“Tiananmen tira por la borda el sueño de reforma política”

Concentración en la Plaza Tiananmen el 2 de junio de 1989. Ph. Getty/AFP Concentración en la Plaza Tiananmen el 2 de junio de 1989. Ph. Getty/AFP

En la noche del 3 de junio de 1989, 50 mil soldados chinos se desplazaron a la plaza central de Pekín, Tiananmen, para terminar con las manifestaciones encabezadas por el estudiantado, que se encontraba movilizado desde abril en reclamo de una reforma política. El gobierno de Deng Xiaoping había declarado la Ley Marcial en mayo, luego de que fracasara el diálogo con los estudiantes que ya habían propagado sus reclamos en varias ciudades del país, y habían logrado convocar a un millón de personas en la plaza. El pedido de una reforma política se había expandido a la cuestión económica, en el marco de un proceso inflacionario, y a múltiples demandas por mayores derechos civiles. Al día siguiente, el 4 de junio tropas y tanques del Ejército Popular Chino, en conjunto con la Policía, entraron en la plaza Tiananmen dispersando a la movilización y disparando indiscriminadamente, dejando un saldo de entre 200 y 2600 muertos en las calles de Pekín.

Los sucesos se conocen como la Masacre de Tiananmen, para la prensa occidental, mientras que a 30 años de los eventos el gobierno chino continúa nombrándolo como “el incidente”. Los medios oficialistas chinos valoran por sobre la represión, el periodo de reformas económicas que encabezó Deng Xiaoping, que catapultó a China a ser la potencia económica actual, y en su aniversario indican la relevancia que le otorga la prensa internacional como un intento de presión por parte del gobierno de EEUU. Para profundizar el análisis alrededor de este aniversario, y en pos de dilucidar las diversas calificaciones sujetas a una actual disputa de poder internacional, L´Ombelico del Mondo dialogó con Juliana González Jáuregui, profesora y titular de la cátedra “Estudios sobre China en el Mundo Actual” de la Facultad Latinoamericana para las Ciencias Sociales (FLACSO).

–¿Es simplemente una visión occidental que tenemos sobre China la falta de derechos humanos y el oscurantismo alrededor de ciertos eventos históricos como este nuevo aniversario de Tiananmen?

–Hay hitos como Tiananmen, que por más que China trate de tirar por abajo de la cama, como ocurrió también con la etapa reformista que arranca en 1978, que trata de hacer oído sordos sobre los grandes problemas que tuvo China en la etapa maoísta con la Revolución Cultural, hay un intento de tratar de ocultarle al sistema internacional estas cuestiones. Eso es una realidad. Desde EEUU se trata de resaltar mucho, intentando mostrar a China como un sistema oscuro. Mi percepción es que a la hora de analizar China hay que tener en cuente ese tipo de sucesos. Es real la falta de respeto a los derechos humanos en general, pero también hay que tener en cuenta que a la hora de analizar China, los occidentales pecamos de no alejarnos de nuestra visión para entender el mundo. Si entendemos el mundo en términos democráticos, en términos de derechos humanos como nos ha bajado línea EEUU, sí es un sistema oscuro. Hay pena de muerte, hay violaciones a los derechos individuales, el hecho de que en China no haya posibilidad de que existan sindicatos, que el levantamiento en empresas sea reprimido y no salga en medios internacionales. En eso está que el acceso a Google sea un acceso restringido, y el hecho de que se tenga control sobre los medios de comunicación, mucho control sobre la información que entra y sale de China, lo hace un país totalmente diferente a lo que uno está acostumbrado a los ojos occidentales.

Hay sectores del progresismo que ven en China un contrapeso a EEUU y por lo tanto se trata de un hegemón nuevo, o de un nuevo modelo que se puede llegar a instalar en las relaciones internacionales, y debemos tratar de alguna manera de ponernos a la cola de lo que está haciendo China a nivel internacional. Y muchas veces, ese mismo modelo está lleno de contradicciones.

