Balotaje en Uruguay: ¿continuidad o fin del ciclo progresista?

Daniel Martínez, FA, y Luis Lacalle Pou, PN, se dan la mano durante el último debate presidencial. Ph. Reuters Marian Graif

El próximo domingo, el pueblo uruguayo irá a las urnas para decidir el fin o la continuidad del Frente Amplio (FA) en el gobierno, tras 15 años de gestión. En medio de un proceso de renovación interna, en el cual el Frente no presentó a cargos electivos a sus principales figuras históricas –ni Danilo Astori, Pepe Mujica o Tabaré Vázquez fueron de la contienda, entre otros–, el candidato a presidente y ex alcalde de Montevideo, Daniel Martínez, alcanzó cerca de un 40 por ciento de los votos en las pasadas elecciones del 27 de octubre, 8 puntos porcentuales menos que en la primera vuelta de 2014.

Mientras que todos los partidos tradicionales sufrieron una disminución de su apoyo popular, la primera vuelta estuvo signada por la irrupción del candidato por Cabildo Abierto, el ex general Guido Manini Ríos, quien, con una fuerte agenda centrada en la seguridad, obtuvo el 11 por ciento de los votos. El ahora senador electo enfrenta una investigación por no haber informado, en carácter de comandante en jefe del Ejército en el gobierno de Tabaré Vázquez, la comisión de delitos de lesa humanidad perpetrados por parte de un militar durante la última dictadura, y conocidos en un Tribunal militar el año pasado.

El contrincante de Martínez en el balotaje y candidato por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, quien alcanzó un 28,62 por ciento de los votos, formó una coalición luego de las elecciones de octubre, junto al ultra derechista Manini Ríos y el neoliberal Ernesto Talvi del Partido Colorado, quien obtuvo un 12,3 por ciento. En consecuencia, en caso de que Lacalle Pou pudiera acaparar todos los votos de la coalición, esta estaría superando el 50 por ciento de los votantes, lo cual terminaría con la continuidad del frente izquierdista.

Sin embargo, en el Frente Amplio apostaron por incrementar su apoyo popular mediante una campaña de proximidad y con una muestra de unidad en el cierre de campaña. Mientras que Martínez prefirió cerrar en soledad la campaña de octubre, para el balotaje cerró junto a los históricos Danilo Astori, Lucía Topolansky, Javier Miranda y Pepe Mujica, quien declaró que “ha salido a chancletear, a juntarle votos (a Martínez)”.

El candidato Daniel Martínez junto a históricos del FA en el cierre de campaña. Ph.: Fernando Ponzetto

L´ Ombelico del Mondo dialogó con Fernando Gamberra, secretario de relaciones internacionales de la central única de trabajadores de Uruguay, el Plenario Intersindical de Trabajadores – Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT), a pocos días de la primera vuelta, quien entonces realizó un análisis acerca de la coalición entre blancos, colorados y la emergencia de la figura de Manini Ríos, así como reivindicó la redistribución de la riqueza acontecida en los 15 años de la experiencia frenteamplista. Además, adelantó que van “a enfrentar cualquier proceso de restauración que quiera ir para atrás”.

–¿Se esperaban un voto tan a la derecha en un país que en los últimos años alcanzó logros sociales y económicos muy importantes con un gobierno progresista?

–Primero, hago una introducción, que es que, quien habla, es un dirigente sindical de la única central sindical que hay en el Uruguay. Eso hace que, desde el fondo de la historia de nuestra convención de nuestra central sindical, haya una tradición de independencia de todos los partidos políticos, y ni que hablar del Estado. Eso no nos hace ni mejor ni peor que nadie. Simplemente, digo que es una seña de identidad de nosotros que, de alguna manera, hizo que desde el 2005, con el advenimiento de los gobiernos del Frente Amplio, incluso el movimiento sindical uruguayo se definiera como independiente pero no indiferente. Queriendo decir con esto que no nos es indiferente todo el proceso de cambio que ha habido en Uruguay desde el 2005 para acá, que tiene que ver con cuestiones que directamente nos involucró a nosotros, como por ejemplo las leyes de negociación colectiva, las leyes de foro sindical, pero también con lo que ha sido toda la agenda de derechos: matrimonio igualitario, ley de aborto… una cantidad de avances sociales y políticos que han habido que nosotros. En el día de hoy se reunió la secretaria del PIT-CNT, y hay una declaración que está saliendo en estos minutos que, entre otra cosas, dice que vamos a enfrentar cualquier proceso de restauración que quiera ir para atrás con esos avances.

