¿Quién gobierna el mundo?

Jorge Argüello en Berlín. Foto: Tobias Koch

El mundo constituye un escenario en donde históricamente los países más poderosos han intentado dirimirse la potestad de establecer las reglas de juego. Partiendo de la premisa de que la unión hace a la fuerza, desde hace cinco décadas los países más industrializados del mundo comenzaron a reunirse para discutir y coordinar sus políticas, al margen de las instituciones formales existentes.

En este sentido, en el marco de la crisis financiera mundial de 1971, producto del fin de la paridad entre el oro y el dólar, en marzo de 1973 tuvo lugar la primera reunión entre los ministros de Finanzas de EEUU, Reino Unido, Francia, Japón y Alemania Occidental con el objetivo de coordinar sus respectivas políticas económicas, teniendo en cuenta que eran los países con mayor PBI per cápita de ese entonces. De esta manera, surgía un grupo de discusión informal o ad hoc que más adelante sería denominado como el Grupo de los Cinco (G5). Posteriormente, serían invitados a participar en las reuniones Italia (1975) y Canadá (1976), siendo Rusia, con su adscripción en 1997, quien cerraría el círculo de lo que se constituyó como el G7+1 o G8, que podría denominarse como el “club de las economías más grandes del mundo”.

Sin embargo, en la década del 90 comenzaron a sucederse crisis financieras regionales que rápidamente tuvieron repercusión mundial: en México (1994), en muchos países asiáticos luego de la devaluación de la moneda tailandesa (1997) y en Rusia (1998). Esta concatenación de crisis tuvo como corolario que los países del G8 dieran cuenta de su falta de herramientas y representatividad para intentar resolver los problemas económicos en virtud de la pertenencia común a un sistema-mundo capitalista, lo cual se tradujo en la ampliación de la membresía del Grupo a quienes en ese momento eran los países en desarrollo más importantes.

De esta forma, en septiembre de 1999 se terminó de configurar el Grupo de los 20 (G20), en donde se sumaron Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Turquía, Sudáfrica y la propia Unión Europea (UE). De esta manera, quedó conformado un grupo informal compuesto por las mayores economías mundiales, sin una estructura institucional clara y con objetivos definidos que, luego de la crisis desatada en 2008, comenzaron a ampliarse ante el impacto global de la misma, lo cual se tradujo en que el G20 se constituyera a partir de allí como el foro de discusión más importante en el ámbito mundial sobre problemas económicos-financieros, considerando también el estancamiento de espacios como la OMC.

De todas formas, además de las reuniones en el marco del G20, los países del G7 –sin Rusia, excluida provisionalmente desde 2014 por las tensiones en torno a Crimea– continúan reuniéndose periódicamente entre sí, como quedó demostrado en la 44ª Cumbre que se realizó semanas pasadas en Canadá, en donde Donald Trump ha sido el cisne negro de una obra que cerró con un final fallido, más cercano al esperado.

Para enriquecer el análisis en torno a estos grupos informales, L’ Ombelico del Mondo dialogó con Jorge M. A. Argüello, presidente de la Fundación Embajada Abierta, ex Representante Permanente de Argentina ante la ONU y exembajador en EEUU y en Portugal. Autor del libro ¿Quién gobierna el mundo? El rol del G20 en el nuevo orden mundial, Argüello ahondó sobre los grupos informales como el G7 y el G20 así como también su reciente designación como representante de la provincia de Tierra del Fuego ante Cancillería por la cuestión Malvinas.

–Luego de la última Cumbre del G7, del desplante de Trump y de todo lo que sucedió, retomamos la pregunta de su último libro: ¿quién gobierna el mundo?

