Nuevo gobierno y nueva era en Uruguay

Por Lucio Garriga Olmo |

Con su desfile en un Ford V8 descapotable del año 1937 por la Avenida 18 de julio, el flamante presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, inauguró una nueva era para el país oriental que estará marcada por continuidades, cambios y nuevos desafíos. Llegó “para continuar lo que se hizo bien, para corregir lo que se hizo mal y, sobre todo, para hacer lo que no se supo o no se quiso hacer en estos años”, dijo el líder del centroderechista Partido Nacional frente al Congreso.

Por primera vez en 15 años, el Frente Amplio, bajo el liderazgo del presidente saliente, Tabaré Vázquez, le entregó la banda presidencial a una fuerza política de otro color. De esta manera, Lacalle Pou, hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle Herrera y bisnieto de uno de los líderes históricos del Partido Nacional, Luis Alberto de Herrera, logró que la derecha vuelva al Palacio Estévez. La particularidad de esta nueva administración estará en el hecho de ser la primera de la historia nacional en ser “multicolor”, es decir, en estar compuesta por cinco fuerzas políticas diferentes que se unieron en el ballotage del 2019 para derrotar a los frenteamplistas. El Partido Nacional –los blancos– estarán acompañados por otra fuerza política muy importante del país, el Partido Colorado, y, además, por la nueva fuerza liderada por el ex Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, el Partido Independiente y el Partido de la Gente.

Desafíos internos

La ventaja que logró formar Lacalle Pou antes de la segunda vuelta de noviembre del 2019 será, a su vez, una de sus principales debilidades. La unión y la alianza alcanzada entre las cinco fuerzas políticas le permitió llegar al 50,79% triunfador, pero en política las amistades hay que mantenerlas en el tiempo y los acuerdos hay que cumplirlos. En este punto, es decir, en el hecho de tener que satisfacer las expectativas, los deseos y los programas políticos de cinco fuerzas diferentes, y distintas entre sí, será un desafío que deberá enfrentar a lo largo del tiempo.

“La incógnita más importante de esta nueva alianza es el papel que desarrollará Cabildo Abierto, la nueva fuerza política de ultraderecha”

Existen experiencias a lo largo de la historia uruguaya de co-gobiernos entre los blancos y los colorados –ambos de centroderecha–, por lo que se puede prever que esa relación sea, a priori, la más armoniosa. La incógnita más importante de esta nueva alianza es el papel que desarrollará Cabildo Abierto, la nueva fuerza política de ultraderecha que parece estar más influida por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que por las características moderadas de la propia política uruguaya. La fuerza política amarilla estará a cargo de dos Ministerios nacionales: la esposa de Manini Ríos, Irene Moreira, se hará cargo de Vivienda y el neurólogo Daniel Salinas liderará Salud.

Sostener la alianza será fundamental, además, para mantener el poder y el control en el Congreso, ya que dependerá de sus acompañantes para lograr la mayoría. En la Cámara de Diputados, compuesta por 99 integrantes, Lacalle Pou tiene mayoría porque reúne 56 asientos, pero 13 de ellos son colorados y 11 amarillos. En el Senado ocurre algo similar: de las 30 bancas alcanza la mayoría con 17 legisladores, pero apenas 10 le son propios porque 4 son colorados y 3 son parte de Cabildo Abierto. En este rompecabezas congresal, la fuerza de Manini Ríos hará valer su poder y su particular posición de pívot para alcanzar la mayoría, ya que sin ellos, por ejemplo, el gobierno se queda sin mayoría en el Senado.

“Este domingo Lacalle Pou recibió el país más igualitario y con menos pobreza de toda América Latina”

Las alianzas tienen una parte buena, y Lacalle Pou ya la explotó porque ya ganó. Ahora llegó la parte más difícil: mantenerla, alimentarla y explotarla para su propio beneficio. En la manera de manejar este desafío, que será transversal a su gobierno porque será una característica que se mantendrá, por lo menos, por sus cinco años de mandato o hasta que se rompa, estará la mano y la visión política de uno de los presidentes más jóvenes de la historia del país.

