¿Quiénes somos?

“Es aquí que se encuentran caras raras, de una belleza que te desarma, pieles de ébano con padres indígenas, ojos de esmeralda como el diamante, rostros mestizos de razas nuevas, como el milenio que está empezando, este es el ombligo del mundo y nosotros ya estamos bailando.”
Lorenzo Cherubini

Los primeros en pensar que la tierra podía tener un ombligo, un centro geográfico, político y espiritual fueron lo griegos. Y fueron muy precisos: el ombligo del mundo se encontraba en la ciudad de Delfos, en la cumbre del monte Parnaso, hogar de Apolo y lugar sagrado de la poesía para el mundo occidental.

Pero quienes universalizaron el concepto fueron los romanos. En el supuesto centro geográfico de Roma, erigieron el Umbilicus Urbis Romae, el ombligo de la ciudad, centro de debate y discusión sobre guerra, política y filosofía, que con la expansión del Imperio y la transformación de la ciudad en la capital del mundo conocido, se convirtió en Umbilicus Mundi, el ombligo del mundo. El concepto era simple: así como el ombligo es el centro del cuerpo humano y por lo tanto de su equilibrio, de Roma dependía la estabilidad del resto del mundo. Y así fue, efectivamente, durante siglos. Desde el ombligo del mundo se puede ver todo el resto de la humanidad, conscientes de que la forma en la que miremos a los otros puntos cardinales, depende de la seguridad que tenemos de estar en el centro.

Es curioso como este mismo concepto existiera en civilizaciones tan lejanas y distintas. Todas han creído ser el centro de su mundo en algún momento, y hasta han encontrado lugares físicos que encarnaran esa idea. Para los Incas, el ombligo estaba en la ciudad de Cuzco; para los Dogon de Mali, era el monte Meru; para los británicos de la era victoriana, Piccadilly Circus. Los habitantes de la isla de Rapa Nui, hoy Isla de Pascua, Chile, hasta tenían un concepto muy similar al de los romanos, el Te Pito Te Henua, que en castellano significa, justamente, el ombligo del mundo.

En los años 90, un famoso cantante italiano, Lorenzo Cherubini, más conocido como Jovanotti, retomó el concepto para una de sus canciones de mayor éxito. “Este es el ombligo del mundo, es de aquí que nace la energía, centro neurálgico del nuevo mundo, de aquí empieza toda nueva vía”, dice la canción L’Ombelico del Mondo, entre tambores africanos, sitares de la India y trompetas balcánicas.

En 2012, cuando en los estudios de la recién nacida Radionauta FM comenzamos a pensar la idea de un noticiero internacional semanal, la idea de ombligo del mundo se nos hizo necesaria. No porque creamos serlo sino porque es desde allí, desde un punto en que sintamos estar en equilibrio, que podemos mirar hacia el resto del mundo. Luego de seis años de periodismo internacional en nuestra querida Radionauta, emisora alternativa, comunitaria y popular de la ciudad de La Plata, y con la trayectoria que hemos logrado a partir de nuestro trabajo periodístico, lanzamos esta revista como una nueva apuesta de un mismo proyecto.

Nuestro punto de equilibrio es el periodismo internacional. Entendemos que es la mejor herramienta para mirarnos como humanidad, para intentar ver en qué se ha convertido el ser humano, y bosquejar una idea de hacia adonde va. Para eso investigamos, entrevistamos figuras relevantes, dialogamos con académicos, buscamos datos, convencidos de que el lugar de donde miramos al mundo jamás podrá ser objetivo, equidistante. Porque no lo fue Delfos, mucho menos Roma, ni Cuzco, ni Rapa Nui. Hoy sabemos que el ombligo tampoco es el centro de equilibrio del cuerpo humano. Pero lo que verdaderamente cuenta es saberse en una posición firme, en el propio ombligo del mundo, para intentar comprender cuál es el de los demás y así transformarnos.

El equipo de L’Ombelico del Mondo

La Plata, marzo de 2018