SCO/Mercosur, un abordaje preliminar

Modi, Putin y Xi, detrás asoma el brasileño Michael Temer

Por Germán Gómez, especialista en geopolítica|

Eurasia, para muchos de estas latitudes, un verdadero neologismo. Latinoamérica, para otros tantos, el fin del mundo. Ni una cosa ni la otra: el primer vocablo refiere a un concepto poco difundido pero de viejo cuño que borra el límite político entre la península europea y la masa continental asiática propiamente dicha; la segunda palabra puede aludir a un continente inconcluso cuya historia de independencia todavía está por escribirse. Ya sea una u otra acepción la que se tenga en cuenta, lo cierto es que ambas regiones comparten una consideración común dentro de la geopolítica anglosajona: la cohesión y fortaleza de cada una de ellas debe evitarse a cómo de lugar.

Y tanto o más importante que esto para los herederos de Halford Mackinder, aunque no explicitado en ningún lado, es mantener estratégicamente inconexas ambas regiones. Cualquier iniciativa destinada a  fomentar la integración geopolítica de Eurasia y Latinoamérica deberá enfrentar prejuicios y obstáculos. Con antecedentes de integración prácticamente inexistentes, la sinergia de ambas regiones es potencialmente incalculable. Sin embargo, todo está por hacerse.

Vladimir Putin saluda a su entonces opositor Yevgeny Primakov. Sept., 2000.

Doctrina Primakov

En 1996, Yevgueni Maksimovich Primakov, por entonces ministro de relaciones exteriores de la Federación Rusa, esbozó una idea simple: el futuro de Asia, como contrapeso al mundo unipolar que estaba gestando Estados Unidos luego de la Guerra Fría, debía pasar necesariamente por el eje Rusia, China, India.

Al ser expuesto, este concepto no dejó de ser el negativo de lo predicado en la misma época   por el rusófobo norteamericano de origen polaco Zbignew Brzezinsky en su tesis, luego libro, The Grand Chesssboard. Tal vez por eso, o por la soberbia de Occidente y la desconfianza de Oriente hacia Rusia, la propuesta de Primakov no fue más allá de una vaga idea sin demasiada trascendencia.

No obstante aquella indiferencia, lo bosquejado por el canciller ruso no tardaría demasiado en convertirse en el núcleo duro de lo que se conocería años después como “Doctrina Primakov”, y sobre la cual no dejaría de girar la política exterior de su país hasta el presente.

Del Shanghai Five a la SCO

En aquel mismo año de 1996, a instancias de la República Popular China tomaba cuerpo el llamado Shanghai Five Process, Shanghai Five Mechanism, o simplemente Shanghai Five. Esta organización internacional congregaba en su seno también a la Federación Rusa y a tres de las cinco ex repúblicas soviéticas de Asia Central: Kazajistán, Tayikistán y Kirguistán. El objetivo principal de esta iniciativa era fomentar la integración, la confianza y la desmilitarización de Asia Central. Además, y no en menor medida, el Shanghai Five se proponía resolver lo mejor y más rápidamente posible los problemas fronterizos, no exentos de balaceras y secesiones, que había dejado como herencia la inesperada implosión de la URSS.

Medular al espíritu de The Shanghai Five era también el combate a lo que sus fundadores llamaron las tres fuerzas del mal (evilforces): terrorismo, extremismo, separatismo. Analizado en perspectiva, se podría aventurar que la creación de The Shanghai Five fue una acción preventiva a las guerras preventivas que tendrían lugar en la primera década del siglo siguiente.

Lenta, paulatina y casi anónimamente para Occidente, los Cinco de Shanghai no dejaron de trabajar en conjunto. En junio de 2001, Uzbekistán se sumó a la organización dando nacimiento a la Shanghai Cooperation Organization (SCO). Si bien este organismo tomaba y reforzaba los principios securitarios básicos de su predecesor, la SCO desde un primer momento intentó dejar en claro, sin mucho éxito, que el Grupo de Shanghai no era una alianza militar y que mucho menos  estaba pensada en contra nadie en particular.

Jefes de Estado miembros de la SCO en junio de 2019, Kirguistán. Ph. Kremlin.

Este mensaje estaba dirigido a aplacar los resquemores y desconfianzas que la SCO generaba en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), quien, por otra parte, no dejaba ni ha dejado de expandirse hacia el este, rompiendo así la promesa que Bush padre hiciera a Mijail Gorvachov en tiempos de la caída del Muro de Berlín.

También lo que debe tenerse en consideración, a los efectos de entender la posición de la OTAN respecto a la Organización de Cooperación Shanghai es que, como señala a este portal Eva Seiwert, analista alemana especializada en la relación de China con Asia Central, la OCS “es la primera entidad formal multilateral que contiene a Rusia y China como miembros líderes en clave securitaria”. Por otro lado, y complementario para comprender la visión que el autodenominado mundo Occidental tiene de la existencia y evolución de la OCS, es que la línea que divide las actividades de seguridad regional y combate a lo que esta entidad entiende que son las tres fuerzas del mal por un lado, y las de defensa nacional en términos puramente militares, por otro, es extremadamente difusa y arbitraria. Sobre todo en años de guerra híbrida.

