Presidente del Parlasur: “Hay que ver la letra chica de lo que se acordó”

Daniel Caggiani, presidente del Parlasur. Ph. LaDiaria/Santiago Mazzarovich

Por Lucio Garriga Olmo |

En el marco de la 54º Cumbre del Mercosur realizada en Santa Fe, Argentina, de singular relevancia por ser la primera reunión técnica y de jefes de Estados tras el anuncio del pre acuerdo entre el bloque mercosureño y la Unión Europea (UE), L`Ombelico del Mondo dialogó con el actual presidente del Parlamento del Mercosur, Daniel Caggiani.

El joven diputado del Frente Amplio uruguayo, militante del Movimiento de Participación Popular (MPP), abogó por una superior participación de la institucionalidad del Mercosur y una mayor transparencia sobre los acuerdos anunciados: “hay que ver la letra chica de lo que se acordó”, dijo Caggiani.

A la vez, se explayó sobre las trabas existentes para que los países negocien la entrada en vigor del acuerdo de modo bilateral; y sobre el contexto económico y político de la región, particularmente explicó el escenario electoral de octubre en Uruguay.

¿Cómo analiza la cumbre del Mercosur?

–Es la Cumbre que finaliza la presidencia de Argentina, una cumbre especial que se da en el contexto de la campaña electoral de la Argentina y que, sin duda, está mediatizada por el posible acuerdo con la UE que cierra un acuerdo de negociación de más de diez años, que se inició en la década de los ´90 con otra UE y otro Mercosur. Y que en un contexto mundial complicado, por lo menos en materia comercial, sin duda creo que la culminación de un proceso de negociación es importante y bueno, en términos de mensajes al mundo. Si bien este no es un espacio multilateral, porque es plurinacional, creo que es importante por dos regiones que tienen lazos culturales, históricos. La presencia de la UE ya sin acuerdo es muy importante porque tiene muchas inversiones, servicios públicos –como en el caso de Argentina–, pero además tiene muchas empresas y tiene un intercambio comercial importante. Sin duda creo que eso es interesante.

Después hay que ver la letra chica de lo que se acordó, porque hay como varias bibliotecas. Está la biblioteca más estructural, que dice que estos acuerdos terminan siendo como la regulación y el establecimiento de las relaciones asimétricas comerciales que ya existen por el desarrollo industrial, y otra de consolidación del sector primario y extractivista del Mercosur. Yo creo que los acuerdos no son buenos ni malos; creo que a los acuerdos hay que estudiarlos y hay que ver cuáles son esos cambios y ver, también, cuáles son las políticas públicas que se construyen para mitigar esos impactos. Porque sino el mundo estaría encerrado entre fronteras nacionales, y esto tampoco sería bueno. Es lo que está pasando con Trump en EEUU, en Italia. Esa construcción del nacionalismo que trata de construir muros hacia el otro. En el caso de EEUU, “contra los extranjeros que nos vienen a sacar nuestro trabajo”, pero también “hacia los chinos que vienen a sacarnos nuestras industrias”. En ese contexto, es bueno. Después hay que analizarlo en sus aspectos más duros para ver cómo afectará.

¿Cómo analiza el proceso de negociación que se llevó a cabo, la divulgación pública de la misma como presidente del Parlasur y qué rol cumplió el Parlasur?

–El Parlamento del Mercosur es un parlamento con una debilidad institucional bastante importante. Nosotros tenemos un poco menos de diez años y tuvimos un parate cuando se sancionó a Paraguay y el Parlasur quedó estancado. Tiene todas las debilidades que tiene el Mercosur, que son instituciones precarias, débiles institucionalmente, presupuestalmente y técnicamente. De todas maneras, creo que en esta última parte se ha intentando redinamizar el proceso de integración política y, sin dudas, creo que si nosotros construimos un mercado común –que entre otras cosas tiene un arancel externo común– necesariamente tiene que haber un Parlamento que tenga competencias por lo menos sobre ese mercado común y sobre ese arancel externo. Si existe una zona de libre comercio no necesita haber un parlamento, necesita haber un parlamento para, sobre todo, trabajar sobre esos aspectos y también para trabajar en la parte social, en la parte educativa, productiva; es decir, me parece que sin duda ese es un elemento central.