–Esto coincide exactamente con la tesis del libro, con el planteo del mismo. El libro lo que sostiene, lo que nosotros observamos, es que venimos de una etapa de certezas, de certidumbres, de un sistema de reglas y de un sistema de toma de decisiones que se implementó en la posguerra –en 1945, con la creación por ejemplo de la ONU, del FMI y el Banco Mundial (lo que se conoce como las instituciones de Bretton Woods)–, que para bien, o qué se yo, han venido ordenando el juego internacional. Ahora ese sistema está claramente agobiado o agotado, está superado por la realidad. La realidad está demandando respuestas que no pueden dar; ya la ONU no puede dar las respuestas que hacen falta que sean dadas, y lo mismo pasa con el FMI, con el Banco Mundial, con la OMC (recordemos que en diciembre se reunió la cumbre ministerial en Buenos Aires y no pudo sacar un documento final). Entonces, venimos de un orden que, nos gustara más o nos gustara menos, tenía un sistema de reglas y un sistema de toma de decisiones. Vamos hacia un nuevo orden que no sabemos cómo va a ser. En el medio aparece algo que ustedes definieron bien, que no es una institución, que no es una organización, en realidad es un proceso que se llama el Grupo de los 20. ¿Quiénes lo conforman? Las 20 principales economías del planeta. ¿Quién los eligió? Nadie, se autoeligen. O digámoslo de otra manera: se eligen recíprocamente, y se reconocen recíprocamente. Pero, ¿qué pasa? Los 20 juntos expresan las 2/3 partes de la población mundial, el 85% del Producto Bruto mundial y el 75% del comercio mundial. Entonces estamos hablando de una masa crítica que sí tiene la capacidad de influir sobre el decurso de las cosas aunque no está legitimada; no ha sido elegida por nadie, no surge de ningún consenso. Por eso, yo creo que es un proceso, una realidad transitoria, digamos algo así como el transporte, el instrumento que usamos entre aquel orden de la posguerra que se está agotando y el nuevo orden que todavía no alcanzamos a ver.

Vamos hacia un nuevo orden que no sabemos cómo va a ser.

–Aprovechando la participación de Argentina en este foro de discusión mundial, ¿cuáles son las oportunidades que se le han presentado al país? ¿Las ha sabido aprovechar?

–Menos de lo que hubiera podido, porque hay que entender cómo funciona el G20. Yo tuve la posibilidad de participar en el año 2008 de la reunión constitutiva. Hasta el 2008, las crisis financieras internacionales explotaban en la periferia, con la aspiración que quedaran contenidas allí. Ahí tenemos la crisis de Rusia en los 90, la de Brasil, la de México, la de Tailandia, Indonesia y Corea del Sur, la de Argentina en el 2001 junto con Turquía; crisis periféricas. Pero en el 2008, el juego cambió porque la crisis estalló en el norte, estalló en el centro, y desde allí se derramó sobre toda la realidad planetaria. Se exportó a Europa y generó la crisis del Euro, esa desestabilización generó un impacto en el precio de las commodities y nuestras economías, proveedoras de commodities, empezaron a sentir las consecuencias de la crisis; es decir, se expandió en todo el mundo. Ese año, el presidente de los EEUU era George W. Bush, decide levantar el rango del G20. Porque hasta ese momento, desde 1999 que se fue cuando se constituyó, el Grupo de los 20 se constituía con los 20 ministros de Finanzas y los 20 presidentes de los Bancos Centrales de esos países. En el año 2008, Bush llamó a cada uno de los otros 19 presidentes y les dijo “hay que levantar el peso político de esta reunión, porque la crisis es de unas dimensiones desconocidas”. A partir de ahí, y todos los años, se viene verificando la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno; a veces más de una cumbre por año.

En el 2008, el juego cambió porque la crisis estalló en el norte, estalló en el centro, y desde allí se derramó sobre toda la realidad planetaria.

¿Por qué digo que Argentina podría haber utilizado mejor esta herramienta? Porque en el G20, las naciones más poderosas –lo que se conoce como el G7; o se conocía, porque después del fin de semana en Canadá ya deberíamos empezar a hablar del G6+1–, lo cierto es que cuando el G7 se sienta en la mesa, ellos llegan con acuerdo, han tenido muchos meses para elaborar un plan, una estrategia y una agenda de los intereses que van a privilegiar. ¿Y qué se encuentran del otro lado? A trece economías, o a doce, que no articulan entre sí, que no tienen un plan. Entonces, ¿cómo sería el modo de utilizar mejor la presencia en tan exclusivo club?: coordinando los intereses con los que son como nosotros. Uno podría pensar en todo el mundo emergente, y entonces hablamos desde Indonesia a India, a Brasil, etc., o podríamos ser menos ambiciosos y decir “aunque sea coordinemos la realidad latinoamericana”. Hay tres países de América Latina, que son México, Brasil y Argentina, que integran el G20. ¿Hemos coordinado? Poco, poco. La verdad es que se lograron algunas cosas durante la presidencia de Lula y Cristina Fernández de Kirchner, pero menos de lo que se podría haber logrado; y siempre con desacuerdo con México, que estaba más asimilado a la realidad del NAFTA y a la política definida por la Casa Blanca.