Claramente, no vamos a negar que en Uruguay haya habido un nicho de votos de la derecha desde siempre, pero sí, de alguna manera, nos preocupa y nos pone en alerta este resultado, porque no era de esperar que hubiera un 10 por ciento de apoyo a una opción tan de derecha con tan poco tiempo. Pero, naturalmente, sí ya estábamos preocupados y analizando el fenómeno, porque esto lo que comprueba es que Uruguay no es ningún país blindado, ni que sea una isla, ni que la fórmula y la receta que se viene aplicando en el mundo en general, y particularmente en el continente, nos llegara y estuviéramos exentos de que esto pasara. Entonces, la combinación de determinado poder de algunos medios de comunicación que repiten y machacan continuamente un tema que a todo nos preocupa, y que no dejamos de decir que haya algunas razones reales, pero se exacerba el tema de la seguridad; y, al mismo tiempo, se exacerba que la solución a la seguridad es una escalada de mayores penas, que podríamos terminar en disparates como llegar en este país, que nunca hubo, a una pena de muerte. Y sí ya se habla de penas perpetuas que no sean revisables. Toda esa escalada hace que este espacio de derecha haya tenido llegada a la población.

Ahora viene el desafío en esta segunda vuelta de que los sectores progresistas y con sensibilidad social tengan la capacidad de convencer a votantes del resto de los partidos de que no se puede convalidar una coalición de gobierno que supone acuerdos con este sector, que yo ya doy por descartado que alguna de las condiciones que debe poner es que no debe haber un solo peso más del Estado para seguir moviendo tierra en los cuarteles a ver si podemos, de una vez por todas, encontrar los restos de todos los desaparecidos en Uruguay.

“Vamos a enfrentar cualquier proceso de restauración que quiera ir para atrás”.

–En los últimos meses hubo una serie de conflictos importantes que tiene que ver, por un lado, con un pedido de los sectores empresariales de reforma de la ley laboral, que venía inclusive con un apoyo de la OIT para retrasar los derechos de los trabajadores; y, por otro lado, un conflicto con la salida de Petrobras de Uruguay. ¿Estos sectores patronales que intentan avanzar sobre los derechos laborales están vinculados con el crecimiento de cierta derecha en Uruguay?

–Por supuesto que están vinculados. Paradójicamente, y por el contrario, a los dirigentes sindicales se nos vive pidiendo credencial y demostración de que somos independientes y verdaderamente representantes de los trabajadores, y de que no tenemos intereses políticos y partidarios que nos muevan a la vez. Sin embargo, a quienes están del otro lado de ese mostrador, a quienes representan a las empresas, abogados connotados de este país, que además han hecho muy buena plata ejerciendo esa función de representar a las empresas en la negociación colectiva durante estos años, hoy uno los ve como asesores y, factiblemente, alguno de ellos sea el ministro de Trabajo, si se diera que la población vota por mayoría al candidato Lacalle. Y a esos, la gran prensa y los generadores de opinión no le piden esa misma independencia  y credenciales que se nos pide a nosotros. Son la comprobación palmaria de que claramente hay un bloque en el poder económico que quiere restaurar ese bloque en el gobierno, para retroceder en los avances que tuvimos en la negociación colectiva.

Por otro lado, esa denuncia en la OIT el objetivo que tenía, más allá de los vericuetos formales, es tener un retroceso en lo que ha sido la experiencia de negociación colectiva en estos 15 años y que haya una negociación colectiva con suerte en algunas empresas en donde ellos estén dispuestos a tenerla. Y nosotros seguimos reivindicando lo que ha sido esta experiencia de 15 años de negociación colectiva, en donde hay una negociación por ramas de actividad, que después se va degradando hacia abajo por los diferentes subgrupos dentro de la misma rama de actividad. El resultado de ese proceso de negociación colectiva de estos 15 años ha dado una redistribución de la riqueza que, por ejemplo, se refleja en una recuperación salarial promedio y de una recuperación de las jubilaciones promedio, porque las jubilaciones tienen aumento en enero cada año atado al índice medio del salario, que en estos 15 años totaliza un 53 por ciento de recuperación salarial y de las jubilaciones. Y eso ha hecho que se compruebe en número lo que es una redistribución de la riqueza, en tiempos en los que el país tuvo además un poco de suerte en tener viento de cola en el crecimiento y demás. Esto es lo que nosotros no estamos dispuestos a retroceder ni un tranco de pollo, sea quien sea. Pero, sí, claramente es este bloque político que pretende retroceder en los derechos, y en particular en esto que para los trabajadores es primordial que es la negociación colectiva. Si se retrocede, al otro día tienen a toda la gente en la calle manifestándose porque no se va a aceptar.

“En estos 15 años (hubo) un 53 por ciento de recuperación salarial y de las jubilaciones”.

–En relación a la figura de Guido Manini Ríos, que se lo asociado mucho con la figura de Bolsonaro, ¿cuál es la incidencia de Brasil en la campaña electoral del Uruguay? Sobre todo pensando en la agenda securitaria y cómo han crecido este tipo de figuras. ¿Cuánto se habla de Brasil en Uruguay?

–Para nosotros, no es que desconozcamos que hay un problema. Yo no sé si llamarle de seguridad, efectivamente hay un problema de convivencia, y hay violencia instalada. Fijate, ayer las maestras de Uruguay estaban movilizadas aquí en Montevideo porque una mamá agredió a una maestra por una situación en la escuela. Para nosotros, y eso seguro que en el país de ustedes es igual, en todos los barrios una maestra era una figura inmaculada, intocable… es verdad que hay cuestiones de la sociedad que hay que rediscutir.

