Trump toma distancia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su discurso del Estado de la Unión. De fondo, el vicepresidente Mike Pence y la presidenta de la Cámara de Representantes e ideóloga del impeachment, Nancy Pelosi. Ph: Leah Millis / Reuters

Por Lucio Garriga Olmo |

Este año es electoral en los Estados Unidos y, por ser la principal potencia económica y militar del planeta, todo el mundo mira con atención lo que pasará para determinar quién será el ganador en noviembre. Todos los gestos y eventos políticos son analizados y pensados en clave electoral, y esto mismo fue lo que ocurrió en estos primeros días de febrero. Tres eventos muy importantes coincidieron en apenas tres días seguidos: las elecciones primarias en Iowa, el discurso del Estado de la Unión de Donald Trump y la absolución del presidente republicano en el tercer impeachment de la historia del país. A pesar de que todavía falta mucho para las presidenciales, estos hechos parecen dejar un sabor amargo entre los demócratas y una sonrisa en la cara del multimillonario neoyorquino.

En sus marcas…

Los demócratas de Iowa, un pequeño estado ubicado en el centro del país, fueron los protagonistas del comienzo del calendario electoral. El lunes iniciaron las elecciones primarias para elegir al candidato que enfrentará a su par republicano que, por ahora, parece ser indudablemente Trump. Durante los próximos meses, a lo largo y a lo ancho de todo el país se elegirán a un total de 3.979 delegados demócratas, que el 16 de julio se reunirán en la ciudad de Milwaukee y elegirán a su candidato a presidente. Iowa fue el primero en elegir: 41 delegados, el 1% del total.

A pesar de ser un estado chico y de tener un electorado no representativo del resto del país, las elecciones en Iowa son importantes por dos motivos: por un lado, porque son las primeras y, por el otro, porque el ganador recibe un importante impulso mediático y un empuje político que puede ser muy importante para el devenir de las primarias. En este comicio en particular, se dice en Estados Unidos que no se trata de números, se trata de expectativas. Cuatro candidatos, de casi una docena que se presentaron, se disputaban el primer puesto: el representante del sector más moderado del partido, ex senador y ex vicepresidente de Barack Obama, Joe Biden; los representantes de los sectores más cercanos a la izquierda demócrata, el senador por Vermont, Bernie Sanders, y la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren; y el joven más cercano al conservadurismo, el alcalde de la ciudad South Bend, en el estado de Indiana, Pete Buttigieg.

Los cuatro precandidatos demócratas: Pete Buttigieg, Elizabeth Warren, Joe Biden y Bernie Sanders. Ph: Alex Wong / Getty Images

Todo estaba preparado para que los demócratas voten (en un sistema muy raro y confuso llamado caucus) y proclamen a su primer ganador, pero algo falló. El recuento de votos, que contó con un servicio de una aplicación de celular y llamadas telefónicas a una base central, colapsó, y el lunes a la noche en Estados Unidos se fueron a dormir sin números ni impacto. Hasta la publicación de esta nota, no estaba finalizado el recuento de los votos, pero con el 97% el joven Buttigieg, el primer intendente abiertamente homosexual de la historia del país, se alzaba con la victoria al lograr el 26,2% y superaba por la mínima a Sanders, que llegaba al 26,1%. Por su parte, la senadora Warren salía tercera con el 18,2%, y Biden obtenía un pésimo 15,8% en la cuarta posición.

El hecho de que hayan pasado más de 48 horas sin la publicación de los resultados definitivos provocó que el impacto tan esperado nunca llegue y que la victoria de Buttigieg pase bastante desapercibida en el medio de la tormentosa semana política que vivió el país. Resulta curioso que uno de los principales ganadores de esta primaria demócrata sea el propio Trump. Por un lado, porque ganó su elección estatal con un contundente 97% y, por el otro, porque el escándalo demócrata mostró al partido como ineficiente e ineficaz frente a un candidato que se elogia por la contundencia de su administración. Cuando se publicaron los primeros resultados, el país ya estaba atento a otro tema: el discurso presidencial del estado de la Unión.

Preparados, listos…

En el tradicional discurso, donde se espera que el presidente hable de los objetivos de su administración para el año que comienza, Trump se dedicó a enumerar sus logros gubernamentales de cara a las próximas elecciones. Esto quedó en evidencia desde el primer momento, cuando fue recibido por los congresistas republicanos al grito de “¡Cuatro años más!” y cuando se negó a saludar a la presidenta de la Cámara de Representantes e ideóloga del juicio político que intentó destituirlo, Nancy Pelosi.

Trump le niega el saludo a Nancy Pelosi

“Nuestras fronteras están seguras, nuestras familias florecen. Nuestro orgullo está reparado”, fue una de sus primeras frases de un largo repertorio de casi una hora y medio que cerró con: “Esto está comenzando, lo mejor está por venir”. En el acto quedó en evidencia la polarización que vive Estados Unidos alrededor de la figura de Trump y de su indudable impacto en las elecciones de noviembre. Cuando el presidente hablaba, su bancada legislativa se paraba efusivamente para aplaudirlo mientras que los demócratas hacían gestos de disgustos con la cabeza. Lo más evidente de esto llegó al final del evento, cuando Trump terminó su discurso. Detrás de él, a su espalda, Nancy Pelosi se paró, rompió el discurso y lo tiró sobre la mesa.