Bueno, ahora la Argentina preside el Grupo de los 20, porque la presidencia es rotativa y este año le toca al país, va a ser sede. Ojalá que el gobierno argentino sea capaz de coordinar intereses con Brasil y con México. Porque de eso se trata el G20, de intereses, y lo que se negocia son intereses, y la agenda se conforma de intereses. Así que bueno, esperemos que este año esto se vertebre de mejor manera.

–Pareciera ser que existe en el ámbito de la gobernanza mundial una suerte de dicotomía entre el librecambismo neoliberal y un nuevo fenómeno que tiene que ver con este conservadurismo proteccionista que estaría encabezado de alguna manera por Donald Trump. Nos da la sensación que ninguno de los dos refiere a una solución concreta y real a los problemas que existen, como los de la desigualdad. Esa dicotomía, ¿es real? ¿Hacia dónde se está yendo con respecto a eso?

–Esto responde pragmáticamente al concepto que le acabo de dar: a los intereses. Pudo ser que en algunos momentos la consigna fuera la desregulación total financiera; eso se verificó durante los gobiernos de los presidentes Clinton, Bush y el primer mandato de Barack Obama, y comenzó a menguar en el segundo mandato de este último. Obama enfrenta la crisis anulando las medidas francamente desregulatorias que había tomado la administración Clinton varios años antes, volviendo a una vieja legislación que se adoptó en EEUU después de la crisis del 30, cuando se decide regular el mercado financiero. Donald Trump está volviendo a lo que se conoce como políticas proteccionistas, es la expresión de otras políticas similares que empiezan a insinuarse en distintas latitudes. Yo creo que, más que hacer una conceptualización o un análisis de naturaleza ideológico, hay que ver con precisión cuáles son los intereses que se van poniendo sobre la mesa en cada negociación y en cada oportunidad y, en función de eso, nosotros también ser capaces de plantear el interés de la región, ahí ir nosotros metidos y hacer un poco de fuerza. Yo les mencionaba los casos de Lula y Cristina porque ellos lograron, por ejemplo, un pronunciamiento del G20 respecto de los fondos buitres y de los procesos de reestructuración de deuda soberana, o lograron la inclusión de la OIT dentro de las deliberaciones del Grupo. O sea, sí, influyeron; lo que yo les decía es que siempre se podría haber influido más de haber existido una mayor coordinación en los equipos. Nosotros en América Latina ahora tenemos a los presidentes Peña Nieto y Temer terminando su mandato, a Mauricio Macri en el medio del mismo; yo no sé si estos tres presidentes –deseo que sí– van a ser capaces de articular una agenda en función del interés regional.

Más que hacer una conceptualización o un análisis de naturaleza ideológico, hay que ver con precisión cuáles son los intereses que se van poniendo sobre la mesa en cada negociación y en cada oportunidad y, en función de eso, nosotros también ser capaces de plantear el interés de la región.

–No podemos dejar de felicitarlo y preguntarle acerca del nuevo rol que se le ha dado en Cancillería, que tiene que ver con la provincia de Tierra del Fuego y la cuestión Malvinas. ¿Cuál es el rol que va a cumplir usted y cuál es el rol que puede llegar a cumplir este tipo de posicionamiento argentino a nivel internacional con respecto a la relación con el Reino Unido y la cuestión Malvinas?

–En primer lugar, les comento, yo he sido designado por el gobierno de esa provincia en función de una ley que se aprobó la semana pasada –votada por unanimidad de la legislatura provincial–, como el primer representante de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur –ese es el nombre completo de la provincia constitucionalmente hablando–, para que los represente en la mesa que discute las políticas sobre la cuestión Malvinas en la Cancillería y eventualmente, en lo que correspondiera, ante los organismos internacionales. Estoy recién asumido, he tenido ya una primera reunión con la gobernadora (Rosana Bertone), en los próximos días me voy a reunir con el canciller, el día martes (19) partimos para la reunión del Comité de Descolonización de la Asamblea General de la ONU que se hace en Nueva York. Ese Comité yo lo conozco bastante, fui cinco años embajador allí; presidí la cuarta comisión, inclusive. Así que tal vez a mi regreso de esa reunión podamos tener otra conversación y ya les cuento la película completa. Por ahora estoy todavía en el proceso de desembarco en esta nueva Secretaría.