Ahora, poniendo militares en la calle, pretender resguardar esa convivencia ciudadana con militares, como es la reforma que se promovía acá, o como es lo que Manini haría sin duda, está comprobado que no funciona. Porque vemos lo que pasa en Brasil, vemos lo que está pasando en Chile. Evidentemente, tanto la situación de Chile, como cualquier cosa que diga Bolsonaro, por supuesto que acá influye, tanto que Bolsonaro salió a decir que apoya y es hincha de que Lacalle Pou gane en Uruguay, y el propio Lacalle ahora está diciendo que no está de acuerdo con que Bolsonaro se involucre en cuestiones internas del país.

El pasado 10 de noviembre, Lacalle Pou subió al escenario acompañado de los dirigentes Guido Manini Ríos, Ernesto Talvi, Beatriz Argimón y Pablo Mieres.

Pero, adentro de Uruguay, Lacalle está haciendo un acuerdo con Manini Ríos para poder llegar a las mayorías necesaria, y Manini Ríos es igual que Bolsonaro. Manini Ríos fue y se reunió con Bolsonaro en plena campaña política para coordinar; Manini Ríos es quien no dijo a la Justicia civil ni informó al Poder Ejecutivo, siendo comandante en jefe del Ejército, que Gavazzo, uno de los peores torturadores de este país, había confesado en el Tribunal Militar de que había tirado al río Negro a un militante el Partido Comunista. Esa es la figura que se ha votado aquí en el Uruguay con un 10 por ciento. Y, bueno, a veces eso tienen los pueblos: Zitarrosa en las décimas de saludos para el pueblo argentino, dice que “no hay nada más sin apuro que un pueblo haciendo la historia”. Seguramente, aquí en Uruguay vamos a tener que remar para ir desenmascarando estas nuevas figuras políticas que la derecha ha acuñado en estos últimos tiempos. Pero en cualquier escenario, en cualquier hipótesis, será con la gente en la calle y será con manifestaciones como ha habido de los jóvenes, defendiendo la agenda de derechos de los avances que aquí en Uruguay se ha tenido.

Y, claro, a uno le cuesta asumir eso, pero fijate además que Bolsonaro es el que dice que apoya que Uruguay tenga un cambio de línea política, seguramente porque esperará de que Uruguay termine –y eso me da vergüenza reconocerlo– sentado en el Grupo de Lima, bancando gobiernos como el de Colombia, que no cumple con el proceso de paz y que sigue habiendo muertos; reconociendo gobiernos paralelos en Venezuela, quién sabe por autoridad de qué; pero sobre todo, además, bancando presidentes que hacen contubernios con el presidente Macri para adelantar la cumbre del Mercosur a cinco días antes de que Macri se vaya, para levantar un arancel externo del Mercosur que lo que hace es dejarnos a todos tirados. Le tira un misil a la línea de flotación del Mercosur y que seguramente le va a costar muchísimos puestos de trabajo a Brasil, ni que hablar a Argentina y, seguramente, una pérdida de riqueza muy grande a cualquiera de nuestros países. Esta es la realidad política que tenemos.

Por suerte en Argentina de alguna manera se viene revirtiendo, y ustedes sabrán cómo serán los mejores caminos que tienen que recorrer, y por acá seguramente tendremos grandes luchas para dar. Por lo pronto, habrá que esperar a que se dirima el 24 de noviembre si efectivamente se instala en el gobierno un bloque restaurador de derecha en Uruguay, que va a terminar jugando en línea con Bolsonaro y con Piñera, o si el Uruguay toma un camino de continuidad de los cambios y de profundización de la agenda de derechos y de todo lo que queda por hacer. Porque en los trabajadores uruguayos hay todavía una muy buena cantidad que tiene ingresos disminuidos y que hay que buscar la forma de trabajar eso, y negociación colectiva para que se pueda pensar en este nuevo mundo del trabajo con este fenómeno de la tecnología.

–Hablabas del incremento de las demandas de los sectores de derecha y el corrimiento de la agenda a cuestiones como la seguridad, que hicieron que se incrementara el apoyo a la derecha. A la inversa, ¿qué cuestiones crees vos que han hecho que decayera el apoyo que ha recibido el Frente Amplio?

–Sin dudas, el recorrido de 15 años de gobierno a cualquier partido puede que le cause desgaste. Desde lo que uno puede percibir desde una fuerza social como es una central sindical, es cierto alejamiento o falta de cercanía de repente con las fuerzas sociales, con el motor de lo que es la generación de opinión a nivel de la base social del país. Yo creo que por ahí pueden estar algunas de las explicaciones que tienen que ver, también, con el tema de seguridad. Porque es un tema que le preocupa a la población, porque nadie lo puede negar porque todos vivimos junto a nuestros vecinos, y seguimos hablando. Pero, claramente, a lo que es la representación organizada de la sociedad, tanto sea movimientos feminista, estudiantiles, sindicales, todo lo que es el cooperativismo, tal vez hay una sensación que esa pueda ser la razón de los costos que pueda estar pagando el Frente Amplio hoy y que, de alguna manera, en función de su propia historia, es una revisión que se impone.