El Parlamento del Mercosur es un parlamento con una debilidad institucional bastante importante.

Primero, nosotros tenemos poca capacidad, nula de incidencia y tenemos muy poca capacidad técnica. Hemos reclamado en la última reunión del Parlamento del Mercosur e hicimos dos pedidos de informe: uno al Consejo del Mercado Común (CMC) y otro pedido para trabajar en conjunto para poder establecer una línea de trabajo, porque el Mercosur está relanzando su agenda externa y el Parlasur, en cuanto a la representación social y política, tiene que conocer de primera mano cuáles son los impactos positivos y los negativos en nuestros sectores, en nuestra ciudadanía y en el contexto general para nosotros también poder ser articuladores con las decisiones y también de las demandas ciudadanas. Hoy, en realidad, tocamos muy poco pito. Nosotros queremos avanzar más, queremos tener más competencias y nos comprometimos públicamente a presentar lo que vendría a ser como una idea de cómo se debería trabajar entre el Mercosur y el Parlasur en la institucionalización de un mecanismo de consulta y de diálogo para nuestra agenda externa. Si nosotros le vamos a dar preferencias arancelarias a determinados productos, ¿qué resultado va a tener en materia comercial y en materia concreta en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay? ¿Qué beneficios y qué agenda externa se pone para la implementación de ese posible acuerdo? En concreto, hoy estamos muy débiles y tenemos muy poca capacidad de incidir en eso, pero sí estamos generando bastante musculatura para incidir en un futuro.

¿Cómo cree que va a incidir el acuerdo en Uruguay?

–Los acuerdos, como son acuerdos marcos, no solo tienen incidencia en un país. Es decir, de repente para nosotros ciertos sectores –como el cárnico, el de arroz, las frutas– nos puede beneficiar porque tenemos preferencias arancelarias para entrar en un mercado que está cuantificado y que tiene aranceles altos. Eso puede ser un beneficio directo. Pero por otro lado, nos pasa lo mismo que a Argentina, que cuando ingresan productos de esta región, como en este caso Brasil, resiente nuestras exportaciones, como por ejemplo de lácteos y quesos, que son exportaciones muy importantes para un sector embromado en nuestras producciones. Los impactos son diversos y hay que analizarlos en su globalidad. Yo creo que lo importante es que en realidad nosotros vamos a tener, en algún momento, la información concreta de lo qué se ha negociado. Vamos a poder debatir con los sectores sociales, con los trabajadores, con las cámaras empresariales, con los estudiantes, los partidos políticos. La sociedad civil en general va a poder debatir acerca de cuáles son los aspectos positivos y cuáles los negativos que tiene este acuerdo, y cómo podemos avanzar en mecanismos más transparentes para las negociaciones de futuros acuerdos. Porque, en realidad, si nosotros queremos tener relaciones comerciales con el resto del mundo, de manera que nos posibilite tener cierta autonomía y la capacidad de incidir en un mundo cada vez más globalizado de manera más independiente, tenemos que tener por lo menos una respuesta en este sentido.

¿Cómo analiza el hecho de que los gobiernos hayan aceptado una entrada en vigor provisional bilateral de acuerdo con la UE?

–Al tener preferencia arancelaria para un bloque comercial, si vos terminás de negociar con otro bloque comercial una preferencia arancelaria, automáticamente ese bloque tiene la preferencia arancelaria para el conjunto del acuerdo. Creo que, en ese sentido, solidifica el Mercosur en tanto no van a poderse dar negociaciones por vía bilateral o flexible entre los diferentes países del bloque sino que va a tener que ser en conjunto. Ese puede ser un aspecto positivo del acuerdo. Después hay otros aspectos negativos que sin duda hay que analizar. Creo que eso más bien son señales que se dan más en materia política. Vendría a ser como trata de poner en un contexto político particular quizás determinado tipo de anuncios que podrían ser beneficiosos para determinados sectores económicos y sociales.