Así las cosas, casi dos décadas después de su formulación, la idea de Primakov comenzaba a tomar cuerpo: en Junio de 2017, India y Pakistán dejaban sus status de miembros observadores de la SCO, adquiridos en 2015, para pasar a tener membrecía plena. Con este paso, tan inentendible como la convivencia de Grecia y Turquía dentro de la OTAN, la SCO ponía blanco sobre negro sus pretensiones de dejar de ser considerada sólo una organización regional. Como señala Eva Seiwert, “hasta la ascensión de India y Pakistán la OCS había sido considerada solo un foro meramente declarativo, sin logros palpables en su haber. Con la inclusión de estos dos miembros, el peso y significado de esta organización se ha incrementado sensiblemente.”

la OCS “es la primera entidad formal multilateral que contiene a Rusia y China como miembros líderes en clave securitaria”

Sus índices económicos le permiten que eso no sea una quimera: la Organización de Shanghai ostenta el 25% del PBI mundial, superando claramente a EE.UU. y la Unión Europea; la población que alberga dentro de sus fronteras llega casi a la mitad de los habitantes del planeta; dentro de sus activos cuenta con el 20% de petróleo mundial, el 40% del gas y carbón a la misma escala y el 30% del uranio del globo. A esto hay que sumarle su poderío militar ya que cuenta con cuatro potencias nucleares, dos oficiales (Rusia y China) y dos que no lo son (Pakistán e India).

Con las sucesivas reuniones anuales, la SCO fomentaría también la integración económica, comercial y cultural de sus países miembros. Así mantiene conversaciones con la Unión Europea y con la ASEAN entre otros bloques regionales.

Es imperioso señalar, para poner en contexto la existencia de la OCS, que está organización no está sola en Eurasia. Al interior de esta región existe un puñado de organismos multilaterales de distinta naturaleza, con diferentes objetivos e impulsados cada una por alguno de los peso pesados de la región, ya sea Rusia o China.

Con fines meramente ilustrativos de a lo que se está haciendo referencia, se puede mencionar a la Unión Económica Euroasíatica, impulsada por Rusia, y la también articulada desde Moscú, Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, ésta con fines puramente militares, no securitarios. Por su parte, desde hace un lustro aproximadamente China se haya abocada decididamente a llevar adelante su política de One Belt One Road (OBOR). Intento aparentemente ineluctable de revivir al antiquísima Ruta de la Seda para evitar o al menos disminuir así la dependencia que hoy tiene la economía china de las rutas marítimas internacionales, vigiladas celosamente por las Task Forces de la armada de los Estados Unidos.

MERCORSUR, su fuerza es su debilidad

En las antípodas de la SCO se encuentra el MERCOSUR. Esta organización latinoamericana está integrada por Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay como miembros fundadores. En el año 2006 se aceptó la incorporación de Venezuela como miembro pleno, aunque se encuentra suspendida desde 2017.

Posee una existencia un poco más longeva que la asiática: comenzó a gestarse a mediados de la década de los 80 y formalizó su existencia en 1991 con el Tratado de Asunción. Sin embargo, su derrotero ha sido mucho más errático, lo cual no le ha permitido desarrollar su máximo potencial y cuya sinergia ha estado siempre muy por debajo de lo esperado.

El MERCOSUR tampoco se encuentra solo dentro del cosmos de organizaciones con las cuales las naciones del llamado Cono Sur intentan articularse para defender mejor sus intereses. Así se puede mencionar a la Comunidad Andina de Naciones, la UNASUR, CELAC. Todas de distinta naturaleza, con diferentes objetivos y perspectivas. Sin embargo, el MERCOSUR es la más sólida de toda esta fauna y sobre todo la que mejor ha sabido defender sus intereses como bloque.

El peso económico comercial relativo de ambos bloques se encuentra notoriamente desbalanceado a favor de la OCS: el MERCOSUR apenas supera el 10% de habitantes del bloque asiático; el PBI del MERCOSUR también está acorde a ese porcentaje o por abajo dependiendo como se lo analice.

Como su nombre lo denota, el MERCORSUR nace como una organización puramente económica tendiente a reducir las trabas aduaneras entre los países miembros. Esto le ha permitido mantener conversaciones y negociaciones con importantes bloques económicos regionales como la Unión Europea y la Liga Árabe, entre otros. No obstante, no ha mostrado intenciones de entablar relaciones con la SCO.

La naturaleza más securitaria de la Organización de Cooperación de Shanghai, en contraste con el espíritu estrictamente económico comercial del MERCOSUR, puede considerarse el obstáculo principal para la integración de ambos bloques; si es que no existe la voluntad política para que exista tal acercamiento.