Momento en el que Nancy Pelosi rompe la copia del discurso de Trump. Ph: Erin Schaff / The New York Times

El carácter electoral del discurso de Trump se puede explicar a través de los invitados que estuvieron sentados en la galería del Congreso. Al primero que saludó fue al autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, a quien calificó como “el verdadero y legítimo” presidente del país caribeño, lo que generó una de las ovaciones más unánimes y largas de la noche. El electorado latino antifidelista y antichavista, especialmente de Miami, es muy importante y Trump lo quiere atraer. También invitó a un hombre a quien un inmigrante ilegal le asesinó a su hermano, para mantener a su electorado más duro; a una madre que tuvo una bebé prematura de apenas 21 semanas, donde aprovechó a pedirle al Congreso que “prohíba el aborto”; le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad (máxima distinción civil) al ultraconservador locutor de radio Rush Limbaugh, conocido por crear el término “feminazi”, quien sufre un cáncer de pulmón; a los padres de una joven estadounidense que fue secuestrada por el Estado Islámico en Siria, para rememorar que su administración asesinó al ex líder del grupo terrorista, Abu Bakr al-Baghdadi; y, entre otros, a los padres de un soldado asesinado en Irak por un ataque liderado por el ex Comandante de las Fuerzas Quds de Irán, Qassem Soleimani. Todos representaban a un electorado distinto porque Trump sabe que a una elección es mejor llegar con el núcleo duro afianzado, y más aún cuando su presidencia se veía cuestionada por un juicio político que amenazaba con sacarlo de la Casa Blanca.

¡Absolución!

La mejor noticia para Trump llegó el miércoles, cuando consiguió lo que se esperaba: la absolución en el juicio político iniciado por el Partido Demócrata. La oposición lo acusó de abuso de poder por pedirle al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que investigue por presunta corrupción a Hunter Biden, el hijo de Joe Biden y posible adversario en noviembre, a cambio de una visita al Salón Oval y de millones de dólares en ayuda militar. Los demócratas entendieron esto como un abuso de poder para su propio beneficio y decidieron iniciar el tercer impeachment de la historia del país. Además, lo acusaron de obstrucción al Congreso, porque el líder republicano les ordenó a sus trabajadores y a sus allegados que no declaren como testigos.

A pesar de que la actitud de Trump pudo haber sido polémica, y más aún cuando la ayuda militar a Ucrania estaba destinada a enfrentar o defenderse de separatistas pro-rusos que responden al Kremlin, el Partido Demócrata necesitaba 67 votos afirmativos de los 100 senadores y solo contaba con sus 47 bancas, es decir, nunca tuvo los votos necesarios para que el juicio termine como deseaban. Desde el primer momento, Trump aprovechó este ataque, también, para hacer campaña. Lo denunció como “una caza de brujas” del establishment político contra su administración, acusó a los demócratas de no centrarse ni preocuparse por los “verdaderos problemas” de los ciudadanos y como un intento de obstruir su trabajo como presidente.

Este miércoles se confirmó lo que se esperaba con una pequeña sorpresa, ya que el senador y ex candidato presidencial en el 2012, Mitt Romney, votó a favor de destituir a Trump y se convirtió en el primer senador de la historia en votar en contra de un presidente de su mismo partido en un juicio político. De todas maneras, por el cargo de abuso de poder Trump fue declarado “no culpable”, con 52 votos contra 48, y por el cargo de obstrucción fue absuelto con 53 votos contra 47. Con este resultado, Trump se sacó la mochila más pesada de su espalda de cara a noviembre y se libera de un juicio que, a pesar de que nunca iba a llegar a sacarlo de Washington, no dejaba de molestarlo.

Un manifestante sostiene un cartel contra los legisladores que votaron por el “no”, afuera del Capitolio en Washington. Ph: Andrew Caballero-Reynolds / AFP

A las pocas horas, el jefe de campaña de Trump, Brad Parscale, publicó un comunicado de la campaña del magnate neoyorquino que decía: “(Trump) solo se hizo más grande y más fuerte como resultado de estas tonterías, este engaño de acusación se convertirá en el peor error de cálculo en la historia política estadounidense”. Sin dudas, el presidente sacará rédito político y aprovechará el fracaso de este juicio para su propio beneficio, pero habrá que esperar para determinar qué impacto tendrá este error de cálculo para el propio Partido Demócrata. En su cuenta de Twitter, como ya es costumbre, Trump publicó un video donde se lo ve con diferentes carteles de campañas presidenciales de los próximos años, 2024, 2048, 2064, hasta llegar a decir “Trump 4EVA”, es decir, Trump por siempre.

La primera semana política de la campaña electoral cerró con una amplia y cómoda victoria del líder republicano. Los errores de los demócratas en Iowa, su discurso electoralista, donde no se salió de los márgenes de lo protocolar como lo ha hecho en otros momentos, y su absolución en el Senado le permiten tomar una distancia importante en una carrera que recién comienza y que terminará en noviembre.