–China se reconecta con el mundo a partir de la famosa reunión que celebran Mao y Nixon en 1972, y a partir de ahí China reingresa a Naciones Unidas. A partir de ello, China empieza un proceso de reconexión que se inicia con la etapa final de Mao pero que tiene una fuerte raigambre en la etapa de Deng Xiaoping, en la que China se reconecta con el Banco Mundial, con el FMI. Pero a ambos organismos les va a decir claramente que va a tomar ciertos ejemplos de Occidente pero va a ser sus reformas económicas de una manera propia. No emulan las recomendaciones del FMI y el Banco Mundial. El proceso de reincorporación a la OMC va a ser mucho más largo, y ahí sí va a tener que ver mucho Tiananmen porque, cuando estaba por reingresar al GATT, ocurren los hechos de Tiananmen y ahí se vuelven a cerrar las puertas del sistema internacional para China, que tiene una condena importante. La revuelta estudiantil y la represión dan cuenta de que todo esto de lo que China estaba hablando implicaba una reconexión con el sistema, una reforma económica incorporando características del capitalismo, pero claramente la reforma no era política. Entonces, seguimos teniendo hasta el día de hoy en el Partido Comunista grandes figuras que controlan absolutamente todo. Tiananmen termina por tirar por la borda el sueño de una reforma política.

Tiananmen termina por tirar por la borda el sueño de una reforma política.

En la actualidad en la región, es cierto que China promulgó en su política exterior un poder benevolente que apunta hacia el ascenso pacífico y en no inmiscuirse en los asuntos internos, sobre todo en términos políticos. Entonces, sí es un poder distinto al de EEUU y distinto en términos de retórica. Hasta, por ejemplo, sus exigencias políticas han sido mucho más livianas de las que imponía EEUU a la hora de acercarse a la región, o incluso a las de Gran Bretaña en su etapa de primera potencia mundial.

El hombre tanque, foto icónica de los sucesos de Tiananmen. Ph.  Jeff Widener
El hombre tanque, foto icónica de los sucesos de Tiananmen. Ph. Jeff Widener

Sobre la figura de Deng Xiaoping, el máximo líder chino durante los sucesos de Tiananmen, que siempre se lo recordó como la etapa de apertura de China, exclusivamente en el ámbito económico, lo cual así fue y tiene que ver con el crecimiento que tuvo China desde entonces. Pero Deng Xiaoping tenía una postura de que no solo había que desarrollar las fuerzas productivas y habilitar el capital extranjero para el desarrollo de China, sino también que esas reformas tendrían que ser  de un tono espiritual, hablaba también de una reforma cultural, él había sido perseguido por la Revolución Cultural de Mao por parte de los sectores más duros del maoísmo. ¿Hubo una apertura durante su periodo más allá de las cuestiones económicas?

–Sí, en realidad él se encuentra con una gran oposición al interior del Partido a la hora de ascender, y le cuesta mucho generar su liderazgo. Deng termina de poner en práctica las reformas que había ideado la mano derecha de Mao, quien fallece antes de que Deng Xiaoping tome el poder. Lo cierto es que, en cierta manera, Deng es como un heredero natural del Partido y a su vez no, porque todas las esferas más conservadoras estaban muy en contra de las reformas que él proponía. También proponía una reforma en términos políticos, burocráticos, de intentar de “democratizar”, en los términos de las esferas chinas. Entonces, Deng sí lo que intenta es no tirar por la borda pero tratar de rescatar lo que tiene que ver con reposicionar a la China del siglo XV, volver a China un país grande, convertirla en un país desarrollado no solo en términos económicos sino culturales. Recuperar la cultura milenaria y volver a ser un país central con esto que se habla de las “características chinas”, todo ese aspecto cultural del confucionismo, el hecho de impulsar el idioma, la instalación de Institutos Confucio en muchos países del mundo. Claramente, su abordaje va a ser revolucionario y va a ser mucho ruido al interior del Partido. Por suerte, diría, logró hacerse del poder para avanzar en términos económicos. En términos políticos, sigo viendo que el Partido es cerrado, siguen estando los ocho grandes que dominan las esferas más altas del Partido y son los dueños de las grandes decisiones. Y creo que en Tiananmen está esto: tratar de evitar las esferas de corrupción, de la concentración de poder político, y eso lamento que siga pendiente.