No van a poderse dar negociaciones por vía bilateral o flexible entre los diferentes países del bloque sino que va a tener que ser en conjunto.

Me parece que, en términos generales, lo que nosotros tenemos que analizar es cuáles son los aspectos positivos y cuáles los negativos de este acuerdo, y cómo después influye en nuestra ciudadanía, cuáles son las posibilidades de desarrollo de nuestras industrias, nuestra industria naciente, nuestros servicios, nuestro desarrollo de compras públicas para fomentar el desarrollo de nuestras pequeñas y medianas empresas. Todas esas son cosas que me parecen importantes conocer.

¿Cómo analiza la actualidad de América Latina?

–Si uno mira diez años atrás estamos en un franco retroceso. La crisis económica financiera que empezó en los EEUU y que después siguió en Europea terminó pegando en América Latina. Hay, también, un cambio de gobierno y una doctrina hacia América Latina, donde se han destruido todos los lazos de integración que se habían creado durante los gobiernos progresistas, populares, nacionales –como quieran llamarse– porque eran bastante amplios. Se había creado, a partir del Mercosur, la Unasur y también la Celac que eran espacios multilaterales que podían permitir debatir temas centrales para nuestros países como, en la Unasur, los que tenían que ver con la defensa de nuestra soberanía, y en la Celac, desde México hasta Tierra del Fuego, los temas que hacían a los diálogos políticos y la disertación, a definir a América Latina como una zona de paz. Eso fue una cosa muy importante y hoy está en cuestión, no solo con el conflicto venezolano sino también con el recrudecimiento del conflicto colombiano, con el incumplimiento por parte de Gobierno colombiano de la paz y del incumplimiento de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Hay un franco retroceso desde el punto de vista político y desde el punto de vista económico también. Creo que se están sintiendo las crisis económicas de muchos países. Hay como una disminución de la calidad democrática y un aumento de los aparatos represivos y creo que, sin dudas, eso también tiene que ver con el contexto de ajuste estructural que están viviendo nuestros pueblos, en algunos países tratamos mantener un cierto nivel de crecimiento económico pero no somos una isla, como los casos de Uruguay y Bolivia. Es un contexto bastante complejo, pero me parece que también es un contexto importante para que los sectores sociales, los trabajadores, los estudiantes, los campesinos  y las fuerzas políticas puedan restituir, al menos, un bloque social de cambio que también permita conquistar gobiernos nacionales.

El ex intendente de Montevideo, Daniel Martínez, candidato a presidente por el Frente Amplio.

¿Cómo analiza el contexto actual uruguayo luego de las elecciones primarias y a pocos meses de las elecciones generales?

–Vamos a enfrentar uno de los procesos electorales más complejos que tiene el Frente Amplio desde la llegada al gobierno. El Frente tiene más de 40 años, nació en 1971 y, a los pocos años, dieron un golpe de Estado y los metieron a todos presos. Después se recompuso, enfrentó al neoliberalismo, trabajó en la recuperación de la democracia y, en el 2004 –luego de la crisis–, logramos tener un ascenso al gobierno en material electoral, y creo que hemos logrado avanzar en materia de inclusión educativa, inclusión en derechos de salud que tanto tiempo habían sido postergados. Pero, sin dudas, hoy la sociedad se ha diversificado en derechos y también tiene mayores exigencias y tenemos que, también, reconstruir un relato y construir una nueva esperanza para que el Frente siga participando en el gobierno.

¿Cuáles cree que van a ser los principales temas de campaña este año?