Sin embargo, la importancia geopolítica del llamado Cono Sur en un mundo cada vez más ávido de recursos y materias primas no deja de crecer: la cercanía de los EE.UU. es un dato siempre preponderante junto el carácter de proveedor de hidrocarburos que algunos países latinos tienen con Washington.

Al respecto Andrés Serbín, especialista argentino en la relación de Eurasia y América Latina y presidente ejecutivo de CRIES, entiende que en la coyuntura actual es totalmente utópico pensar que haya un potencial importante en la relación entre ambas organizaciones multilaterales: tienen objetivos y naturalezas muy distintas; y responden a intereses de actores poderosos muy distintos también”. Por su parte, Eva Seiwert señala que “en términos de cooperación económica, debería tenerse en cuenta que China ha estado bregando desde hace tiempo la conformación de un área de libre comercio dentro de la Organización de Cooperación de Shanghai. Hasta ahora no lo ha logrado, sin embargo en los últimos años la OCS se ha mostrado más activa en términos de cooperación económica en general”.

Según Andrés Serbin, “si existe alguna forma de vinculación con el ámbito euroasiático por parte del MERCOSUR pasa por la Unión Económica Euroasiática, y eventualmente por la OBOR”. Sin embargo, es importante no pasar por alto el hecho que cualquiera de estas dos alternativas dejaría fuera a la India y en parte a Pakistán con sus más de mil millones de habitantes.

Por lo hasta aquí expuesto, se puede aventurar que desarrollar la integración militar dentro del MERCOSUR es una arista conducente a allanar la integración multifacética de ambos bloques. La integración militar dentro del MERCOSUR ha sido siempre bastante insignificante. De hecho, según explica Andrés Serbin, “el MERCOSUR nunca fue una alianza militar, es más, fue creado para evitar conflictos y desalentar hipótesis de conflicto entre Brasil y la Argentina”. Por tal motivo, según el mismo especialista, “las diferencias entre ambos bloques son enormes”. Sin embargo, esto podría ser más una similitud que una diferencia entre ambos organismos multilaterales. Eva Seiwert apunta lo siguiente, “el Shanghai Five fue creada para resolver problemas limítrofes e incentivar la confianza mutua de los Estados miembros”. Lo que se llevó adelante, como se señaló más arriba, a través de la desmilitarización de las fronteras entre los países fundadores de la organización.

Tanto Andrés Serbin como Eva Seiwert señalan que la distancia geográfica que separan ambos bloques constituye uno de los obstáculos más importantes que impiden la integración entre ambos organizaciones regionales. Sin negar que esto representa un factor preponderante a tener en consideración a la hora de planificar tal acercamiento, cabe recordar la Argentina, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, buscó ser miembro de la OTAN, cuya sede formal está en la capital de Bélgica.

A pesar de que el Tratado de Asunción no habla explícitamente de la faceta militar de la integración de sus miembros, desde distintos sectores políticos ha habido intentos de hacer esto una realidad. Por ejemplo, personalidades tan fuertes y disimiles, como Carlos Saúl Menem en los 90 y Hugo Chávez en la década siguiente, han sugerido la idea de promover la integración militar dentro del MERCOSUR. En ambas ocasiones lo único que obtuvieron como respuesta fue el silencio más absoluto.

A esto se le puede sumar el intento que se hizo desde Argentina en el año 2003, cuando se buscó crear la Oficina de Seguridad y Defensa Permanente con sede en Montevideo. El fin de esta iniciativa era enmarcar institucionalmente dentro del MERCOSUR las discusiones que al respecto sus miembros llevan adelante de manera bilateral. Sin embargo dicho intento de integración tampoco prosperó.

Por su parte,  y solo como caso ilustrativo, el ex embajador de Argentina en España, Ricardo Lafferiere, cuando legislador por la UCR, en 1997 señalaba para el diario Clarín que se debía enfrentar al terrorismo internacional, narcotráfico, delitos globales y sabotajes de redes informáticas. El diputado entendía que estas actividades eran “formas graves de inestabilidad que no es posible enfrentar con los tradicionales mecanismos de ‘defensa’, porque atraviesan horizontalmente los límites de los estados y requieren su acción común para su desarticulación”.

Además de lo señalado por Lafferiere, el tráfico de personas también constituye otro de los males endémicos tanto dentro de los países del MERCOSUR como al interior de aquellos que conforman la OCS. Por tal motivo, la integración militar dentro la organización multilateral latinoamericana es posible y hasta necesaria, siempre dentro del marco de las instituciones democráticas y el respeto a los derechos humanos.

En el largo plazo es posible que se den evoluciones convergentes en ambos bloques. Como sostienen los especialistas consultados por Ombelico, la OCS avizora potenciar su arista económica, lo que la acercaría más a la naturaleza del MERCOSUR. Por su lado, el organismo latinoamericano debe propiciar la integración de las fuerzas armadas de sus países miembros a los fines de hacer frente a los problemas de seguridad regional propios de los tiempos que corren. Esto posiblemente allanaría el camino hacia una mejor interacción entre ambos bloques, de existir la voluntad política de que así sea.