Desafíos externos

Este domingo Lacalle Pou recibió el país más igualitario y con menos pobreza de toda América Latina. Las distintas administraciones del Frente Amplio lograron reducir la pobreza del 19,3% del 2007 al 2,7% del 2017 y dejaron un país con una economía más fuerte, robusta y grande que cuando llegaron: el PBI creció un 67% de forma sostenida entre el 2005 y el 2018. El panorama económico, social y político que recibe la administración del Partido Nacional está marcado, a pesar de los problemas coyunturales, por la estabilidad y la fortaleza. En su propio gobierno estará el desafío de mantenerlo de esta manera, profundizarlo y mejorarlo o destruirlo.

A través del crecimiento económico y la distribución de la riqueza, los gobiernos de Tabaré Vázquez y José Mujica lograron robustecer la economía nacional y reducir la desigualdad. En estos 15 años de gobierno, la diferencia de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre pasó de 21 a 12 veces. Al mismo tiempo, con el buen funcionamiento de las instituciones y los derechos sociales conquistados por la ciudadanía, como la ley de interrupción legal del embarazo, el matrimonio igualitario, la ley integral para personas trans y la legalización del autocultivo de marihuana, se logró empoderar a sectores sociales que hoy en día permiten que el sistema social uruguayo sea más fuerte que en el pasado.

“Lacalle Pou intentará resolver una de las grandes preocupaciones sociales y uno de los grandes déficits de los gobiernos del Frente Amplio: la inseguridad”

Con estos grandes logros del Frente Amplio, el crecimiento económico, la distribución de la riqueza y el empoderamiento social, Lacalle Pou recibe un país sobre el cual no hay, por lo menos en el corto plazo, tormentas económicas o socio-políticas. Con este panorama podrá enfocarse en los problemas externos a su propia formación y en los cuales se centró durante toda la campaña política: la necesidad de volver a crecer de forma importante, teniendo en cuenta que Uruguay creció en los últimos cuatro años un 1,3% anual, reducir la inflación, que alcanzó un 8% en el último tiempo, y reducir el déficit fiscal, que trepó hasta el 5% del PBI y que parece ser su principal preocupación económica y por el cual prometió un ajuste económico.

Asimismo, Lacalle Pou intentará resolver una de las grandes preocupaciones sociales y uno de los grandes déficits de los gobiernos del Frente Amplio: la inseguridad. En el 2018 se registraron un total de 382 asesinatos, un récord histórico y un aumento del 35% en relación al año anterior. La tasa de homicidios cada 100 mil habitantes se duplicó entre el 2005 y el 2018, del 5,6 al 11,2. Fue un problema que Tabaré Vázquez no logró revertir y que la oposición, en sus diversos colores, logró explotar y hacer mella para alcanzar réditos políticos. Desde la mano dura y la represión pura y dura de Cabildo Abierto al endurecimiento de las penas y la respuesta policial del Partido Nacional, toda la oposición la explotó. Resolver este flagelo es una de las grandes promesas de Lacalle Pou. Ejemplo de esto es que la primera actividad de su gobierno será una reunión junto a su ministro del Interior, Jorge Larrañaga –quien el año pasado lideró un plebiscito constitucional que no prosperó, pero que proponía la participación de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interior para combatir la inseguridad–, y los jefes policiales de todo el país.

“Dentro de cinco años podrán evaluar los uruguayos nuestros desempeño. Estamos convencidos que, si al final del período los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas. De lo contrario, habremos fallado en lo esencial”, dijo Lacalle Pou al final de su discurso. Estará en su capacidad política, caracterizada por una larga trayectoria como congresista, liderar un nuevo gobierno y una nueva era para Uruguay. Sus próximos cinco años de mandato serán la prueba fehaciente para saber si en ella los logros alcanzados hasta el momento se mantuvieron o se destruyeron.