fue una de las celebridades que lo despidió: “Esto es tan doloroso. Hussle estaba haciendo un gran trabajo para la gente”, publicó en sus redes.

Al final de su informe sobre la desigualdad y la pobreza, el Relator de la ONU, Philip Alston, afirmó: “El Sueño Americano se está convirtiendo rápidamente en la Quimera Americana, ya que los Estados Unidos ahora tiene el índice más bajo de movilidad social de cualquiera de los países ricos”. El rapero Nipsey Hussle y Colin Kaepernick, a través de sus diferentes formas de protestas, son la demostración del paso de un sueño a una quimera.