En relación a la actualidad y a Xi Jinping, ¿qué nos podes decir acerca de su figura?

–Su figura es una muy fuerte. Su legado teórico se incluye en la Constitución china a partir de la Asamblea del año 2016, al mismo nivel que lo tuvo Mao y Deng. Hay solamente tres líderes que a partir de la revolución y de la instalación de la República Popular han llegado a tener ese peso político en China. Él viene a contarle a su propia población y al mundo que están decididos a convertirse en el primer país del mundo. Entre eso, podemos citar varios ejemplos: los últimos dos planes quinquenales incluyen la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, que es una iniciativa geopolítica que está ahora intentando implicar al Ártico y a Latinoamérica; la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIID); y sobre todo los lemas de “la nueva normalidad”, el hecho de instalar un programa como el Made in China 2025, que implica posicionar a China como líder tecnológico de acá al 2050, son datos no menores.

Xi Jinping inició su gobierno diciendo que iba a arrasar con los tigres y las moscas, que tiene una doble interpretación. Por un lado, la que el Partido Comunista quiere mostrar al mundo, que es combatir a la corrupción. La mirada quizá más oculta tiene que ver con que a Xi Jinping le molesta la oposición, entonces de los tigres a las moscas implica eliminar a los corruptos desde los más pequeños a los más grandes, y eso implica también deshacerse de gente que va a ser eliminada de la esfera política acusada de corrupción, pero con el hecho básicamente de deshacerse de la oposición. Entonces, Xi va a tener una envergadura política y una proyección internacional de un líder que en China no se ve desde Deng, pero que yo creo que su figura incluso la supera, tal vez también por el contexto internacional distinto.

Se habla mucho del control interno de China sobre las redes sociales e Internet. Una de las demandas es que China abra su Internet. En esta guerra comercial que se disputan con aranceles y en relación a la carrera tecnológica, ¿cómo ves posicionada a China? ¿Creés que es capaz de afrontar esta guerra comercial?

–Acaban de lanzar esta semana el libro blanco de cara a EEUU, donde China establece todos los puntos en los que entiende por qué es un problema la guerra comercial, donde claramente se posiciona echándole la culpa a EEUU, no solo de las implicancias de la guerra comercial para su relación bilateral, sino para el resto del mundo. Al final del documento, la conclusión dice que ellos están convencidos de que su aspiración hacia el desarrollo no va a ser interrumpida ni por EEUU ni por nadie, más allá de lo que haga Trump a través de sus excusas, y diciendo que ellos roban propiedad intelectual cuando en realidad no. Lo cierto es que ellos están convencidos de que van a posicionarse como tales y van en busca de eso.

Entonces, es central de que más allá de las exigencias que tenga EEUU, hoy no se encuentra con la China que quizá teníamos en los 80´, 90´ o diez años atrás. Y es crucial la convicción que viene a instalar Xi Jinping desde que ingresa al poder en 2013, de que China busca convertirse en el primer país del mundo. Y en eso el objetivo Made in China 2025 va acompañado de destinar la misma cantidad de presupuesto que destinan países como EEUU y Alemania, los grandes dominantes de la investigación y el desarrollo en el mundo, para generar un know how propio. Y eso es lo que preocupa y está detrás de la guerra comercial. Ellos están dispuestos a cooperar con EEUU, siempre y cuando se den cuenta de que ellos no van a ceder un centímetro.