–Hay una agenda parecida a la que se ha instalado en la región. Tenemos una novedad que es un candidato (Guido Manini Ríos) de un partido casi militar, que era Comandante en Jefe del Ejército, que tiene una agenda bastante conservadora. A la uruguaya, pero conservadora al fin, que rechaza a los migrantes. De hecho, el próximo fin de semana va a sacar un plebiscito para intentar derogar la ley que prevé que las poblaciones trans y LGBT tengan una posibilidad de inclusión en la sociedad, a partir de lo que ha sido el contexto de marginación que siempre han tenido. Sin dudas, el escenario de mayor hartazgo fiscal y de hartazgo social que se establece por determinados medios de comunicación que terminan imponiendo una agenda, dominando. En algunos sectores sociales ha pegado, pero creo que, en el conjunto de la sociedad, me parece que lo importantes es si seguimos avanzando para tratar de decidir que las transformaciones que se vienen para nuestras sociedades son impostergables, como son la transformación en el mundo del trabajo a través de la incorporación de la tecnología, la transformación en la representación política también a través de estas nuevas tecnologías y la utilización maquiavélica que se hacen, la representación de nuestros sindicatos y nuestros trabajadores, que también tienen que reformularse en función de estas nuevas realidades. Creo que también esto se va a dar en un contexto donde en realidad podemos seguir avanzando en una línea de crecimiento con distribución y con más inclusión, o volvemos a una agenda conservadora que lo que va a hacer es recortar derechos y, sobre todo, limitar la capacidad de los sectores más pobres. Esto se instala, por supuesto, con otro discurso. La derecha ha logrado modernizarse y cambiar su discurso, pero va con los mismos temas. Hoy no te dicen lo que van a hacer, pero lo hacen, y ustedes los argentinos lo saben.

En Brasil y en Argentina ha ocurrido que luego de la conquista de derechos, con la llegada de los gobiernos de derecha fueron arrebatados. ¿Qué se puede hacer para que no pase lo mismo en Uruguay con, por ejemplo, la Ley Trans o el derecho al aborto?  

–Lo primero que hay que hacer es movilizarse y trabajar en pos de la unidad. Nosotros como Frente Amplio somos una fuerza política policlasista, que tiene una diversidad importante. Nosotros integramos al Partido Demócrata Cristiano que en otras latitudes tiene posiciones más de derecha, aunque en Uruguay siempre ha tenido una política más de izquierda, hasta el Partido Comunista y los Tupamaros. Es un frente muy diverso que trata de trabajar en pos de la unidad. ¿En qué se basa la unidad? En tratar de construir un programa común y en una candidatura que lo impulse, que lo sostenga y que englobe a todos y que, más allá que nos guste más o menos a cada uno, por sobre todo que nos permita avanzar un poquito más sabiendo que una de las cosas que más nos une, parafraseando a Borges, es el espanto. Lo que viene siempre es peor a cómo estamos y, sin duda, creo que también el contexto de movilización social, de tratar de incorporar en la agenda de debate a los sectores sociales más postergados, a los trabajadores, a los estudiantes también es importante porque nos impulsa a seguir avanzando. Y es un elemento central para poder, primero, vencer en las elecciones y, después, seguir un camino de transformación.

Será la primera vez que no se presenten ni  José Mujica ni Tabaré Vázquez. Es un momento de renovación en el Frente Amplio. ¿Se ve en algún lugar de recambio en el futuro?

–Es un momento fuerte. En realidad, los partidos políticos tienen un proceso de renovación que se da naturalmente, que puede ser a través de las pérdidas de gobierno que generan un proceso de renovación, o a través de las pérdidas de los líderes por muertes. En este caso, estamos en un proceso de renovación atípico que, mientras gobernamos, estamos tratando también de generar un elenco de nuevas figuras que le puedan permitir a la sociedad elegir libremente quiénes quieren ser representados. Igual nosotros decimos que los cambios no se decretan. Se ganan a partir de liderazgos que la sociedad va definiendo a lo largo del tiempo. Ese es un tema más a largo plazo pero muy importante. Tenemos que ver cómo, desde el punto de vista político, rediscutimos el nuevo consenso progresista o de izquierda para nuestros pueblos; es decir, cómo hacemos para incorporar nuevas miradas que quizás en esta agenda pos-neoliberal no estaban incorporadas, que tienen que ver con el medio ambiente, con la agenda de género, con la participación de los gurises, las nuevas formas de hacer políticas y cómo esa izquierda de la sensibilidad también puede trabajar con esa izquierda que tiene una mirada global de los problemas y cómo, a partir de esa síntesis, construir nuevos proyectos políticos que sigan avanzando. Esa es una de las prioridades.